EL SECRETO MILENARIO DE LOS LEMURIANOS...
La zanja que estaba dejando a su paso estaba comenzando a verse fea. Por más vueltas que diera, el malestar no desaparecía. Un silencio extraño imperaba en el santuario. ¿Por qué demonios no lo supo antes?. ¿Por qué nadie le puso sobre aviso?
Milo de Escorpio... Milo de Escorpio...
Tan visceral, tan sensual... tan imbécil...
¿Y a eso le llamaba revolcón?
¡Por los dioses! Que había sido "EL" revolcón...
A su alrededor, dispersos en los diferentes sillones y sofás, se encontraban sus amigos más allegados...
Camus de acuario, imperturbable, pero con un dejo raro en los ojos turquesas...
Shura de Capricornio, cuyas pupilas violetas bailaban en un imperceptible temblor...
Saga de Géminis, y su gemelo, Kannon... uno tremendamente serio, y el otro vibraba todo, como reprimiendo un frío inexistente...
Afrodita de Piscis, bello y con una afectada sonrisa de edecán barata de autos de carreras...
Y por último, Dokho de Libra, que miraba al suelo pensativamente. Serio, en todo el vasto esplendor de su centenaria sabiduría envasada en un cuerpo adolescente, era quién acababa de darles la nueva... buena o mala, según se mirase... pero nueva al fin de cuentas...
Y Milo, el siempre considerado sex-symbol de las doce casas... el playboy, el gigoló por excelencia, a punto de poner el grito en el cielo...
Al fin, una carcajada formada por seis voces varoniles rompió el sepulcral silencio que les rodeaba... imparable... Camus tenía lágrimas en los ojos, más bien escarcha, pero era casi lo mismo... Shura hacía rato que se doblaba y de tanto manotear con Excalibur, ya se había llevado buena parte de su sofá... Saga y Kannon, abrazados como dos niños, batían la mandíbula y se sostenían mutuamente... Piscis trataba de reír con más mesura, no fuera a arruinar el fino trabajo de botox recién hecho en su bello ceño... y Dokho... bueno, Dokho era demasiado viejo para andarse con remilgos...
-¡Vas a ser papá! –gritó Dokho por enésima vez- ¡Milo vas a ser papá!...
W-W-W-W-W-W-W-WFlashback...
Viernes por la noche...
Hermoso inicio de fin se semana, caluroso y espléndido. Tienen el día libre, y todo aquel que se precie de vivir en el santuario puede salir a despejarse un poco en la ciudad... lo que ellos decidan...
Los Dorados viajan al centro de la ciudad, para despedirse... ya van unos a sus tierras natales, otros a Japón a visitar amiguitos, otros solo a bailar por ahí...
El caso es que ellos dos se quedan solos. Por primera vez desde que Milo tiene memoria, se ha quedado solo con él... completamente libre de hacer lo que quiera.
Decide iniciarlo en las artes masculinas, y se lo lleva a un table-dance, donde las mujeres casi desnudas... o totalmente desnudas, hacen que el pelilila se sonroje profusamente más de una vez. Dos botellas de whisky después, y tal vez una docena de shots de tequila, están tan borrachos que solo su tremendo entrenamiento como Caballeros les permite caminar de regreso...
- Vamosh Müshito –gogorea el griego, zizagueando al caminar- ¡Que divertido esh eshto!
-Milo... greo gue – Mü se tambalea peligrosamente- boy a gomitar!
-No me gomitesh! No me gomitesh!
-Blurrghhhhh! –Mü se levanta apenas, riendo como loco- Demashiado tarde Camiush
-¡Shoy Milo!
-Lo gue shea!
-Eshtoy esho un ashco –Milo se sacude los manchados pantalones negros y le sacude el índice en la cara- no shirves para divertirte...
-Vamosh... –un hipo corta la frase- vamosh a mi temblo... te cambiash de... –otro hipo- te cambiash de ropa... yo te preshto amigo... como te guiero amigooooo!
-Yo también te quiero Müuuuu! Te quiero mashhh que a mishh ojoshhh!... pero quero mashhhh a mishhhh ojoshhhh!...
Poco después, ambos lloraban como suelen llorar los borrachos, tirados a media escalinata antes de llegar a la primera casa... abrazados e hipeantes, eran una vergüenza para la orden.
Lo demás pasó como en una película borrosa...
Recordaba haberse desnudado, y entrado en la ducha... recordaba que casi perdía el equilibrio, siendo atrapado por otro precario ebrio, que terminó completamente empapado...
Recordaba las carcajadas etílicas, y haberse desplomado en una cama, sin ropa, y completamente fuera de sí.
Lo siguiente que podía evocar, era la blanca piel del lemuriano bajo la suya... un sabor salado y curioso inundando su boca... y el movimiento...
Por Atenea que si recordaba el movimiento...
Se sentía como montando un potro... que lo empujaba hacia todas partes, lo hacía girar, gemir, y ¡los besos!... ¡Que besos!... Y en algún momento, durante la ardiente sesión, la borrachera se disipó. A partir de ahí, lo recordaba todo...
Podía revivir nuevamente la sensación del cuerpo apretado y caliente de Mü... por su experiencia, supo en ese instante que Mü era novato... ¿Su primera vez?... no lo dudaba...
Si cerraba los ojos, veía nuevamente el rostro contraído del muchacho, mientras él le secaba un par de lagrimillas con los labios, y sentía las manos inexpertas del alquimista, recorriendo su rostro, mesando sus azules cabellos con ternura... Recordaba a la perfección los gemidos, gritos, y cualesquier otro sonido húmedo que hubiera en esa ocasión.
Al amanecer, salió del primer templo del modo más sigiloso que pudo. La pausada respiración del carnero le llenó de culpabilidad por portarse de ese modo... pero, ¡que diablos!... eran hombres... ¿Verdad?... ahí no cabían las florecitas en la almohada, o el café en la cama... Mü lo entendería, estaba seguro de eso...
Fin del flashbackSin dejar de reír, sus amigos intentaban ayudarle, aunque en tales situaciones tan carentes de sentido, no tenían la menor idea de cómo hacerlo...
El libro seguía tirado de cualquier modo en el suelo, justo donde el insecto lo arrojara, mudo testigo de su terror...
-¿Qué harás, amigo? –Camus había sido el primero en reponerse un poco- esto va a revolucionar el Santuario...
- Permítanme, caballeros –el peliceleste se levantó para tomar dicho libro con delicadeza, y, tras hojearlo un poco, llegó a la parte deseada- y, cito:
"Los Lemurianos, como raza evolucionada, desarrollaron un método infalible de reproducción natural, para prevenir la desaparición de la especie. Siendo éste un resultado completamente corroborado, ya habiendo sido dados a luz varios bebés sanos, y perfectos."
Afrodita se acomodó la cabellera, y tras mojarse un dedo en la perfecta boca, giró la página para seguir con su tortura cultural:
"Llegado el momento de la madurez sexual del o la joven lemurianos, la necesidad de reproducirse se hace más fuerte, siendo el caso que, si no existe nadie del sexo opuesto para realizarlo, se liberará la hormona encargada de forzar la madurez de los órganos sexuales alternos, que permanecen dormidos en la "Bolsa de Mokumo", también conocida como, "hemafroditosis funcional selectiva" (N. Del A. Me lo saqué de la bolsa!), para proveer de óvulos al varón, o bien, de espermatozoides a la hembra, de tal modo que..."
-¿Podrías callarte? –el tono asesino del escorpión solo causó otro ataque de risas
- ¿Sabes, Milo? –Kannon le observaba con los ojos anegados- ya existen los condones... y... ¡Hay de sabores!
-Cállate fotocopia...
-¿Quién lo iba a decir? – Saga se tomaba el vientre con ambas manos – El incazable Milo, ya va a ser...
-¿Por qué no se largan de una vez? –Milo perdía los estribos con facilidad - ¿cómo querían que yo supiera eso?... ¡Somos dos hombres, por el amor de Atenea!
- Shaka lo sabía – Dokho señalaba con una mano en el aire- y también Shion...
de hecho, él fue quien me entregó este libro... ahora que sabe lo de ustedes...
-Yo también – soltó Saga de pronto, siendo secundado por su gemelo
-Y yo –Camus recorrió a sus compañeros con la vista, dudoso
-Yo también sabía algo al respecto – Shura se levantó de un salto- Mü alguna vez nos lo mencionó... ¿no es así, Afro?
-Sí, así es, querido –respondió el peliceleste
-Al parecer todos lo sabíamos... todos, menos... –Dokho interrumpió sus palabras
-¿Mü me lo ocultó con intención? – el grito del griego resonó por todas las escalinatas... - ¿Por qué?
Más abajo... en realidad, hasta abajo...
Mü, sentado en un sillón, con el resto de los dorados en coro torno a él, lucía tan abatido, que parecía a punto de desvanecerse. Una mano enorme no dejaba de mesarle los cabellos, tratando de calmarlo. Frente a él, un rubio indú meditaba con el afán de transmitirle un poco de su energía...
Aioros y Aioria medio sonreían, medio suspiraban. En todo caso, un bebé en el Santuario era toda una novedad. Y a ellos les gustaban los bebés. Es más, a uno de ellos lo mataron una vez por cuidar de uno... no le gustó mucho morirse, pero los bebés, le seguían gustando. Aunque ya no pensaba dejarse matar por ninguno... a menos que fuera su hijo... o su sobrino... o el hijo de su sobrino... o su nieto...
Si seguimos en sus mentes vamos a enloquecer...
Para Death Mask, esto estaba resultando hilarante, pero no se carcajeaba a sus anchas, debido al rostro cetrino del implicado. Sobre todo, la idea de ver a Milo cargando una pañalera, y un bulto berreante por las escalinatas, era algo digno de disfrutarse. Aunque por el momento, tenía que guardárselo para sí.
Por lo demás, permanecían en silencio, esperando que el joven lemuriano les diera la pauta. Lo único que sí sabían, era que en algún momento, Milo se tendría que enterar. Y todos suponían que sería mejor que el propio Mü se lo confesara todo.
Demasiado tarde...
-De verdad creo, querido Mü, que deberías subir ya mismo, y hablar con el insecto- Alde seguía acariciándolo de tal manera, que amenazaba con dejarlo calvo- será un golpe aún más duro si alguien más se encarga de informarle...
-Debí decirle la verdad hace mucho – por fin hablaba, tembloroso y en susurros- debí explicarle... esto nunca hubiera pasado...
-¿Y por que no le dijiste? –Shaka abrió sus ojitos como un signo de apoyo
-¿A Milo? –Mü se levantó de improviso- ¿bromeas?... se hubiera estado burlando de mí hasta... hasta... ¡yo que sé hasta cuando!... me habría hecho la vida imposible cada vez que me viera con alguien... con cualquiera... ¿no se lo imaginan?
Y sí, de hecho, en ese momento, les llegaba la estampa mental de un morboso Milo asomándose por las ventanas de los templos cuando Mü se encontrara con cualquiera de ellos. Imaginaron los comentarios clásicos del Escorpión:
"¿Estuvo rico?, ¿se fue derecha la flecha?"
"¡Alde el toro ya no es tan inocente!... ¡Toriiiitoooo!"
"¿Al fin aflojaste oxigenado?"
"Cangrejito, cangrejito... mi reino por un cangrejito"
"¡Es el ciclo sin fin!... ¡Ese mi rey león! ¿ya rugiste?"
No. Con razón Mü no le dijo nada.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Mentras tanto, en el templo de Atenea, Shion y la joven diosa conversaban animadamente. La diosa entendía. Ella comprendía que había cosas hechas de tal manera por la naturaleza, que era imposible molestarse por ello.
Shion, a pesar de todo, lucía terrible. Como si hubiera estado llorando por horas. De hecho, había llorado desde el momento que Dokho entrara por la puerta de su dormitorio, llevando en su mente una sospecha, y en los labios la pregunta.
Le entregó el libro. Sabía que la mayoría de los caballeros conocían esas historias. Pero era la primera vez que se daba esa situación en el templo. Bueno. Para ser sinceros, no era la primera vez. Pero si la primera que se había hecho pública. Por regla general, quedaba oculto por completo.
Por fin se compuso lo suficiente para bajar a ver a su alumno. Sabía lo abatido que estaba. Sabía que debería encontrarse desgarrado. Lo necesitaba. En el camino, pasó por la casa de Escorpio, donde aún se encontraban reunidos alrededor del futuro y desolado padre. Decidió detenerse a hablar con ellos.
-¿Siguen todos aquí? –dijo apenas entró
-¡Patriarca! –gritaron al unísono, poniéndose de pie
-Tranquilos... es necesario que hablemos, jóvenes –Shion les miraba sereno, imponente- esto debe aclararse...
-¡Que bueno que llegas! –gritó Dokho, interrumpiéndolo, al calor de la adrenalina- este asunto es demasiado serio... es una afrenta...
-Espera Dokho –lo silenció el patriarca. A pesar del tono suave de su voz, el efecto fue avasallador- déjame hablar. Y te recomiendo que evites todo juicio precipitado. Tu menos que nadie te puedes dar ese lujo...
-Soy viejo, Shion, tanto como tú... pero esto es... –lo pensó bien, y se corrigió- tienes razón. No debo juzgar.
-Bien –Shion se sentó cerca del escorpión, y, tomándolo de la mano, le obligó a sentarse a sus pies- escucha, muchacho... ¿Puedo hablarte sinceramente?
-Claro, maestro
-Esto que pasó, no debe ser tomado a la ligera. –Shion le miraba directamente a los ojos, ignorando a los demás- a pesar de que las circunstancias atenúan lo ocurrido, debes hablar con Mü. Mi alumno debe estar verdaderamente deshecho.
-Eso pensaba hacer precisamente – Milo bajó los ojos, pensativo- y... ¿qué será del...?
-También de eso tienen que hablar. Te guste o no, Milo, esa criatura lleva tu sangre –el Patriarca se levantó- también deben estar enterados, que no es la primera vez que sucede esto. La diosa nos ha apoyado antes. Los alquimistas somos una raza en extinción. Así que, a pesar de lo raro que esto sea, no es antinatural...
-¿Ha pasado antes? –Dokho parecía verdaderamente sorprendido- ¿Cuándo?
-Luego, Dokho amigo, Luego...
El patriarca siguió su camino. Deseaba conversar con Mü. Explicarle sus opciones. Era algo difícil, pero sabía que el muchacho haría lo mejor. Era obvio que si había incurrido en un acto de esa índole, también tomaría las riendas de su responsabilidad.
Bajaba, aún oyendo las risas de los muchachos. Agradecía su alegría, su inocencia.
Y tal como esperaba Mü se encontraba deshecho. A pesar de los intentos de sus amigos por alegrarlo, su desesperación era patente.
-Salgan Caballeros –dijo el patriarca en cuanto entró- Mü y yo hablaremos a solas.
-Hai! –salieron todos, dejando a un arrodillado pelilila
-Levántate Mü –dijo Shion, calmadamente, casi dulcemente
-¿Maestro? –el muchacho no se atrevía a verle a la cara- Perdóneme...
-No tienes que pedir perdón –Shion lo abrazó lentamente- tranquilo... no le hace bien a tu hijo...
-¿Maestro... por que? – Aunque temeroso, aceptó y agradeció el abrazo
-Por que te entiendo, muchacho –Shion lo guió lentamente a un amplio diván- por que la diosa está enterada, y comprende. Por que no has hecho nada malo...
-Pero mis deberes maestro... –Mü lloraba, sin poder evitarlo- debo proteger a la diosa... debo resguardar mi templo... ¿Cómo será posible eso...?
-Creo que conoces la respuesta –Shion lo miraba tristemente – sabes perfectamente el camino a seguir. Entiendes que será doloroso...
-Lo entiendo, maestro –Mü se tranquilizó – y lo haré con gusto...
-De todos modos, tendrás que platicar con Milo – Shion parecía pensativo- créeme, le han quitado el suelo de debajo de los pies...
-Lo sé, aunque no tiene tanta importancia –Mü le encaró- para él, esto será una pesadilla. No creo que quiera estar cerca... ni que le interese... o al menos no tanto como para que le duela...
-Es un error juzgar tan pronto –se levantó- pero solo el tiempo lo dirá.
Al fin, Mü tuvo un tiempo a solas para pensar. Decidió que haría justo lo que tenía que hacer. Y decidió que, a pesar de todo, seguiría cumpliendo con sus obligaciones en el santuario como siempre. Y sobre Milo. Bueno. Eso lo arreglaría si llegaba la ocasión.
La ocasión llegó al día siguiente.
-¡Vamos chicos! –gritaba Mü, furioso- ¡peleen!
-Mü... creo que... no –Shaka había evitado a toda costa luchar, se limitaba a evadirlo, a fingir golpes- ¿estás seguro?
-¿Crees que quiero perder condición? –Mü atacaba fuertemente, pero, debido a las limitantes que su oponente de entrenamiento ponía, no podía pelear de verdad - ¡Esto no es correcto!
-Vamos Mü –Saga, silenciosa y cuerdamente, quiso apoyar al carnero- pelea conmigo..
-¡Saga! –gritaron varias voces al unísono
-No está enfermo – comentó el gemelo suavemente –y es un caballero Dorado. Eso está por encima de todo.
Milo, durante el entrenamiento de rigor, trató de mantenerse a distancia. Trataba de no mirar a Mü, y de no acercarse. Pero al oír a Saga hablar así, algo en su interior se revolucionó. Una cosa era que pretendieran luchar. Otra cosa era el Gemelo...
Un ágil y tremendo rayo de energía fue lanzado por el ojiverde, siendo detenido de inmediato por el carnero...
-¡Another Dimension! –el puente interdimensional se abría, terrible, ante Mü
-¡Crysta... que dem!
-¡AGUJA ESCARLATA!
Saga salió despedido con violencia, ante los rostros incrédulos de sus compañeros. La venenosa picadura le alcanzó en un hombro, pero Milo no había corrido con mejor suerte. Excepto que se encontraba protegiendo con su cuerpo a un verdaderamente iracundo carnero.
-¿Qué rayos estás haciendo?-gritó Milo, incorporándose de pronto- ¿Quieres lastimarlo?
-¡Es un Caballero Dorado! –respondió Saga, curiosamente alterado- ¡Es lo único que importa!
-¿ESTÁS LOCO? –Milo se arrojó contra él, sin control- ¡¿Acaso te has vuelto loco de nuevo?!... ¡¿Y mi hijo?!
Si la tensión crecía un poco más, algo por allí iba a estallar.
-¿Te importa ese hijo?- de pronto el gemelo recobraba totalmente la compostura- Milo de Escorpio... ¿Te importa ese hijo?
- Yo... – al sentirse observado, titubeó – yo... no quise decir eso... quise decir que no es correcto...
-Basta, Saga – Mü se interponía entre ambos, triste- sé lo que haces, y créeme, no me gusta. Me ofendes. Y lo ofendes a él.
-Mü... él debe de –Saga lo miraba con arrepentimiento- Mü...
- El no debe nada... –Mü miró a Milo casi cariñosamente- fue un error, ¿Verdad Milo?... fue algo inconsciente, estábamos ebrios... estoy seguro de que, al igual que yo, no sabe ni que rayos pasó.
Y el muchacho, por fin agotado, se alejó hacia el mar. No deseaba seguir viendo las caras de los demás. Mucho menos la de Milo.
Se sentó en un peñasco a meditar. El día era magnífico. No tenía hambre y prefirió no ir a la mesa del patriarca. Estaba seguro de que Shion comprendería. Seguía allí, silencioso, dejando pasar los minutos. Miró su vientre unos momentos.
La perfecta musculatura abdominal se había difuminado. Se elevaba una protuberancia no muy notoria, pero para él, era la señal inequívoca de que las cosas avanzaban. Ahora era demasiado tarde para interrumpir la gestación... además, según la estructura lemuriana, la preñez solo duraba seis meses. Así que le quedaban tres...
-Creo que vas a nacer... –Dijo Mü, algo preocupado- creo que ya no tengo alternativa...
-¿Pensaste en no tenerlo? –la voz a sus espaldas casi le arranca un grito. Milo llegó tan sigilosamente que lo escuchó hablar sin que él notara su presencia-
-¿Qué haces aquí? –Mü intentó levantarse, perdiendo el equilibrio ante un fuerte mareo causado por la debilidad y el estrés conjuntados.
-¿Estás bien? –El rostro preocupado del escorpión estaba demasiado cerca, ya que lo había atrapado en el aire, y lo sostenía pegado a él- ¿necesitas que te lleve a la enfermería?
-¿Cómo un vulgar soldado?- Mü, a pesar de todo, comenzaba a sentir una leve cosquilla de felicidad en ese momento- Claro que estoy bien...
-Siéntate, ven –Milo intentaba ayudarle – ven...
-Suéltame Milo – se soltó de su abrazo, y se apartó – no estoy enfermo ¿sabes?... y no necesito que me cuides...
-Yo solo... –Milo trató de acercarse de nuevo- quería ayudar...
-Tenemos que hablar, y creo que es un buen momento –Mü se sentó- ¿no crees?
-Claro –Milo se sentaba, cuando recordó algo de pronto - ¡Ah! – levantó una cestilla del suelo – toma... ya que no fuiste a comer... te traje algo... solo para que... no te malpases...
- Ah... huh... yo... gracias –Mü se percató de que de verdad tenía hambre, y mucha- gracias. La verdad es... te lo agradezco.
-¡Que bueno! – sonrió el peliazul- entonces come, y mientras tanto, platicamos, ¿te parece?
-Sí. –Mü se llevó un gran trozo de pan con queso a la boca- empieza tú...
- ¿Empezar? –Milo se sonrojó hasta las orejas -¡vaya!...
-¿Gue egtag egspegango? – el carnero musitaba con la boca llena
- Perdóname Mü... perdóname...
El pelilila quedó de una pieza. No sabía que pensar. No sabía que decir.
-¿Por qué, Milo? – masculló
-Por dejarte solo en esto – el griego lo miraba con pena- por mentirte... por... por no responder abiertamente esta mañana a Saga...
-No me has dejado solo, amigo. Esto es algo que no te corresponde. Además, Saga se sobrepasó... no tienes que hacerte cargo de mí. Ambos somos hombres... sí... a pesar de esto –señaló su vientre- soy un Caballero Dorado de Atenea, así que no hay nada que hacer. No tienes que cuidarme, no tienes que preocuparte. No eres mi esposo ni nada... ni soy tu esposa... soy un Caballero... un Lemuriano con el raro honor de tener un hijo dentro...
-Mi hijo... Mü... se trata de mi hijo... – Milo lo miró a los ojos- ¿o no?
-Sí... lleva tu sangre... sí –Mü se agachó, un tanto cohibido- Milo... ¿tu recuerdas algo?
-¿P-por que l-lo p-preguntas? – el escorpión comenzó a temblar visiblemente
-Por que yo no recuerdo nada... lo último que logro evocar es a la chica morena que casi... bueno... tu sabes... me puso toda su... eso... en la cara... –Mü se sonrojó, Milo rió de buena gana- y a partir de ahí, todo es como una nube gris. Nada de nada. Excepto que a la mañana siguiente... huh...
-¿Qué? –preguntó, ansioso, el griego -¿Qué cosa?
- Te ví marcharte –el alquimista seguía sin comprender muchas cosas- de momento no entendía nada. Creo que deduje lo que pasó por... las huellas en la cama... y por que dejaste una de tus camisas... y algunas marcas...
-¿Marcas? –por fin, algo nuevo- ¿Qué marcas?
- Morados... en mi cuello – Mü señaló el lugar- y el dolor... así que... ¿Tu recuerdas?
-¿Me viste marcharme? –otra vez la vergüenza por su actitud aquel día lo embargaba- ¿Por qué no dijiste nada?
-¡Vamos Milo! – sonrió el muchacho- ambos somos hombres ¿no?... ni modo que esperara que me llevaras el desayuno a la cama o algo... ¡solo eso faltaría!... ¡o una rosa en la almohada!... ¡Por Atenea!
-¡Ah! –Milo rió, pero apesadumbrado- entiendo.
-Entonces –recordó el carnero- ¿Tu recuerdas algo?
-Sí Mü –por fin, el Escorpión decidió no mentir mas, y ya no evadir su responsabilidad- lo recuerdo bien...
-¿Qué dices?...
-Recuerdo que estábamos borrachos, me vomitaste encima... –relató brevemente lo ocurrido, hasta llegar al punto de la cama- Mü, yo recuperé la sobriedad. Yo estuve contigo plenamente consciente. Te hice el amor...
-¡¿Qué?! –Mü gritó
-Hace mucho que me gustas... –Los ojos turquesas se anegaron- esa noche, cuando estaba encima de ti, pensé que eras lo mejor que me había pasado en la vida... pensé... pensé que tendríamos algo... pero al amanecer tuve miedo. Mü, recuerdo perfectamente tu cuerpo... tu sabor... no he olvidado nada –Milo lloraba, y Mü solo acertaba a quedarse estático- me arrepentí mucho, justamente por no haberte llevado el desayuno... por no dejarte una flor... sé que eres un hombre... sé que no estás para sentimentalismos... pero... fue importante...
-Milo...
-Además estoy furioso contigo –dijo de pronto, señalándolo- ¿por qué no me dijiste lo de tu especie?... al menos habría estado preparado...
-No te lo dije antes, por que sueles burlarte de todo y por el motivo que sea... –Mü se percató de algo- ¿preparado para que?
-Para ese hijo... –Milo se le acercó peligrosamente- por que de todos modos... yo lo hubiera hecho contigo... ¿de verdad crees que me burlo de todo?
-Milo!... sí... eres demasiado burlón... ya te imaginaba molestándome cada que me reuniera con alguno de nuestros amigos... ¿verdad?
-¿Qué haremos Mü?-por primera vez, hablaba en plural, y de algún modo, eso calmaba al pelilila- ¿viviremos juntos?... tenemos que hablarlo con la diosa...
-Bueno, solo hay una opción... es lo que siempre se ha hecho...
-¿Y cual es?
-Cuando nazca, apenas pase un mes, deberé entregarlo al patriarca. Él lo pondrá en un hogar sustituto, donde lo criarán. Cuando llegue el momento, él, o ella tendrán familia, de los cuales saldrá el próximo Guardián de Aries.- Mü miraba la mano que sostenía la suya, fría y temblorosa- lo más seguro es que jamás lo volvamos a ver...
-¡No es justo! –Milo se levantó de un brinco-¡Es nuestro! ¿cómo puede ser que nos lo quiten?
-Bueno, Milo, lo normal hubiera sido que no te enteraras... –Mü recordó como salió todo a la luz- yo me hubiera ido a Jamir por todo el tiempo que durara el... bueno... esto... hubiera dado a luz, y ya. Entonces regresaría como si nada. Cumpliría con mis obligaciones sin jamás mencionar lo ocurrido. Tú no deberías salir herido...
-Entonces, hablaré con Atenea –Susurró el escorpión- no pueden hacer eso... no ahora que estoy al tanto... y por cierto...
-Basta Milo –Le tomó por el antebrazo, levantándose también- nuestra única responsabilidad es para con la diosa... no tomes esto del hijo de manera que te dañe en el Santuario...
Milo lo tomó por la cintura tan rápido, que apenas tuvo tiempo de reaccionar. El escorpión lo besaba con desesperación, con una ternura infinita... por unos breves instantes tocó la protuberancia que ya amenazaba inutilizar la armadura dorada...
-Hablaré con el Patriarca –dijo Milo, separándose por fin- veremos que se puede hacer...
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Mientras, en el templo principal, el mencionado Patriarca tenía sus propios problemas seguido de cerca por Dokho, quien se sentía molesto, ofendido, por la falta de confianza. Suponía que él debería de estar enterado de todo. Y ¡Oh sorpresa!... No lo estaba.
-¿Y por que yo no me enteré de esos otros casos? –la balanza se aproximaba retadoramente a su amigo- ¿no se supone que me digas esas cosas? ¡Por los dioses! Si soy tan viejo como tú!
-No tiene nada que ver amigo... –Shion apartaba la vista- solo que...
-¿Solo que qué? –Estaba tan cerca, que podía olerlo, y eso lo molestaba todavía más- ¿Quién lo hizo?
-¿Quién hizo qué?
-¡No te hagas en desentendido, alquimista! –Dokho le picó el pecho con el índice, furioso -¿Quién fue?... ¿lo conocí?
-Basta –Shion se giró para entrar en el santasanctórum y dejarlo- no te interesa
-¡No! -Dokho sentía un enorme pavor mezclado con ira, y le jaló del brazo- ¡Dímelo!
-Yo... –susurró el peliverde – yo.
Dokho perdió el aliento, los latidos, y el color. Se tambaleó peligrosamente, siendo alcanzado justo a tiempo por su amigo lemuriano. Se miraron unos segundos. Y de pronto, un montón de cosas vinieron a su mente. Un montón de detalles, que en su momento no supo relacionar. Pero ahora, con esa revelación, comprendía.
Y lo peor de todo...
Sabía la verdad. Siempre lo supo, pero decidió no enterarse. Decidió que no era su asunto. Decidió cerrar los ojos, y seguir en su papel. Tal y como habían hecho algunos más a lo largo de la historia, él mismo había fingido no saber nada, y seguir adelante...
Flashback:
Una tarde lluviosa, se encuentran solos. Totalmente solos. La última guerra santa ha terminado sangrienta y dolorosamente. La reconstrucción del templo, el entrenamiento de los nuevos Caballeros absorbe completamente sus vidas. Pero esa tarde en particular, en esa cabaña, ellos se encuentran solos.
Dokho se acercó poco a poco a su amigo. Necesitaba hacerlo. Necesitaba tocarlo... besarlo...
Shion lo miraba dudoso. Pero algo en su interior le urgía a dejarse llevar.
De los besos, rápidamente pasan a palabras mayores. Se entregaron mutuamente, sabiendo que jamás se repetiría. Sabiendo que se despedirían, ya que uno debería resguardar el sello de Hades, y el otro moriría en el Santuario. Lejos, muy lejos uno del otro...
Pero no esa tarde...
Esa tarde fueron uno. Se conocieron, se acariciaron donde jamás nadie lo haría de nuevo. Se miraron una y otra vez, tratando de guardarse la imagen de su amor.
Poco después, aún teniendo la responsabilidad del Santuario, Shion se fue a Jamir, dejando solo a Dokho, a cargo de todo. Desapareció, literalmente, por alrededor de siete meses... tal vez menos... y cuando regresó, lo hizo tan cambiado, tan triste, que aún cuando se despidieron, el castaño supo que una parte de su querido amigo había sido desprendida de su alma.
Le habían arrancado algo. Y ese algo le dolería para siempre...
Fin del Flashback.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
-Kikki es mi tatara-tataranieto, Dokho –Shion lo miraba, apacible –y también tuyo...
-¿Acaso...? –el castaño necesitaba oírlo, fuerte y claro, de los labios del otro- ¿es posible...?
-Así es. –Shion pudo leer los pensamientos de su compañero- Esa ocasión en la cabaña, yo quedé preñado. Fue tan... impresionante... aterrorizante... creí que me iba a volver loco –Shion rememoraba, algo deprimido- no podía decirte nada, aunque, más que nunca, te necesitara. Siempre fuiste mi amigo, mi consejero, mi apoyo. Y tuve que quedarme solo. Exiliarme en Jamir. Allí nació mi hija... Nantre... ¿Sabes?... era castaña, como tú... pero tenía mis ojos... era muy bella...
-Shion... –Dokho sentía su corazón romperse
- Como patriarca, tuve que entregarla personalmente. Perdí su rastro por completo. Era mi deber desentenderme de ella. Luego, morí. Al volver como Sappuri, conocí a Kikki. Poco a poco, sin despertar sospechas, fui preguntándole cosas. Así supe que su tatarabuela se llamaba Nantre. Que era castaña. Que era hermosa. Y que fue feliz.
-Yo –Dokho se desvaneció unos instantes, el dolor le atosigaba- no se que decir
-No tienes nada que decir –le aseguró el lemuriano- no estuviste enterado. No es tu culpa.
-¿Y que será de Milo y Mü? –Dokho palideció- Milo está enterado de todo... no será tan simple...
-Eso lo decidirán ellos...