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Legolas Greenleaf & Éowyn of Rohan

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Treinta y dos

Como no sabía adonde ir, se sentó en las escaleras de entrada del Castillo. No hacía frío, pero si fresco, cruzó los brazos. Maldita sea. Tendré que ser amable con Arwen y averiguar qué le pasa a Legolas. No pensará que Aragorn...

Se quedó sentada en las escaleras hasta que amaneció y un guardia se acercó a ella.

-Perdone, Dama Éowyn. ¿Ha pasado la noche aquí?

-Sí. No podía dormir, y era una manera de relajarme.

-Pues debería descansar un rato. Antes de que los demás se levanten. Sino se sentirá muy cansada.

-Tenéis razón. Muchas gracias.

Se levantó de las escaleras. Le dijo adiós al guardia y entró al Castillo.

Treinta y tres

Cuando llegó a su habitación la puerta estaba entreabierta. La abrió del todo suavemente y vio a Legolas echado en su cama, volvió a ajuntar la puerta, fue hacia él y se echó a su lado izquierdo. Le veía la cara ya que se había quedado dormido de costado y ella se había echado igual para poder mirarle. Estaba dormido, Éowyn creía que notaría su presencia porque siempre lo hacía, y jamás podía sorprenderle. Pero él no se movió, ni abrió los ojos. Entonces se dio cuenta de que el elfo tenía en sus mejillas las marcas que dejan las lágrimas que se han secado por sí solas. No podía creerlo. Legolas ¿llorando? Se sintió culpable. ¿Qué le había hecho? Le acarició las mejillas.

-Lo siento -dijo en voz queda-. Lo siento, Legolas. Siento ser tan egoísta. Siento que lo pases mal por mi culpa, siempre estoy quejándome… Perdóname.

Cogió su mano, la elevó a la altura de sus ojos, luego la apoyó en la cama y la apretó. Él abrió los ojos.

-No he notado tu presencia -dijo e intentó incorporarse, pero ella le detuvo-.

-Deberías estar muy cansado. O con ganas de olvidar.

Soltó su mano y se aproximó a él. Legolas rodeó la cintura de Éowyn con sus brazos, mientras ella entrelazaba sus dedos por detrás de su nuca.

-Lo siento -volvió a repetir Éowyn, aunque esta vez sabiendo que él la escuchaba-. Por lo de ayer. Sé que últimamente no hago más que pensar en mí y apenas estoy por ti. Ni siquiera me había dado cuenta de que todo esto te está haciendo daño.

-Me siento extrañamente triste, pienso que no te doy lo que te mereces, y por eso te pones así. Cuando ayer miraste a Aragorn, y no sabías que hacer, me quedé alucinando, nunca me miras así, como si lo hicieras por primera vez, como si cada vez fuera asombroso. Y luego Gimli, no eres conmigo la mitad de simpática que con él. Creía que durante nuestro viaje habíamos pasado el tiempo suficiente juntos como para conocernos bien. Pero notó que siempre te comportas conmigo diferente que con los demás. Y no es un diferente mejor, sino peor.

-Fuiste el primer elfo al que conocí. Siempre he pensado que erais, no sé, profundos, por eso siempre he intentado no parecer tan entusiasmada, pensé que te molestaría. Por eso también solía enfadarme. Tengo una idea en la cabeza de que los elfos son perfectos, y a veces digo cosas que yo pienso que son graciosas o mi comportamiento es demasiado alegre para un ser tan profundo como tú, y a lo mejor puedes pensar que me comporto como una niña. Yo quiero estar a tu altura.

-Si hubiera querido algo tan extremadamente profundo, no estaría aquí contigo. No quiero a una elfa. Quiero a Éowyn, la Éowyn que vi aquí en Edoras, la Éowyn verdadera. Quiero que seas conmigo igual que con los demás.

Éowyn apartó sus manos de la nuca de él. Y se apoyó en la cama, le hizo girar para que su espalda quedara completamente apoyada en la cama. Luego aguantándose con la mano derecha, se puso encima de él, le acarició la mejilla con la otra mano.

-¿Igual, igual? -preguntó Éowyn mirando los labios de Legolas.

-De acuerdo, igual, igual, no -le sonrió.

Ella acercó su cara y le besó.

Treinta y cuatro

Estaban desayunando. Éomer presidía la mesa; Gandalf estaba en el otro extremo; Aragorn, Arwen y Faramir estaban sentados delante de Éowyn, Legolas y Gimli.

Legolas y Éowyn no dejaban de sonreír, a diferencia de la noche anterior. Sus sonrisas se debían a que Éomer los había encontrado juntos en la habitación mientras se besaban. La cara que puso fue alucinante, no sabía si enfadarse o alegrarse. Ellos no le dieron importancia, pero cada vez que le miraban no podían evitar sonreír.

-¿Es que nos hemos perdido algo? -preguntó Faramir.

-Sí, supongo que sí. Aunque si hubieses estado en mí situación no creo que me hubiera hecho mucha gracia -contestó Legolas.

Éowyn le había explicado al elfo que Faramir la había visitado la noche anterior, aunque no le contó de que habían estado hablando.

-¿Y para cuando va hacerse vuestra ceremonia? -preguntó Gimli.

-Cuando esté todo listo, supongo -contestó Éowyn-. Creo que debería a comenzar a preparar las cosas. Aunque exactamente tampoco sé lo que se ha de hacer.

-Algo especial -dijo Éomer-. Prepararemos una fiesta. Gandalf dirigirá la ceremonia. Y necesitaréis los trajes adecuados.

-Los tenemos -contestaron los dos a la vez.

-Pues habrá que preparar una fiesta por todo lo alto. ¿Creéis que de aquí a mañana se pueda hacer?

-Claro que sí.

Treinta y cinco

Arwen estaba sentada en una silla observando como las doncellas la ayudaban a peinarse. Y esta vez no le molestaba, la elfa la había convencido de que sola no sería capaz de hacer gran cosa.

-Me alegro de que al final accedieras a ponerte uno de los trajes que te regaló el padre de Legolas -dijo Arwen.

-Pensé que ya había demasiado blanco en mi vida diaria como para que un día tan importante siguiera vistiendo de blanco. Además es azul muy claro, no se aleja mucho del blanco.

-Te queda muy bien. ¿Puedo preguntarte algo?

-Claro.

-La joya que llevas... ¿Es aquella que te hace inmortal?

-Sí, me la dio la Dama Galadriel en Minas Tirith. Nunca le estaré lo suficientemente agradecida.

-Bueno mientras no se te ocurra morirte de pena o vayas a luchar y mueras en combate, creo que con eso estará agradecida -la elfa sonrió-. Porque no volverás a luchar¿verdad?

-Supongo que no. No hace falta que demuestre nada a nadie. Al contrario, tengo que aprender de vosotros. Vuestra lengua, vuestras costumbres, y todo eso.

-Creo que conque aprendas nuestras lenguas será suficiente. Si aprendieras lo otro y te comportaras como cualquier elfa, me parece que ya no serías tan especial. Al menos para Legolas.

-¿Tú también lo piensas? Durante un tiempo creí que lo más adecuado era parecerme a vosotros, porque él se perdería esa parte. Luego me hizo comprender que lo que le gustaba de mí era que no me parecía a lo que había visto. O algo así.

Después de que le hiciesen miles de recogidos distintos, optó por llevar el cabello suelto, y con sus ondulaciones bien marcadas, por último se puso una especie de diadema de oro que se sujetaba en su frente. Legolas también llevaría una.

Treinta y seis

Cuando Gandalf acabó de darles su bendición, Éowyn y Legolas se besaron, y toda la sala comenzó a aplaudir. Se ruborizaron ligeramente, se acercaron a la gente y la saludaron.

-Bueno -dijo Éowyn después de saludar a todos-. Creo que Legolas y yo deberíamos decir...

Susurró algo al elfo.

-A la de tres ¿de acuerdo?

Éowyn asintió.

-Uno, dos y tres -contaron juntos-. ¡Que comience la fiesta!

La fiesta por la ceremonia del Príncipe Legolas del Bosque Verde y la Dama Éowyn de Rohan duró toda la noche, hasta el amanecer.

Treinta y siete

-Sólo vengo aquí porque tú luego entraras a las cavernas del Abismo de Helm conmigo. No vengo por otra cosa. El Bosque de Fangorn me da mala espina -decía Gimli.

-Yo ni siquiera tendría que estar aquí. Tenía que haberme ido a Ithilien a esperar la llegada de los elfos del Bosque Verde. Pienso que es una falta de cortesía que lleguen y no nos vean -replicó Éowyn.

-Basta de quejaros. Gimli era una promesa. Me lo prometiste -alegó Legolas.

-Yo no te prometí nada -intervino Éowyn.

-No. Tú te empeñaste en venir. "¿Es que después de que por fin sea oficial nuestra unión¿nos vamos a separar?" -repitió Legolas intentando imitar la voz de Éowyn, luego se rió.

-Es verdad, lo dije. ¿Desde cuándo me imitas?

-Bueno ha sido la primera vez.

-Ya veo.

-No querrás recorrer todo el bosque¿verdad, Legolas? -preguntó Gimli.

-No te puedes echar atrás. No recorreremos todo el bosque, nos llevaría demasiados días, sólo lo atravesaremos, allí nos esperan nuestros caballos.

-No sé como uno no puede sentirse a gusto entre árboles y el otro no puede entre la tierra. Yo me amoldo a todo. Después de vivir toda mi vida entre las planuras de Rohan, voy a ir a vivir en un Bosque. Es que no aguantáis mucho.

-No puedo creerlo. Gimli recuérdame que la tiremos por el próximo barranco que veamos.

-¿Que qué? Os veo y no os reconozco -dijo el enano riendo-. Con la manera tan profunda que os tratabais antes. Y ahora un poco más y formáis un dúo de ironías.

-Es lo que tiene el amor, Gimli -contestó Éowyn-. Es lo que tiene...

Treinta y ocho

-Os puedo mostrar todas las cuevas, aunque hay algunas que no sé muy bien el camino. Pero la mayoría me las sé de memoria, por ejemplo en la que estamos podemos coger ese camino y salir por otra.

-Sí, Éowyn, será toda una aventura -dijo Gimli entusiasmado.

-¿Cómo te puede gustar esto, Gimli? No. ¿Cómo te puede gustar a ti también, Éowyn?

-Enanos y tierra. Elfos y plantas. Muy simple amigo Legolas -contestó Gimli.

-No sé -dijo Éowyn-. Será porque de pequeña, cuando veníamos aquí, jugaba entre estas cuevas.

-Pero no hay vida. Y el aire está muy cargado.

-En eso tienes razón -admitió Éowyn-. A veces cuesta respirar. Aunque Gimli no tendrá ningún problema. Ahora ya sabes lo que sintió él en Fangorn, y no le culpó. No había nada malo si estás acostumbrado a hablar con árboles y plantas.

Gimli rió.

-Siempre parece que estéis en mi contra.

-Error. Yo suelo ser neutral, pero Gimli y yo somos bastante ignorantes en cuestiones de plantas. Hemos vivido en lugares en los que apenas había vida. No puedes comparar tu experiencia con la nuestra.

Legolas le cogió la mano, la levantó a la altura de su cara y la besó.

-Menos hablar, y estate más atenta al camino o nos acabaremos perdiendo -dijo el elfo sonriendo.

-Creo que si nos perdiéramos el único que lo pasaría mal serías tú -hizo una mueca de malicia-. Pero yo no quiero que eso suceda.

Y esta vez ella besó la mano de él.

-Es lo que tiene el amor¿no? -interrumpió la voz de Gimli.

-Sí, es lo que tiene -contestó la pareja.

Treinta y nueve

Estaba en Ithilien, por fin conocía el Bosque del cual Legolas le había hablado. El lugar donde iban a vivir. Los elfos que habían venido desde el Norte se habían alojado en Minas Tirith hasta su llegada. Y ahí estaban, delante de ella y de Legolas, y por supuesto de Gimli.

-Hola -dijeron Éowyn y Gimli en Oestron, la mitad de los elfos les entendieron.

-Debéis aprender nuestra lengua -susurró Legolas por lo bajo.

-¿Por qué te empeñas en hablar en voz baja cuando te podrían oír a más de un kilómetro de distancia? -preguntó Éowyn.

-No había caído en eso -le dijo, y volvió su vista a los elfos-. En fin os diré que vamos a hacer.

Gimli y Éowyn no prestaron atención porque no entendían lo que estaban diciendo. Cuando Legolas acabó su discurso, se puso a hablar con ellos y a contestarle preguntas. Al cabo de un gran rato, se acercó a Éowyn.

-He pensado que construiremos flets. Como los bosques de Lórien. Aunque no sé si a ti te parecerá bien. A lo mejor te sería mejor ir a vivir al palacio de Faramir en Emyn Arnen.

-Oh, de acuerdo. Me iré a dormir al palacio de un hombre que está enamorado de mí. Sí, muy bien, si me quedo para siempre no te extrañe. No he visto a un hombre menos celoso.

-Soy un elfo.

-Odio tus ambigüedades. ¿Y Gimli dónde dormirá?

-Seguramente se hará un agujero en el suelo y se meterá ahí.

-Eso no tiene gracia -dijo Éowyn.

-Los flets son cómodos -alegó Gimli-. No entiendo por qué tendría que meterme en la tierra.

-Estaba bromeando. Sólo era eso.

-Bueno, me iré a casa del Príncipe Faramir cada tarde, iré a caballo.

Miró al cielo

-Ya está oscureciendo, será mejor que me vaya. Nos vemos.

Éowyn iba hacia su caballo. Legolas fue corriendo detrás de ella.

-Espera, espera, meleth nín.

-¿Qué quieres? -preguntó mientras se paraba y se daba la vuelta.

-Era broma. Claro que tengo celos, no con él, pero también los tengo. Y debería de estar loco para dejarte ir a dormir a... Los flets son cómodos, de verdad.

-Ya lo sabía. Iba a buscar agua.

Cuarenta

Era el cumpleaños de Eldarion, el heredero de Elessar. Había una fiesta en el palacio de Minas Tirith. Legolas, Gimli y Éowyn fueron, los otros elfos no habían querido ir, ya que sea agobiaban con tanta gente humana. Legolas y Éowyn habían subido al último nivel de la Citadel. Les encantaba el lugar, y siempre que visitaban la Ciudad Blanca solían estar allí arriba un buen rato. Se sentaban en las escalinatas a reflexionar sobre su vida.

-¿Te gustaría tener un hijo? -preguntó Éowyn-. No quiero decir de aquí poco -añadió cuando él puso cara de sorpresa-. Sino algún día... Antes de abandonar la Tierra Media.

-¿A ti sí? -preguntó Legolas acariciándole el cabello.

-Me gustaría que viera Rohan. Puedo esperar varios años más. Aragorn tendrá una vida muy larga. Nos queda tiempo en la Tierra Media.

-Un elfo no se desarrolla igual que un humano. A tu edad, por ejemplo, aún seguiría siendo un niño. ¿No te parecería raro llevarte tan pocos años con nuestro hijo?

-Tú lo has dicho. No nos desarrollamos igual -le dio la mano-. ¿Querrás... algún día?

-Sí, querré, pero has de entender que nuestra vida será más larga. Y lo que vamos a vivir aquí no será nada con lo que vivamos en Valinor. No podemos tener un niño tan pronto. Luego te sentirías vacía. Si te sirve de consuelo, tampoco verá el Bosque Verde, ni ningún reino de los Elfos.

Éowyn apoyó su cabeza en el hombro de Legolas.

-En Valinor nuestro hijo no tendrá nadie de su edad con quien relacionarse, aquí hay niños. Aquí... No creo que allí tenga ganas de ser madre. Tú eliges.

Cerró los ojos. Legolas hizo que levantara la cabeza, ella los abrió. Acercó su cara a la de ella.

-Ya he elegido -dijo mientras se acercaba más-. Te elegí a ti. Y prometí hacerte feliz.

La besó.

-Yo también quiero tener un niño al que cuidar, como lo hace Aragorn con Eldarion, o Éomer con Elfwing, o Faramir con Elboron.

-Eso me recuerda -dijo ella sonriendo-, que no le pondremos ningún nombre que empiece por El.

-Aún así, debemos esperar algunos años. Pero te prometo que nuestro hijo verá Rohan, y lo que quede del Bosque Verde, de Lórien, de Rivendel y hasta del Valle. Gimli, tú, yo y él volveremos a viajar. El último viaje antes de zarpar.

-También puede ser una semielfa.

-Claro también podría serlo.

Cuarenta y uno

Éowyn, Legolas y Gimli abrazaban uno por uno a Arwen. Se encontraban delante de la tumba del Rey Elessar. Legolas era el único que no lloraba, pero Éowyn sabía que más tarde lloraría. Muy pocas veces Legolas exteriorizaba ese tipo de sentimientos, los de tristeza.

-Lo siento Arwen. Lo siento mucho -le dijo Éowyn.

La elfa sólo asintió mientras lloraba.

Cuarenta y dos

-Será la última vez que verás esto -dijo Legolas a Éowyn mientras subían al barco.

-No puedo creer que haya llegado este momento.

Una vez dentro, Gimli se acercó a la pareja.

-Para mí es más duro, no volveré a ver esta tierra. La tierra a la que tan ligados están los enanos.

-Volverás a ver a la Dama Galadriel -dijo Éowyn mientras le ponía una mano en el hombro.

Miró una vez más el bosque. El barco zarpó.

-¡Adar¡Adar!

Gimli, Éowyn y Legolas se giraron, miraron hacia abajo y vieron a un pequeño elfo que no les llegaba a la cintura.

-Ey, cariño. ¿Dónde te habías metido? -preguntó Éowyn al pequeño elfo.

-Estaba jugando con Fíriel -dijo mientras estiraba los brazos para que Legolas le cogiera.

Éste lo cogió y le dio un beso en la mejilla.

-Esta será la última vez que veas este bosque, Estel.

-¿Nunca volveremos aquí, Adar? -preguntó el pequeño.

-No, no volveremos -contestó Legolas.

El pequeño estiró los brazos en dirección Éowyn, para que lo cogiera. Ella lo hizo.

-Mamá no estés triste. Seguimos juntos.

Éowyn sonrío.

-Es verdad, vamos a estar siempre juntos -dijo mientras rozaba su nariz con la suya.

En silencio los cuatro miraron lo que dejaban en la Tierra Media.

END

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Hola!

Siento tanta espera, pero es que he tenido un mes bastante agitado. Pero ya he vuelto. Espero que os haya gustado el final.

Muchas gracias por vuestros reviews, Miko, Alleka y Llama de Hielo.

Gracias a quien haya seguido esta historia, aparte de vosotras tres. Espero que nos encontremos en otro fanfic. Muchos besos y hasta otra.

Nami