Hola, espero que estén todos muy bien, refiriéndome a este capítulo, como notarán dice final y sí, efectivamente es el último, debo honestamente decir que esta historia se generó como un one shot, pensando solo en la canción inicial, pero aquí ven, sacamos 5 partes y les agradezco muchísimo que hayan llegado esta aquí, espero que les guste y nos estamos encontrando en otra historia, obvio, Inu/Kag, ¿se nota mi inclinación?
Capitulo V Final
ABC – Tu "M" de milagro
Permanecía en aquella misma extraña oscuridad, como rodeado por una densa nube que no le permitía mirar a su alrededor, ni respirar completamente libre, sentía que se ahogaba y frío, tanto frío, calándole los huesos y el alma… de seguro así debía sentirse la muerte pensó, sin poder abrir los ojos, parecía como si llevara tantos días en esto… muriendo, sin poder terminar de hacerlo al fin…
Comenzó a abrir los ojos y una brillante luz lo cegó, sus doradas pupilas se cerraron nuevamente sin comprender demasiado bien que era aquel resplandor, ¿acaso finalmente había abandonado la vida?... frotó sus manos sobre sus ofuscados ojos y comenzó a abrirlos nuevamente, comprendiendo que habían objetos a su alrededor que debía enfocar y lo hizo, encontrándose, tal y como la vez anterior, con la figura de la mujer que amaba, la que le sonría igual que en su visión, pero en lugar de dejarse llevar por la imagen, se giró sobre los que parecía una mullida cama, evadiendo a la ilusoria joven, solo que a diferencia que en la ocasión anterior, una suave mano le acaricio el cabello, mientras una delicada voz, demasiado conocida y repetida en su mente le habló.
Tranquilo, mi amor… ya estoy aquí…
Se volvió, esta vez, sentándose sobre la cama en al que se encontraba, para esta vez mirar de frente a la poseedora de aquella inconfundible voz, comprendiendo que su olfato tampoco lo engañaba, era ella, olía a ella… Kagome y esta vez, sin importarle si dejaba en evidencia sus sentimientos, dejó a sus ojos embargarse de las lágrimas.
Nacen mis mejores madrugadas de tu "M" de mujer
Maravillosa y mágica
Nacen mis amores alegrías de tu "A" de ángel divino
Que me vino a visitar
Estaba ahí frente a él y se sentía tan temeroso de abrazarla, quizás se desvanecería como la ilusión anterior, pero no tuvo que hacer nada, pues ella se le dejo caer, como recordaba tantas otras veces, encerrándolo en un fuerte abrazo del que difícilmente podría escapar, y no deseaba hacerlo, la rodeo con sus brazos cerrando sus ojos al fin, llenándose del exquisito aroma que desprendía, era maravillosa, lo sabía bien… hundió su rostro en el cabello oscuro mientras que las lágrimas salían sin restricción de ambos, ella intentaba con entrecortadas palabras calmar los sollozos que emitía Inuyasha
Nacen también de tu "L" de locura
Las mas bellas lunas llenas que he podido yo mirar
Y de tu "C" nace un cielo de cometas
Y de estrellas que completan mi constelación de amar
Dejó que su pena menguara, abrazándose a ella, convenciendo a su corazón de que era real, comenzó a deslizar su rostro con suavidad hasta encontrarse con el de Kagome, que aún mantenía las mejillas humedecidas, la muchacha abrió sus ojos y le brindo una sonrisa nostálgica, la que le fue respondida por otra exacta, se acercó con suavidad y rozó apenas los labios del hanyou, quien deslizando una de sus manos hasta la nuca de la mujer, la acercó para poder besarla a plenitud, fundiéndose en un beso inexplicable, apasionado y vivo, pensando en todo lo que habían tenido que sufrir por estar separados, no sabía cuanto tiempo era el que ella había estado lejos de él, al principio tenía una cuenta exacta, contando inclusive las horas, cuánto, uno, dos meses, pero luego ya no pensó más en ello, pues inevitablemente para él había sido una eternidad.
La separó con delicadeza, para contemplarla como arrullándola en sus brazos, ordenando su cabello, y con una impérenme sonrisa dibujada en los labios.
Te extrañé pequeña…- susurró – no vuelvas a dejarme ¿oíste?...- su voz era suave, pero dolida, no podría soportar volver a estar sin ella.
No podría… te amo…- dijo, tomando una de sus manos y deslizándola con sutileza hasta su vientre, lugar en el cual la posó abierta, indicándole que sintiera algo. Inuyasha abrió enormemente sus ojos y los fijó en el aquel lugar, notando el leve abultado que ahí existía, luego la volvió a mirar y aquellas oscuras orbes se lo confirmaron.
Te nace un mar con "M" de milagro
Y un sol que sale por sorpresa desde el sur
Puede escribir lo que soy tu abecedario
Y darme toda la poesía y corregir la ortografía
De mi amor
o
Nada podría lograr que olvidara el dolor enorme en su alma cuando creyó haber perdido para siempre a la mujer que más había amado, pero igualmente nada se podía comparar con la alegría enorme que le había entregado, al darle la noticia de que sería padres, de hecho dadas las circunstancias, al saberse embarazada su sufrimiento fue enorme, no por que no deseara a la criatura, más bien, por que existía la posibilidad de que no fuera de Inuyasha, ¿cómo saberlo?... simplemente optó por lo correcto, quedarse sola, le relató a su hanyou la conversación que había mantenido con Houjo la última noche en al que ellos se vieron y lamentando enormemente la tristeza que causó en el alma de el hombre, se marchó… su angustia solo se veía mitigada por su fuerte deseo de proteger a pequeño que anunciaba su llegada cada vez con más ahínco, y por la esperanza de que el padre fuera su ser amado. Finalmente, en uno de los exámenes que su médico le efectuó, éste hizo un extraño comentario.
Aquí se ve algo extraño…- dijo el médico enfocando con mayor detalle un lugar de la imagen en el monitor –
¿Qué es? – consultó nerviosa –
Que extraño… - volvió a comentar logrando que Kagome se impacientara cada vez más –…parecen orejas de perro… debe ser un error.
La sonrisa en los labios de la mujer no pudo ocultarse, y decidió volver, sabiendo que su mayor esperanza se había convertido en su mejor realidad.
Luego del relato, se volvió a acomodar, permitiendo que él la abrazara, tanto a ella, como a ya abultada barriga, cuatro meses eran los que habían pasado, aún no se sentía con las mismas energías de siempre, pero los cuidados de su mujer le habían ayudado mucho, disfrutaba cada momento, como si no existiera un mañana, aquel tiempo sumido en la soledad le ayudaron a comprender que no podía desperdiciar ningún instante, besaba su cabello, mientras que ella dormitaba entre su brazos, demasiado satisfecho de tenerla devuelta.
Nace siempre simple y suavemente
De tu "S" de silencio esta adoración por ti
Recordaba la primera vez que la había besado, ocultó en el bosque antes de partir con el amor antiguo, no pudo decir las palabras que debía, quizás por temor, quizás por no herirla ante la inminente partida, en aquella oportunidad sus labios le parecieron el más dulce néctar que jamás hubiera probado, sabía el error que estaba cometiendo, pues al marcharse con Kikyo estaba dejando a la deriva el corazón de la mujer a la que de verdad amaba y el suyo, pero vivió aquellos años lejos de ella, manteniendo aquel recuerdo en su corazón resguardándolo para que nada lo destruyera.
Nace de tu "Z" ese zumbido que aún escucho
En mis oídos de ese beso que te di
La observaba con los ojos cerrados apoyada en su pecho y lo único que podía hacer era contemplarla, pensar en todo lo que debió haber sufrido sin saber quien era el padre de la criatura que llevaba en el vientre… pero él no tenía la menor duda, lo supo en cuanto Kagome posó su mano sobre aquel lugar y concentrándose podía percibir el suave aroma que emanaba del pequeño, su pequeño, era una hembra fuerte, a pesar de ser humana, pensó y comprendía a la perfección lo que experimentó su propio padre frente a su madre, la fuerza interior que provenía de ellos era formidable, la apretó un poco más en el abrazo intentando en parte protegerla de cualquier daño, pero lo cierto es que sabía bien que quien finalmente había venido a protegerlo era ella, devolviéndole los deseos de vivir con su sola presencia y pudo entender que Kagome había significado su poder en todo momento, desde que partió en la búsqueda de los fragmentos de la perla , hasta ahora… siempre…desde que apareció en su vida.
Y de tu "V" nacen mis ganas de verte
El valor que me hace fuerte
Y una vida que vivir
Kagome se empeñó en volver al Sengoku e instalarse ahí, por lo que Inuyasha junto a Miroku y con la ayuda de algunos aldeanos dedicaron un día completo a la construcción de una vivienda bastante cercana a la de sus amigos y Kaede, la mujer se sentía bastante familiarizada con la época, por lo que sintió que no le costaría acostumbrarse a vivir aquí, además no existían para ella, noches más hermosas que las del Sengoku y quería tener la certeza de que no habrían problemas con su bebé, ya que al dar a luz a una criatura con visibles características que lo diferenciaran de un humano, lo pondría en riesgo… y después de todo ella era valiente y si las mujeres de antaño tenían sus partos en sus propias casas ella también podría.
La mañana aún no llegaba e Inuyasha dormitaba sentado sobre el futón, con la espalda apoyada en la pared de la cabaña que permanecía para confort de su mujer, aislada del frío gracias a materiales traídos desde su época, no pensaba arriesgarse a que su hijo enfermara luego de nacido. La noche no había sido del todo buena para Kagome, quien había dormido a sobresaltos, por lo que el hanyou velaba su sueño, pero de pronto se vio completamente empapado en lo que parecía un líquido cristalino que al olfato humanos no tenía olor alguno, pero que para él olía a su cachorro, la mujer despertó de inmediato, y sabía perfectamente lo que aquella humedad significaba.
Inuyasha, ve por Kaede y Sango…estoy en labor de parto…- Inuyasha casi palideció al oír aquellas palabras, pero se apresuró a cumplir con lo solicitado.
Las horas parecían eternas, mientras que dentro de la cabaña se sentían suaves gemidos de dolor que emitía la mujer, en espera de que todo estuviera en condiciones en su interior, para que el bebé naciera. Inuyasha esperaba afuera, pero no soportaría mucho más, ella era su mujer, su Kagome y estaba sufriendo, el sonido de su voz quejumbrosa le lastimaba los oídos, provocando que cerrara sus ojos cada vez que la escuchaba, incluso llegó a cuestionarse de si volvería a permitir que su niña pasara por esta situación nuevamente, hasta que apareció Sango y le hizo un ademán para que entrara.
El nacimiento tuvo las complicaciones justas, sin que se le hiciera demasiado fácil a Kagome dar a luz, pero sin que corrieran riesgo en ningún momento ni ella ni el cachorro, como lo llamaba Inuyasha, quien estuvo en todo momento atento a todo lo que sucedía, apoyando a Kagome, pero completamente mareado en el olor a sangre que había en el lugar, seguía cuestionándose si dejaría que ella tuviera más bebés, ya que él había visto mucha sangre en el transcurso de su vida, pero en este caso era la de ella.
Cuando finalmente el pequeño niño, vació el vientre de su madre, Kagome que estaba empapada en un sudor frío, lo recibió en sus brazos envueltos en una hermosa manta que su madre le había tejido, sentándose levemente con ayuda del hanyou que simplemente se quedó sin palabras.
Te nace un mar con "M" de milagro
Y un sol que sale por sorpresa desde el sur
Puede escribir lo que soy tu abecedario
Y darme toda la poesía y corregir la ortografía
Ciertamente la vida les había puesto muchas dificultades, pero el camino se había abierto enseñándoles que no siempre todo es perfecto, pero puedo ser lo mejor que hayas vivido.
Nombraron a su hijo Senkai, el nombre que recibía el padre de Inuyasha, que denotaba gran fortaleza, lo que se notaba día a día en el crecimiento del pequeño cachorro, que se había convertido a su escaso año y medio, en todo un terremoto, provocando la impaciencia incluso del hanyou que en ocasiones se tomaba la cabeza con ambas manos y pensaba en que habría hecho mal, pero en cuando volvía la vista hasta el niño, sabía que todo estaba bien, la sonrisa que aquel ser le dedicaba, era la mayor paga que podría recibir para solucionar el desmán de turno. Kagome quién a fuerza de la madurez que había tenido que adquirir, se apoyaba en el umbral de la puerta a observar los berrinches que padre e hijo se hacían, hasta que llegaban a algún concilio, sonriendo con suavidad, aquel hanyou insufrible que por largo tiempo la mantuvo en vilo, ahora era su más fuerte pilar de existencia, entregándole la mayor felicidad. Y cuando se perdía en sus brazos experimentaba lo sublime del amor, ese que se entrega sin palabras, el que se vive con las emociones del corazón desplegadas a través de la piel.
Y ayudarme en la lectura
De las frases de tu piel
Acentuarme la ternura y el placer
Había una historia tras toda esta dicha, pero Kami los había premiado con una segunda oportunidad que no desperdiciarían. Todo el dolor y el sufrimiento habían quedado apagados y ocultos en algún lugar de sus recuerdos, pero ya no los dañaban, pues habían aprendido a vivir uno en compañía del otro, complementándose.
Por las noches, cuando el pequeño dormía ya, salían a observar las estrellas en aquel basto cielo, indiscutiblemente superior en hermosura a cualquiera que conocieran, Inuyasha rodeaba la figura de Kagome que apoyaba su cabeza en el pecho de su hanyou, observando ambos las luces guiñando en el manto negruzco de la noche.
¿Te arrepientes de algo?- consultó él, con voz calma
No…- la respuesta fue aún más serena
Pondré punto y aparte el dolor que ya paso
Y escribir la introducción para este amor.
Kagome posó la mano de Inuyasha sobre su vientre, indicándole que tocara en aquel lugar, quizás esperando darle una sorpresa, pero él ya lo sabía, su aroma la había delatado hacía días, su amor se estaba gestando una vez más en aquella cuna de vida, augurando una larga historia juntos, que estaba erigida sobre el fuerte cimiento del amor.
Te nace un mar con "M" de milagro
Y un sol que sale por sorpresa desde el sur
Puede escribir lo que soy tu abecedario
Y darme toda la poesía
Y corregir la ortografía de mi amor…
El hanyou acercó su boca hasta un costado del cuello de su mujer y susurró en él algunas palabras que lograron en ella un sonrojo y un brillo peculiar en su mirada, acarició el cabello de Inuyasha, mientras se giraba entre sus brazos, para quedar frente a él, tomó su rostro entre las blancas manos y se aproximó a sus labios, una vez ahí, antes de tocarlos le murmuró.
Te amo…
Te amo…- fue la simple respuesta, no había mucho más que decir…
Fin
Un Muakk gigante a quienes hayan terminado y gracias por acompañarme
Anyara