*Esta historia está dedicadísima a Diana. Ella fue quien trajo de vuelta a la vida este fic que había dejado olvidado y menospreciado. Gracias por hacerme verlo a través de tus ojos*
Paradoja
Todos los caminos me conducen a ti
1
Enfermizos Deseos
Error va de mi mano
Escamas en los dedos
Mi carne entre tus uñas
Mi crimen rojo eterno
(Rojo Eterno / Lucybell)
La vista en el rascacielos más alto de la ciudad era envidiable, especialmente durante una noche de verano como esta que el clima permitía estar en la cima del edificio para apreciar la vida nocturna en todo su esplendor. Las luces de los edificios, negocios, vehículos y aeronaves que circulaban bajo el titán de acero y vidrio lucían como miles de luciérnagas de diversos colores en una selva urbana.
Luego de echarle un vistazo a la hermosa vista de la ciudad extranjera, Bulma se instaló en el exclusivo bar de la terraza. Había tenido una semana agotadora de reuniones, cócteles y exposiciones que por fin habían llegado a su fin, por lo que pasaría su última noche de visita en el bar, como solía hacerlo desde casi un año. Ya se había vuelto una tradición visitar el bar del edificio donde estuviese hospedándose por motivos de trabajo y pedir un trago o dos, todo dependía de cuánto tardara él.
—Otro, por favor —dijo al barman, y volvió a mirar su reloj. Ya era tarde y parece que comenzaría a beber una tercera copa, muy raro en ella.
—Maldito quien sea que te haya dejado plantada —susurró un atractivo hombre de negocios sentado a un banco de separación de Bulma. Ya que la mujer ni siquiera volteó para mirarlo, él continuó deslumbrado observando su bella silueta envuelta en aquel ajustado y elegante vestido azul—. Yo invito esta copa, preciosa.
Bulma no respondió. Sacó el labial y un pequeño espejo de su cartera que combinaba totalmente con el estilo y color de su vestido, pintó sus labios del color que a él tanto le encantaba aunque no lo dijera. Su boca masculina lucía tan sexy con las manchas del labial luego de apasionados besos. Para cuando guardó las cosas en la cartera, el barman ya había terminado de servirle la bebida alcohólica.
—No pude evitar observarte durante la conferencia, estuviste sorprendente, deslumbrante. Si gustas podrías darme más información acerca de tu trabajo y lo que haces.
Bulma miró su reloj por última vez antes de tomar la copa. Estuvo a punto de beber de ella, cuando vio descender a Vegeta a pocos metros de distancia. No tardó en dejar el bar e ir hacia él, sin percatarse del hombre que intentó seducirla, aunque para el infortunio del sujeto, había llegado demasiado tarde, ya que la científica se encontraba completamente seducida hace mucho tiempo. Cuando tuvo al saiyajin a su lado no tardó en abrazarlo y besarlo, le encantaba cuando la visitaba con ropa de humano, un jeans negro y una camisa azul manga larga. Pese al viento, su piel no se encontraba fría, pero su cabello se había despeinado por las horas de violento vuelo. Se veía tan guapo.
—¿Cuántas fueron esta vez? —preguntó Vegeta cuanto terminaron el beso, pero sin cortar el abrazo.
—Estuve a punto de comenzar la tercera copa —respondió Bulma, coqueta.
Vegeta hizo una mueca ante la respuesta de Bulma, nunca tardaba tanto en encontrarla, no importaba en qué lugar del mundo se encontrara, siempre daba con ella antes de terminar la primera copa o comenzando la segunda.
Bulma le dio otro beso en la boca, a lo que él reaccionó tomándola de la cintura para elevarse y descender por los balcones del edificio. La mujer le indicó cual correspondía a su habitación y no tardaron en llegar hasta él. En medio de besos apasionados ingresaron a la habitación. Vegeta solo tuvo que bajar el cierre en la espalda del vestido para desnudarla, esta vez ni siquiera llevaba puesta ropa interior, le encantaba cuando hacía eso. La camisa del hombre terminó con menos botones y en el suelo antes que la pareja cayera en la cama.
Vegeta solo bajó el pantalón un poco para liberar su erección y penetrarla. El solo hecho de esperar al hombre y sentirse presa, era el juego previo que excitaba a Bulma, y ahora encerrados en esa habitación podían dar rienda suelta a todo lo que se les negó por encontrarse separados.
Bulma gimió con más fuerza cuando sintió la boca del hombre en su pezón, pero pronto lo obligó a subir para robarle más besos. El labial ya se había corrido y manchado los labios carnosos del saiyajin. Vegeta se separó un poco para ver su rostro sonrojado, y sin dejar de moverse en su interior, con lentitud y profundidad, le introdujo el pulgar en la boca. Casi perdió el control cuando la vio succionarlo y de paso los hermosos ojos de la mujer lo miraron triunfales a sabiendas de lo que lograba en él.
Reanudaron el beso y las embestidas del hombre se hicieron más rápidas y bruscas.
La relación se había fortalecido luego de lo sucedido con Majin Boo. Llevaban casi un año haciendo lo mismo: ella debía viajar por negocios a diferentes partes del mundo y el último día de trabajo, Vegeta sin tener idea de su paradero, direcciones o radares a su disposición, salía a buscarla. Siempre había sido un buen cazador y pese al minúsculo ki de Bulma, lograba detectarla entre las millones de personas si se concentraba lo suficiente.
No importaba dónde Bulma estuviera, no importaba la distancia, siempre la encontraría.
(...)
Meses después...
Bulma no dejaba de llorar en el rincón de la antigua habitación, tiritando de miedo y cubriendo su rostro con los brazos, rogando para que el castigo cesara. Él, poseído por una ira incontenible digna de tiempos pretéritos, la tomó con sus manos enguantadas y obligó a ponerse de pie. Pudo ver uno de sus ojos hinchado por un golpe anterior y su labio sangrando por la paliza reciente, pero ahora vendría más, ella se lo había buscado y no tenía otra opción más que corregirla.
Ofuscado y a la vez gozando sus gritos y súplicas, la arrojó a la cama. El vestido largo tenía tantas capas que debió rasgarlo desde el corsé hacia abajo para exponer su cuerpo lleno de cicatrices y heridas que aún no sanaban por completo. Le gritó que callara, necesitaba silencio y tranquilidad para observarla y ella no se lo permitía. Una bofetada, y luego otra para hacerla cerrar la boca, pero las lágrimas no cesaron, el miedo en sus ojos claros era latente, casi podía masticar su miedo que de a ratos le causaba ira y también gozo.
Con la brusquedad que lo caracterizaba terminó de romper la enagua y la ropa interior. Separó sus piernas y mientras tomaba su miembro duro pudo ver más heridas de cortes y moretones entre los muslos de la mujer que tiritaba bajo él esperando lo inevitable. Eso endureció su sexo.
En cuanto la penetró sin ninguna consideración, agarró su delicado cuello y lo apretó cortando el paso del aire.
Vegeta despertó de golpe a la vez que soltó un grito ronco que le fue imposible controlar y mucho menos detener. Bulma, que dormía a su lado y asustada por el despertar tan brusco, encendió la luz del velador para atender a Vegeta que nuevamente sufría de pesadillas.
—Tranquilo —dijo con voz suave—. Ya estás despierto.
Al hombre le tomó unos largos segundos adecuarse a su cuarto y su realidad. Le dolía la cabeza, su corazón latía acelerado y sudaba de pies a cabeza. Ya casi se cumpliría un mes desde que estas pesadillas comenzaron a atormentarlo y no dejaban dormir más que un par de horas. En un comienzo no le dio importancia, pues siempre tenía pesadillas relacionadas a errores del pasado, por lo que su mente debía estar mezclando las cosas, pero cada día fueron aumentando más las pesadillas en las que lastimaba a Bulma de formas más brutales y sádicas.
—¿Recuerdas esta vez el sueño? —preguntó Bulma. Acarició su espalda intentando darle algo de bienestar.
—No, no recuerdo —mintió. ¿Qué le iba a decir? ¿Que cada noche soñaba con esa habitación grande y de muebles antiguos y siempre abusaba de ella, la violaba, la golpeaba, la hacía llorar? A veces Bulma tenía el pelo largo, hasta la cintura, en otras corto; se veía más joven, o mayor, pero siempre lo que sucedía en esa habitación le revolvía el estómago y hacía gritar por las noches. Y lo peor de todo es que en sus sueños lo disfrutaba tanto. No, no podía decirle nada de eso.
—No tomaste las pastillas de dormir anoche, ¿verdad?
No fue necesario que Vegeta respondiera, era obvio que no lo había hecho, además ni siquiera estaban en el velador.
En un intento de aliviar su molestia, Bulma lo abrazó por atrás y recargó su rostro en su hombro, pero él, casi en el acto se soltó y se puso de pie. Era como si no soportara el contacto con ella.
—No hagas eso —dijo dolida.
—No hice nada —respondió Vegeta molesto. Se acercó hacia el balcón para abrir la ventana y dejar que el aire fresco de la noche lo despertara por completo.
—Puedo ir a prepararte la tina. Un baño con agua fría te hará bien y podrás volver a la cama —dijo intentando ser comprensiva. Conocía a Vegeta y estaba segura que estas pesadillas llevaban molestándolo más de las dos semanas que había admitido. Y solo habló de ellas porque ya era inútil ocultarlas.
—No —dijo tajante, y ni siquiera la miró—. Iré a entrenar. —Se marchó de la habitación directo a su cámara de entrenamiento.
Bulma suspiró molesta. Era imposible ayudarlo si él se cerraba y no la dejaba acercarse. Odiaba la situación, pensaba que todos los problemas habían quedado atrás, que la relación con Vegeta había entrado en una etapa donde podrían solucionar cualquier conflicto, pero al parecer estaba equivocada.
—Maravilloso —susurró cuando vio la hora en el reloj del velador. Casi las cinco de la mañana y ella ya estaba sin sueño y de mal humor. Qué buena forma de comenzar el día. Decidió meterse a la ducha y darse un baño, después de todo tenía mucho trabajo que hacer y si comenzaba antes, mucho mejor.
—Hija, qué haces en pie tan temprano —exclamó el Dr. Brief cuando entró al laboratorio de su hija. Debió mirar su reloj de pulsera para comprobar que estuviera bien puesta la hora, ya que nunca veía a su hija en pie antes de las siete de la mañana.
—No tenía sueño y vine a trabajar, papá.
Por la cantidad de cigarros en el cenicero y el café restante en la cafetera, el hombre pudo deducir que llevaba al menos una hora o más en el laboratorio.
—¿Has avanzado? —preguntó sentándose a su lado con Tama somnoliento sobre el hombro.
—Sí, ya casi tengo el dispositivo armado en el reloj, solo me falta un poco más de trabajo para comenzar con las pruebas.
—¡Tan pronto! —exclamó sorprendido—. Realmente te has apoderado de este proyecto, Bulma.
—No te preocupes, tendrá el nombre de los dos cuando sea publicado, claro que mi nombre irá primero —dijo sonriendo. Su trabajo era una de las cosas que la estaban ayudando a distraerse y no pensar en Vegeta todo el tiempo. No sabía qué más hacer para ayudarlo, y si seguían así pronto volverían a las discusiones sin sentido que pensó habían quedado en el pasado.
—Por supuesto que llevará primero tu nombre, yo casi no he hecho nada desde que te di la idea de los viajes entre dimensiones. Deberías llevarte todo el mérito, hija —comentó mientras ojeaba la libreta de apuntes de Bulma. Le costaba demasiado entender su letra y desorden. Eran tan parecidos padre e hija.
—No digas eso, fuiste tú quien desarmó por completo la nave que dejó mi hijo del futuro y entendió el funcionamiento de su computador. —Miró hacia un rincón de la habitación donde descansaban los restos de la nave que no servían.
Lo único de utilidad, el cerebro de la nave estaba en la mesa de trabajo de Bulma, donde tenía su computador, herramientas, y la lupa especial conectada a las pinzas minúsculas para poder trabajar y manipular los nano componentes dentro del reloj de pulsera. Sería imposible hacer todo el trabajo solo con sus manos, necesitaba de los aparatos tecnológicos para mover piezas tan pequeñas y delicadas.
—Por el momento te recomiendo no comenzar con las pruebas —dijo después de sacarse los anteojos para limpiarlos con su pañuelo—. Es demasiado peligroso, necesitamos tener un ambiente especial y seguro, y sin antes mencionar que debemos revisar una y otra vez el funcionamiento del reloj, y además quiero estar presente cuando eso pase.
—No te preocupes, papá, no te dejaría de lado en la parte más importante del experimento… Es solo que he trabajado tanto en él que no me di cuenta todo lo que avancé, y si sigo así creo que la tercera etapa estará finalizada mucho antes de lo pensado.
—¿Todo bien, Bulma? No sueles tener mucho tiempo libre, y solo cuando discutes con Vegeta te encierras a trabajar desde muy temprano… Lo recuerdo muy bien, cuando Trunks estaba pequeñito y pasabas días enteros metida acá, trabajando, tomando café, fumando y vociferando en voz alta contra Vegeta.
Bulma abrió la boca para responder, pero al ver el cenicero lleno de cigarros y la cafetera casi vacía se calló. No pensaba que podía ser tan obvia.
—No creo que esté todo bien, papá, pero definitivamente no es como antes, tranquilo.
—Sé que sea lo que sea que estén pasando, lo solucionaran. Es como tu mamá y yo. Fuimos hechos el uno para el otro y no importa lo que suceda, siempre será así. —Encendió la lupa e inmediatamente las pinzas electrónicas se activaron, pero no las manipuló. Simplemente quería observar el reloj en su plenitud.
—¿Crees que Vegeta y yo estamos hechos el uno para el otro? —preguntó con una sonrisa.
—Por supuesto. Jamás en mi vida he visto a una pareja discutir con la pasión que ustedes lo hacían, y si después de todo eso lograron terminar juntos y bien, ya no hay nada que los pueda separar, de eso estoy seguro.
—Gracias papá.
El hombre sonrió atento del trabajo de su hija, mientras que Tama bostezó con pereza.
Bulma vestía un camisón blanco y holgado, un par de tallas más grande de lo que necesitaba. Al encontrarse arrodillada practicandole sexo oral pudo ver sus pechos que aún no crecían del todo. Eran pequeños y firmes, típicos en una adolescente de su contextura fina. Continuó dirigiendo el ritmo con la mano enguantada sobre su cabeza, cada vez más rápido, cada vez más fuerte, entrando y saliendo de su boca, pero de un momento a otro la joven no pudo continuar, y puso las manos sobre su abdomen para separarse y alejarse por completo de su miembro. La bofetada en su dulce mejilla no tardó en llegar, lanzandola al suelo por la fuerza del golpe.
Bulma tosió y lloró al mismo tiempo que se llevó la mano a la mejilla. La marca de la mano masculina ya se notaba en la suave mejilla, al igual que cuello y brazos. Pese a ser tan joven respondió, furiosa y aterrada, como un pequeño animalito acorralado por su presa. Eso lo excitó y enfureció tanto. Así no era cómo debía comportarse, le enseñaría que a él se debía respetar, y si no aprendía, terminaría temiendole. No habían más opciones con él.
La tomó del brazo y obligó a levantarse. Era baja, aún le faltaba por crecer y desarrollarse. No le costó trabajo abrazarla para ponerla a su altura y besarla a la fuerza, desgarró su pijama sin cortar el brusco contacto y la volteó aprisionándola contra su torso con un brazo sobre el pecho.
Bulma desgarró su garganta gritando cuando lo sintió brutal en su inexplorado interior.
—¡Nooo! —gritó Vegeta en medio de la inconsciencia del sueño y el desorientado despertar. Su puño golpeó el suelo de la cámara de gravedad con tanta violencia que atravesó el piso reforzado. Jadeaba y sudaba como si hubiera estado con la gravedad al máximo, pero ni siquiera había alcanzado a prenderla.
—¿Papá, estás bien? —preguntó Trunks a pocos metros de distancia. El niño se veía preocupado por la apariencia de su padre.
Vegeta quitó su mano del pequeño cráter que dejó en el suelo y se sentó. Se había quedado dormido durante el entrenamiento y no se había dado cuenta.
—Estoy bien, Trunks —dijo intentando que su voz sonara lo más normal posible.
—No parece, papá. ¿Otra pesadilla?
—No. Estoy bien, no te preocupes. ¿Qué haces aquí? —preguntó intentando cambiar el tema y ya respirando más calmado—. ¿Tu madre te dijo que vinieras a verme?
—Sí. La abuela ya está cocinando, te esperaremos para almorzar juntos. ¿Vendrás, papá?
—Sí, me daré una ducha antes.
Trunks sonrió ante su respuesta. Cuando su papá estaba de mal humor solía evitar las reuniones familiares, por lo que se calmó un poco.
Minutos después, el agua fría de la ducha ya estaba corriendo y la ropa empapada de sudor del guerrero tirada en el suelo. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando el agua golpeó su cuerpo caliente, cerró los ojos e intentó relajarse, enfocando su mente en cualquier cosa, entrenamiento, su hijo Trunks, incluso intentando adivinar qué plato haría la mamá de Bulma para almorzar, lo que fuese para distraer su mente de aquellas terribles pesadillas. Estaba funcionando, pero cuando abrió los ojos se sorprendió de ver el agua mezclada con sangre en el blanco suelo de la ducha. Alerta, se tocó y revisó, era demasiada sangre para una simple herida, y no sentía dolor alguno que pudiera indicarle el lugar del corte. Cuando volvió a mirar la baldosa blanca, solo había agua limpia con un poco de la espuma del jabón que cayó de su cuerpo. No había rastro alguno de sangre. Aquello solo provocó que su ira creciera, no entendía qué mierda estaba pasando con su cabeza.
Salió de la ducha molesto y fue por ropa limpia, al pasar junto la cajonera encontró el frasco con pastillas para dormir que Bulma le había pasado hace más de una semana, según ella, podían poner a dormir un toro tan profundamente que no tendría malos sueños, y solo debía tomar dos… Pues al demonio, él no era un toro, era un saiyajin y si quería dormir un par de horas sin tener aquellos horrendos sueños necesitaría más.
Luego de horas de trabajo en el laboratorio, Bulma fue directo a la cocina a comer. Su madre le había dejado todo listo, incluso su porción metida en el horno, lo único que tenía que hacer era calentar la comida y servirse. No se había dado cuenta lo tarde que era, cuando se obsesionaba con algo no lo abandonaba hasta que su cabeza se agotaba y necesita descanso.
Le llamó atención que todo estuviese en silencio, pero claro, sus padres tenían planes y Trunks ya debía estar alistando sus cosas para ir a quedarse por el fin de semana a la casa de Goten. Era increíble que todos tenían algo entretenido que hacer menos ella. Bueno, si las cosas estuvieran bien con Vegeta no hubiera tardado en planear una velada romántica, pero considerando la situación actual, lo único en que podía pensar ahora era intentar conversar con él para que le permitiera ayudarle.
Su hijo querido llegó corriendo a la cocina con un una mochila en su espalda.
—Qué bueno que te encuentro mamá, ya me voy con Goten.
—¿Guardaste el pijama y el cepillo de dientes?
—Sí, mamá.
—¿Y la ropa interior?
—También, y también cambio de ropa, toalla, el celular y todo lo aburrido que siempre me haces llevar a la casa de Goten.
—¿Y cómo te cabe todo eso en una mochila tan pequeña?
—Llevo todo guardado en cápsulas —dijo sonriendo. También llevaba la última consola que su abuelo le había regalado para jugar toda la noche. Incluso llevaba un televisor plano de pantalla gigante porque el que tenía Goten era demasiado pequeño para su gusto.
—Recuerda obedecer las reglas de esa casa, y si Milk dice que tienen que dormir…
—Sí, mamá, nos vamos a dormir.
—Ven acá. —Lo tomó de la mano y atrajo para abrazarlo—. Pórtate bien y avisame cuando llegues.
—Sí mamá. —Le dio un beso en la mejilla y se separó.
—¿Has visto a tu padre? ¿Almorzó con ustedes?
—Sí, y después se fue al sofá, se quedó dormido y sigue ahí.
—¿Todavía? —preguntó asombrada y observó la hora en el reloj de la pared.
—Sí, recién pasé a despedirme de él, pero seguía durmiendo. Se veía muy cansado durante el almuerzo y no comió toda su porción. Sobró mucha comida.
—Ya vete, Trunks, que te están esperando para tomar el té. Yo me encargaré de tu papá, no te preocupes por él.
—Es lo mismo que me dijo él, que no me preocupara —dijo frunciendo el ceño igual que su padre—. Si quieres me puedo quedar para cuidarlo mientras trabajas.
—Gracias, amor, pero no es necesario, ya no voy a trabajar más. Me voy a quedar todo el día cuidándolo. Ve a la casa de Goten y pásalo bien.
—Sí. —Le dio otro beso y se marchó corriendo.
Bulma dejó el almuerzo sin terminar y fue hacia la sala en busca de Vegeta. Tal como su hijo le dijo, se había dormido en el sofá y no lucía con intenciones de despertar. Al menos parecía tranquilo y eso la calmó por el momento. Corrió las cortinas para oscurecer la habitación y fue al segundo piso por un cobertor y una almohada, pensó que despertaría cuando la acomodó bajo su cabeza, pero el hombre ni siquiera reaccionó, así que aprovechó de besar su mejilla antes de arroparlo.
Recordó las palabras de su padre, y estuvo segura que lograrían superar cualquier obstáculo, pero por el momento lo dejaría descansar y ella terminaría de comer, y quizás luego trabajar un poco más si es que Vegeta seguía durmiendo.
Cuando Vegeta despertó ya era de noche y pese a haber dormido tantas horas seguidas sentía que no había descansado nada, continuaba agotado y con sueño. Al menos no había tenido pesadillas, o por último no las recordaba, al parecer las pastillas habían sido buena idea y podrían detener aquellas horrendas imágenes que lo atormentaban al cerrar los ojos.
Un tanto desganado se levantó y fue al segundo piso, directo a su habitación y con intenciones de continuar durmiendo, cuando entró escuchó la ducha andando. Estuvo tentado en entrar al baño e intentar hablar con Bulma, pero lo descartó. Se quitó la ropa, puso el pantalón de pijama, y debió sentarse a los pies de la cama cuando todo le dio vueltas. Él no era un hombre enfermizo, no entendía por qué le estaba ocurriendo esto tan desagradable.
Observó a su alrededor y creyó ver cosas que no correspondían a la habitación. Elegantes muebles antiguos de madera tallada, cortinas rojas, ventanas ojivales, Bulma llorando en un rincón del cuarto…
Se puso de pie alerta, pero Bulma ya no estaba ahí. Su mujer continuaba en el baño, ahora secando su cabello con el secador. Volvió a sentarse y para cuando la científica salió del baño con una toalla envolviendo su cuerpo, lo encontró con las manos en la cabeza y la mirada perdida en el suelo.
—Tranquilo —susurró compasiva—. Estoy aquí. —Tomó su rostro y lo abrazó. Vegeta rodeó su cuerpo con los brazos y apretó todo lo que podía sin lastimarla.
—Me estoy volviendo loco —dijo contra la toalla, a la altura de su abdomen.
—Te ayudaré, no sé cómo pero lo haré, confía en mí. —Acarició su cabello y permaneció en silencio hasta que él estuviese mejor.
Vegeta mantuvo su rostro oculto en ella hasta que su respiración se calmó y se sintió un poco mejor, pero no era suficiente, necesitaba más, la necesitaba a ella. Le quitó la toalla y besó su torso húmedo con labios y lengua, recorrió su cuerpo con las manos y respiró su aroma, desesperado por olvidar. Acarició su cintura, sus muslos, dejó marcas de su boca y dientes en su blanca piel. Bulma no pudo evitar jalarle el cabello cuando sintió los dedos del hombre en su interior, le permitió estimularla y recorrer su piel con la boca, pero cuando sus piernas comenzaron a temblar, no resistió más y se sentó sobre él. Tomó su rostro entre las manos y obligó a besarla.
El apasionado beso se extendió una eternidad, y entre el poco espacio que quedó entre ellos, Bulma con ambas manos se encargó de sacar el miembro de Vegeta para masturbarlo. Subió y bajó con una mano y con la otra apretó la punta hasta el límite del dolor. Eran dos semanas sin estar juntos, demasiado para ellos considerando que dormían en la misma cama y no había viaje de negocios o entrenamiento fuera del planeta interponiéndose entre ellos.
El hombre gimió cuando por fin estuvo en su interior. La tomó de las caderas para hacer los movimientos más bruscos y profundos, y perdido en las sensaciones desbordantes devoró sus pechos. Bulma se afirmó de los hombros del hombre e hizo la espalda hacia atrás para permitirle hacer lo que quisiese con ella. Cuando la golpeó el orgasmo no pudo contener el mismo ritmo constante.
Vegeta, aun con el pantalón de pijama puesto, la tomó de los muslos y depositó en la cama con delicadeza. La mujer, aún jadeando y con las mejillas rojas, lo recibió con los brazos abiertos cuando ya desnudo regresó a ella, a su interior.
Lo que continuó entre ellos fue lo esperado. Fuego y pasión al límite, como siempre había sido y siempre sería, pero esta vez Bulma estuvo completamente ajena a lo que pasaba por la cabeza del hombre.
Vegeta continuó embistiéndola, completamente inmerso en ella, pero de un momento a otro las marcas que había dejado en el cuerpo de Bulma se tornaron oscuras y antiguas; aparecieron cortes severos, profundas marcas de dientes y manos. Del labio de la mujer corrió sangre y su ojo derecho se hinchó y tornó oscuro alrededor. Eso lo hizo perder un poco la concentración, pero antes de que ella se diera cuenta de que algo andaba mal, Vegeta siguió como si nada, casi hipnotizado, como si estuviera soñando, mezclando la realidad y los sueños. No fue consciente cuando sintió la necesidad de hacerle daño, de pronto la idea de tomar su cuello y apretarlo se le hizo tan excitante, tan necesario.
—Vegeta —susurró la mujer, y lo tomó del rostro para besar sus labios y acariciar su rostro. Había algo en su mirada que llamó su atención, pero con ese contacto pronto volvió a ser el mismo—. ¿Estás bien?
Inmediatamente después de escuchar la voz de su mujer, las heridas en Bulma y los enfermizos deseos homicidas de Vegeta se esfumaron.
El hombre no pudo responder con palabras, y calmó cualquier duda con otro largo beso.
Esta vez no hubo advertencia, llamado de atención ni una bofetada bien dada para hacerla cambiar de actitud, o encerrarla en su habitación sin comer por días. Ya estaba harto de su comportamiento y en esta ocasión fue directo a su cuello. Bulma intentó detenerlo a sabiendas que era imposible luchar contra su poder, gritó y golpeó su pecho, pero para él eran simples caricias que aumentaban su ira y placer. Apretó más, esta vez sin guantes puestos para sentir cada detalle, no dejó que el aire pasara, y observó atento los ojos de la mujer, llorosos, con una exquisita mezcla de odio y terror a sabiendas que el final había llegado. Para su sorpresa, insistió en luchar, lo golpeó en el rostro, una y otra vez con las palmas y las largas uñas. Lo escuchó gritar su nombre, pero eso era imposible, la estaba matando, no pasaba aire a sus pulmones, no podía ser.
¡Vegeta! ¡Vegeta! ¡VEGETA!
Sintió como la última cachetada desesperada de Bulma le cortaba la mejilla.
¡VEGETA DESPIERTA!
Cuando Vegeta despertó tenía a Bulma bajo su cuerpo luchando por respirar, sus poderosas manos aún afirmaban con fuerza el delicado cuello de la mujer que no dejaba de golpearlo en el rostro para despertarlo. En cuanto logró reaccionar, la soltó, se hizo a un lado y casi cayó de la cama ante el impacto que sufrió por la horrible escena que protagonizó.
Bulma, completamente aterrada se incorporó, no podía dejar de toser y llorar, ante la desesperación de no poder respirar. Hace horas se habían dormido sin problemas y en medio de la noche el cuerpo pesado de Vegeta la despertó cuando con ambas manos cortaron el paso del aire. Si hubiera aplicado un poco más de fuerza o hubiera tardado unos segundos en despertar hubiera muerto.
Pese a la conmoción, Vegeta vio claramente varias de las uñas de Bulma quebradas y con sangre de él de tantos golpes que le dio para despertarlo, en su cuello ya se veían las marcas rojas de sus dedos y sabía que más tarde lucirían peor. Sus ojos aterrorizados fueron decisivos. No intentó acercarse a ella para ver cómo se encontraba, ni siquiera le preguntó, o le pidió perdón, su primer instinto fue alejarse más. Se sentía pésimo, y mucho peor al darse cuenta de la erección que tenía y no le bajaba. No quería lastimarla, en verdad no quería, pero había estado a punto de matarla.
No soportó estar ni un minuto más en esa habitación con ella, sentía que a cada segundo Bulma corría más peligro con él. Tomó el pantalón del pijama del suelo y salió a paso rápido de la habitación.
Continuará...
Hola a todas y todos. No tienen idea hace cuantos años pensé en escribir la historia. (Al menos 6 años o más) En ese entonces me confundía sola al imaginar los escenarios y situaciones. Alcancé a escribir un par de escenas en mi cuaderno, pero todo se perdió cuando hace casi 2 años decidí abandonar el fandom y esos papeles terminaron en la basura. Cuando en Febrero decidí volver para terminar Casualidad y El Legado seguía sin intenciones de hacerlo, pero el acoso de una lectora me hizo ver que me estaba privando de escribir algo muy interesante… Y aquí estamos.
Bueno, por el summary es bastante claro lo que va a suceder, además a varias y varios les he contado más o menos de qué trata. No me gusta dar spoiler, así que van a tener que seguir leyendo para descubrir qué demonios sucederá aquí.
-Para quien le guste la música: se podría decir que el tema oficial de este fic es la canción Rojo Eterno de Lucybell. Creo que es claro por qué. En todo caso, más adelante se volverá mucho más evidente.
-En mi antología "A la misma estrella" se encuentra el one shot "Paradoja" en este caso, este fic no está inspirado en ese one shot, es al revés.
-No sé si lo notaron, pero ese jueguito que tienen Vegeta y Bulma en un comienzo del fic lo saqué de otra historia corta que tengo "Hasta el fin del mundo"
-Muchas gracias de nuevo a Diana por acosarme para escribir esta historia. Acabo de comenzar y ya la estoy disfrutando demasiado. También gracias a todas las chicas y chico del chat por su constante apoyo. Y también, un beso Charly por haber hecho la portada para este fic. Y por supuesto a Ina, mi sexy secretaria y amiga que siempre está ahí para escuchar mis spoilers.
-En mi perfil encontraran en enlace para encontrar mi página de facebook, donde subo cosas relacionadas con los fics y adelantos de capítulos, ahí también encontrarán un video que enseña a dejar rws, ya que varias lectoras me comentaron que no tenían idea de cómo hacerlo sin cuenta.
-Y bueno, eso sería todo por ahora. Espero sus comentarios con ansias. Esta será una historia larga, no tanto como El Legado, pero serán más de 20 capítulos, así que espero que me acompañen en esta nueva aventura que estoy comenzando.
Dev.
25/02/2020
