Los personajes de Naruto no me pertenecen. Si fuera así, todos estarían enamorados de Ino.
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TÚ & YO:
Un camino ninja
o1
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El sexto dirigió una dura mirada hacia el frente, ignorando los cientos de documentos que tenía sobre el escritorio que todavía no había podido revisar. Lo hubiese hecho, quizás, pero de alguna manera prefería perder el tiempo con ese tipo de distracciones, aunque las consideraba muy absurdas y de mal gusto. Porque, ¿quién debería estar metiendo las narices en asuntos que no deberían importarle? Claro que, como Hokage cualquier asunto tendría que importarle, o eso le habían dicho por ahí.
Kakashi Hatake clavó ambos ojos en las personas del otro lado. Y de inmediato pudo ver la tensión en el ambiente. Los hombres titubearon un momento, y más de uno retrocedió dos pasos. El peli-plata arqueó una ceja, de la misma forma inocente como cuando inventaba sus excusas por llegar tarde, pero si lo pensaba bien, hace mucho que no llegaba tarde a ningún sitio; ya estaría perdiendo la costumbre o sus pretextos por fin se le habrían terminado. Vaya a saber.
¡Bah! No era el momento para adentrarse en la locura de su propia cabeza. Por ahora más le convenía despachar a esos tres-cuatro-cinco hombres (los contó hasta ese segundo), para que pudieran dejarlo solo cuanto antes.
—¿Entonces?
—Hokage-sama…
—¿Qué es lo que desean?
El semblante del que parecía ser el líder de la agrupación se deformó graciosamente, y sus arrugas se agrandaron por la frente y continuaron hasta el inicio de una gran calva en forma de redondel. El hombre se sintió obligado a carraspear la garganta para continuar.
—Hablábamos sobre los matrimonios consensuados en la actualidad. Fueron tan funcionales en el pasado; los grandes imperios anteriores a nuestros poderosos clanes veían el matrimonio arreglado como una herramienta para sobrevivir, incluso.
—Ah. Sí, seguro.
Kakashi lo escuchó pacientemente, y aunque no fue su intención, sus pensamientos terminaron viajando sin rumbo después de la primera oración.
—Hokage-sama, si me lo permite, no encuentro el motivo para oponerse en está ocasión.
Bien, la palabra oponerse como tal lo trajo a la realidad de nuevo. Si existía algo que a Kakashi no le gustara era que pusieran palabras demás en su boca, así que frunció los labios, claramente en desacuerdo. Él ya conocía cómo funcionaban los matrimonios arreglados, y sabía que en la historia eran vistos más como un negocio muy bien organizado, no necesitaba una lección por parte de ese sujeto.
Se irguió sobre su asiento, poniéndose lo más derecho posible.
—Me pregunto en qué siglo vivimos actualmente, consejero —lo visualizó con determinación, sin pestañear. El anciano bajó la mirada en respuesta—. ¿No le parece un poco idiota su propuesta? Sin ofender, por supuesto —obviamente, su cometido era ofenderlo. Sonrió bajo la máscara—. Los grandes imperios fueron derrocados, ni siquiera un matrimonio arreglado fue lo suficientemente fuerte para salvar una nación.
—Lord Hokage. ¿No es acaso que esto es permitido en el clan Hyūga en esta nueva era? Piense en la señorita Hyūga Hinata, tuvo un matrimonio arreglado con su propio primo… Y en Konoha existen al menos más de dos clanes tradicionales que se rigen con este principio además del Hyūga. El clan Uchiha es uno de ellos, por ejemplo —prolongó una pausa de diez segundos y continuó—. Debo suponer que usted como Hokage está al tanto de este tipo de información.
Kakashi permaneció inmutable. Extendió los brazos a los costados y observó un punto en la nada. Una vez más, no escuchó todo ese discurso aburrido.
—¿Se atreve a ir contra el dictamen del propio Hokage? Debo reconocer su enorme valentía, aunque no estoy seguro de llamarlo valentía o estupidez humana.
Lo desafió con mucha frialdad, posiblemente demasiada, pues el anciano comenzó a sacudirse de forma considerable. No obstante, se mantuvo recio hasta final, sin opción a desistir, igual que un hueso duro de roer.
El sexto soltó un largo suspiro, el tercero en tiempo récord, luego se masajeó discretamente las sienes. Esa era una de las tantas tareas que no apreciaba de su trabajo. Si le preguntaban, ahora más que nunca entendía el alcoholismo de Lady Tsunade, hasta a él se le antojaban un par de tragos justo ahora, eso y su tomo favorito de Icha Icha.
—Es a beneficio de un clan casi extinto. Imaginé que lo comprendería fácilmente —hizo un ademán dramático que Kakashi creyó patético e innecesario—. Lo que yo creo es que, el trasfondo de su oposición se remite a que el chico fue uno de sus alumnos. ¿O me equivoco?
Por primera vez, Kakashi tensó los músculos de la cara.
—Lo que usted crea es cosa suya, a mí no me interesa en lo más mínimo.
—Debería, pues mis opiniones y todas las del consejo son a favor de Konoha.
Kakashi lo fulminó internamente.
—Sí, fue mi alumno. Realmente, si fuera mi camarada, mi superior o mi maestro, no me importa. El clan Hyūga puede tener sus propios protocolos, pero no decidiré por la vida de un chico que no tiene familia.
El hombre peli-plata se frotó los hombros a consciencia, a sabiendas que era observado por un montón de ancianos que no tenían otra cosa mejor que hacer más que hablar de él cuando estuviesen con sus esposas o esposos, si es que seguían con vida. Se preguntaba cómo se arreglaba ese tipo de gente para llevar una vida medianamente tranquila y seguir fregándolo al mismo tiempo.
—Es precisamente ese el motivo —el viejo sonrió triunfal, como si presintiera que con ese argumento obtendría la victoria—. Es el único miembro de su clan. Y si mal no recuerdo, uno de sus objetivos es restaurarlo, creo que todos aquí sabemos hasta qué punto eso es correcto, ¿cierto, Lord Hokage?
—Y su objetivo también fue vengarse. ¿Ya lo olvidó?
Los ancianos presentes se hicieron de oídos sordos, y el miembro del consejo tamborileó los dedos. Kakashi, en cambio, no tuvo otra alternativa más que respirar con calma. De verdad estaba aborreciendo todo ese lío. Al parecer el viejo era más listo de lo que aparentaba, o tal vez sólo se escondía detrás de una falsa cara compuesta por simplicidad y algo más que no podía describir porque era grosero, muy grosero. De todas formas, no era nadie para juzgar, y de igual modo, ese anciano no era una persona mala sino más bien ambiciosa, además de que era miembro del consejo, y si se atrevía a proponer el arreglo de un matrimonio para un clan tan poderoso como el clan Uchiha, tenía que ser por un propósito para bien de la aldea. Kakashi ya era consciente de ello, pero se negaba a tratar a su exalumno como un objeto con cual negociar. Todo eso a Kakashi le provocó un fuerte dolor de vientre que trató de disimular.
—¿Él lo sabe?
El anciano asintió, y antes de que pudiera preguntar, el otro se adelantó.
—Está de acuerdo —no pudo evitar prestarle atención. Estaba escéptico, no esperaba que, precisamente, el único sobreviviente Uchiha aceptara tan fácil. Si era sincero consigo mismo, aguardaba por una escena de berrinches y negación. Oh, sí. Porque el joven Uchiha era un berrinchudo con experiencia. Y sin embargo, ahora era él quien le ahorraba toda una sarta de trabajo—. Tal parece que a Uchiha no le importa nada ni nadie. En sus propias palabras, no le interesa con quién casarse, solamente espera por alguien fértil capaz de darle hijos y que pueda criarlos, además de pertenecer a un clan poderoso para que los sucesores no sean débiles.
El Hokage chasqueó la lengua, frunciendo ligeramente el ceño. Ese chiquillo idiota, ¿de verdad sería capaz de utilizar a alguien de esa forma sólo para cumplir con un capricho infantil? Eso era peor que sus berrinches. No podía creer que en el fondo actuara tan frío como siempre. Le había dado… No, ¡toda la aldea le había dado oportunidades de rehacer su vida! Sentía su confianza traicionada, podría decir que lo quería como se quiere a un ¿hijo? Tal vez eso era demasiado, pero lo estimaba al igual que lo hacía con Sakura y a Naruto. Quizás todavía esperaba mucho de él, y él seguía siendo un niño incapaz de apreciar las cosas sencillas de la vida como el amor verdadero. ¿Él, alguna vez podría sentir esa clase de amor? Esa era la cuestión. Sabía que el último Uchiha sentía un gran cariño por Naruto, hasta podría decir que por Sakura también, pero de eso a un amor honesto hacia otra chica, lo dudaba muchísimo. Realmente él esperaba que terminara cautivado por todos los méritos por parte de la peli-rosada, pero era como pedirle peras al olmo.
—Está bien, aprueba su matrimonio —no estaba totalmente de acuerdo, pero qué otra opción tenía. Él jamás buscaría una mujer por cuenta propia—. Debo suponer que ya tienes a alguien en mente.
El anciano mostró sus dientes amarillentos, que desde lejos, el Hokage pudo ver las imperfecciones de su dentadura y las múltiples manchas a causa de las caries.
—Tiene que ser una joven proveniente de un clan poderoso, a la altura de un Uchiha. El clan Hyūga, sin embargo, era perfecto. Lord Hokage imagine los prodigios que nacerían de la unión del Sharingan y del Byakugan.
—Hinata ya es la esposa de Neji. La ley ampara al esposo para que pueda tener más de una esposa. Sin embargo, no ampara que la esposa pueda tener más de un esposo. Injusto, lo sé —examinó al hombre— ¿Propone a Hyūga Hanabi como la próxima Uchiha?
La calva del hombre brilló por un milisegundo, y a Kakashi le dio gracia.
—Eso pensamos en un principio, Hokage-sama. Mas, llegar a un acuerdo con Hiashi Hyūga en este momento resultaría bastante complicado.
Kakashi soltó un gruñido furioso. Le hacía hervir la sangre que los hombres del consejo tomaran decisiones antes de consultarlo. Se suponía que él era la mayor autoridad y el ninja con mayor poder en su boca. Algún día no se resistiría a sus impuestos y terminaría matándolos con sus propias manos.
—¿Cuál es la solución?
—Existe un clan sumamente poderoso y además compatible. Apostaría todo a que son la conexión perfecta. La unión de ambos clanes que engendraría a miembros muy inteligentes y fuertes, capaces de proteger el futuro de la nación.
El sexto ya intuía sobre quién iba, pero aún así se atrevió a preguntar, por deber más que curiosidad.
—¿Sobre cuál clan en específico me está hablando?
—El clan Yamanaka, mi Hokage. La heredera es una joven muy hermosa y una kunoichi excepcional, ¿no lo cree?
—Por supuesto que lo es —Kakashi lo reconocía con creces. Últimamente la próxima líder del clan Yamanaka había destacado por su esfuerzo constante y su lema por no rendirse; se mostraba activa en muchas de las comisiones establecidas, no solamente en misiones, sino como parte del equipo de interrogación, y de vez en cuando ayudaba en los quehaceres del hospital. Sin duda, ella fue una de las que más creció junto con su alumna de cabello rosado—. No obstante, no creo que Inoichi sea el tipo de padre que acepte casar a su hija con un desconocido.
—No se trata de un desconocido. ¡Es uno de los nueve novatos! Ahorrándonos su participación en la guerra y que gracias a él podamos seguir viviendo —le asombraba la determinación predispuesta hacia el menor. Y por primera vez, observó a los otros viejos que, si bien no eran parte del consejo, siempre acompañaban al más grande, como protegiéndole. Eran varios hombres y ninguna mujer, se preguntó dónde estaría la otra anciana que formaba parte del regidor—. Inoichi podría demostrar su inconformidad, pero estoy seguro que aceptará. A diferencia de Hiashi, el clan Yamanaka nunca ha ido en contra de las órdenes del Hokage porque piensan que es fallarle a Konoha.
—¿Qué se supone que hagamos con el héroe de esta aldea? No sé si ustedes estén enterados de que la hija de Inoichi y él están…
—Lo sabemos. ¿Pero no es más importante el bienestar de un pueblo entero que un amor que podría ser olvidado en un santiamén?
—Qué curioso que mencione la palabra amor en esta situación —hizo énfasis y rodó los ojos de forma irónica. Se llevó las manos al mentón para pensar, sin tener mucho porqué hacerlo. Prácticamente, todo estaba listo para servirse a la mesa, sólo era "necesario" su consentimiento—. Está bien.
El mayor sonrió triunfal, sin preocuparse por aparentar lo contrario, eso molestó a Kakashi quien no dijo nada.
—Avisaré a Uchiha…
—Lo haré yo mismo —los hombres intercambiaron un gesto consternado. Ya veía su negativa plasmada en el rostro, así que se apresuró—. Se pueden retirar, pues como pueden ver, tengo todavía mucho quehacer aquí.
Cada uno de ellos asintieron en silencio y luego abandonaron la sala, como en procesión. Una vez de que se asegurara que, efectivamente, estaba solo, Kakashi se permitió suspirar largo y tendido. ¿Cuáles serían las consecuencias de su decisión? No le preocupaba la reacción de Inoichi, sino más bien la de otro rubio. Él le preocupaba más que nadie, más que Sasuke incluso. Cuando él se enfurecía no existía forma de controlarlo, y eso era temible.
Sin mencionar que de verdad esperaba que Sasuke se enamorara de Sakura. A su ver, Sakura sería la única capaz de soportar a alguien cuya personalidad era una mierda.
Kakashi se recargó sobre la silla y se giró para mirar por el ventanal. Enseguida se topó con la roca Hokage, y contempló a cada uno de los rostros en la montaña, en especial el suyo. ¿Había hecho lo correcto? Por el bien de toda una generación, esperaba que sí.
...
—¿Es en serio que te diviertes?
—¿Tú no?
La chica infló suavemente las mejillas y regresó a su postura inicial, recostándose sobre el viejo pasto junto a su amigo. Cerró los ojos para disfrutar la brisa contra su rostro e ignorar la comezón que le ocasionaban los piquitos de la hiedra mal cortada. Luego, sintió la mirada de su mejor amigo sobre ella, pero eso no la incómodo, en lo absoluto. Estaba acostumbrada a que siempre le reprochara con esos ojos color café, así que sólo sonrió con ganas.
—Nunca entendí tu concepto de diversión, Shika —el moreno refunfuñó sonoramente y ella rió aún más fuerte—. Supongo que las nubes son para ti lo mismo que para Chōji lo es la BBQ.
—Lo mismo que para ti es…
—Oh, cállate, tonto —le aventó un pedazo de pasto a la cara, que Shikamaru no tuvo la molestia de esquivar, sobre todo porque hacerlo era demasiado problemático—. Esa Ino superficial pertenece al pasado, y está bien allí.
Shikamaru se sentó sobre el césped, limpiando con una mano la suciedad de barro que se impregnó en su mejilla. La miró una vez más, con semblante serio, y después abrió los labios para hablar, pero solamente soltó un quejido monótono y volvió a su postura anterior, colocando los brazos bajo la cabeza a modo de respaldo. No dijo nada más.
—Vendrás esta noche, ¿verdad?
Lo dijo más como una orden que una petición. Shikamaru rodó los ojos.
—Tsk. No lo sé, tengo cosas que hacer.
—Qué cosas tienes qué hacer mejor que ésto, sin vergüenza —se hizo la ofendida, tomándolo del brazo y entrelazándolo con el de ella—. Te estaré esperando, no lo olvides.
—¿Para qué quieres que vaya? No creo que verme le vaya agradar a tu novio, Ino.
—¿Bromeas? Pero sí él te adora.
Shikamaru giró el rostro en otra dirección, enojado, o al menos eso pretendía; la rubia sabía que él no podría enojarse con ella por mucho tiempo. Aunque, últimamente no lograba comprender sus repentinas reacciones, era como si se transformara en otra persona cuando tocaban ese tema en específico, acerca de su novio. De verdad que no lo entendía. A pesar de que la rubia era quien más lo conocía casi a la perfección, y sabía de sus gustos, sus deseos, sus costumbres, hasta sabía su hora de dormir y despertar, también entendía por qué le gustaban las nubes aun cuando decía que no. Pero ella lo sabía y Shikamaru lo sabía también. Entre ellos dos no se levantaba ninguna barrera, todo era tan transparente. Pero últimamente…
Ino lo miró de reojo y se pegó a su hombro.
—Estoy seguro de que él querrá estar a solas contigo.
—Tú eres mi persona favorita, ¿lo olvidas? Él estará feliz de verte.
—Ino, tal vez no deberías decir eso en voz alta, eso no es algo que a él le gustaría escuchar —apretó la mano de Ino e inconscientemente rozó la punta de sus dedos contra su palma—. Mejor no lo digas.
—Ven, por favor.
Puso los ojitos brillosos, contoneándose de un lado a otro mientras continuaba sosteniendo el brazo del moreno. Shikamaru no resistía mucho a sus tácticas de persuasión, que más bien eran berrinches de niña malcriada, quizás lo único que conservaba de su yo del pasado (seguía trabajando en ello, pero a veces simplemente le salía de forma natural).
—Tks. Eres bastante problemática —la apartó al ponerse de pie—. Eres tan caprichosa. ¿Cómo es que siempre obtienes lo que quieres?
Ino sonrió ampliamente.
—¿Eso es un sí?
—Tks —se sonrojó tenuemente, y se pasó una mano por el rostro para evitar que lo descubriera.
—Eres el mejor, Shika —rió.
—Sólo me causarás problemas.
Lo vio rascarse la barbilla antes de ofrecerle una mano para levantarse. Tal vez Shikamaru tenía razón, por supuesto que la tenía, él podría ser la persona más perezosa de todo el planeta, pero era un genio hecho y derecho, nunca se equivocaba. Sin embargo, las intenciones de Ino no eran para nada malas. La rubia se mordió el interior de la mejilla, esperando que por primera vez su amigo se equivocara y todo se desarrollara de buena manera.
…
Pasaban un poco más de las 10 de la noche. La luna brillaba demasiado sobre su cabeza y su cabello adquiría un tono más bien plateado. Hacía muy poco frío por las noches en esa época del año, y no obstante, de vez en cuando llegaba una corriente que la hacía envolverse entre sus propios brazos. Y el nerviosismo que sentía no la auxiliaba en nada. Ino comprobó la hora cada minuto, como una víctima de la desesperación.
—¿Por qué rayos tarda tanto? ¡Ya pasaron más de dos horas!
Gritó a los árboles, a punto de tirarse de los cabellos.
—No exageres, Ino. Ni han pasado dos horas ni tampoco tiene que ser todo tan exacto. Apenas va media hora de retraso —tocó uno de sus hombros para transmitirle la calma que tanto necesitaba. En cambio, ella le ofreció una sonrisa fingida que Shikamaru no se creyó—. Los contratiempos siempre existen, no necesariamente tuvo que pasar algo grave. Se trata de él, después de todo. ¿Qué puedes esperar?
—¡Ah! Eres un tonto, Shikamaru —eso no la tranquilizó, sino todo lo contrario. Provocaba que su mente se replanteara nuevos y aterradores escenarios. Era consciente que como shinobis no estaban a salvo ni aún después de haber terminado la misión. Cualquier cosa ocurría en cualquier minuto, y las batallas se encontraban al inicio, durante y después—. ¡Aash!
—Él es un héroe, no lo olvides —sacó del interior de su chaleco verde un cigarrillo, mas cuando su acompañante lo regañó con su mirada celeste, lo guardó enseguida, chasqueando la lengua para sí mismo—. Ese hombre es tan problemático que él solo podría con más de diez enemigos al mismo tiempo.
Por alguna razón sus palabras no ayudaron en nada.
—No ayudas en nada —le declaró—. Sé que él es más fuerte que tú y yo juntos, pero…
—Ino, cálmate ya. Me estás contagiando tus nervios —sostuvo sus muñecas para que lo observara únicamente a él. Ino lo contempló directo a los ojos e hizo un esfuerzo sobrehumano por relajarse, mientras que Shikamaru le acariciaba la espalda con las yemas de los dedos—. Qué fastidio. ¿Desde cuándo te volviste tan paranoica, eh?
—Desde que me enamoré.
—Ah.
Ino se percató de la repentina incomodidad que se formó en el rostro del moreno. Pretendiendo suavizar la situación, le sonrió más sincera.
—Shika, estaría perdida sin ti.
—Lo sé.
Se permitió esconder la frente en el interior del pecho de Nara. Debería hacerle caso y pensar que nada malo podría sucederle, no a él.
—¡Ino!
Y como un milagro del cielo, escuchó el grito eufórico que la llenó de alivio. La rubia levantó la cabeza y cuando lo observó corriendo a la distancia, se apartó rápidamente de su mejor amigo. Sin pensarlo dos veces, ella también corrió hacia él. No supo en qué momento las lágrimas empezaron a caer de sus ojos, pero cuando ambos estuvieron tan cerca el hombre la cargó en sus brazos y dio vueltas, carcajeando de alegría.
—¡Ino! ¡Eres tú, ttebayo!
—¡Naruto! ¡No lo vuelvas a hacer! —enfadada, golpeó su pecho musculoso repetidas veces. El rubio se quejaba entre risas—. ¡Me preocupé mucho! Creí que… creí que te perdería.
El chico rubio soltó una enorme carcajada que se le pegó a su novia. Pronto los dos rubios más ruidosos de todo el mundo comenzaron a reír y a parlotear como sólo ellos sabían hacerlo. Para los demás resultaba un escándalo, pero para Naruto e Ino significaba un reencuentro lleno de amor. Naruto se aferró a su cuerpo, rodeándola con deseo.
—Te extrañé demasiado, Ino. Lo siento.
Sin previo aviso, el rubio la tomó suavemente por el mentón y la besó en los labios. Ino separó los ojos ante el asombro pero no tardó mucho en reaccionar y en besarlo con la misma intensidad, olvidándolo todo. Puso ambas manos alrededor del cuello de su novio y se fundió en él. Lo había extrañado a cantidades exageradas, sólo Kami podía saber cuánto, y sentir esos dedos recorriendo cada centímetro de su cintura le ocasionaron unas inmensas ganas de ser uno con él.
No fue que se alejaron hasta que Shikamaru tosió.
—Perdón. Yo sólo… yo sólo quiero fumar.
Los dos rubios vieron cómo el moreno se apartaba cinco metros más y prendía un cigarrillo. Ino bufó molesta, jamás iba a convencerlo de que eso terminaría con él algún día. Después respiró rendida, volviendo hacia su novio.
—¿Y? —enarcó una ceja rubia y le tocó amenazadoramente el pecho con la punta del índice, recuperando su enojo—. Ni creas que te salvaste, Naruto Uzumaki.
—¿Eh? —despistadamente dio un pasito atrás.
—¿No se suponía que tendrías que estar en Konoha desde hace una hora?
—¡Claro que sí, ttebayo!
—Ajá.
—Es una historia muy larga… repleta de batallas, de enormes enemigos y osos. ¡Sí, osos! Ttebayo.
—Mentira. El estúpido se detuvo a orinar a mitad del camino.
Aquella voz sobresaltó a Ino. Sólo en ese instante se percató de que Naruto no venía solo. Por sobre el hombro del rubio pudo examinar a Kiba, Shino y a Sasuke atravesar las puertas de Konoha. Los tres chicos tenían un aspecto terrible, se les notaba el cansancio con cada uno de sus pasos torpes, además de que sus ropas estaban hechas un desastre. Kiba se apoyaba sobre Shino, seguramente por alguna pierna rota. Y no supo explicar por qué sus ojos viajaron por cuenta propia hacia Sasuke, pero al verlo descubrió que no tenía un aspecto mejor que sus compañeros. Él también lucía agotado, pero luchaba por no demostrarlo, hasta en eso era orgulloso. No obstante, no pudo pasar desapercibida la enorme mancha de sangre que tenía sobre el vientre y la rasgadura de su vestimenta que se extendía por todo el abdomen. ¿Estaría herido de gravedad? Tal vez no. Un Uchiha hiere, nunca es herido, o de lo contrario no podría seguir manteniéndose en pie. Y como alma que lleva el diablo, Sasuke pasó de largo junto a ella, sin detenerse a saludarla, enterrando su curiosidad a preguntar por lo que le sucedió. Ino frunció el ceño sin dejar de seguirlo con la mirada. Por supuesto que no esperaba un saludo muy afectuoso, pero al menos se conformaba con un hola. Ella no estaba pintada y le gustaba que los demás la notaran.
Ino bufó. Si Sasuke era el mejor amigo de Naruto, esperaba que éste fuera un poco, tantito, más considerado con ella y le hablara de vez en cuando. Evidentemente no ansiaba por formar parte de su círculo social, si es que podía llamarlo social, pero sí esperaba una relación del tipo pregunta-y-respuesta. ¡Ah! Qué ganas de interponerse en su estúpido camino y preguntarle cuál era su maldito problema, pero no respondería.
—No fui el único que orinó. ¡También tú lo hiciste, Kiba!
La estridente voz de su novio la regresó a sus cavilaciones. También lo miró, dando por hecho que al igual que sus amigos Naruto debería estar débil, la suciedad en sus mejillas se lo demostraba.
El chico perro gruñó en respuesta. Pronto comenzó una discusión sin sentido entre Naruto y Kiba. Ino, al principio desconcertada, los visualizó intercaladamente y luego se echó a reír. Sí que había extrañado al hiperactivo número uno de Konoha, y a los demás también.
—¡Ya es suficiente, Kiba! Por si no lo sabes, Naruto tiene quien lo defienda —se colocó protectoramente entre el rubio y el castaño, desafiando al último con una mirada fría—. Ahora Naruto es todo mío. ¡Y tú! Es mejor que vayas a revisarte esa pierna.
—¡Agh! Pero qué cursis son. Es por eso que yo prefiero seguir soltero —hizo una seña para que Shino lo apoyara a retirarse—. No te preocupes, muñeca. Mis huesos sanan solos.
—¡Hey, Kiba! ¿A quién le dices muñeca?
Kiba ignoró el comentario agresivo de Naruto.
Naruto e Ino guardaron silencio hasta que los chicos llegaran hasta el árbol donde se encontraba Shikamaru. Éste ya no fumaba.
—Te extrañé por dos largas semanas —rozó apenas su boca, tratando de incitarlo.
Tanto Shikamaru como Kiba intercambiaron una mueca de fastidio. Después de unos minutos, el dueño de Akamaru junto con Shino se despidieron amistosamente de Nara y se retiraron, no sin antes gritarles que los invitaban a comer a la mañana siguiente.
Naruto entrelazó la mano con la suya y le dio un beso fugaz en la mejilla.
—Sasuke se encargará de informar sobre la misión a Kakashi. Mientras tanto, nosotros dos podríamos… ttebayo —susurró en su oído, ocasionado que a Ino se le erizara la piel.
—Espera, cariño —tuvo que poner la diestra como barrera para impedir que el rubio le besara el cuello—. Shikamaru nos acompaña esta noche.
El rostro de Naruto cambió de un milisegundo a otro, convirtiéndose en mera decepción. Decepción que no pasó para nada inadvertida por Shikamaru, que estaba a punto de hablar cuando Ino lo capturó por el brazo izquierdo y lo hizo dirigirse hasta donde su amigo. Una vez frente a frente, Ino también abrazó a su novio por la derecha, y juntos emprendieron camino al apartamento de Naruto.
Los tres juntos eran como una muy mala broma, caminando bajo un gran manto estrellado.
Llegaron al lugar luego de quince minutos, en los cuales Ino y Naruto no habían dejado de hablar. Apenas le daban tiempo a Shikamaru de interactuar con ellos, pero daba la impresión de que eso no le molestaba.
El apartamento de Naruto era sumamente pequeño, mencionar que estaba adaptado para que dos personas vivieran, era una gran mentira. Sin embargo, el dueño se emocionó al notar que todo estaba muy organizado y limpio, hasta la cama estaba hecha, como nunca antes lo estuvo con él. Naruto felicitó el esfuerzo de su novia por cuidar de él aun cuando éste se encontrara lejos y dando una muestra de agradecimiento la abrazó por la espalda.
Shikamaru por su parte prefirió otorgarle privacidad a la pareja, disculpándose para ir al baño, que se encontraba a un costado cerca de la cocina y de la sala… de todo en realidad.
Ino era consciente de lo problemática que aquella situación se tornaba para su mejor amigo, y justo comenzaba a creérselo. Hasta alguien como ella era capaz de sentir la tensión creciendo en el aire, a pesar de que Naruto fuera el chico más parlanchín del universo entero.
—Oye, Ino. Amm… Shikamaru es uno de mis mejores amigos, no me malentiendas. Pero, ¿es necesario que esté aquí esta noche? —hizo un puchero infantil, de esos que conseguían derretir las piernas de Ino y volverlas gelatina—. Honestamente, esto no se parece en nada a lo que tenía en mente. Ya sabes, esperaba que tú y yo… ttebayo.
Dibujó una sonrisa traviesa en su cara, atrapándola con excelente habilidad que dejó a la rubia inmóvil. La espalda de Ino chocó contra la fría pared y Naruto aprovechó para acariciar sus piernas dentro de la falda.
Ino se estremeció. Lo estaba disfrutando en grande, las manos de Naruto ardiendo en su piel la dejaban sin aliento, siempre. Mas el sonido de la llave de agua en el baño la puso en alerta.
—Detente, Uzumaki —lo separó con fuerza—. No todo es sexo, sabías.
—Uhm. Quería estar a solas contigo y contarte mis aventuras —recargó el mentón en el dorso de la diestra—. Quería que fuéramos tú y yo. Y no tú y yo y él.
—Basta Naruto, por favor —exhaló precipitadamente para calmar su pulso cardíaco. Naruto la había acelerado únicamente con ese par de caricias, no quería imaginarse lo que podía provocar si llegaban a más. Claro que ella también deseaba un momento a solas con él, escucharlo hablar y terminar desnudos sobre la cama, lo soñó desde el primer día que Naruto partió de misión. Y sin embargo, tenía que hacer eso. Enseguida le ofreció un tazón con su ramen favorito, disculpándose. Compartía su sentimiento de frustración, y detestaba ser la causante de ello, pero prometía recompensarlo más tarde. A él le encantaría, de eso no tenía duda—. Sólo quiero que mi mejor amigo se lleve bien con mi novio.
—En realidad ya nos llevamos bastante bien. Tsk —la voz fatigada del moreno los tomó por sorpresa. Estaba recargado sobre el marco de la puerta, bostezando—. Jamás pensé que lo diría, pero estoy de acuerdo con Naruto.
Las cejas de la platinada se juntaron con su nariz.
—¡No puedo creerlo! Te dije que no fumaras dentro de la casa —le arrebató el cigarro de la boca y lo apagó a pisotones—. Pareces un bebé testarudo.
Naruto no supo qué hacer. Los observó en silencio, como si fueran la pareja más cómica y extraordinaria que jamás tuviera oportunidad de ver. No tenía palabras, y eso era muy raro para alguien que hacía que, incluso el clima resultara un tema interesante. Se rascó la cabeza y carcajeó. Su carcajada contagió a Ino, mientras que Shikamaru sonrió de medio lado.
—Ino tiene razón. Deberíamos hacer un intento y conocernos más, ttebayo.
—Te conozco desde niño, ¿lo olvidas?
—Siempre te saltabas la academia conmigo.
—Es porque era muy aburrida, tonto —se sentó junto a él.
Ino sonrió satisfecha y se colocó cerca de su novio con una cerveza para cada quien. Besó a Naruto una vez más, con más pasión de lo normal, y metió la mano en su bolsillo trasero.
Shikamaru era su mejor amigo, la persona más esencial desde que tenía memoria. Naruto era su novio, el hombre que le enseñó lo que significaba amor, a quien ella amaba con locura. Para ella era sustancial que entre los dos se formaran vínculos impenetrables, aunque ya los había.
…
—No debiste hacerlo, Sasuke.
El aludido permaneció inmutable, como si las palabras duras no le hicieran ningún efecto.
—Debí simplemente, ¿morir?
Kakashi cerró los ojos, completamente fastidiado. Definitivamente, tratar con él requería de mucha paciencia. Paciencia que no poseía. A veces le daban ganas de enviarlo lejos, por meses enteros, o tal vez años. Pero era irracional, porque a quién mentir, también lo necesitaba cerca para vigilarlo en el buen sentido, para saber si comía bien o hubiese algo que hacer por él. Aunque nunca le revelaría aquello.
—Existen miles de alternativas más eficientes que el asesinato.
Sasuke levantó una ceja.
—¿Como conversar con el enemigo? Hmp. Seguro, eso es muy eficiente.
—No me refiero a eso, Sasuke. Como shinobis estamos acostumbrados a matar sin sentir remordimiento. Eso es lo que está, relativamente, incorrecto. Lo hemos convertido en una costumbre macabra. Matar a otro ninja, que no pertenezca al libro bingo, está mal.
—Era él o yo. Creo que elegí bien.
—No. Pudiste dejarlo inconsciente y luego huir —Sasuke volteó el rostro y Kakashi engrosó el tono.
—Yo no huyo.
—No era una amenaza fuerte, sólo eran un grupo de ladrones en busca de comida, huir en esa ocasión era una opción muy acertada. Sasuke, tú lo mataste porque él te hirió primero con una kunai, y no soportaste que alguien te lastimara con un arma tan sencilla. No es necesario que respondas porque sé que así es —tomó un minuto para continuar—. Es de cobardes asesinar a un enemigo cien veces más débil que tú.
—Hmp.
El azabache no se dignó a dirigirle la mirada, claramente estaba ofendido.
—Tu paga será reducida a la mitad.
Sasuke no dijo nada pero gruñó enfadado.
—Puedes retirarte… Ah, casi lo olvido. Espera —contempló al joven Uchiha acomodarse la ropa desbaratada, aguardando a lo que tuviera que decirle—. Me han informado que solicitaste la aprobación para tu matrimonio. ¿Es cierto?
—Si ya lo sabe, es porque debe serlo —habló con ironía.
Kakashi sólo sintió que las venas de la frente le palpitaban. No se dejó intimidar. Sasuke era un ninja, mentalmente desbaratado, pero él estaba peor.
—Felicidades. Por fin sentaste cabeza —fingió una sonrisa que provocó que Sasuke entornara los ojos con desagrado—. ¿Quién es la afortunada?
—No tengo tiempo para eso, solicité al consejo que me buscaran una esposa —refunfuñó, luego miró a Kakashi con más seriedad. Por su parte, el hombre se mantuvo impasible, hasta le sonrió con más entusiasmo, sólo para molestarlo, y funcionó—. Espere, eso usted ya lo sabe, ¿verdad? Sólo intenta jugar conmigo.
—¿Jugar contigo? No. No tengo tiempo para eso —aumentó su expresión feliz. Sasuke sólo apretó la boca—. De acuerdo. Ten. Es el consentimiento sobre tu matrimonio —le entregó un sobre de papel color paja, poniéndose completamente formal.
Sasuke enarcó el ceño, remplazando toda la furia de segundos atrás por confusión, y su sorpresa aumentó, sin ser capaz de ocultarla, cuando leyó detalladamente los caracteres escritos en el sobre. Ya más tranquilo, analizó las letras.
—¿Yamanaka?
—Sí —aprobó con un movimiento ligero—. Espero que recuerdes a la hija de Inoichi Yamanaka. Es la futura líder de su clan, y por tanto, un buen prospecto para tus intenciones.
Sasuke seguía pasando los dedos por la tinta de los kanjis. Kakashi estaba convencido de que en su vida, Sasuke jamás había convivido con Ino Yamanaka, dudaba de que la recordara tan siquiera, tan solo consideró curiosa la forma taciturna que tenía Sasuke al desplegar el papel y leer el contenido.
—¿La novia de Naruto?
—Así funcionan los matrimonios arreglados. Si te preocupa Naruto, puedes apelar y cancelarlo.
Tenía una mínima pizca de esperanza para que Sasuke recapacitara. Quizás, con Naruto en medio Sasuke aceptaría buscar una mejor opción, y con un poco de suerte, conseguiría enamorarse de verdad. No creía que Sasuke fuera capaz de meterse con la mujer de su mejor amigo, podría ser cualquier cosa, menos un traidor… Oh, rayos.
Vio la sonrisa cínica en la boca de Sasuke.
—¿El clan Yamanaka está a favor? —preguntó con ironía casi descarada.
—Todavía no se les ha dado a conocer la noticia. Se les hará saber una vez que tú estés conforme. No deberíamos preocuparnos tanto por su aprobación, por supuesto que Inoichi no estará feliz con esta decisión, pero definitivamente no podría devolver una orden en beneficio de su Aldea. A diferencia de ti, Sasuke, ellos no tienen opción.
—Bien. Entonces, que así sea.
Sasuke le dio la espalda y caminó a pasos lentos hacia la puerta.
Kakashi, en cambio, abrió los ojos.
—¿No te importa Naruto? ¿Le harías eso a tu mejor amigo?
—No creo que usted sea el más cuerdo para decirme aquello.
Kakashi se tensó y viró hacia un costado. Con esa simple oración, le regresó todo el trago amargo de hace un rato.
—Hay muchas otras mujeres que por ti mismo podrías considerar.
Hmp. Fue todo lo que escuchó.
—Sakura tiene sentimientos por ti, y tú no necesitas un matrimonio arreglado, puedes buscar el tuyo por tu cuenta.
—Naruto puede quedarse con Sakura si tanto se preocupa por ella, Hokage.
Se escabulló a través de una nube de humo tan pronto terminó de hablar.
Kakashi permaneció contemplando el lugar que dejó Sasuke. Realmente él era increíble, un increíble patán con el que se había equivocado. Su plan falló y no tenía cómo enmendar las consecuencias, pero ¿por qué pensó que Sasuke se iba a detener por Naruto? Esto se pondrá muy feo. Y tenía que ser el encargado de anunciarle a Naruto que su novia se comprometería con su mejor amigo, y que tendría que renunciar a ella cuando al final Ino le brindó la paz que tanto merecía. Temía por Naruto, pero también tenía miedo por Ino, al ser esposa de Sasuke estaba condenada al sufrimiento.
La cagué, ¿verdad? Se frotó las sienes. Por supuesto que la cagaste, Kakashi.
De todos sus errores, ese era el peor. Tal vez no era demasiado tarde para corregirlo.
.
Continuará.
NA!
Esta es la historia en la que he estado trabajando desde hace algunos meses. No quería publicarla hasta terminarla de escribir toda, pero la tentación finalmente me ganó :( Como quiero concentrarme en terminar otras de mis historias (ACÉFALO sobre todo), trataré de actualizar este fanfic una vez al mes, cuando menos, aunque seguro me tarde más en hacerlo, es que a veces también me dan ganas de hacer la flojeración.
Y dentro del fandom SasuIno, ya comencé a revisar y editar El chico nerd que también estaré actualizando pronto... espero.
Gracias por leer!
