Estaba harta de que Naruto la tratará diferente a los demás empleados solo porque fuera la hija del dueño de la empresa. Ciertamente solía ser educado con todos, pero con ella no solo era excesivamente amable, también solía ayudarle en sus pendientes aun cuando ella no se lo pidiese, jamás le regañaba o llamaba la atención cuando algo no hacía bien o a tiempo, sencillamente le ayudaba. Y honestamente, lo que odiaba era que la tratara de manera amable, mientras fingía que no había nada entre ellos…
- Hina, necesitamos platicar sobre los últimos reportes, ¿a qué hora nos podemos ver? – le había marcado a su teléfono de oficina, cuando bien podía llamarle directamente a su celular.
- A la hora que tu decidas, al final de cuentas eres el jefe.
- ¿Te parece bien a la 11 de la mañana?, así no interrumpo tu hora del almuerzo con tus amigos – sonaba con tanta tranquilidad, que de repente sintió la necesidad de colgarle, pero se recordó que hacer eso sería un acto demasiado infantil.
- De acuerdo, a las 11 nos vemos.
- Yo voy a tu oficina.
- Me parece que eres el jefe y que, como tal, tendría ser yo quien vaya a tu oficina – Naruto solo se tomaba aquellas molestias con ella, todos los demás tenían que ir a su oficina cuando este les pedía reunirse, y todos se apegaban a su tiempo, con ella era diferente, con ella era él quien se adaptaba a sus tiempos.
- Como tu desees – le había respondido. Y ella se sintió más enfadada, ¿no podía sencillamente imponer su autoridad y decir que se haría lo que él dijera?, de ese modo podría entender que lo suyo era una relación de compañeros de trabajo, y así podría superarle, pero si se portaba así, ella seguiría con sus estúpidas fantasías.
Agradecía que sus mejores amigos fueran además sus compañeros de trabajo, y que siempre la escucharan y mimaran cuando se sentía tan triste como ese día.
- Eres demasiado orgullosa – le había dicho Kiba – basta con que aclaren sus malentendidos para que sean la pareja que tanto quieres tener con él.
- No es orgullo – dichas las palabras tanto Kiba como Shino le rodaron los ojos – en todo caso, él fue quien puso esa barrera.
- Lleva poco tiempo como director de la empresa, ¿no crees que el trabajo lo abrume? – Shino siempre buscaba justificar al rubio.
- En eso tiene razón Shino, es mucho el trabajo que tiene sobre sus hombros, y el hecho de que seas la hija del jefe no ayuda.
- Se comprensiva con él – ella no quería ser más comprensiva de lo que ya lo era – Naruto besa el suelo que pisas, estoy seguro que tiene sentimientos por ti.
- Si claro, de amigos, de amantes, pero no de una pareja, quizá solo soy un pasatiempo para él, porque ya saben que el siempre termina huyendo de mí.
- No eres un pasatiempo, de ser así, no me habría dejado trabajando horas extras en el verano solo para que tu pudieras ir a tus viajes familiares.
- No solo a ti – le dijo Kiba – a mí también me hace trabajar extra cuando Hinata es irresponsable – le había dicho a modo de broma, pero Hinata igual enrojeció.
- Lamento mucho aquella situación – les había pedido previamente disculpas hasta el cansancio – mi padre me engañó para que viajara con él, me dijo que era un viaje de negocios que Naruto le había pedido que hiciéramos de imprevisto, luego en pleno camino descubrí que era un simple viaje de diversión, y por supuesto Naruto me pidió que no regresara y que disfrutara el tiempo con mi padre, de haberlo sabido yo, yo… – Shino y Kiba rieron, pues aquella situación era una de varias situaciones en las que Hinata había sido engañada, y que para nada culpaban, pero tenían que reconocer que en lugar de que Naruto permitiera que se le acumulará el trabajo, hacía hasta lo imposible para que Hinata encontrará todo en orden, y eso evidentemente lo hacía por ella, y dudaban mucho que se tratará solo por ser la hija del jefe.
- Sabemos que no es tu culpa Hina, solo quería señalar el hecho de que Naruto siempre ha tenido atenciones por ti.
- Desde siempre – concluyó Kiba.
Hinata acepto que tenían razón, y esa era la razón de sentirse enfadada con Naruto, porque estaba segura que Naruto también tenía sentimientos por ella, lo había comprobado desde hace más de 15 años…
Cuando tenía solo 8 años conoció a Naruto. Su padre lo había empleado en su empresa para que repartiera la correspondencia, y a cambio de esa labor tan sencilla le pagaba lo suficiente para que tanto Naruto de 10 años, como su padrino pudieran subsistir, era una manera de evitar que aquel niño abandonará la escuela y que lo separaran del único familiar que tenía.
Regularmente Hinata ayudaba a Naruto a repartir la correspondencia por toda la empresa, en aquello tardaban a lo mucho 30 minutos y el resto de la tarde jugaban, hasta que su "turno de trabajo" terminaba y su tío iba por él a recogerlo. Los juegos más frecuentes eran las escondidas, hacer castillos con cajas y material que ya no era de utilidad, incluso Hiashi había colocado una resbaladilla en una de las plantas donde había menos personal, para que ambos niños tuvieran más juegos para divertirse.
La madre de Hinata falleció cuando ella solo tenía 7 años, aquello le había afectado de sobremanera a ambos, y por lo mismo jamás fue capaz de dejarla todo el tiempo con la niñera, regularmente la llevaba a su trabajo, Hinata solía entretenerse con cualquier cosa, ya sea que le diera hojas y colores para que dibujara, a veces con libros que leía emocionada, otras veces jugando por los pasillos a ser una princesa. Por lo que al ver que se llevaba bien con el niño que había decidido ayudar, no dudo en seguirla llevando para verla feliz, era increíble lo mucho que había mejorado su ánimo, y por ello más que nunca decidió que apoyaría a ese niño que le brindaba alegría a su hija.
De ese modo pasaron años, cuando fueron creciendo dejaron de jugar a los típicos juegos, y comenzaron a agregar otros, fuera por consolas de Nintendo que Hiashi permitía que Hinata llevara, hasta por platicar cuanta tontería se les ocurría.
Sin embargo, cuando Naruto cumplió 13 años, entendió que debía hacer más trabajo en aquella empresa para poder desquitar el generoso sueldo que Hiashi le daba. Sin duda Hiashi no necesitaba más que un pretexto para solucionar la vida de aquel muchacho, pero que le pidiera más trabajo, era sin duda algo admirable y creía que era adecuado hacer caso a dicha petición, quizá podía enseñarle algo del manejo de la empresa, así que finalmente le había pedido que también se encargará de ayudar a su secretaria con pequeñas tareas que pudiera realizar.
Naruto se sintió feliz de ser útil y hacer cosas que requerían de poner más empeño, y que sin duda había hecho con gusto, sin embargo, quien no estaba muy contenta era Hinata, pues ya no platicarían como antes.
-Quiero un celular de regalo – le había pedido a su padre, ella tenía ahorros con los que podría comprar un teléfono decente, pero necesitaba comprar dos, así que puso empeño en conseguir aquella petición. Hiashi fácilmente era convencido por Hinata para hacer cuanta cosa quisiera, por lo que realmente solo le costó suplicarle un par de días hasta que cedió y le compro un celular de moda color rosa, y ella por su cuenta había comprado el mismo modelo en color azul.
No se atrevió a darle el teléfono al rubio hasta que cumplió sus 14 años y le hicieron un pequeño festejo en la empresa, Hinata se lo había dado lejos de todos, y Naruto se había sorprendido por aquel regalo.
- Creo que es mucho Hinata, no creo poder aceptarlo.
- Por favor Naruto, además es para que nos podamos mandar mensajes, mira – le había mostrado como funcionaba aquella tecnología y sin duda Naruto se había emocionado al ver lo sencillo que era.
Desde entonces Hinata dejo de sentirse sola, porque todo el tiempo se enviaba mensajes con Naruto, desde que amanecía hasta que anochecía.
Ambos crecieron y permanecieron siempre en comunicación, aun cuando había días que no podían conversar tanto tiempo.
Hinata había reconocido desde sus 14 años que estaba enamorada de Naruto, y siempre fantaseaba con ser su novia, y pasearse por ahí de las manos, pero sencillamente Naruto no parecía verla del mismo modo, porque no hacía las cosas como un enamorado lo haría.
- He decidido ir a la fiesta de los quince años de Ino, ¿quieres ir conmigo? – no sabía cómo a su corta edad le había pedido aquello a Naruto, Sus amigas se habían encargado de convencerla de que le invitará, pero sin duda jamás habría esperado su respuesta.
- Creo que Hiashi no te dejará ir, es una fiesta en su casa, con una alberca.
- Si, pero no tiene que enterarse, además si vamos juntos, podríamos ir y regresar antes de que anochezca.
- No Hinata, debo trabajar.
- Si le pedimos permiso a mi papá, seguro que te dejará faltar.
- Creo que no has entendido lo importante que es el negocio de tu papá, y si me comportó de ese modo sería muy irresponsable de mi parte.
- Entonces iré sola.
- Te acompañaré cuando termine mi horario laboral, si así lo quieres.
Ese día era su primer enojo como adolescentes, Hinata se había encerrado en la oficina de su padre y no había querido salir de ahí, se había dedicado a leer uno de los tantos libros que tenía para pasar el tiempo en la oficina de Hiashi, siempre se ponía en un sillón para no interrumpirlo, sabía que siempre que estuviera en su oficina debía guardar silencio.
Cuando llegó la hora de salida de Naruto, que era más temprano que la del resto de los empleados, fue hasta la oficina de Hiashi y tocó educadamente a la puerta.
- Oh pasa muchacho, no sé por qué se han peleado tú y Hinata, pero ha estado llorando – Hinata de inmediato se sonrojó
- Yo no he llorado – le reclamó enfadada.
- Tal vez exagere un poco – Hiashi se encogió de hombros y siguió con el papeleo.
Naruto simplemente se acercó a ella y se puso en cuclillas al lado del sillón.
- ¿Todavía quieres ir? Son las 6 de la tarde, quizá tu padre te de permiso de ir un par de horas, al menos podrías darle un abrazo a Ino por su cumpleaños.
- Esta bien – le había dicho tratando de ocultar una sonrisa, no podría enfadarse con el rubio mucho tiempo, al final de cuentas era Naruto, el chico que le gustaba.
Hiashi no había protestado, si Naruto le acompañaba, y además eran llevados por su chofer personal, que también les recogería, no habría mayor problema.
Hinata estaba tan emocionada por aquella primera salida juntos que, no pudo evitar sentirse demasiado alegre, pese a que horas atrás estuviese molesta. Aunque por descripción del evento pudiera parecer una fiesta de adultos, la realidad es que era bastante infantil, las bebidas eran naranjadas, limonadas y fresadas servidos en vasos de colores, los aperitivos eran pizza y hamburguesas, y las actividades eran más bien juegos de competencia.
Hinata se había divertido mucho, sobre todo cuando había jugado contra el rubio a tronar los globos de los demás participantes, que estaban atados a los zapatos. Se había reído tanto cuando venció al rubio, pero luego sencillamente había sido derrotada por la pelirosa, una de sus amigas de clase y que admiraba por ser tan decidida y extrovertida.
- Ha sido divertido, ¿no crees? – le había preguntado al rubio de regreso a casa, y este le había respondido entusiasta como siempre era.
- Vaya que sí, no esperaba que tus compañeros fueran divertidos.
- Oh, lo son, solo que soy muy tímida para unirme a sus ocurrencias.
- Yo creo que eres perfecta – le había dicho y Hinata se había sentido feliz de su cumplido.
No necesitaba más para ser feliz, su simple presencia era suficiente para sentirse dichosa. Sin embargo, antes de llegar a la casa del rubio, este le había preguntado algo que cambiaría todo.
- Oye Hinata, tu amiga la pelirosa…
- Se llama Sakura
- Oh si, lo recuerdo, es un lindo nombre.
- Sí, lo es.
- Ella, ¿tiene novio?, es muy linda, me ha gustado mucho.
Sintió muchas ganas de llorar, trato con todas sus fuerzas de que Naruro no se diera cuenta de lo que sus palabras habían ocasionado, y simplemente se limitó a responder sus preguntas.
- No sé si tenga novio, pero asiste al mismo curso que yo.
- ¿Crees que podrías pedirle su número de teléfono para mí?
- Le preguntaré mañana – Naruto le había sonreído y luego le había dado un abrazo efusivo, que en otras condiciones seguramente habría disfrutado.
Las siguientes semanas se había sentido realmente triste, ya ni siquiera le daban ánimos de ir a las oficinas, y Hiashi creyó que se trataba solo de un berrinche adolescente, y por ello no indago más.
Las tardes en su casa eran largas y aburridas, al menos en la empresa de su padre, podía platicar con más personas que siempre buscaban hacerla sonreír, y por supuesto para hablar con Naruto… Lo extrañaba demasiado, pero también reconocía que le había lastimado enormemente que le confesará su interés por Sakura.
Pero sí él tenía ese interés por su amiga, ¿no debería apoyarlo?, sabía que debería dejar su egoísmo a un lado, e intentar que al menos él fuera feliz, pero sencillamente no podía quitar sus sentimientos y por ello había decidido alejarse temporalmente de Naruto. No le había preguntado nada a Sakura y ni quería hacerlo, le lastimaba pensarlo, pensar que Naruto hablaría con otra chica que no fuera ella.
- Soy una tonta Ino, debería hacerme a un lado y dejarlos ser felices.
- ¿Te olvidas de que Sakura está enamorada de Sasuke?, además es el chico que te gusta, Sakura jamás se fijaría en Naruto por muchos motivos, habla con Naruto y dile que no está interesada en él. Y si te hace sentir mejor, háblalo con Sakura, ella te quiere tanto como yo, y ahora mismo se siente triste por tu lejanía.
Sabía que su comportamiento no había sido el adecuado, pero es que cuando se trataba de Naruto sencillamente no podía actuar maduramente.
Ese mismo día había hablado con Sakura, habían llorado por aquel distanciamiento, y su amiga le había prometido que ella jamás se fijaría en Naruto, primero por ser amigas, y segundo porque ella también ya tenía su corazón dado a otra persona. Le había dicho que entendía su amor no correspondido y Hinata se había sentido realmente contenta de contar con el apoyo de la pelirosa.
Y aun cuando había resuelto una parte importante, no se atrevía a buscar a Naruto, no sabía cómo hablar con él. Y así sin más su timidez le impidió acercarse de vuelta, cada día que pasaba le costaba más trabajo tomar el control y buscarlo. Él le había escrito las primeras semanas y ella había sido tan cortante que él sencillamente no había vuelto a buscarla.
Y ahora no sabía lo que tenía que hacer, ¿confesarle sus sentimientos para que entendiera su actitud?, ¿actuar como si nada hubiese pasado?, estaba segura que no se atrevería a hacer ninguna de las dos, y también sabía que no quería mentirle, por ello le costaba tanto trabajo acercarse, y por suerte su padre no le había obligado a ir a su empresa, aunque hubiese deseado que lo hubiera hecho desde un principio…
A veces soñaba con que las cosas volvían a ser como antes, soñaba que Naruto la buscaba para decirle que no era verdad que le gustaba su amiga, y que todo volvía a la normalidad, que volvían a ser los amigos de siempre, despertaba y se sentía infinitamente triste porque sabía que aquello no era verdad.
Hiashi al verla en ese estado, entro en pánico, literalmente no sabía qué hacer con una adolescente deprimida, pensaba que mil cosas podrían ocasionarle dicho estado, pero no sabía muy bien cómo actuar. La había metido a mil y una actividades y nada lograba sacarla de ese estado de ánimo.
Al parecer ni el ballet, ni la música o la pintura, que eran sus actividades favoritas, lograron hacerla feliz, tampoco quiso que la llevará de viaje, y mucho menos quiso hacer fiestas, Hiashi le había dicho que tenía libertad para hacer reuniones en casa con sus amigos y que él la encubriría. Hinata se había negado incluso a ello, él no supo que más podría hacer por su única hija. Lo que no sabía es que tenía el corazón roto, y le estaba costando mucho reponerse.
Un día de la nada, Hinata comenzó a saltar de felicidad mientras observaba su celular, y Hiashi sin poderse creer que su hija podría estar contenta se sumó a su felicidad sin saber que era lo que festejaban, él sencillamente estaba contento de que su pequeña volviera a sonreír.
- Debo ir a mi habitación.
- Pero no me dirás ¿qué es lo que te ha puesto tan contenta? – Para Hiashi era primordial saberlo, de ese modo sabría la cura para ponerla feliz cada vez que estuviera triste.
- No – le había dicho mientras subía las escaleras corriendo.
Había recibido un mensaje de Naruto, y ella se había puesto tan feliz que necesitaba leerlo de inmediato. Encerrada en su cuarto, lo abrió emocionada para saber qué era lo que querría decirle.
"Hina, ¿cómo estás?, ¿todo bien?, por favor responde a mi mensaje, no sé por qué no quieres hablar conmigo, y respeto tu decisión. Sólo, me preocupa tu papá, desde que no vienes a la empresa se nota muy triste, todo el tiempo está distraído, y eso nos preocupa, me ha dicho que no sabe lidiar con adolescentes, y por fin he comprendido que esta triste por tu causa. Podrías darle un abrazo, o lo que sea que haces como hija para hacerlo sonreír, eso sería genial".
Un nudo en su garganta se había formado y había tenido que dejar a un lado su celular para nuevamente correr, esta vez hacia su padre, este tomaba una taza de café en el comedor mientras leía el periódico, por lo que sintió sorprendido cuando Hinata fue a abrazarle.
Estaba por cumplir los quince años, y sin querer lastimar más a su padre, le pidió por fin algo para los dos.
-¿Podemos viajar juntos para celebrar mi cumpleaños? – Hiashi de inmediato había aceptado aquella petición, y Hinata se había sentido contenta de verlo sonreír, sin darse cuenta, también había puesto triste a su padre por su depresión, por lo que se prometió que aprendería a guardar emociones que a veces lastimaban a los demás…
Más tarde había respondido el mensaje al rubio.
"Gracias Naruto, no me había percatado que mi papá estaba triste por mi causa. Creo que lo he dejado más tranquilo"
"Me alegró mucho Hina, sabes que apreció mucho a tu papá, siempre ha sido muy amable"
"Naruto… ¿podríamos hablar?"
"Lo estamos haciendo"
"Sí, pero, ya sabes, no por mensajes, en persona"
"Sabes que sí, cuando tú quieras"
"¿Mañana después del trabajo?"
"Bien, te invitaré unos rollos de canela que te encantarán"
Aquella noche durmió por primera vez más tranquila, acudió a sus clases comunes, y cuando Hiashi fue por ella a su escuela, ella le pidió acompañarle al trabajo, cosa que lo puso feliz.
Espero paciente junto a la secretaria de su padre a que llegará Naruto, y cuando finalmente le observó de lejos, no pudo evitar sonrojarse, Naruto no solo le gustaba por su forma de ser, también le gustaba físicamente. Efusivamente le había abrazado y éste había respondido a su muestra de afecto. Sin temor le había acariciado el cabello y luego le había sonreído mientras cortaban aquel abrazo.
- ¿Después del trabajo?
- Sí – ella entendía que ahora mismo él tendría trabajo que hacer, pero aquello no le desanimaría, ella sencillamente se pondría a hacer sus tareas a un lado de su padre, que se veía realmente feliz de tenerla de vuelta, y no porque volviera a su trabajo, sino porque volvía a sonreír como antes.
Así que nuevamente cuando pidieron permiso a Hiashi para salir con el rubio a pasear, el permiso fue concedido de inmediato, Hinata siempre había creído que su padre veía a Naruto como un hijo más, y de alguna manera no se equivocaba.
Paseaban por el centro de Konoha, hasta que finalmente se adentraron a la cafetería que Naruto deseaba que Hinata conociese, estaba seguro que disfrutaría enormemente los rollos de canela, que sin duda se convertirían en sus favoritos.
- ¿Qué tanto hiciste mientras no venías a la empresa?
- Pintar, tomar clases de piano, leer hasta quedarme dormida – Naruto le sonrió ampliamente al escucharla.
- Estaba seguro que me darías esa respuesta, supongo que es porque te conozco bastante bien – ella le devolvió la sonrisa.
- Próximamente tendré un recital, si tu quisieras ir a verme… – siempre había soñado que Naruto fuera a escucharla tocar el piano, pero desde que había empezado a trabajar enserio, jamás había podido darse la oportunidad de ir a escucharla.
- Iré – se había mostrado completamente seguro – ahora que entiendo más del trabajo de tu padre, puedo pedir permiso y adelantar el trabajo, no es tan difícil – se mostraba totalmente seguro, y Hinata se sintió orgullosa.
- Sabía que no te sería complicado, eres muy inteligente.
- Me sobrestimas, pero agradezco tu voto de confianza. Y, por cierto, ¿qué era de lo que querías hablarme?
Hinata sintió sus mejillas arder, por un momento creyó que lo mejor hubiese sido no pedirle que hablaran, ahora mismo no tenía el valor de pedirle disculpas por su comportamiento, pero sabía que sí no lo hacía, jamás lo haría, y era algo que no podría perdonarse.
- Perdón por comportarme como lo hice.
- No te perdono – le había dicho con seguridad y ella le vio sorprendida – necesito que me expliques a que comportamiento te refieres y por qué lo hiciste, solo así podría decirte si tengo motivos o no para perdonarte – Hinata se mordió los labios nerviosa, y supo que no tenía caso posponerlo, tenía que soltarlo de golpe.
- Yo me aleje por sentirme celosa de tus sentimientos por Sakura – creyó que Naruto se indignaría a tal confesión, pero lejos de mostrarse enfadado, sintió como era abrazada.
- Nunca jamás deberías sentirte celosa de nadie Hinata – se sintió feliz por aquel abrazo y respondió a él, mientras aun sentía sus brazos rodearla, sintió su aliento contra su cuello – y a todo esto – le había escuchado perfectamente – ¿quién es Sakura? – tuvo que deshacer el abrazo para poder observarle incrédula.
- ¿Cómo que quien es? – le dijo bastante indignada, había sido el motivo de su depresión.
- Hinata, no tengo idea de quien hablas, muchas chicas me parecen bonitas, pero tanto como que recuerde a una en específico… – el rubio se rasco la cabeza a modo de disculpa, y Hinata se sintió realmente sorprendida – pero eso no importa, ninguna chica te quitara tu lugar Hina, tu eres más importante que cualquier otra chica, eres mi mejor amiga.
Sintió una punzada de dolor, porque Naruto le había dejado claro el termino entre ellos, "amigos", y ella si bien adoraba ser amiga del rubio, no le bastaba, y sabía que se pondría celosa de cada chica que le gustará como mujer, o peor aún, sabía que no soportaría conocer a sus novias, estaba totalmente segura de ello.
- Naruto, no quiero conocer a ninguna de tus novias, si la tienes o la tendrás, no la quiero conocer nunca – él le observo confuso y ella se mordió sus labios para reprimir el llanto que se avecinaba – no quiero que me digas que chicas te gustan, sencillamente no quiero saberlo.
- Parece como si estuvieras enamorada de mí Hina – lo había dicho como si de un chiste se tratará y eso fue lo que finalmente la quebró, no podía ocultarlo más.
- Así es, por eso no quería verte, me rompiste el corazón, y no tienes la culpa, yo no te gusto y no tienes porqué lidiar con mis sentimientos, yo solo, yo… – de pronto sus ideas se habían revuelto totalmente, sentía que sus vocablos eran poco coherentes, que su corazón latía muy rápido y que sentía una inmensa vergüenza por lo que acababa de confesar, fijo su vista en el piso para tratar de calmarse, estaba concentrada en intentar normalizar su respiración, hasta que sintió el contacto de su mano en su barbilla y como levantaba de ese modo su cara, obligándola prácticamente a observarlo.
- Lo lamento, no tenía idea – le escucho sincero – te quiero mucho Hinata, y debes saber que no me eres indiferente, sencillamente siempre he pensado que eres inalcanzable. Que eres la niña más dulce y bonita – le acarició una de sus mejillas y luego sucedió lo que jamás hubiese esperado, Naruto había juntado sus labios con los de ella, en un sencillo beso que le hizo reaccionar al instante. Apenas separaron sus labios él volvió a abrazarla – te quiero Hinata, no quiero que nunca más te sientas triste por mi causa.
Recordar aquellas palabras "no quiero que nunca más te sientas triste por mi causa" le dieron el valor para enfrentarlo, porque había fallado, le había hecho sentirse triste en muchas ocasiones y sobre todo en la actualidad, que era lo que realmente le reclamaría.
Dadas las 11 de la mañana, caminó hasta la oficina de Naruto, no sin antes retocarse un poco, y a propósito desabrochar el primer botón de su blusa. Su secretario Konohamaru, de inmediato le hizo pasar y ella entró tratando de mostrarse segura.
- Hina, gracias por venir – al verlo sintió lo que siempre, un montón de mariposas volar por su cuerpo y un corazón acelerado.
- Los informes están hechos – les dejo sobre su escritorio al momento de reclinarse sobre el mismo, buscando que su escote se abriera y mostrara sus senos. Fue realmente satisfactorio ser testigo de cómo el rubio fijaba su mirada en sus pechos y luego trataba de componerse volteando su mirada a los papeles.
Tomo asiento y fingió que no se había dado cuenta de tal suceso, pero Naruto al volver su mirada hacia ella, nuevamente le dio un recorrido por sus pechos y eso la hizo sentir poderosa, sabía que el rubio tenía una enorme atracción por ellos, y siempre que le enseñaba un poquito parecía que dejaba de razonar.
No había comenzado a hablar de negocios, y no permitiría que lo hiciera hasta no aclarar antes lo que sea que tuvieran.
- Naruto, tenemos que hablar.
- Por supuesto, me parece que tus informes…
- No de eso, de nosotros.
- Hinata, son horas laborales.
- Eso no te importaba antes, ¿o es que no recuerdas el regalo que me diste en el último piso? – vio como se ruborizaba, y se sintió contenta de que el también tuviera esas reacciones.
- Hinata, te recuerdo que tú fuiste la de la idea.
Se levantó de la silla y luego tratando de controlar su respiración comenzó a desabrochar el resto de los botones de su blusa – quiero que lo hagas de nuevo – le dijo mientras se deshacía de su blusa. Le encantaba que al menos pudiera controlar a Naruto en ese sentido, el pobre no podía apartar la vista de sus pechos.
- ¿Te gustan? – le pregunto al acercarse a él que seguía sentado. Naruto ya sin tratar de fingir que no le afectaba, tomo ambos pechos con sus manos haciendo que Hinata se sobresaltara por aquella acción, el rubio siempre lograría sorprenderla.
- Sabes que sí – le dijo mientras apretaba ambos senos con sus manos – ¿te acuerdas lo que me dijiste cuando te dije que eran preciosos, por primera vez?
- No – le dijo sonrojada porque la verdad si lo recordaba. Sus manos no frenaron su movimiento hasta localizar sus pezones y ella de inmediato tuvo que sostenerse de sus hombros.
- Dijiste que eran muy grandes, como íbamos a imaginar que crecerían más – le dijo burlesco y ella le clavo los dedos al sentir como pellizcaba sus pezones.
- Lento… – le recordó y el simplemente asintió, mientras comenzaba de nuevo a amasar sus pechos.
En ese punto sabía que no habría retorno, Naruto siempre caía en sus encantos, y a menos que pasara un fenómeno sobrenatural, esto terminaría en sexo.
- Me gusta la extrema sensibilidad que tienes en tus tetas – delineo el contorno de uno de sus pechos aún por encima de su sostén y ella suspiró. Sabía que era verdad, ella era especialmente sensible en esa zona, tanto que era incapaz de usar sujetadores con mucho encaje, siempre tenía que buscar que además de su talla adecuada, no tuvieran ningún tipo de costuras o varillas, pues terminaban dañándola.
- Pero… – se animó a decirle, tratando de reprimir los gemidos por las nuevas acciones del rubio, quien ahora repartía besos por la cúspide de sus pechos – a mis casi 17 años, yo solo te pedí que me dieras un regalo con tu boca, realmente yo lo único que quería era recrear el beso que nos dimos por primera vez.
- Hina, yo tenía casi 19 años, era un adolescente caliente que todo el tiempo pensaba en tus increíbles tetas, pedirme eso no ayudó a controlar mi lujuria.
En ese momento sintió como Naruto desabrochaba en un solo movimiento su sostén, dejando su piel blanca al descubierto.
- Hola preciosas – al instante sintió la cara del rubio frotarse entre sus pechos y ella no pudo evitar echar un gritito
- shhh – le dijo al darle besos alrededor de sus aureolas – me gusta lo escandalosa que eres, pero solo intenta no gritar demasiado fuerte, no estaría dando un buen ejemplo.
Antes de siquiera poder razonar sus palabras, sintió uno de sus pezones ser atacados por el rubio, lamia y chupaba, e incluso dio un par de lengüetazos que la hicieron morder sus labios para evitar que de estos salieran gritos o gemidos, al sentir una ligera pero a su vez dolorosa mordida en su pezón tuvo que tomar la cabellera del rubio en sus manos para alejarlo, y el rubio al despegar su boca por su acción le sonrió con malicia.
-Perdón – le dijo juguetón y volvió a chupar el mismo pezón, mientras con una de sus manos acariciaba su otro seno. Tuvo que morder el dorso de su mano y apretar sus piernas. Naruto le había dejado claro desde la primera vez que beso esa parte de ella, que sus pechos no solo eran sensibles, también que estaban conectados con cada parte de su cuerpo, especialmente con la zona entre sus muslos.
Reprimió un gemido cuando Naruto soltó su pezón y sopló sobre este, al instante mandando miles de ondas que se canalizaron en lo más profundo de ella.
Sin perder mucho tiempo fijo su atención en su otro pezón, al que acarició lentamente y nuevamente fue subiendo de tono sus lamidas y succiones. Acarició su rubia cabellera mientras Naruto seguía concentrado en chupar de ella, de pronto sintió que todo se intensificaba cuando sintió las manos del rubio sobre su trasero, y como este lo masajeaba con esmero, mientras con su boca le estrujaba su pezón. Tuvo que apretar más sus piernas, y seguramente aquello no pasó desapercibido por el rubio quien de pronto dejo de besar sus pechos, tan solo para poder poner atención a su falda, llevando así sus manos al complicado cierre. Aquella falda era pegada hasta sus rodillas por lo que era casi imposible solo subirla, y eso Naruto lo sabía, lo había aprendido por la cantidad de ropa de moda que Hinata usaba y con la que había tenido que lidiar.
Le gustaba ser acariciada por Naruto, le gustaba que cada vez que estaban de este modo, ella parecía ser lo más importante de su vida, siempre besándola y teniendo atención a cada detalle de su cuerpo.
En cuanto la falda cayó al piso, esta vez pego su cara a sus braguitas, respiró ahí mismo y ella sintió la vergüenza por su acción.
- Te he dicho muchas veces que me da pena que hagas eso – escucho su risita llena de diversión y luego como daba besos por sobre la tela.
- Hina, que no has entendido que tu olor me vuelve loco – nuevamente inhalo aire, esta vez al tomarla de las nalgas para alzarla y poder inhalar más abajo – dios mío, eres una droga.
Inmediatamente después sintió unos dedos que se colaban por entre sus nalgas hasta llegar a su sexo, ella estaba prácticamente de puntillas, y si es que bajaba un poco, tenía más presión contra sus dedos que se deslizaban por encima de la tela, una y otra vez entre sus pliegues, haciendo cada vez más presión. Sin poder evitarlo comenzó a gemir, nuevamente llevó una de sus manos a su boca donde trató de reprimirlo, mientras con su otra mano se sujetaba del hombro de Naruto para tener equilibrio.
-Estas mojadisima preciosa, creo que esta vez no te vas a quejar cuando te penetre – sintió sus dedos moverse más rápido. Ya no podía contenerse, podía sentir que su orgasmo estaba próximo y por lo mismo comenzó a frotarse contra sus dedos, haciendo que los movimientos fueran más intensos. Naruto seguía besando y presionando por encima de sus bragas, justo donde lo necesitaba. Se empezó a remover al no soportarlo más, Naruto siguió presionando y frotando y entonces fue que se corrió con los dedos de Naruto presionando sobre la tela de sus bragas.
Naruto le dio soporte y ella lo agradeció. Tan satisfecha estaba con su orgasmo, que no escuchó los golpes en la puerta y luego un aviso detrás de está, pero Naruto si lo había hecho.
"El señor Hyuga ha llegado, se ha entretenido en la planta baja, pero no tardará ni dos minutos si toma el elevador".
-Hina – le dijo al separarla de su cuerpo, acción que al instante le incomodo, le necesitaba acariciándola, siempre había necesitado de los abrazos del rubio después de tener esos orgasmos – tu padre viene para acá.
De inmediato se mostró apenada, afortunadamente Naruto era rápido, por lo que pronto comenzó a vestirla, y ella realmente cooperaba muy poco para dicha acción. Definitivamente los botones eran un tormento para el rubio, por lo que apenas se empezaba a recuperar de su orgasmo le empezó a ayudar con dicha acción, esta vez abotonándolos todos.
- ¿Prefieres que te deje las bragas o que las retire? – Hinata le observó mientras trataba de arreglar su falda. Entendía que se refería a que tendría que pasar el resto del día con las bragas mojadas o sin ellas, para ella la respuesta era obvia.
- Sin bragas, es incómodo estar mojada si no estoy contigo – rápidamente el rubio le metió las manos dentro de la falda y deslizo aquella prenda por sus piernas, avergonzada observó como la guardaba en el bolsillo de su pantalón.
- Listo – le dijo el rubio al verla medio decente – ahora corre a tu oficina y ponte de esos polvos mágicos para cubrir el rubor de tus mejillas.
Ella se cruzó de brazos y le observó desafiante – creo que no tiene nada de malo que mi rostro muestre lo que estábamos haciendo, somos dos adultos, dos personas que tenemos derecho de ejercer nuestra sexualidad.
-Hinata, dudo mucho que al resto de las personas les interese saber los que estábamos haciendo aquí, mucho menos a tu padre, así que por favor – nuevamente le pidió que saliera, pero Hinata no se movió.
Naruto sabía que en cualquier momento Hiashi estaría ahí, y en verdad no quería darle un disgusto al hombre al que básicamente le debía todo, por lo que sin pensarlo dos veces tomó a Hinata por la cintura y la echo a su hombro, aprovecho su asombro para que no pusiera resistencia, y salió de su oficina, todos los presentes no tardaron en observarles, primero con sorpresa y luego simplemente las risas estallaron.
Naruto hizo caso omiso y fue hasta la oficina de Hinata, Kurenai de inmediato le ayudo abriendo la puerta, mientras Hinata ya comenzaba a mover sus piernas y brazos reclamando que le bajara.
En cuanto estuvieron en su oficina, Hinata sintió sus mejillas arder, todos habían observado aquella escena, bien había podido estar su padre en los pasillos…
- Lo que acabas de hacer fue impulsivo y tonto – le reclamó.
- Creo que la tonta e impulsiva fuiste tú al ir a mi oficina y mostrarme tus encantos, sabes que no puedo controlarme.
Hinata se cruzó de brazos observándole molesta, ciertamente quería intimar con él, pero también quería que hablaran después del coito, y ninguna de las dos cosas habían sucedido realmente, al menos no como ella esperaba. Ahora estaba segura que se encerraría en su despacho con su padre para hablar de negocios, aquellas juntas duraban horas, y después Naruto se encerraba a trabajar durante horas. Tendría que esperarle mucho para retomar sus planes.
- Dile a mi padre que estas ocupado, claramente no sabías que venía, dile que venga otro día, que saque cita.
- No puedo hacer eso Hinata, es el dueño de la empresa, puede venir cuando se le plazca.
- Si, pero tú eres el Gerente general, eres el jefe de todos, quien lleva las riendas de la empresa. Mi padre tiene que entender que debe avisarte cuando vengas, podrías estar en una reunión importante.
- ¿Vamos a discutir por esto?
- Ni siquiera has terminado la junta que tienes conmigo.
Observó cómo se frotaba la cara, seguramente no tenía ni idea que quien lucía como si acabara de tener sexo era él. Tenía el cabello revuelto y su camisa estaba arrugada. Aunque ella sabía que cuando el coito terminaba lucía bastante diferente.
- La junta la retomaremos apenas atienda a tu padre, ¿de acuerdo?
- No, dile que espere su turno, como todos los demás.
- No puedo creer que estés celosa de tu propio padre.
- No son celos, es respeto Naruto, tu y yo estábamos en medio de algo.
- De sexo, Hinata, y no voy a decirle a tu padre que me espere, mientras follo a su hija en el mismo edificio donde está él.
Sin darle oportunidad de réplicas, salió de la oficina, iba todo greñudo, y ella se alegró, lo amaba demasiado para no valorar las atenciones que siempre tenía con su padre, y ser paciente con ella.
No tardó mucho tiempo en arreglarse, contaba con un baño privado y de inmediato arregló su aspecto. No habían pasado ni cinco minutos de que estuviera leyendo sobre otros proyectos pendientes, cuando un par de golpes le avisaron que sus amigos estaban ahí para cuestionarle lo que había ocurrido, sin dudas serían el tema de conversación por aquella escena montada.
-No se ha dado cuenta que estaba greñudo – le dijo entre risas Kiba – justo cuando salió de tu oficina, tu padre iba saliendo del elevador, se han saludado y encerrado en su oficina.
Hinata no pudo evitar reír al imaginarse aquella escena.
- Seguro tu padre piensa cualquier otra cosa, antes que aquello tiene que ver con que su inocente hija le estaba estrujando el pelo al Gerente mientras recibía sexo oral.
- No era así – le dijo avergonzada al Inuzuka.
- Pues es lo que también he imaginado – señalo Shino – es más razonable terminar con el cabello así que con solo follar.
- Exacto – Kiba demostró al instante que se entendían.
- Oh no puedo creer que estén hablando de esto – estaba completamente roja, y en ese momento se arrepentía del fatídico día que les había confesado que Naruto y ella tenían sexo, por supuesto, tener sexo era maravilloso, pero el arrepentimiento que siempre mostraba el rubio era molesto, y estaba completamente segura que su amistad por ello, ya no era la misma.
- Bueno, pero a todo esto – retomó la palabra Kiba – ¿tuviste la oportunidad de hablar con Naruto?
- No, de ser así supongo que me sentiría tranquila, ahora mismo no sé qué debería hacer… ya no quiero postergar la plática que debimos tener hace mucho tiempo…
- No lo hagas – le dijo Shino – espérale justo aquí. Todos sabemos que cuando tu padre viene, Naruto se queda más tiempo para compensar el trabajo, espéralo. Estarán además solos. Si lo piensas sabiamente no puedes tener un mejor momento que este para hablar con él.
Sus amigos podían avergonzarla, pero estaba segura que sus consejos eran buscando la solución más correcta para ella, por lo tanto, les haría caso, esperaría por Naruto, porque esta vez sencillamente tendrían la plática, sí o sí.