Saludos a mis queridísimos lectores.

Los saluda su preciada, odiada, admirada, aborrecida, algo torpe, etc. escritora o intento de serlo; con una nueva historia.

Para muchos será sorpresa que empiece otro proyecto cuando aún no terminó los anteriores. Pero no teman nunca dejo de lado a todos mis proyectos, tal vez congelados, pero siempre reviven con mucha fuerza y energía. Además este escrito es viejo y bastante prometedor, por ello lo quiero compartir con vosotros el día a día y el cual se espera ser de pocas partes porque no soy mucho de alargar y el tiempo de publicación se espera que sea cada quince días a partir de hoy 10 de diciembre.

Sin más que decir espero y la disfruten besos y saludos a todos.

Los personajes de Ranma 1/2 no me pertenecen sino a la mangaka japonesa Rumiko Takahashi.

Esta historia no tiene fines de lucro, sólo de entretenimiento de una fan para los fans.


Vendida.

Parte 1.


"Al mejor postor, ¿Quién da más por esta belleza japonesa virginal?". Habló con entusiasmo la mujer de ojos astutos y sonrisa ambiciosa al ver las paletas de los apostadoras alzarse al igual que la suma que ninguna otra chica mercancía había logrado en una noche. La suma monetaria crecía y crecía hasta que una oferta fue la que mayormente superó a las demás.

"Setecientos millones de yenes a la una". Anunció al ver a uno de los compradores más fuertes, pero también abusadores con las chicas que tenía. Porque las terminaba matando. Desde su lugar Tomoe ya veía el gesto triunfal del hombre, al ver que su compra se cerraría. "¡A las dos!"

La mirada perdida de ella, que estaba bajo los efectos de drogas de la obediencia, pudo al fin ver un poco de lo que sucedia a su alrededor, pues su vista estaba obstruida por la venda que formaba parte de la imagen que otorgaba a todos esos millonarios generando aquel espectáculo que se estaba armando por ella.

Y eso le provocaba un ataque de pánico y sin poder evitarlo se filtró una de sus lágrimas que traspasó por debajo del antifaz decorativo de encaje, no se podía mover, no podía gritar y menos huir. Estaba perdida.

Había cometido un error, nadie la salvaría y la sonrisa de la persona que estaba a punto de comprarla le causaron una serie de escalofríos al igual que todos los que la miraban con depravación. No era bueno, la dañarian sin llegar a corromperla y eso lo podía ver de la peor forma posible.

Su lengua dentro de la boca aún identificaba el sabor de la droga que le dieron para la obediencia y para que su espíritu indomable se mermara. Los efectos químicos le hicieron sentir ganas de vomitar. No podía defenderse.

Todo estaba perdido. Se repitió.

Su mirada algo ilusa y perdida trato de ver que alguien la salvara de ese malnacido de sonrisa cruel, pero al parecer nadie le importaba porque muchos ya se habían rendido a la compra de ella y a la fuerte suma que había declarado ese hombre

El pequeño martillo iba a golpear es estrado para cerrar ese teatro de corrupción hasta que...

"Un billón de yenes". Sonó una voz haciendo que todos miraran en dirección viendo una figura en el fondo. La sonrisa de Tomoe se ensancho ante la declaración y sin esperar una contra oferta gritó efusiva.

"¡Vendida!"

.

.

.

.

Los ojos color canela miraban el reloj cada que podía mientras ofrecía una charola con unos bocadillos en aquella fiesta de gente rica; sin dejar de mostrar una dulce sonrisa a pesar de sentir un sueño terrible, un severo dolor en los pies y el hecho de que no podía evitar sentirse mucho más incómoda que de costumbre, pues había varios hombres que la miraban con más indecoro de lo acostumbrado en el restaurante y eso en cierto punto la asustaba.

Sonrió a un hombre que la miró de pies a cabeza al verla vestida con aquel vestido negro algo pomposo, el cual formaba parte de su ropa de sirvienta del restaurante francés donde trabajaba, pues el hombre que las había contratado había mencionado que quería todo realizado como si fuera un día de trabajo normal, salvo el hecho de que su jornada que acabaría más tarde de la diaria.

Akane se alentó, pues sólo debía esperar otra media hora y ese dinero que lo tenia bien ganado por hacer ese trabajo se iría directamente al hospital para que se compren las medicinas de Kasumi, la cual se hallaba muy enferma. Por ello no le importaba estar ahí demostrando esa imagen un poco infantil que ella emanaba por alguna razón e igualmente odiaba por tenerla, pero también le era de gran ayuda cuando quería tener buenas propinas. Lástima que su personalidad no le halla ayudado a trabajar en la empresa Chinese Week, ya que sólo le trajo más problemas.

Movió ligeramente su cabeza como si tratará de acomodar su fleco, pero en realidad quería alejar ese horrible capítulo de su vida y para que no pensarán mal de ella se acercó al matrimonio Tomoe que hablaba con una pareja donde la esposa tenia su hija en brazos generándole cierto resentimiento, el cual supo ocultar de inmediato con esa sonrisa tierna que siempre portaba y ocultaba todo su dolor.

"¿Gustan algún aperitivo?". Habló viendo como las manos tomaban los bocadillos de la charola sin dar reparo alguno en la mirada intensa de la esposa del matrimonio Tomoe.

Akane siguió rondando por el tercer piso que le correspondía ese día y al cabo de un rato al ver al fin la charola vacía, la posicionó bajo su brazo dirigiéndose a la cocina donde aún podía ver a sus compañeras por todo el restaurante repartiendo copas de champagne o algún bocadillo como ella lo hizo.

Alzo la mano en son de despido a Ami que alzó su cabeza en señal de adiós. Entró a la cocina mencionado que ya había acabado y recibiendo la orden de ya irse.

Ella al cambiarse y dejar su uniforme en su casillero se acerco a la señora Shishiro que era la encargada cuando no estaba el señor Dupont, ésta le volvió a agradecer por la ayuda de trabajar hasta tarde y ella por haberle dado la posibilidad de aumentar su sueldo.

Bajo las escaleras de servicio de la parte trasera para salir por el callejón donde todos los empleados salían, cerrando la puerta trasera del restaurante oyendo aún el sonido de la música clásica que empezaba a colarse a afuera.

Akane suspiró dejando que el aire helado golpeara su rostro y desacomodara los pequeños mechones que se salían de su peinado que antes había parecido perfecto. Sintió cierta nostalgia al haber visto la imagen de esa familia junto a los Tomoe. Eso le hacía recordar su niñez junto a su única miembro de su familia, su hermana Kasumi la cual nunca había permitido que las separaran cuando intentaban adoptarla solamente a ella, pues Kasumi era cinco años mayor que ella y siendo sinceros ninguna familia buscaba a hijos mayores a menos que fueran varones para heredar propiedades de los hijas legítimas.

Ella y Kasumi siempre vivieron en el orfanato número uno de Tokio, cuando ambas quedaron huérfanas a causa de un accidente que ni ella o Kasumi conocían a ciencia cierta porque había sido un atentado directo a sus padres dejándolas abandonadas a su suerte. Y el hecho de que no tenían más familia reafirmo esa situación. Estuvieron y estaban solas en ese cruel mundo que se las apañaba por alejarlas la una de la otra.

Akane nunca culpó a nadie por aquel accidente, sólo que en esos años le había generado mucho miedo de que jamás volviera a ver a su hermana. Por suerte al momento que Kasumi se independizó al tener la mayoría de edad, ésta se volvió su tutora legal sacándola de aquel triste orfanato donde paso buena parte de su vida.

Ella era como su madre y literalmente su familia completa. Siempre la protegió y trato de darle lo mejor, por ello se sentía en deuda con ella, además es la única persona a la que siempre estuvo unida. Por lo tanto Kasumi se había vuelto su vida.

Recordaba que todo al principio había sido maravilloso, ambas eran felices en su diminuto apartamento que rentaban hasta que surgió el problema respiratorio de Kasumi que la había dejado en el hospital y a ella sola tratando solucionar su situación económica del hospital, del departamento y de las medicinas. Es por eso que había aceptado ser mesera en aquella fiesta tan exclusiva a petición del señor Tomoe, el cual reconocía como un hombre bastante soberbio y uno de los clientes más frecuentes del restaurante, ya que hacía la mayoría de sus tratos comerciales en aquel espacio que era su trabajo. Y la señora Tomoe que realmente era la cabeza de la empresa Corpus, era un total misterio, pero se le hacía admirable porque rompió el esquema del hombre ejecutivo volviendola un mounstro corporativo.

Una mujer rodeada en un mundo de hombresn en la que debía mantener la cabeza en alto para no dejar que la pisotearan, lo que le hacía generarse la duda de que costo tendría para llegar a eso y más, o eso pensaba Akane.

Dio un pequeño salto a un charco de agua generado un nuevo pensamiento que era causado por esa noche debido a la falta de muchas de sus compañeras que se negaron a trabajar ese día, por las horas excesivas y la gente tan soberbia que estaba ahí. A Akane tampoco le agradaba el ambiente, pues era una de las pocas cosas que no podía negar detestar. Porque la gente de esa fiesta era muy estirada además de que le daba mala espina sumándose aquel pequeño trauma de niñez que había sido generado por un hombre con su esposa, los Kuno.

La señora la había amenazado de alejarla de Kasumi y el esposo la intento comprar con regalos con tal de dejarse adoptar. Nunca se dejó y eso le género miles de problemas al igual que amenazas con tal de que ella aceptará irse con ellos. Sin embargo, ella pudo más que aquella gente que no aceptaba un no por respuesta.

"Mi pequeña Akane, nunca creí que alguien fuera malo, pero la gente rica es cruel, ambiciosa y no se detiene por nada para obtener lo que quiere"

Las palabras de Kasumi habían sido demasiado crudas al igual que realistas, por ello jamás las replicó. Algo torpe paso su tarjeta del metro en el escáner donde la luz cambio de rojo a verde. Consultó un momento su teléfono para ver la hora. No faltaba mucho para que el tren arribara en la estación.

Se repetía lo feliz que estaba por tener ese dinero, a pesar de tratar con esa gente que le provocaba una gran desconfianza, más lo pasado, pasado. Tenía que ir a ver a Kasumi al hospital y mañana sería otro nuevo día. Uno mejor que el que hoy dejaría atrás o eso esperaba.

.

.

.

.

.

Hijo de los magnates más poderosos de Japón en la empresa Chinese Week. Importador número uno en tecnología y socio principal de la familia Dupont, los cuales eran los dueños de varias empresas, propiedades y de un nuevo restaurante de la temática de su país de origen.

Además como un adicional a su reputación del hijo del empresario más fuerte de China y parte de Japón, tenía su relación firme en el círculo íntimo de los Tomoe, los cuales tenían un negocio más aparte de su rica exportación metalúrgica en China llamada Corpus quien era supervisada por Kirin Tomoe y manejaba en acuerdos, tratos y cambios por la dueña, Nabiki Tomoe.

Con eso en detalle, él se hallaba en Tokio para firmar uno de los mayores tratos para su empresa. Y el cual después de hacer un acuerdo con los Tomoe en la matriz de la empresa en donde él había pasado la mayor parte de su vida, llegó a ser invitado de forma cordial a un lugar, exactamente el club que les había pertenecido a los Tomoe desde la segunda guerra mundial. No sabía donde se ubicaba con exactitud y en cierta manera no le interesaba con tal de llegar y hacer acto de presencia como Kirin Tomoe le había pedido.

Era absurdo al igual que fastidioso esperar tanto tiempo para llegar a un lugar que muchos hombres y mujeres de su posición económica anhelaban en llegar. De vez en cuando miraba por el polarizado de los cristales que no le permitían ver muy concretamente por donde iba o se limitaba a observar por segundos el tapizado del su vehículo o también estaba la ventanilla que separaba su contacto con el conductor.

Poison. Así se llamaba el dichoso club, se dijo al momento que tecleaba el último mensaje a su secretaria para la junta del día siguiente.

Al bajar del auto notó que el lugar estaba demasiado apartado de la civilización pues había una gran extensión de bosque a su alrededor y en medio de esa espesura había una edificación que hacía un aporte a la arquitectura moderna sólo que en el interior tenía cierta decoración de un estilo antiguo japonés de la era feudal.

Las puertas corredizas se abrían y con ellas podía ver a un nuevo grupo de millonarios que charlaban entre ellos.

A algunos los conocía a los otros tal vez los conocía por el nombre, pero no por el rostro.

No es relevante. Se dijo a si mismo pasando por la última puerta que se abrió y con ella una joven que portaba un kimono tradicional junto a una máscara de un rostro femenino hermoso y perfecto, le extendió una paleta a su mano la cual contenía marcado un número en rojo suponiendo que era para una subasta. No pudo evitar pensar que se le hacía bastante ambigua la técnica, ya que normalmente se hacían las pujas vía electrónica. Quería decirle algo, mas la muchacha en kimono lo interrumpió.

"Hoy hay una subasta, tal vez usted pueda ser el afortunado de tan preciosa joya que está siendo el objeto más codiciado de esta noche". Dijo la joven de forma algo forzada antes de reverenciarlo y dirigirse a otro hombre que venía acompañado con una chica bastante joven.

Estaba confundido y bastante intrigado en lo que respecta a Poison, pues era un lugar bastante exclusivo donde se hallaban un gran número de hombres y mujeres con un gran poder económico. Si los periodistas los vieran dirían que era como mirar los ojos de un cuervo, algo espeluznante y riesgoso por tener una gran posibilidad de ser picoteado, y ese picotazo podría sacarle los ojos a cualquiera, metafóricamente hablando porque sí afectaría en toda su existencia al invididuo que tuviera el suficiente coraje para entrar, debido a las repercusiones de hablar sobre el lugar que también era la misma advertencia que los miembros tenían. Estaba prohibido hablar de Poison fuera de este por un fuerte motivo que nadie había sido capaz de decirle y él lo iba averiguar.

No habia notado con detalle la mezcla entre el Oriente y Occidente de los millonarios presentes, lo que también era una gran mezcla de gente impertinente haciéndose la importante al igual que le provocaban algo de molestia, porque sabia que muchos de ellos tenían la idea de hallarse por encima de los demás, por el simple hecho de tener dinero como lo hacia su padre.

Él no era igual a su padre. Porque por fortuna su madre era o había sido una mujer humilde la cual le inculcó que no por el hecho de tener poderío económico significaba creerse por encima de los demás o superior.

"Todos somos simples humanos, sólo que unos somos peores que otros". Le había dicho ella, que era una mujer hermosa y de sentimiento empático al igual que altruista, y que por alguna extraña razón estaba con su padre que la misma aborrecía con todo su ser.

Ambos adultos habían formado una apariencia de familia perfecta en la sociedad, con ella siendo la fiel y solemne esposa, pero en privado era una mujer cargada de odio con la mirada de la fuerza de un témpano de hielo al hombre con el que estaba casada y sólo estaba ahí para velar por él. Su madre también era uno de los misterios que quería conocer si no estuviera tan a la defensiva de su pasado.

Se recargo en una de las columnas de la sala principal donde se haría la subasta, agobiado por el mundo que lo rodeaba hasta que sin proponérselo se encontró con Ryoga Hibiki, el número uno de los publicistas de Tokio al que había conocido antes. Pero el hecho de verlo ahí fue una sorpresa, al igual que generaban una charla sobre algunos asuntos mientras él bebía un poco de su copa de champagne.

Por un instante tocaron el tema del lugar, haciendo que el joven Hibiki aclarara sus dudas sobre Poison. Pues era un miembro más antiguo, por lo tanto entendía más a lo que respecta a aquel extraño lugar.

"La subasta, ¿De qué trata Hibiki?". Habló mirando la espuma del champagne generando una parte de su reflejo cuando la joven que lo había recibido indicó que se acercarán a la sala principal de aquella habitación.

"Las subastas...". Notó como el Hibiki bebía de golpe el champagne, era como si se le hiciera difícil hablar de ese tema con alguien nuevo en el club, y no era del todo equivocada su idea. Porque Ryoga Hibiki recordó que se sintió enfermo cuando llegó a ver esas subastas y a veces se sentía culpable cuando estaba solo. "No siempre son de cosas también..."

"Ryoga Hibiki, esta vez te gustará la nueva mercancía que llegó". Habló la voz femenina, aunque suave algo dura al pronunciar el nombre del publicista. Era una mezcla entre interés y reproche.

"Tomoe". Devolvió el ilícito saludo a la mujer la cual sonrió de forma burlona que era característica para todos los varones. Una mujer poderosa con belleza casi inalcanzable, pues su marido tenía ciertas limitaciones para estar a su lado. Sin duda alguien poderosa e intocable por cualquiera hasta por la ley.

"Hablas como si fuera la mejor cosa del mundo". Contestó él como nuevo miembro de Poison, aún ignorante de lo que estuvieran hablando. Porque la preciada mercancía de la que hablaban no se trataba de una cosa como lo suponía él sino una persona.

La sonrisa ladina en la castaña apareció y reparo en la paleta del joven frente a ella. Se llevaría una gran sorpresa cuando viera la linda mercancía que tenía.

"Fue difícil de conseguir, pero las ganancias valdrán la pena". Pronunció de forma misteriosa.

"¿Difícil de conseguir? Una mujer tan poderosa como tú, diciendo que algo es difícil de conseguir".

"Es difícil. Cuando la mercancía son seres vivos"

"¿A qué te refieres con vivos?"

"Cariño, somos gente poderosa. Nunca te has preguntado, porque tú madre está con tú padre si no es por interés". Mencionó la castaña observándolo con esos escrutadores ojos cafés.

"¿Qué? ¿A caso tú lo sabes?". Se burló levemente ante las palabras de aquella mujer que le sonrió de una forma que no le agradó haciendo que torciera su gesto a uno disconforme. Ella, sí lo sabía y actuaba de nueva cuenta de forma viperina cuando sabía que estaba logrando lo que quería cuando hablaba con el padre de él.

"Tener el dinero para conseguir lo que queremos es una de las cosas que yo hago posibles y como muchos de los que estamos aquí también tengo esas adquisiciones. Por ejemplo como matar a alguien. Un don nadie cualquiera o inclusive ser dueño de una persona". Mencionó sonriendo al joven donde Hibiki miraba el rumbo de la conversación con sumo interés y como un simple espectador, pues no entendía a donde iba a parar aquella conversación, porque el tema de por sí debía ser algo fuerte para el nuevo miembro. "Tú madre llegó a la vida de tú padre como lo han hecho varias de las jóvenes que están aquí. Subastada"

"Eso te hace el peor ser humano, ¿No lo crees?". Mencionó frío fijando su mirada en los orbes cafés casi negros que no se intimidaron ante la mirada molesta del varón, sino sonrió con suficiencia.

"Claro que no. Nadie puede juzgarme. No lo puede hacer Hibiki, porque el compró a alguien y lo mató, porque crees que un emergente de la publicidad desapareció de la nada. Todos los que estan aquí, han hecho algo que puede ser considerado ilegal para los demás. No importa si lo hicieron con buenas intenciones o no. Somos gente rica, la crema de la crema y tú no puedes hacerla de santo y decir que está mal, porque en el momento que pasaste las puertas de este lugar estas involucrado. Además tarde o temprano tú también caerás en las redes de veneno como lo hizo tú padre con Hate, sólo que fue muy blando y terminó hundido con una mercancía a la que le tomo demasiado cariño y ésta lo odiara por ser tan imbécil"

"Son humanos como nosotros"

Una leve carcajada salió de la elegante mujer mientras agarraba una de las copa que una de las meseras ofrecía, bebiéndola con una elegancia sumamente perfeccionista.

"Te equivocas, son humanos, sí. Pero son simples don nadie, los cuales no serán extrañados en su país o el lugar que los recabamos. Nosotros mejoramos sus vidas al comprarlos o les ayudamos en sus metas de muerte. No es como Hate que tomaba a todos parejo, hasta los mismos miembros. Aquí yo soy como Dios, decido a quien vender y a quien no. ¿Ellos siguen con sus vidas? te preguntarás. Sí, pero teniendo un dueño del que no se pueden liberar o mueren". La mujer detuvo su discurso que parecía más bien ensayado para los miembros que la encaraban al momento que dejó la copa vacía en otra charola. "Es como un síndrome de dependencia, porque los comprados no pueden alejarse de sus dueños aunque lo deseen con todas sus fuerzas"

"Mi señora la subasta está por empezar". Mencionó una de las enmascaradas haciéndola sonreír con suficiencia.

"Espero y te agrade el club junto a la mercancía que vendemos". Se alejó con superioridad a su paso dejando a los dos y a él bastante molesto por lo que hacía.

"Ella tiene razón, nadie puede juzgarnos". Añadió Hibiki cuando la subasta inicio dando con la imagen de una jóven mujer de cabellos largos castaños la cual estaba en un estado adormecido que parecía ser el de una estatua y vestida de conejita, la puja empezó con una suma ridícula creyendo que era por el origen de la chica hasta que la suma fue duplicando y fue adquirida por Ryoga.

El joven empresario al ver su sonrisa triunfante de su socio le género un escozor en la boca y más desprecio por los de su clase social.

Era claro que no podía salir de ese club, sólo podía dejar de venir a menos que comprará a alguien. Sólo que no sabría como hacerlo sin sentirse como el resto de esos despreciables seres humanos que estaba ahí.

Lo había decidido. Una noche, no importaba cual o a quien comprara, pero debía salir de ese lugar con alguien para ya no volver.

.

.

.

.

.

La imagen de una cámara que era ajustada de la lente generaba un acercamiento perfecto sin que se viera borrosa la persona que la capturaba a la chica cuya sonrisa amable se dirigía a una clienta. No había de forma directa un flash o algún reflector con luces, porque aquella joven no sabia que era fotografiada, a pesar de que había equipo a su alrededor que estaba concentrado en otra chica la cual posaba con el mismo uniforme de sirvienta con índole francés y ajustado de forma coqueta para atraer a las personas que eran servidas.

No necesitaba eso. Se dijo la fotógrafa al momento de capturar la belleza femenina que la muchacha tenía, era una mina de oro en bruto lo que tenía en manos, no necesitaba ropa ostentosa o algo para provocar, así era perfecta.

La cámara hizo click y capturó su imagen. Era bonita, delicada y lo más importante para ella, virginal. Pagarían muy bien por ella, casi nunca hallaban chicas tan solitarias y con esas características, por lo que hacerse de ella era una oportunidad única que no podía dejar que se le escapara de las manos.

Tomoe siempre ha sido una mujer de negocios desde que heredo el imperio de su padre, el cual murió poco antes de cambiar de opinión por su idea conservadora de que la mujer no se encargaría bien de un imperio tan grande. Sin embargo, las cosas mejoraban más de lo que había dejado el anterior dueño empresarial y ese otro negocio para gente rica era el más próspero, la posibilidad de subir de golpe estaba capturado en el rollo de la cámara, sin duda era uno de los mejores hasta el momento.

La cámara volvió a capturar la imagen de esa joven una sexta o tal vez séptima fotografía de aquella silueta sinuosa con gesto amable. Alzó su mano como una señal de dar por terminada la sesión al igual que la modelo que sólo era un señuelo para que ella tuviera esas fotografías.

Aquella hermosa joven se apartó y los otros jóvenes que la acompañaban aparentaron haber hecho un excelente trabajo para la campaña publicitaria al restaurante temático francés Mon Chiere donde la chica que era el blanco trabajaba, la castaña que tenía una sonrisa astuta revisó la cámara notando lo fotogénica que era esa chica, bien podría ser modelo. Pero ella ya tenía planeado lo que haría con ella.

"Vámonos, tenemos otra sesión al otro lado de Tokio". Ordenó a la joven que asentía sumisa a pesar de verse vanidosa.

Se acercaron a la encargada agradeciendo, por darles un espacio para hacer la sesión y hacer más famoso ese restaurante de sus socios. Dirigiéndose al fin a pisos inferiores para retirarse.

"Señorita puedo preguntar ¿Quién es su blanco?". Habló la chica con una voz dulce y bastante aguda.

"Eso no importa, sólo el estado en el que está". Volteo la mirada la castaña a la joven de cabellos oscuros que tenía pinta de modelo sólo que era mercancía de Poison y servía para el propósito que ahora tenía. "Después de que la recojan, no será más que una chica con un código tatuado y tendrá un precio para los compradores"

La joven peli negra miró a la supuesta fotógrafa sintiendo miedo por la pobre chica que le sacaron varias fotografías sin que esta se diera cuenta.

En su mente empezó a hacer un reconteo de todas las meseras del restaurante temático francés en el que el señor Tomoe realizaba varios contratos de negocios y había servido como sede de una reunión con los últimos inversionistas, así dándole la oportunidad a la mujer Tomoe de conocer a la chica que sería la siguiente mercancía en adquisición para Poison.

Se puso tensa por un momento, cada una de las meseras de ese restaurante de tres pisos daban un total de 24 y se reducían por la repartición de piso para cubrir terreno y clientes, por algo era tan famoso además de exitoso en el público masculino. Pero eso no importaba porque lo que el número se reducía a ocho.

Pensó en la primera chica que tenia el cabello negro como en ese momento ella lo tenia, pero inmediatamente negó pues era demasiado joven y que lo más seguro era hija de la encargada la cual estaría ayudando en ese momento. Por lo tanto sería buscada con devoción.

Demasiado falsa y muy materialistas se repitió al ver a tres jóvenes, una de cabello rosado, otra castaña y una rubia. Poison no capturaba a nadie que fuera ambicioso como los dueños, pues eran un problema y eran difíciles de controlar al igual que las mentirosas, las cuales generaban problemas financieros con los dueños cuando eran compradas y muchas veces devueltas con repudio.

Demasiado...Era ella. La peli negro, vio con detalle la dulzura que esa chica desprendía con cada gesto que hacía, su sonrisa e inclusive su ingenuidad que podría ser bastante atrayente para cualquier hombre y una que otra mujer que la miraban de forma interesada mientras andaba con cierta gracia por todo el restaurante, pues tenía esa particular forma de caminar con saltos cuando le lastimaban los zapatos o estaba a punto de caer disimulando su torpeza que puliría con el dueño que tuviera si la quería como una mujer perfecta, era lo que hacían con todas a las que compraban y ella volvía a ver.

Esa linda y torturante ingenuidad, era una debilidad de la que tal vez no había reparado la misma jovencita en ella, pues esa sería la causa de su recolección para ser subastada.

La peli negra suspiró ante la chica de cabello castaño enfundada en ese vestido de blanco y negro a la vez que algo pomposo que le daba un aire seductor en su mirada almendrada. Se mordió el labio como una señal de controlar ese impulso de ir corriendo hasta la joven para advertirle que tuviera cuidado, porque el haber sido seleccionada a causa de servir en esa maldita reunión no era algo bueno.

Ella no quería estar involucrada en destruir la vida de otra chica. Porque no sabia decir si aquella joven era muy desesperada o comprometida con su empleo por haberse presentado de mesera en la fiesta del señor Tomoe. Pero tampoco sabía cuanta gente estaría desesperada para encontrarla una vez que desapareciera, aunque si la señora Tomoe ya le estaba sacando fotos para llamar la atención de los compradores más fuertes era porque seguramente no muchos o nadie la buscaría, de lo contrario hubiera sido descartada a regañadientes por la señora Tomoe.

"¿Qué estas esperando?, vámonos". Chasqueo los dedos la castaña a la joven que fingió ser parte de ese sueño por el que había llegado a Japón, la de ojos cafés a un tono casi rojizo asintió y miró por última vez hacía atrás, tratando de ver a lo lejos, específicamente, a la joven que había estado sonriendo de forma encantadora a todos sus clientes.

Subió a la limusina que esperaba a ambas viendo por última vez el restaurante Mon Chiere.

Esa chica una vez capturada no podría huir de su dueño, el cual era seguro que existiría una vez presentada debido a su atractivo de la joven y su valor corporal.

Huir de Poison era imposible, se dijo a si misma, pues el tatuaje y el rastreador incrustado en el cuerpo de cada una de ellas era una marca segura de donde provenían.

Era de conocimiento para la mayoría de las autoridades que si las hallaban con ese carácter, no importaba quien las ayudara, pero después de una forma u otra terminarían muertas junto a la persona que las ayudaban. También dependiendo el valor que tuvieron. Por algo nunca volvió a intentar huir una segunda vez. Ya que si lo intentaba, no volvería a ver otro día por su imprudencia como le hacía llamar la señora Tomoe.

Llegaron a una gran casona tradicional japonesa en una zona exclusiva de Tokio. Odiaba ese lugar a pesar de que tenía contacto con el exterior como si ella fuera una persona normal, pero con pesar ella era una prisionera, un objeto y una herramienta para fines perversos.

"Vas a venir a la cena de esta noche junto a Ukyo, debe de ser presentada con los clientes". Menciono la mujer que tecleaba su teléfono en unos constantes tap tap sin siquiera dirigirle una mirada a la chica que salía de la limusina. "Ya puedes quitarte la peluca estas en casa, además eso es lo único que te hace ver diferente de las japonesas"

La joven asintió solemne quitando las horquillas que sujetaban el cabello falso; aquella larga cortina negra le recordaba tanto al tiempo en que estuvo en su pueblo natal Joketzusoku en China, para luego venir a Japón y cumplir su sueño de ser modelo. Sólo que terminó siendo raptada y comprada por un chico que la otorgo xomo un regalo a un joven amable que si la llegó a amar y la trataba dulcemente, pero eso se terminó cuando acabó muerto por defenderla, por ello estaba con su captora y sin dejar de ser un objeto rentable de Poison. Una acompañante, una imagen y un señuelo, eso es lo que era se repetía hasta el cansancio porque ya no sentía un ser humano.

La peluca de cabellos negros fue tomada por la castaña dejando libre su cabello morado que le llegaba a los hombros mientras caminaba por los pasillos de madera pulida. Extrañaba su larga cabellera la cual fue cortada y transformada en esa peluca negra.

Xiam Pu así se llamaba, ahora la número 3.3.3, la cual quería saber a quienes serían mostradas esas fotografías y en cuanto tiempo la nueva adquisición llegaría para ser ofrecida y sucesivamente ser comprada por un imbécil pervertido.

Ojalá la suerte que ella tuvo con el chico que la amo, también la tuviera esa chica.

Porque una vez dentro ya no había escape.

.


Bienvenue a L'Club Poison.

Esta será una historia más larga en contenido que las otras historias y los tiempos serán bastante confusos. ¿Por qué? Se preguntarán. Y la respuesta es que no daré un estilo lineal a la historia, pero vaya que a mi me cautiva la idea del estilo y la temática trata de blancas.

Además el estilo de escritura es conocido como contra novela hecha por el afamado escritor Julio Cortázar, este es lo opuesto al orden lineal en una historia o una novela. Por ellos se debe tener bastante atención en cuanto a la cronología concierne.

Curiosidades:

Para los que ya han leído otras historias se darán cuenta que el apellido Tomoe es el que usa Nabiki en Desde China con amor.

Xiam Pu tiene el cabello cortito, esa idea se la agradezco a los fanarts del fandom de Ranma 1/2.

Para los que no sabían sobre la adopción en Japón se pueden adoptar hijos varones en familias con puras hijas pues Japón era y sigue siendo algo conservador en cuanto a la ideología de herencia a la mujer eso lo apreciamos en la obra original de Rumiko. Por algo Ranma heredará el dojo al casarse con Akane y ella pasaría a ser Saotome porque una de las cosas que la mujer pierde en el matrimonio es el apellido aunque otro dato es que el novio al vivir en casa de la novia muchas veces adipta el apellido de esta.

La idea de la gente rica es despreciable es algo que mencionaban muy a menudo en mi familia cuando era pequeña, pero eso no significa que la aborrezco en realidad me generan cierto sentimiento de curiosidad en cuanto a su vida y por ello hacer esta historia

Y escribo en perspectiva de múltiples personajes pero obviamente en tercera persona.

Adivinen quién es la joven que compró Ryoga. ¿Quién es el chico en la historia?. Y por quien será adquirida Akane.

Espero y les halla gustado el primer capítulo.

Atte. HR_RAINBOW