Sí. Lo he partido en dos. Sí. Habrá otro capítulo. T_T Perdón por tardar tanto y volver con esto pero necesitaba sentir que estaba progresando.


—Acabo de recordar... No va a poder ser lo del viernes de pollo frito esta semana, Dei.

Obito lo besó. No había podido dejar de hacerlo desde que la semana anterior en ese mismo lugar juntaron sus labios por primera vez.

—¿Qué es eso tan importante para que me dejes tirado así, hm? —Deidara hizo un puchero.

—Lo siento... Lo que más me gustaría es estar contigo este viernes. Verás, una vez Kakashi me hizo un favor y justo ese día me pidió que se lo devolviera. Voy a tener que ir en su lugar a una excursión al zoo de Ciudad Tanzaku.

Deidara le dio un lametón en la boca, lo que desencadenó otro largo beso, lento pero intenso.

—Pero al menos verás el zoo —susurró Deidara contra sus labios.

—No sé si me lo pasaré bien. Te extrañaré... Y ya será tarde cuando vuelva.

—Pásate por mi casa igual, hm. De todos modos, ¿por qué Kakashi no puede ir él mismo?

Obito acarició el pantalón abultado de Deidara arrancándole un sensual gemido.

—Nadie quiere ir a las excursiones porque no son remuneradas, pero alguien tiene que vigilar a los chicos. Por eso nos vamos turnando. Mmmh —Deidara comenzó a mover el culo contra su verga-... Al menos... Ah... La entrada y la comida la paga la asociación de madres y padres.

—¿Te parece poco? A mí me vale.

Deidara se apartó de sus labios y bajó a devorar su cuello, dejando húmedos besos y mordidas. Por mucho que a Obito le estuviera gustando, había algo que debía advertirle.

—Recuerda que no puedo presentarme delante de los chicos con un chupetón en el cuello.

—Mmm... ¿Uno? ¿Crees que te dejaría sólo uno? —Deidara le quitó unos cuantos botones y siguió lamiendo su pecho—. Aquí no lo verá nadie.

Deberían dejar de hacer esas cosas en el instituto, pero Obito nunca era capaz de ponerse freno.

—Dei... —Su mano cobró velocidad masturbándolo por encima de la ropa al ver la forma en que Deidara iba mordiendo su pecho. Como si le estuviera rindiendo culto con total adoración. Casi se le cae la baba—. Ven conmigo a la excursión.

Deidara movía la pelvis de modo que se le restregaba en la verga y contra su mano a la misma vez.

—¿De verdad puedo?

—Claro. Se requieren mínimo dos —Obito evantó la barbilla de Deidara con la mano libre y estrelló sus labios contra los de él—. Pero... Mmmh... Pueden ir más. Los padres suelen quedarse más tranquilos así.

—Cambiando de tema... ¿Te gusta lo que te está haciendo mi culo?

—Tanto que me está empezando a saber a poco —Obito daba las gracias cada mañana por haber conocido ese mullido y perfecto culo—. Me gustaría correrme así. ¿Crees que podrías lograrlo?

Deidara lo miró a los ojos, sonriendo un poco.

—¿Me estás desafiando, hm?

—¿Cuánto queda para el cambio de hora? —tomó su teléfono del asiento de al lado y lo encendió—. Tienes diecisiete minutos.

Le dio una suave palmada en las caderas que pareció volverlo loco. Obito encontró tremendamente erótico como Deidara soltó un ardiente gruñido mientras se levantaba, le abría el pantalón y se lo bajaba a tirones antes de bajarse su pantalón también.

Obito lo rodeó con sus brazos, sentándolo de espaldas a él para sentir la desnudez de sus cuerpos. Metió la mano en su camisa y le acarició la espalda en dirección ascendente. Qué piel tan suave y apetitosa, una pena que la situación no le permitiera mimarla tranquilamente.

—Sabes que si alguien entra y nos ve así van a echarnos —dijo.

Y aún así no se veía capaz de ponerle freno. Ni Deidara tampoco, viendo como había separado sus nalgas para volverlas a cerrar con su verga, empapada por todo el precum que había soltado, entre ellas.

—Será rápido, hmm —movió la cadera y su erección se deslizó por el estrecho canal. Obito casi puso los ojos en blanco cuando su glande se restregó contra su ano y siguió adelante hasta toparse con su escroto. Deidara dio marcha atrás, y luego hacía adelante otra vez.

—Ahh... Deidara —susurró en su oído y le dio una mordida para recordarse que debería moderar su volumen—. Los de tercero están dando clase en aulas cercanas.

—M-mierda... Esto no es bueno —dijo Deidara.

—Oh, sí que lo es —Obito sincronizó sus embestidas con los movimientos de Deidara.

—Pero ahora se me antojó tu verga en mi culo... Ah... Y no... frotándose contra él... mmm...

Obito tomó aire. La camisa se le estaba pegando al cuerpo, y el cosquilleo de placer que fluía por su cuerpo y le tensaba los músculos estaba también colapsándole el cerebro. En lugar de contestar, agarró la cadera de Deidara con una mano y su erección con la otra, marcando el ritmo. Más rápido aún haciéndolo agarrarse a los asientos de delante.

—¿Alguna vez has... Mmmh... Practicado sexo anal?

Obito sólo lo imaginó. Si aquello le sabía tan bien, estar clavado en aquel agujerito apretado sería el paraíso. Toda la sangre de su cuerpo se concentró en su entrepierna, y sólo alcanzó a gruñir en respuesta.

—Si quieres... Sólo tienes que decirlo.

—Quiero destrozarte a vergazos —confesó antes de correrse pegado a su agujero trasero.

Obito jadeó con fuerza, conteniéndose mientras el orgasmo hacía vibrar de placer todos los nervios de su cuerpo. Detuvo su mano un momento, incapaz de procesar la orden. Siguió en cuanto recuperó algo de lucidez y sentó a Deidara en el, la pegajosa corrida entre sus cuerpos. Lo oyó gemir, alto y obsceno.

—Me la pones tan dura, Dei... Más dura que nunca...

—¡Mmmh...!

—No sé cómo lo las hecho. Podría partir una nuez con la verga de lo dura que me la pones cada vez que pienso en ti.

Obito le tapó la boca con la mano libre para ahogar algunos de esos sonidos.

—Y sí quiero... Por supuesto que quiero. Por supuesto que...

Y en ese momento, Deidara quedó rígido en sus brazos. Tuvo el tiempo justo para apuntar a la fila de asientos frente a ellos y no acabar más pringados de lo que estaban. Se sentó de nuevo en él, respirando con fuerza.

—¿Cuánto queda? —murmuró con voz cansada.

—No lo sé. Podrían ser diez minutos, podría ser uno. En ese caso, estamos jodidos.

Deidara rió por la nariz sin dar muestras de tener prisa por volver a vestirse.

—Y yo espero que tengas pañuelos y no tengamos que meternos en el baño a robar papel.

Obito dobló el brazo para buscar en su bolsillo trasero, se inclinó un poco hacía adelante y tiró del paquete de pañuelos de papel.

—¿Crees que medio paquete sea suficiente?

—Espero que sí, hm —Deidara giró el cuerpo para darle un breve beso en los labios, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.

Al retirarse Obito lo empujó hacia sí otra vez para prolongarlo un poco más. A veces le parecía que estaban demasiado acaramelados para ser sólo amigos. Tal vez deberían hablar al respecto en otro momento, ahora debía ponerse a limpiar.

Empezó por el culo y la baja espalda de Deidara.

—Por el lado bueno, esta vez no te has ensuciado el pelo —Obito reparó en la mancha—. Pero mierda... Tu ropa...

—¿Se nota mucho?

—El pantalón lo tapará —Obito miró una última vez la mancha de corrida restante sobre la nalga izquierda de Deidara antes de suspirar y pasarle el pañuelo—. ¿Cómo puedes volverme tan loco?

—Mmm —Deidara se subió el calzoncillo, dio marcha atrás y lo pasó por la cara de Obito—. No sé cómo lo hago. Yo sólo soy yo mismo, hm.

Obito le agarró el culo para dejarlo pegado a su cara unos segundos más. Sintió nostalgia cuando aquel culo desapareció tras el pantalón. Ojalá tuvieran más tiempo. Pensando en cuando vendría la siguiente ocasión, comenzó a limpiarse la zona de la ingle mientras Deidara sacaba más pañuelos para ocuparse de las manchas del asiento.

—Antes me dijiste buenas cerdadas. No lo vi venir.

—O-oh —Obito sintió como se sonrojaba—. Sí... Cuando me pongo muy caliente a veces...

—Te sale la bestia que llevas dentro, hm.

—Se podría decir que sí —cuando acabó de limpiarse, dejó la bola de papel a un lado y se arregló la ropa—. Trataré de controlarme en el futuro.

Deidara no tardó ni un segundo en sentársele de nuevo encima y abrazarse a su cuello.

—No, no, no no. Quiero que dejes salir a esa bestia —dijo a la vez que trazaba una línea descendiente en su pecho.

Una pena que estuvieran ahí, a pocos minutos de empezar las clases y no en su casa. De lo contrario la bestia habría salido en ese momento.

—Vas a hacer que me ponga duro otra vez —Obito consultó su teléfono—. Quedan seis minutos.

Deidara no lo dejó levantarse hasta que no le robó un par de besos más.

—Oye. ¿Y de verdad quieres destrozarme a vergazos o el calentón te hizo decirlo?

Intentando no pensar en eso, Obito respiró hondo.

—Voy a pasar por un depravado si seguimos con el tema.

Salieron del gallinero hacia la sala de profesores, a paso rápido.

—¿Es eso un sí? ¿O un eso ya se pasa de gay?

—Deidara —el calor volvía a su bajo vientre—... Basta.

—Te recuerdo que te estoy dejando a ti marcar el ritmo, porque si fuera por mí... —Deidara resopló—. Ah... Lo que no te habría hecho ya.

—Sí que me agrada la idea de... —Obito bajó la voz hasta casi susurrar— destrozarte a vergazos. Pero mejor lo hablamos en otro momento.

La campana sonó. Deidara sonreía y Obito miró hacia atrás para asegurarse de que nadie oía su conversación.

—Espero ese momento, hm.


Obito pasó el brazo por los hombros de Deidara y pegó su cara a la de él mientras un turista les sacaba una foto con varios tucanes de fondo.

—Ya está —dijo después de varios segundos en los que tuvo que mantener la sonrisa.

El chico le devolvió el teléfono.

—Gracias —dijo Obito, antes de que ambos siguieran su camino.

Un segundo después, Deidara le estaba arrebatando el teléfono de las manos.

—¡Veamos, hm!

Obito ni siquiera se quejó, tan sólo rió un poco ante su entusiasmo y se asomó a la pantalla. El chico les había sacado varias fotos. Todas eran casi idénticas.

—Hacía tanto que no te veía con esas gafas en lo alto de la cabeza, hm.

—No sé por qué se me antojó traerlas. Me hacen ver más joven. ¿No crees? Además, así ya no puedes imaginarme desnudo —dijo Obito.

—Demasiado tarde —Deidara le devolvió el teléfono—. Te he estado imaginando desnudo por años, con gafas o sin ellas.

Obito lo agarró de improviso y lo besó mientras sacaba un par de fotos. Deidara dejó escapar un murmullo de sorpresa.

—No vas a dejar nada para cuando pase de verdad —se quejó en cuanto se separó de él.

Las fotos no tenían buen ángulo y estaban algo movidas.

—No esperaba eso —dijo Deidara, frotándose el mentón—. ¿Qué te dio?

—Sólo estoy contento porque hayas venido hoy conmigo. Habría sido tan estresante pasar el día con Gai...

—Y ni la mitad de divertido, hm —observó a un pájaro con la cabeza negra y el cuerpo color cobre que se había posado en una rama cercana—. Ese no lo conozco.

Deidara prestaba atención a cada pequeño movimiento, sacando fotos a todo. Si no fuera por la enorme cúpula de hierro y alambre sobre ellos, Obito podría imaginar que estaban en un lugar natural.

—Hey, vamos a ver los flamencos, nunca he visto ninguno de verdad —Obito leyó un cartel y lo guió al lago donde estaban las aves acuáticas.

Ambos se habían escabullido para ver la pajarera mientras los chicos y Gai asistían a un espectáculo de delfines en la zona de los animales marinos. Deidara había estado insistiendo en ver esa otra área. Cuando nadie les prestaba atención, Obito lo tomó del brazo y lo sacó del pequeño anfiteatro.

Dedicaron la media hora que duraba el espectáculo a explorar la pajarera y sacarse fotos con las aves.

—Van a dar las doce y media —dijo Obito a un Deidara que alimentaba a una cacatúa blanca en su mano. Al ver su gesto de hastío, Obito agregó—: Volveremos en un rato con los chicos.

De mala gana, dejó al ave de nuevo en el palo.

—¡Amigo! —chilló, aleteando.

—¿Ves? Soy su amigo y no quiere que me vaya, hm.

—Eso se lo dice a todo el mundo para que le den más comida. Te está manipulando —bromeó Obito.

Deidara acarició su cresta con un dedo.

—Por esta vez me dejo. Volveré, amigo.

—¡Amigo!

Miró una última vez hacia atrás al escuchar eso. Obito le pasó el brazo por los hombros otra vez.

—Hey, yo también soy tu amigo. Hazme caso a mí —lo apretó con fuerza contra su cuerpo mientras caminaban. Deidara reía.

—¿Más aún del que ya te hago? Qué avaricioso —su nariz se topó con la de Deidara cuando este giró la cabeza. Obito aprovechó para darle un último beso antes de salir afuera—. Y que gay.

El radiante sol les dio de lleno cuando cruzaron la puerta de salida. No podía haberles hecho mejor tiempo para la ocasión. Estar con Deidara hacía que mereciera la pena haberle debido un favor a Kakashi.

Con un teatral puchero, Obito soltó a Deidara. Si esperaba más se arriesgaba a que algún alumno los viese.

—¿Dónde se supone que debemos ir después?

—Al área de la zona polar.

Corrieron al anfiteatro. Los primeros grupos de estudiantes ya empezaban a salir del mismo casi todos con la atención puesta en las pantallas de sus teléfonos.

—Lo bueno de eso es que casi nadie se va a fijar en nosotros, hm —dijo Deidara.

Ambos dieron un frenazo cuando Rock Lee se puso en su camino.

—¡Misión cumplida! ¡Los encontré!

Obito y Deidara se miraron confundidos.

—¿Nos estabas buscando? —preguntó.

—Gai-sensei me mandó a buscarlos cuando terminó el espectáculo y no estaban allí.

—Oh. Al profesor Obito le entró sed y fuimos a comprar agua, por eso salimos. Además no nos gustan tanto los delfines —dijo Deidara.

Obito se aguantó una carcajada.

—Ve a decirle a Gai-sensei que está todo bien.

—¡A sus órdenes, Uchiha-sensei!

Lee hizo una reverencia y se fue.

—Me cae bien ese crío —dijo Deidara, viendo como se alejaba corriendo.

—A todo el mundo le cae bien Lee. Es el favorito de Gai. A veces incluso hablan igual —Obito se desperezó—. Por tu culpa ahora me entró sed.

Deidara señaló a la cafetería afuera del delfinario.

—Entonces ve a comprar.

—Pero tú acabas de decir que hemos ido a por agua, se va a notar que mentimos. Eso es un mal ejemplo para los chicos.

—Yo sí voy a comprarme una botella. También se me antojó, hm. Ahora les alcanzo —dijo girándose.

—¡Que esté bien fría! —dijo Obito en voz alta.


Quince minutos después, mientras miraba un koala masticar con lentitud un puñado de hojas, Obito le seguía dando vueltas a lo mismo.

—Del uno al diez... ¿Cómo de gay es beber por el mismo sitio?

Deidara estiró el brazo y dejó la botella medio vacía a su alcance.

—Hmm... Como siete —respondió, y se rió de su propia ocurrencia.

Obito alzó una ceja.

—¿Siete? No sé, me parece mucho —dijo frotándose el mentón.

—¿Beberías por el mismo sitio que Gai o Kakashi?

—Definitivamente no —Obito examinó sus alrededores, nadie parecía estar prestándoles atención—. Mierda... Siete puede que sea mucho para estar rodeados de adolescentes. Yo digo que evitemos hacer todo lo que pase de cuatro de momento.

Deidara rió y Obito se llevó la botella a los labios. Su vista se detuvo en un cartel informativo.

"¿Sabías que... El interior de la bolsa de un canguro es en realidad bastante apestoso?"

Frunció los labios, obligándose a tragar el agua que ya no le parecía tan agradable.

—Acábatela tú -dijo Obito devolviéndole la botella a Deidara.

—A esa edad en lo que menos me fijaba yo era en lo que estaban haciendo los profesores, hm.

—Debería ser al revés. Le estamos dejando todo el trabajo a Gai. Suerte que los chicos se están portando bien —Obito se volteó a comprobarlo cuando vio a Naruto y Kiba golpeando con los nudillos el terrario de las serpientes—. ¡Uzumaki! ¡Inuzuka! ¿No han leído ese cartel de ahí?

—¡Ups...! ¡Lo sentimos, Obisensei!

Con una sonrisa avergonzada, ambos se fueron a otro lado. Obito se volvió de nuevo hacia Deidara, sacudiendo la cabeza.

—Mejor nos lo tomamos más en serio.

—Al menos, ya no queda tanto. Pronto podremos ir a lo nuestro —Obito se preguntó cómo podía ser que Deidara fuera tan bello, lo siguió con la mirada mientras él iba a una papelera a deshacerse de la botella vacía. Luego se volteó e hicieron contactó visual por unos segundos—. Y por cierto, mirarme como si estuvieras deseando clavarme... El diente... Es un ocho de diez.

—Como digas, Dei-sensei —dijo Obito, sin dejar de mirarlo así por un rato más.


Gai, Obito y Deidara dejaron las cajas en el suelo.

—¡Llegó la hora de recuperar las energías! —exclamó Gai.

Los chicos dejaron las conversaciones y miraron las cajas con la comida. Deidara se había estado quejando más que ellos sobre la hora en la que pararían a descansar. Obito solía tener más aguante, pero también estaba empezando a salivar con solo pensar en el almuerzo.

—No se agolpen, hagan una fila —dijo cuando los vio a todos apiñados alrededor de las cajas.

—¡Sensei, Shikamaru se ha colado! —gritó Choji.

El aludido rodó los ojos.

—No me he colado. Y literalmente sólo vas a tener que esperar diez segundos más.

—¡Si tan poco importa entonces muévete!

Shikamaru no hizo caso. Obito estaba convencido de que se había colado. Sería propio de él.

—Nara, ponte detrás de Akimichi.

Arrastrando los pies, el chico obedeció y ellos pudieron por fin empezar a repartir las cajas de bento, los palillos y las servilletas.

Estaban en un jardín de plantas exóticas, colocado en el centro del zoológico para que la gente se pudiera dar un descanso. Ardillas, palomas y pájaros cantores acechaban a los visitantes en busca de migajas.

Después de repartir todo, Obito comenzó a buscar un lugar donde sentarse.

—Ven, he visto un banco vacío —dijo dando un suave tirón del brazo de Deidara—. Aunque está algo apartado, tal vez no deberíamos...

—Son adolescentes, preferirán tener espacio —dijo Deidara.

—Sin embargo él... —Obito miró hacia Gai, rodeado de sus alumnos favoritos, Lee, Tenten y Neji—. Me pregunto cómo lo hace.

Deidara murmuró con la boca llena.

—¿Recuerdas lo que me dijiste sobre tomar cinco minutos en cada clase para hablarles de lo que yo quiera? —preguntó en cuanto pudo hablar—. Lo he estado haciendo hm.

—¿Y qué tal?

—Bueno... El primer día les hablé de mi visión del arte. Luego hicimos una lista para que todo el mundo tenga su turno para hablar de su visión del arte. Fue un buen consejo, gracias.

Obito separó los palillos. Sacudió la cabeza al ver que uno había quedado un poco más corto que el otro.

—Me alegra saber eso. Sabía que una vez te acostumbrases todo iría mejor.

No hablaron demasiado el resto del descanso. Deidara comía rápido y Obito decidió no interrumpirlo. Al menos hasta que un grupo de cuatro pavos reales empezó a moverse despacio cerca de ellos.

—Tírales algo —dijo Deidara.

Obito tomó un poco de arroz del onigiri y lo lanzó hacia ellos. Las aves se lanzaron a picotear el suelo.

—Ya no hay más —dijo al ver que lo miraban fijamente pidiendo más.

El macho avanzó unos pasos.

—Es bonito, hm.

Obito lo tenía tan cerca que podría haberlo tocado. Observó el plumaje azul de su cuello, más verdoso ahí donde reflejaba el sol y las alas llenas de intrincados detalles. Sonrió y giró la cabeza hacia Deidara.

—¿Qué cosa?

Deidara señaló al pavo real.

—Ahí, delante de ti —respondió.

—Yo sólo veo una cosa bonita aquí.

Deidara rodó los ojos, una pequeña sonrisa curvaba sus labios.

—Eres un cursi. ¿Lo sabías? —dijo y estiró el brazo—. Chico lindo, ven aquí.

El pavo real se volvió hacia él. Deidara le ofreció un tomate cherry que no tardó en tomar con el pico y engullir. Entonces se irguió, sacando pecho y extendió las plumas de la cola.

—¿¡Qué rayos...!? —exclamó Obito.

Deidara sacó su teléfono y empezó a echarle fotos.

—Ja. No puedo creerlo.

—Yo tampoco —dijo Obito—. ¿Sabes que eso es un ritual de cortejo? ¡Está tratando de ligar contigo!

—Pues yo creo que sólo trata de presumir —contestó Deidara.

—Amigo —le dijo Obito al pavo real—. Me temo que este está tomado.

—Oh... ¿En serio? ¿Desde cuándo? —Deidara rió.

Cuando Deidara reía, Obito no podía dejar de hacer el payaso. Se sentó más cerca de él y le pasó el brazo por los hombros.

—Mira detrás de ti, ahí tienes tres chicas de tu especie. Vete con ellas.

—Eh. Tobi...

La risa se cortó de golpe. Deidara le dio un suave codazo en las costillas.

—¿Qué pasa? —dijo.

No necesitó que le contestara, porque en ese momento se dio cuenta que una alumna que posiblemente se había acercado a ver los pavos reales los estaba mirando con la cara completamente roja.

Obito se aclaró la garganta, separándose de Deidara.

—Oh, Hyuuga. ¿Querías algo?

La chica sacudió la cabeza.

—¿Ves? Por hacer el tonto ahora ella se va a pensar cosas raras —lo regañó Deidara, pero su tono se mantuvo jocoso.

—Bueno, entonces será mejor que le expliquemos —Obito miró hacia Hinata que seguía roja. No estaba seguro si sentir más pena por ella o por sí mismo—. ¿Sabías que Deidara-sensei y yo éramos amigos en el instituto?

Ella sacudió la cabeza.

—Pues lo fuimos —intervino Deidara—. Y el profesor Uchiha no paraba de gastarme bromas gays todo el rato.

Obito se frotó la nuca.

—Y diez años después nada ha cambiado —agregó.

—A veces se pone demasiado pesado con el tema pero así es él, hm.

Frunciendo el ceño, Obito se giró hacia Deidara.

—¿Cómo que demasiado pesado? Tú siempre ríes con mis bromas gays, no mientas —Deidara sólo le sacó la lengua y Obito miró otra vez hacia la chica—. Como ves, sólo es una broma entre amigos. Nada más. ¿Querías algo, Hyuuga?

Hinata tragó saliva.

—Yo sólo vi —dijo señalando al pavo real—... Que había abierto la cola y quería... ¡Siento haber interrumpido!

Deidara agitó la mano.

—Tonterías. Tómale las fotos que quieras.

—También te los puedes llevar. Ya nos molestaron mucho —agregó Obito.

Ambos se miraron mientras la chica trataba de espantar a los pavos reales. No más tonterías. Al menos hasta que estuvieran libres.


—No más tonterías —murmuró Obito viendo como el autobús se iba sin ellos.

Desde la ventana, Gai les dedicaba un efusivo saludo.

—Bueno, él se ofreció. Además el viaje ya termina, lo único que queda por hacer es la llegada. Gai estará bien.

Deidara había hablado por los dos cuando Gai los escuchó sobre volver a Tanzaku Town los dos solos y les dijo que podían quedarse si querían. Que él se encargaría del resto. Vivir la vida con juventud a tope y todo eso.

Obito negó con la cabeza, no del todo convencido. Ver la sonrisa ilusionada de Deidara hizo que decidiera no pronunciarse en contra. Ya que se habían quedado, lo mejor era aprovechar para hacer algo interesante.

—Sólo me pregunto cuanta gente ahí en ese bus se está imaginando cosas sobre nosotros —dijo Obito, agarrando a Deidara del hombro en cuanto el vehículo salió del aparcamiento—. ¿Y cuál es el plan?

—Galería de arte, ir a tomar algo a algún sitio pintoresco, volvernos en el último autobús hacia Konoha.

Obito consultó la hora en su teléfono.

—¿A qué hora es el último autobús?

—No lo sé, déjeme ver —Deidara tocó el icono del navegador y comenzó a escribir en el motor de búsqueda. Cuando leyó el resultado, chasqueó la lengua—. ¿Cómo que a las ocho? ¿Un viernes? ¿¡Pero qué mierda es esta!?

—No nos va a dar tiempo a hacer mucho... Tendremos que ir directos al museo y verlo rápido —Obito observó a Deidara soltar una grosería bajo su aliento—. Quedémonos aquí. Así no tendremos que darnos prisa y podremos hacer más cosas.

El rostro de Deidara se relajó de nuevo. Obito le sonrió.

—Mmm, bien pensado. Veamos donde estaba ese lugar —Deidara tocó el icono de la aplicación de mapas.

Obito se apoyó en su hombro para poder mirar lo que pasaba. Ya que la gente iba a hablar de todos modos, mejor vivir la juventud a tope. O algo así.


Deidara tomó dos gorras de la tienda de recuerdos y le pasó una a Obito. Le había llamado la atención el diseño desde que entró por la puerta, el cual reconoció de la exposición de esculturas de cristal por la que habían pasado antes. Obito la tomó y la examinó.

—En realidad nunca uso gorra. Me deja el pelo aplastado.

—Se la puedes llevar a tus alumnos como regalo. La puedes sortear —dijo Deidara leyendo la etiqueta—. Además aquí dice que todo el beneficio va a la asociación de jóvenes artistas del museo, hm.

Obito se puso la gorra y fue a mirarse a un pequeño espejo cercano.

—Pensaba comprarme un imán para la nevera. Los colecciono.

Deidara se colocó junto a él y lo miró a través del espejo.

—Pues te queda bien —dijo y luego resopló—. Pero imanes para la nevera... Venga ya.

No. Deidara no podía permitir aquel atentado a la estética. Obito caminó hasta la vitrina giratoria de imanes y llaveros y Deidara lo siguió, dispuesto a hacerse escuchar.

—Mi madre también los colecciona y los padres de Kurotsuchi. No se dan cuenta de lo cutre que es. Si quieres decorar la nevera deja que te pinte algo.

—Oh. Me encantaría que me pintaras algo —respondió Obito, dando vueltas a la vitrina. Los llaveros tintineaban al chocar los unos contra los otros—. Nunca he oído hablar de una nevera pintada, pero un Deidara auténtico es un Deidara auténtico.

—Je —Deidara se irguió, sintiéndose importante—. Al menos sabes reconocer lo bueno. Ya no necesitas ese imán.

Obito lo miró con una media sonrisa. Y recordó lo mucho que le gustaba cuando hacía eso. Ninguno de los dos había cambiado tanto.

—Me lo voy a comprar, pero gracias por el consejo —respondió Obito.

—Tch —Deidara agarró la parte superior de la vitrina para detenerla—. Al menos déjame elegirlo a mí.

Deidara empezó a examinar todos los imanes. Obito rió, le pasó un brazo por los hombros y apoyó la barbilla en el derecho. Deidara sintió un revoloteo en su abdomen, seguro alguno de los turistas que pasaban de largo pensaba que eran pareja. Pero decidió no hacer comentarios.

No ahora que tenía justo donde siempre había querido al chico de sus sueños.


Arekusa, noooo xD mi Obito y mi Dei nunca podrán ser solo amigos. Y si lo son, será solo el preludio de algo más. Creo que congenian demasiado bien. Digamos que Obito fue el primer amor de Deidara, y tenía un recuerdo tan querido de esa época que no quería arruinarlo con una posible reacción negativa de Obito. Bueno, al final se lanzó y valió la pena :D Así es, el fic no tendrá mucha trama. Sólo dos amigos del instituto que se reencuentran de adultos y surge algo entre ellos. Pero es bonito ver a donde me van llevando ellos jajaja. Gracias por comentar.

¡Nos vemos en el siguiente, donde Obito y Deidara seguirán conociéndose a fondo! ;D