Nombre del capítulo: Sí es.
Advertencias: Capítulo corto. Disclaimer TMNT versión humana; los personajes no me pertenecen, créditos a Nickelodeon. OoC [Fuera de personaje]. Semi-AU [Universo Alterno]. Situaciones dramáticas, vergonzosas, cómicas y poco románticas. Insinuación de Shōnen-Ai/Slash [Hombre x Hombre]. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.
Puntos a tener en cuenta: Narración. —Diálogo.
Total de palabras: 1300.
Notas: -
Capítulo IV: Sí es.
—Donnie, ¿qué diablos estás haciendo? —pregunta Leo con los ojos en blanco y todavía el peso de la sorpresa en la cabeza al ver a su hermano portando una forma humana con toda la naturalidad del mundo.
—Em... ¿Ajustándome la corbata? —contesta tratando de no sonar tan obvio e insultarlo en tanto trata de mejorar el nudo en su cuello.
—¡No me refiero a eso, con un demonio! —Exclama ya fuera de sus cabales lanzándole una mirada asesina al científico. Éste ni se inmuta a esa reacción y continúa concentrado con su labor—. ¡¿Por qué tienes esa forma?!
—Hice una fórmula que logra convertir mutantes de inicios no-humanos en humanos completos —alega con simplicidad y sonríe satisfecho al terminar con su corbata y de nuevo se la muestra a su hermano mayor—. ¿Qué tal me queda?
—¿Dónde conseguiste esa ropa? —es lo único que pregunta el de azul entrecerrando los ojos.
—De una caja que guardaba el sensei —responde calmadamente y hace ademanes de dejarlo pasar—. Creo que soy idéntico a su talla. La ropa me queda perfecta.
—Donnie.
—¿Sí?
—¿Quién te dio permiso de hacer este tipo de cosas?
—¿Necesitaba permiso? —Pregunta falsamente asustado y culpable—. Perdón, no sabía que tenías que dominar mi vida.
—Donnie.
—¿Sí?
—¿Acaso quieres morir?
. . .
—A ver a ver a ver, déjame procesar está mierda —Rafa se frota la cien y luego vuelve a mirar a su líder—. O sea, ¿me dices que Donnie ha creado una cosa rara que puede convertirlo en humano y por eso está así? —Apunta hacia el científico que es acosado por la curiosidad de Mikey. Leo asiente en respuesta—. Ok. Esperaba que esto no terminara más raro pero al parecer no se puede esperar nada de esta familia.
—¡Woah! —Exclama un emocionado Miguel Ángel mientras sus ojos se iluminan como estrellas al ver a su hermano—. Entonces, ¡¿puedo hacerte trencitas?!
—¿Por qué trencitas? —pregunta monótono el científico.
—Pues porque tienes el cabello largo. Duh. ¡Además te quedarían bien! Y-
Donnie calla a su hermano poniéndole una mano en el rostro y deteniendo cualquier intento de abalanzarse encima a toquetearlo.
—No, Mikey, no te dejaré tocar mi cabello —declara seriamente desilusionando al menor—. No te dejaré tocarme como se te antoje, eso sería asqueroso.
—Ignorando lo raro que sonó eso —el temperamental del grupo se interpone con su típico rostro de me importa todo una mierda y observa al cuerpo de su hermano—, Donnie, esto ha sido una de las cosas más estúpidas que has hecho en tu vida.
—¡Oye!
—Pero antes de darte un castigo —Leo es quien calma un poco más el ambiente y mira con severidad al aludido—, creo que debes tener una buena razón para llegar a este extremo sin avisarnos. Y confío en ti y en tu integridad así que dejaré que hagas lo que necesites hacer.
—¡¿Enserio?!
—Sí... Pero como castigo tendrás que limpiar el baño por un año.
—¡Eso es injusto!
—Es eso o tendrás que servir a Mikey y hacer todo lo que te ordene.
El científico dirige su mirada al menor de ellos y éste mantiene su rostro con una sonrisa dulce pero en sus ojos grita el hecho de que lo va a toquetear todo lo que se le antoje. Y le da escalofríos y hace una mueca de miedo.
—Prefiero limpiar el baño. —Alega rendido. Y atrás el de naranja no borra su sonrisa.
—De alguna forma encontraré la forma de acosarte, hermano... —murmura el menor malvadamente.
. . .
—Ya me tengo que ir, chicos —anuncia el muchacho castaño mientras se acomoda el bolso donde guarda varias cosas importantes y se dirige a la salida—. Nos vemos en unas horas.
—¿Y a dónde vas? —interroga Rafael con falso desdén.
—A la escuela.
Enseguida Leo de la sorpresa escupe todo su té en la cara de la persona más cercana, Mikey. Y éste último solo le mira feo.
—¡¿Cómo que a la escuela?! —exclama histérico el líder mirando con ojos chispeantes hacia Donatello.
—Pues sí —contesta fresco como una lechuga—. Es para eso que tomé esta forma, así que... Adiós. —Se despide y con agilidad y rapidez sale disparado de allí ignorando los llamados de su hermano mayor.
. . .
—Casey, ¿tienes la tarea de-? ¡¿Qué rayos?! —Exclama de repente la pelirroja al ver a su compañero y preocupada le agarra de las mejillas y acerca a su rostro examinándolo—. ¿Qué fue lo que te hicieron?
El pelinegro ríe un tanto nervioso y se aparta desviando la vista.
—Sólo fue una disputa pequeña con un compañero. —Contesta ansioso y cruza los brazos. Abril se da cuenta de que miente enseguida.
—¿No pudiste crearte una excusa más creíble? —Comenta con sarcasmo y una mirada severa que le hiela la sangre al muchacho—. En serio, ¿quién fue?
—No es necesario saberlo —evita a toda costa el contacto visual y sonríe tratando de demostrar su falsa confianza—. Estoy bien, ¿sí? Es lo que importa.
La joven suspira ya rindiéndose y calma su expresión para después volver a su casillero en busca de sus libros.
—Si no puedes decirme quién te hizo daño, al menos dime el nombre de la persona que te salvó de morir desangrado. —Comenta divertida, medio en broma medio en serio no esperando en realidad ser contestaba.
—Fue Donnie.
Sus manos se detienen de golpe de escarbar entre la pila de cuadernos, y queda con la mirada en la nada y la boca semi abierta. Su mente queda estática, tratando inútilmente de procesar la corta información tan directa que le han dado. Y cuando su boca no crea palabras para soltar simplemente gira el cuello a verle con incredulidad al jugador de hockey.
—¿Estás jugando conmigo? —Pregunta levemente ofendida y entrecierra lo ojos con sospecha a que le hayan mentido descaradamente (aunque sabe que no es así). Pero el chico niega lentamente con la cabeza dejándola todavía más sorprendida—. Definitivamente el apocalipsis está cerca.
—Oye —se queja sintiéndose insultado—. Ni que fuera algo realmente increíble.
—Sí que lo es —afirma segura—. Lo es porque no te ha convertido en un conejillo de indias mientras estabas en su laboratorio.
—Hmp.
—Hola, chicos.
Ambos se giran enseguida a la persona que los ha saludado, y quedan de piedra. No lo conocen, o eso creen ambos. De cierta forma algo en su memoria trata de buscar sentido y ellos solamente se quedan viendo al alto chico que tienen enfrente.
—Ah… ¿Nos conocemos? —inquiere Abril un tanto confundida, no solo por la intromisión sino más bien por el llamado tan formal y amigable que usó el muchacho castaño.
—Sí —afirma de lo más calmado, y sin decir más dirige su mirada a Casey dedicándole una sonrisa amigable mostrando los dientes y ese pequeño hueco—. Hola, Casey.
El pelinegro parpadea, una, dos, tres, cuatro. Y reacciona gritando un nombre en su cabeza mientras hace explosiones como si hubiera encontrado la respuesta a todas las preguntas existentes del mundo —aunque en realidad no es así—. Y sonríe nervioso.
—… ¿D-Donnie?
Debe ser una broma.
—Sí, soy yo.
Debe ser una muy jodida broma.
Eso debe ser. Eso es—
(como el hecho de que en su cabeza grita que el científico le parece… horripilantemente lindo)
Continuará.
