Los personajes de CCS no me pertenecen. El resto de personajes y esta historia son de mi entera imaginación.

Capítulo I

¿Que tan cierto creen que sea eso de que las almas que están destinadas a estar juntas se volverán a encontrar? Que el destino borra la distancia, une los caminos y desafía lo imposible.

Hace años creí saber la respuesta, pero el destino es caprichoso y sabe como desafiarnos...

En las vacaciones de invierno, durante la semana de navidad, muchas familias viajaban a las montañas para disfrutar de las actividades de invierno. Patinar, esquiar, crear figuras en la nieve, entre otras cosas, sin embargo, un día antes de noche buena, una terrible tormenta se desataría.

El "Clow Hotel" albergaba en esa semana a más de doscientas familias, llevaban atrapados en el hotel alrededor de seis horas y las personas, en especial los niños comenzaban a impacientarse.

Aunque el hotel contaba con calefacción en las habitaciones, un par de personas se acomodaban cerca de la chimenea, en el salón central, en busca de algo de calor extra. Entre ellos, un niño de alrededor de diez años, sentado en la alfombra frente de la chimenea, abrazando sus piernas fuertemente contra su pecho mientras su mirada se perdía entre las llamas que poco a poco se consumían.

—A veces no las soporto...—

Murmuró aquel niño de despeinado cabello castaño, cuyos ojos color ámbar seguían entretenidos en el fuego. Su estadía había sido menos que placentera en el hotel, al ser originario de Hong Kong, el clima frío no era algo que le gustará, además que debía aguantar la compañía de sus cuatro hermanas, y no, no compartían habitaciones, puesto a que su familia pertenecía a uno de los clanes más influyentes de oriente, además de ser dueños de algunos negocios en Hong Kong, bien habían podido reservar una suite de cuatro habitaciones solo para ellos, consiguiendo tener una habitación para el solo, pero al ser sus hermanas cuatro extrovertidas jóvenes, no dejaban que el niño gozará de algo de privacidad. Tres días llevaban de sus vacaciones en Japón y justo cuando comenzaba a divertirse, llegó la tormenta, dejando a su familia varada en el hotel y a el atrapado con sus hermanas, hasta que al fin, en un descuido de ellas, había logrado escaparse hacia el gran salón para tener algo de paz, y aunque en este había mucha gente, al menos no tenía cerca a cuatro jóvenes parlanchinas.


—¡Frazadas, frazadas! ¿Alguien quiere una frazada?—

Entre los corredores aledaños al lobby del hotel, se abría paso una niña, con varias frazadas que entre sus manos. Con una gran sonrisa las entregaba, ganándose las gracias de los huéspedes.

—¡Frazadas, frazadas!... ¿Quieres una?—

Tras haber recorrido un buen tramo y con solo una manta en sus manos, había llegado al gran salón en donde continuaba ofreciendo estas hasta que a lo lejos diviso a un niño cerca de la chimenea, tiritando pese al calor que emanaba de esta. El niño estaba tan ensimismado en sus pensamientos que había tardado en darse cuenta de que alguien le estaba hablando, hasta que notó una sombra junto a él. Una alegre niña de cabello castaño claro y de ojos esmeralda le ofrecía una manta, mientras que él solo la observaba sin decir palabra.

—Creo que tienes algo de frío ¿verdad? Tómala, podrás entrar en calor más rápido.—

Finalmente el niño tomó la manta, agradeciéndole en un murmuró.

Respetables huéspedes, lamentamos mucho los inconvenientes que la tormenta pudo causarles, nos alegra reportar que esta finalmente terminó. Por desgracia, al ser tan tarde y al encontrarnos en días festivos, el equipo que despejará los caminos no podrá llegar sino hasta el día veinticinco en la mañana. Sabemos que muchos no planeaban celebrar con nosotros las fiestas, pero por favor, siéntanse bienvenidos en participar de la cena de navidad que ofreceremos. Sin más que agregar, les deseamos una buena noche.— Tras escuchar el anuncio por el altoparlante, varios de los huéspedes murmuraban sus quejas los unos con los otros, la tormenta no había podido llegar en peor momento.

—Oh, es una lástima… Tenía muchas ganas de aprender a esquíar. — En un tono un tanto audible, dijo la niña para si misma mientras dejaba ver un mohín de decepción en sus labios.

—Tampoco es para tanto, la nieve es muy molesta, además, el veinticinco de seguro reanudarán las actividades.— Con su vista de nuevo en la chimenea, el niño comentó, aún sabiendo que aquella niña no hablaba con él.—

Tras volver su vista al niño, parpadeo un par de veces analizando lo que le había dicho. —Puede que tengas razón… ¿La nieve te parece molesta, acaso no te gusta?—

Lentamente negó el castaño antes de continuar —No estoy acostumbrado al frío, me molesta mucho, estoy aquí porque mis hermanas convencieron a mis padres de venir.—

—¿Ah si?— Continuo la niña mientras tomaba asiento cerca de él —¿Y de donde eres? Si es que puedo saber.—

—De Hong Kong.— respondió a secas, notando como tomaba asiento más sin volver su vista.

—Ya veo, dicen que el clima allá es muy cálido. Yo soy de Tomoeda, esta a una hora de Tokio así que el frío es algo a lo que estoy acostumbrada.— Con una leve sonrisa mencionó aquello, recordando con cariño su ciudad natal. —Creo que no te había visto antes por el hotel.— Aunque la niña pertenecía a una humilde familia, cada año tenían el gusto de viajar a ese hotel, ya que el administrador y dueño del mismo era un viejo amigo de la familia, casi un hermano para su padre. Ella tenía una buena memoria y podía recordar los rostros de varias personas, estaba segura de que ese era el primer año que veía al niño de ojos ámbar en el hotel.

—Es la primera vez que vengo. — Respondió mientras acomodaba la manta sobre sus hombros. No deseaba tener compañía en ese momento, pero la niña parecía ser bastante amable y dulce, no tenía la intención de ser grosero, finalmente volvería su vista hacia ella y procuraría conversar por un rato. —¿También vienes con tu familia?—

—Si, con mi padre y mi hermano, venimos casi cada año, el administrador es amigo de mi padre y siempre nos invita.— La niña había perdido a su madre siendo muy pequeña, desde entonces, el amigo de su padre los invitaba al hotel, como una manera de levantarles el ánimo a la familia tras el trágico suceso.—Oye ¿Aún tienes frío? Podemos ir a tomar chocolate al restaurante si quieres. Es delicioso, y creo que nos caería muy bien. —

Por primera vez durante la conversación, el niño cambió el gesto serio en su rostro, sus cejas se alzaron ligeramente ante la mención de dicha bebida. —¿Estas segura? No quiero quitarte tu tiempo, puedo ir al restaurante yo solo.—

—¡Para nada! Después de entregar las frazadas iba hacia allá de todos modos.— De pronto se puso de pie, ofreciendo su mano al niño para así ayudarlo a levantarse. —Por cierto, soy Sakura Kinomoto.—

—Syaoran Li.— respondió mientras tomaba su mano para incorporarse, mientras que con la otra sostenía la frazada para que no se deslizará de sus hombros.

—Vamos, es por aquí.— Sin soltar la mano de Syaoran, se dispuso a caminar en dirección al restaurante, caminando un par de pasos antes de el para así guiarlo. Una vez en el lugar, una joven de cabello largo rojizo que se encontraba en la recepción, saludo animosamente a Sakura. —Espera un momento por favor, no me tardo.— Sin esperar respuesta, dejo ir la mano del niño para luego correr hacia la recepción. Intercambio un par de palabras con la joven del mostrador, quien tras dar un vistazo a Syaoran, asintió y se retiro adentrándose al restaurante. Rápidamente volvió con el niño, alzando su mano para indicarle que la siguiera. —Ven, hay una mesa vacía por aquí.—

Entre varias tazas de chocolate los niños conversaban, pese a su deseo de permanecer sin compañía, Syaoran se encontraba hablando con la niña muy a gusto. Ella le contaba de su vida en Tomoeda, la escuela y su pasión por los deportes. Por su parte, él hablaba de su vida en Hong Kong, sus clases privadas, sus hermanas y las artes marciales, aquellas que al principio había tomado por obligación pero que al final les habían terminado por gustarle. Sin darse cuenta, el tiempo pasó quedando prácticamente solos en el lugar y aunque ninguno estaba cansando, sabían que sus familiares les esperaban, ambos se despidieron con la promesa de que se verían al día siguiente.


Noche buena llegó. Ambos niños habían pasado el día juntos, pese a los malos gestos del hermano de Sakura, y a las maniobras de escape que Syaoran había tenido que tomar contra sus hermanas, disfrutaron de recorrer el hotel e incluso, jugar en la nieve aún cuando el niño había reiterado su disgusto por la misma.

Al llegar la noche, el hotel deslumbraba entre los detalles rojos y dorados de sus decoraciones, un gran árbol rodeado de luces blancas se alzaba en salón central resguardando en su copa los regalos que varias familias habían colocado en espera de la Navidad. El restaurante tampoco se quedaba atrás en cuanto a las decoraciones. Manteles dorados en las mesas y guirnaldas rojas sobres estas ayudaban a que la atmósfera navideña se impregnara en el lugar. Las mesas habían sido acomodadas a de manera circular, dejando en medio la gran mesa con el banquete de esa noche. Los huéspedes que habían decidido asistir a la cena vestían sus mejores galas para esa noche. Sakura y Syaoran habían acordado en verse frente al gran árbol luego de cenar con sus familiares y antes de que dieran las doce.

—¡Cuantos regalos!— Sakura veía con gran emoción la copa del árbol, sosteniendo la falda de su vestido, de mangas largas y rojo, congeniando a la perfección con los decorados del árbol.

—Oye, el joven que estaba junto a ti en la cena es tu hermano ¿verdad?— Observando los regalos al lado de la castaña, Syaoran comentaba de forma casual aunque con cierto interés. Tras un breve saludo entre ambos en la cena, el niño había notado como un joven de cabello oscuro le miraba fijamente de mala manera, y aunque el no entendía a qué se debía aquello, había resuelto en devolverle la mirada de la misma forma.

—Si, es mi hermano Touya. Es algo gruñón pero es buena persona.— Su atención había pasado de los regalos hacia los decorados de aquel árbol, sosteniendo entre sus dedos una esfera dorada con delicadeza para observar esta mejor. —Tus hermanas parecen ser amistosas y muy alegres, pude escucharlas reír hasta nuestra mesa.— Luego de saludar a Syaoran, noto a cuatro jóvenes muy parecidas, todas sonriendo y alzando sus manos hacia Sakura, a lo que ella respondió alzando su mano con una tímida sonrisa.

Un ligero rubor apareció en el rostro del niño al recordar como sus hermanas lo habían abordado con varias preguntas luego de ver a Sakura. Desvío su vista un momento recordando como enfatizaban el hecho de que para ser tan serio, pudiera conseguir una amiga tan rápido, y una muy bonita. —Son algo escandalosas, mi madre siempre les recuerda que deben comportarse pero, a veces simplemente no logra que la escuchen.—

Sakura no pudo evitar el reír imaginando lo difícil que sería el lograr la atención de las cuatro jóvenes. —¡Casi lo olvido!— espetó de pronto la castaña para luego correr alrededor del árbol buscando debajo de este algo en específico, mientras el niño tan solo le seguía con la vista. —¡Aquí! Toma.— regresando al frente del árbol, sostenía una pequeña caja azul con un moño gris entre sus manos. —No es mucho, pero espero que te guste.—

Syaoran se sorprendió ante el gesto, tan solo mirando la caja frente a él. —¡No, no, no tenías que molestarte en darme un regalo! Además, yo no tengo nada para ti…—

—Descuida, no es nada extravagante, es que lo vi y pensé que te gustaría. Anda, acéptalo.— Sakura sonrió dulcemente esperando a que tomará el regalo.

Finalmente, el castaño terminó por tomar la caja, devolviéndole la sonrisa a la niña. Realmente no esperaba aquel gesto y desde ya pensaba en que podía darle, aunque no tendría mucho tiempo para buscar algo ya que el veinticinco en la tarde, él y su familia se retirarían del hotel.

—Sakura… — Un hombre apareció en el inicio del corredor. De cabello azabache que contrastaba con su blanca tez y sus oscuros ojos azules, que aún estando tras unas gruesas gafas denotaban tranquilidad.

—¡Señor Clow, buenas noches! Déjeme presentarlo, el es Syaoran Li. Syaoran, el es Clow Reed, el administrador de este hotel.— Rápidamente volvió su vista al hombre, esbozando una gran sonrisa mientras hacía las presentaciones.

—Mucho gusto.— respondío el castaño mientras realizaba una reverencia ante el hombre quien a su vez le devolvió el gesto.

—El gusto también es mío. Sakura querida, tu padre y tu hermano están buscándote.—

—¡Ah, si! Les prometí estar con ellos para el postre, en seguida iré ¡Gracias señor Clow!—

—Voy a acompañarte. Fue un gusto conocerlo, su hotel es muy hermoso.—

—No hay de que Sakura, y si vez a Nakuru, dile que enseguida llego. Gracias joven Li, espero poder verte pronto por aquí.—

Sin moverse de su sitio, Clow observo a ambos niños irse a prisa por el pasillo hacia el restaurante. Muchas veces había presenciado situaciones similares en el hotel, pero la de aquella noche sin duda era especial. Sabía que el destino estaba ya armando su jugada, y si él podía intervenir, estaba seguro de que lo haría.

¡Hola! Se que este capitulo no dice mucho acerca de lo que será la historia y quiero aclarar que los primeros capítulos serán parecidos quiero establecer ciertos puntos antes de dar paso a la trama principal.

Dicho esto ¡Gracias por leerme! Espero les guste mi historia. Estoy algo nerviosa por este proyecto, aunque no es la primera vez que escribo, es la primera vez que publico un fanfic, así que espero les guste.

¡Cualquier pregunta o sugerencia no duden en dejarla en los reviews!