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DoCo*

-Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi y a Pony Canyon-

- Escrito sin ánimo de lucro-


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Epílogo

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Mei Wang observó a aquellos dos turistas japoneses de reojo una vez más. Pensó que era raro que algún extranjero fuera a su aldea, pues era un lugar escondido, sin mucho en particular y ciertamente sin mucho que ofrecer a unos turistas. Por la manera en que se tocaban y se miraban, tal vez fueran una pareja de recién casados en su luna de miel que equivocaron el camino. Después de este pensamiento se olvidó de ellos momentáneamente para concentrarse en preparar aquellos tallarines que estaba cocinando. Ella no hablaba ni una sola palabra de japonés y el turista parecía saber lo más básico para comunicarse, por lo que tras un par de malentendidos habían logrado a darse a entender y por fin pudieron ordenar algo para comer.

Ojala su marido, Jian Wang, estuviera allí. Él sabía hablar japonés medianamente bien, y aunque algunas palabras parecía que se le olvidaban, era bastante hábil, más que la media del lugar. Lo cual era bueno cuando tenían que ir por provisiones para su pequeño restaurante a la ciudad y tratar con comerciantes japoneses.

Mei Wang se acercó a la mesa y colocó los platos enfrente de ellos. Los observó curiosa una vez más. Parecían nerviosos. El hombre no despegaba la vista de ella y ella no hacía más que tomarlo de la mano, sonreírle amorosamente y acariciarlo en la cara. Cuchicheaban entre ellos, y hablaban tan rápido que Mei Wang no pudo distinguir ni una sola frase para después decírsela a su marido.

La mujer japonesa entonces la observó discretamente pero Mei Wang se dio cuenta que le había mirado el vientre de embarazo de seis meses. Aunque Mei era delgada, ya se le notaba bastante. Mei Wang a su vez también la observó. Era una chica bastante bonita, muy hermosa a decir verdad, su pelo era corto y tan negro que brillaba azul a la luz del sol, tal vez tenía su misma edad. En el dedo anular de la mano izquierda llevaba una sortija de matrimonio, se fijó entonces en él y una sortija a juego brillaba en la misma mano y dedo. Así que estaban casados.

En ese momento escuchó el característico sonido de la vieja motocicleta que su marido usaba para repartir los pedidos. Instantes después una niña de tres años con un viejo casco un poco grande para su cabeza, entró corriendo y se abrazó a las piernas de su madre. Los turistas la observaron.

—Akane —dijo el hombre japonés cuando el esposo de Mei, Jian, entró al local. Él estaba frente a la puerta de entrada, Mei Wang levantó la mirada, curiosa, la niña también volteó, lo observó tensarse en su asiento y apretar fuertemente las manos de su mujer, pero ella solo lo veía a él.

Jian, se acercó a Mei y la besó; como era su costumbre acarició el redondo vientre de su mujer con emoción. Los turistas se miraban entre sí tomados de la mano, aunque las posturas de ambos eran algo rígidas. Jian Wang reparó en ellos y se acercó a su mesa y los saludo con una leve inclinación. Los japoneses lo miraron con turbación, algo pálidos, según le pareció a Mei, pero Jian no pareció darle importancia, les dedicó una de las suaves y amables sonrisas que su marido tenía y dijo a Mei que iría a buscar algo a la trastienda y se metió sin más.

El hombre japonés tomó con fuerza la mano de la chica y la miró intensamente, su mirada parecía querer decirle mil y un cosas. Ella negó con la cabeza, tomó sus manos y las besó, y después volvió a acariciar su mejilla sin apartar la mirada de los ojos azules del hombre y le sonrió. El hombre se inclinó hacia ella y la besó con tal pasión que Mei tuvo que mirar a otro lado, repentinamente abochornada. Entonces la pareja se levantó y pagó por el servicio. Alarmada Mei Wang se preguntó si había hecho algo incorrecto pues la comida ni siquiera la habían tocado. Trató de ir por su marido para poder comunicarse con ellos, y pedirles disculpas por lo que sea que hubiera pasado, pero cuando regresó arrastrando a Jian ellos ya se alejaban tomados de la mano, absortos el uno en el otro. No voltearon ni una vez.

Mei contó a su marido todo lo que había visto. Jian Wang se rascó la cabeza y después rió, besó a su mujer en la frente, diciéndole que el embarazo la hacía imaginarse cosas.

Mei negó con la cabeza.

—Creo que ella se llamaba Akane —dijo pensativa.

— ¿Si? —dijo Jian inclinándose frente a la motocicleta con una caja de herramientas en la mano, con toda su atención puesta en el motor.

—Es curioso ¿no? Que el nombre "Akane" sea lo único que recuerdes de tu vida pasada.

—Curioso de verdad —dijo Jian —. Pero me parece que es un nombre bastante común Mei.

Mei miró por donde habían desaparecido la pareja de esposos. Se mordió el labio; tenía la sensación de que algo sumamente importante acababa de pasar.

Observó a su marido trabajar en el motor de la motocicleta. Ella y su familia lo habían encontrado famélico, casi muerto, totalmente ignorante de su propia vida y de su pasado. Después se enamoró de él y desde entonces estaba segura que algún día alguien llegaría y les diría que en realidad Jian era otra persona y que tenía madre, padre, hermanos o incluso una esposa esperándolo.

Hacia casi tres años, estaba segura que todo acabaría, pues un hombre, después se enteró que era un detective privado japonés, había estado buscando a alguien con las señas de Jian. Mei esperó que en cualquier momento el desconocido entrara por su puerta y le dijera a Jian que él no pertenecía a ese lugar, pero nunca pasó nada.

Miró de nuevo el semblante tranquilo de su esposo e hizo esfuerzo por recordar la mirada de la mujer japonesa al ver a Jian. Lo había visto con una mezcla de sorpresa y algo que le pareció a alivio, pero nada más. No hizo intento de hablarle. Pero no podía dejar de pensar, era demasiada coincidencia que esa chica se llamara Akane y precisamente ese nombre era lo único que Jian recordaba. ¿Podría ser que ella…?

Mei sacudió la cabeza, alejando aquellos pensamientos. Ella sabía lo que era el amor, y lo había visto en aquella curiosa pareja, parecían no tener ojos para nadie más que el uno al otro. Recordó la intensa mirada y el apasionado beso que él le había dado a aquella chica y la manera en que ella le había respondido y el modo que lo acariciaba, como si no pudiera dejar de tocarlo.

Jian nunca la había besado así. Se preguntó que se sentiría amar con esa intensidad.

—Creo que tienes razón, imaginé cosas; aunque es una lástima que ese fideo se desperdicie —suspiró pensando que haría bien en dejar de pensar en el tema, después miró a su hija y le tendió la mano—vamos Akane, acompaña a mamá a cocinar.

La pequeña niña de tres años dejó de revolotear alrededor de su padre y tomó la mano que su madre le daba y dando saltitos ambas se metieron al pequeño restaurante.

Jian Wang continuó trabajando en su motocicleta solo por unos instantes más. Después puso la llave en el suelo y con lentitud volteó la cabeza hacia donde la pareja había desaparecido y observó largo rato el camino, sumido en sus pensamientos.

El hombre que antes se llamaba Shinnosuke subió la vista hacia las nubes rojas del cielo; luego tomó su herramienta, la guardó y entró a su hogar.


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Fin

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Jiànwàng, según el traductor de google, así se pronuncia el carácter chino para Olvido.

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Y con esto me despido. Espero que hayan disfrutado leyendo este fic como yo disfruté escribiéndolo. Quiero agradecerles a todos su increíble apoyo, pues cuando lo comencé a escribir, nunca me imaginé que podría gustar tanto, no saben lo feliz que me hicieron. ¡Gracias, gracias, gracias!

Espero regresar con otra nueva historia a finales de año o principios del siguiente, mientras tanto si quieren saber un poco más de mí me pueden encontrar en instagram: aideeeortega.

Eso es todo, así que citando a Ranma y Akane:

¡HASTA PRONTO!