¡Nueva historia! Esta vez vengo con algo distinto; pronto veréis por qué.
Disclaimer: Todo lo reconocible pertenece a J.K. Rowling, Jane Austen y los creadores de The Lizzie Bennet Diaries, el resto es mío.
~N/A
Aclaraciones:
1. Esta historia es una adaptación de The Lizzie Bennet Diaries, que a su vez es una adaptación moderna de la obra Orgullo y prejuicio. Podéis encontrarla en Youtube; son 100 capítulos de entr minutos de duración. A pesar de eso, mi fic no seguirá al pie de la letra la línea del vídeo-blog. Un ejemplo es que en TLBD solo hay tres hermanas Bennet, pero yo he decidido mantener a las cinco de la historia original.
2. Este fic será un AU moderno sin magia. Repito: ESTO ES UN AU. Si no os gustan las historias sin magia, absteneos de leer esto. Luego no me digáis en los reviews que no he avisado ;)
3. He modificado muchas cosas. Muchas. Veréis que me he inventado personajes, he cambiado las nacionalidades… En el momento de empezar el fic, estos son los personajes principales y sus edades: Ron, Luna, Draco y Harry (25); Ginny y Theo (24); Hermione y Pansy (23); Padma y Parvati (22); Lavender (20); y Lyra (17).
4. Algunos personajes presentan ooC (out of Character): esto significa que no siguen la personalidad a la que normalmente estamos acostumbradas. Ya lo veréis cuando aparezcan Harry y Ron. Quedáis doblemente avisadas.
5. Respecto a las notas de autora, voy a abandonar mi cursiva habitual, porque en el fic ya la utilizo bastante, y no quiero que eso cause confusión.
6. Tengo 13 capítulos escritos, así que a no ser que esté ocupada de muerte, habrá actualización cada sábado sin falta.
Quiero dar las gracias a tres personas: a Gizz Malfoy Granger, LadyChocolateLover y dianetonks por el entusiasmo que mostraron cuando les hablé de esta idea y todo el apoyo que me han dado (os lo dedico, chicas), y a sophie mene por explicarme cómo funciona eso del Periodismo.
¿Queda alguien ahí? ¿Sí? Bueno, pues acompañadme a leer. N/A~
DIARIO DE UN ROMANCE ACCIDENTADO
I. Introducción a una vida
Queridos amigos:
«No, por Dios. Pero qué cutre».
Hermione borró las dos palabras que llevaba de la primera entrada del blog y se quedó mirando la página en blanco. Quién le mandaría apuntarse a una asignatura optativa que además tenía que empezar en verano. Ella y su manía de «Cuanto más hagas, mejor».
Se masajeó la sien con dos dedos. ¿Dónde había quedado su creatividad? Hasta el nombre del blog era cutre: Diario de una vida ordinaria.
Inspiró hondo y volvió a empezar.
A quien pueda interesar:
Mi nombre es Hermione Jean Granger, tengo veintitrés años y soy de Los Ángeles, California. Lo que estáis a punto de presenciar (más bien leer) es el aburrido relato de mi vida.
Nací en el seno de una familia normal, aunque no sé si mis padres podrían considerarse «normales». Prueba de ello son los nombres de mis hermanas y el mío. Seguro que no habéis oído el hombre de «Hermione» muchas veces. Tranquilos, no os culpo.
Cuando mi hermana mayor, Luna, nació, mis padres se encontraban en ese momento de su vida en que lo único que querían hacer era tocar la guitarra y contemplar el firmamento (y fumar marihuana, para qué mentir), así que, en una de esas noches de contemplación mística, decidieron que mi hermana se llamaría como el satélite que los vigilaba desde las alturas. Y se ve que a la luna le gustó la idea, porque mi hermana tiene el pelo de un rubio blanquecino y los ojos azules como esas estrellas pequeñas que titilan a billones de años luz. Además, como sé casi con seguridad que ninguna de mis otras hermanas leerá esto (y me dijeron que si no era sincera, el blog perdía toda la gracia), tengo que confesar que es mi hermana favorita y mi segunda mejor amiga. Digo segunda porque sé que si no proclamo a los cuatro vientos que Ginevra Weasley es mi mejor amiga, no habrá ciudad suficiente para esconderme de su ira.
Pero volvamos a mi familia.
Yo nací en una época en que mis padres (sobre todo mi madre) habían abandonado la vida psicodélica y aspiraban a un mundo mucho más intelectual, por lo que mi padre, en un arranque filosófico, decidió que me llamarían como a un personaje de El cuento de invierno, de Shakespeare. Seguro que de la reina Hermione de Sicilia no se burlaban en la escuela por tan horrible nombre.
Yo soy la segunda, pero detrás de mí todavía quedan tres más. Las gemelas nacieron un año y tres meses después de mí. Padma y Parvati. Mi madre eligió esos nombres porque, según ella, las habían concebido en el viaje que hicieron a la India poco después de nacer yo (a Luna y a mí nos dejaron con los abuelos, viva la responsabilidad), así que algo querría decir eso. Ambas tienen el pelo oscuro y lacio, y los mismos ojos marrones que yo; si no fuera por Lavender, pensaría que Luna es adoptada. Pero volviendo a las gemelas, tengo que decir que su parecido se limita al físico, porque Padma siempre ha sido la estudiosa de la familia (más que yo, y eso ya es decir) y Parvati se desvive por salir de fiesta siempre que puede.
¿Y quién es su compañera de salidas nocturnas? Nuestra hermana pequeña, Lavender, que tiene veinte años, pero aprendió a maquillarse antes que yo. Heredó el nombre de un catálogo de plantas, porque mi madre ya se había quedado sin inspiración y argumentaba que en esa época era de gente fina poner a sus hijas nombres de flores. Al menos comparte la apariencia delicada con la flor, con su cabello rubio y rizado y esos ojos azules (es una mezcla un tanto curiosa de Luna y de mí), porque su carácter es más punzante que un cactus. Creo que lo que más le gusta en el mundo es mirarse al espejo y estar al tanto de la vida de los demás.
―¡Hermione! ―La voz estridente de su madre la sobresaltó―. ¡Llegaremos tarde!
Hermione bufó y se apartó un rizo de la cara. No entendía por qué la prima rica de una prima de su madre los había invitado a la boda de su hija, y mucho menos entendía por qué debía acudir toda la familia. Si por ella fuera, se quedaría en casa, «realizando actividades de persona aburrida», como llamaba Lavender a sus hobbies.
Pero no. Su madre prácticamente la había obligado a enfundarse en un vestido rojo de gala y recogerse el pelo en un moño. Hasta había tenido que aguantar estoicamente que Lav la maquillara (aunque luego se había quitado la mitad).
Estúpidas bodas.
Un suave repiqueteo la sacó de sus cavilaciones. Luna, preciosa como siempre con un vestido azul cielo, le sonrió desde la puerta.
―Será mejor que bajemos si no quieres que mamá suba a gritarte.
Hermione se encogió de hombros.
―Va a gritarme de todas formas. Al menos si viene aquí hará ejercicio subiendo las escaleras.
Luna rio suavemente. Tenía una voz melodiosa hasta riéndose. Entonces, sus ojos azules se posaron en la pantalla del ordenador de Hermione.
―¿Qué haces? ¿Ya has empezado con el blog? ―preguntó con curiosidad. Luna era la única que sabía de su nuevo proyecto.
A Hermione le daba una vergüenza inmensa que alguien conocido leyera sus escritos, pero ese era el objetivo del taller de Escritura Creativa: perder el miedo a las opiniones ajenas. Al fin y al cabo, nunca sería una buena periodista si no aprendía a valorar lo que escribía.
Se giró hacia el ordenador y tecleó con rapidez la despedida antes de publicar.
Me voy ya. Al parecer las bodas no se celebran si no hay invitados. Por desgracia.
H.G., 15 de julio.
―Solo un esbozo de lo que quiero decir ―respondió con vaguedad. Cogió su bolso y echó un último vistazo a su reflejo en el espejo. Aceptable, declaró.
Luna entrelazó un brazo con el suyo mientras bajaban por las escaleras. Le hizo un favor a Hermione, pues no estaba acostumbrada a llevar tacones. Cuando llegaron abajo, su madre ya las esperaba con los brazos cruzados y dando golpecitos con un pie en el suelo. Hacía eso siempre que estaba impaciente.
La señora Granger miró primero a su hija mayor, y sus ojos se iluminaron con orgullo.
―Preciosa como siempre, Luna, querida ―dijo, pellizcándole los mofletes para darle un poco más de color. Luna lo aguantó con una sonrisa. Cuando su madre miró a Hermione, no parecía tan contenta. Inspeccionó su pelo con un mohín decepcionado―. Podrías haberte peinado al menos, Hermione.
Parvati y Lavender soltaron una risita ante el comentario. Aquellas dos siempre estaban riendo. Parecía como si la vida en general les pareciera graciosa.
―Me he peinado, mamá. No es culpa mía que mi pelo no haga lo que tú quieres ―replicó, molesta.
Era cierto: Hermione tenía el pelo rizado, pero no eran unos rizos bien definidos como los de Lavender; más bien parecía que un pájaro hubiera decidido construir un nido en su cabeza.
―Vámonos ya, chicas. ―El señor Granger, un hombre mucho más callado y menos propenso a los histrionismos que su mujer, esperaba con la puerta de casa abierta―. Cuanto antes lleguemos, antes nos iremos ―suspiró.
Hermione sonrió y le dio un beso a su padre en la mejilla. Ambos sentían un favoritismo hacia el otro que Margaret Granger no entendía, aunque era bastante comprensible: tanto el padre como la hija preferían el silencio al parloteo sin sentido, tenían un sarcasmo difícil de pillar para los demás y disfrutaban de la soledad. «Más vale libro en mano que esposa revoloteando», solía decirle su padre cuando estaban solos. Cosecha propia.
La boda se celebraba en un restaurante con jardín de las afueras, en la parte rica de la ciudad. La madre de Hermione estuvo cinco minutos quejándose de qué pensarían sus amigos sobre sus coches viejos, que tendrían que haber alquilado una limusina para ir.
―Madre, no somos Paris Hilton ―señaló Hermione, que empezaba a perder la paciencia―. No podemos permitirnos alquilar una limusina solo para aparentar frente a una gente a la que ni conocemos.
―Pues a mí me hubiera gustado llegar en limusina. Da mucho caché. ―Lavender le sacó la lengua y arrastró a Parvati al interior. Al primero que saludaron fue al camarero que llevaba copas de champagne en una bandeja.
―¡Margaret! ―Anne Johansson, la pariente que su madre tenía en común con la madre de la novia, se acercó a la familia con una sonrisa demasiado blanca para ser natural―. ¿No es un día precioso para casarse? ―exclamó.
―Sí, qué treinta y cinco grados más agradables, ¿verdad? Si algún día me caso, también lo haré en pleno julio ―murmuró Hermione por lo bajo.
Luna le dio un codazo para que mantuviera la boca cerrada y sonriera, pero ella solo logró esbozar una sonrisa condescendiente.
En el jardín habían dispuesto sillas blancas de madera para los invitados, y había un altar adornado con flores rosas y blancas.
―¡Molly! ―exclamó Margaret.
―Por fin ―musitó su esposo, observando cómo la mujer se iba a charlar («cotillear» era la palabra exacta) con su mejor amiga.
―Espero que no tarde mucho en empezar ―dijo Padma, abanicándose con la mano.
Hermione miró a su alrededor. Eran los únicos que parecían tener calor; los demás invitados charlaban y reían como si no estuvieran bajo un sol abrasador. Era evidente que estaban rodeados por gente de una clase mejor posicionada que la suya, pero Margaret había aceptado la invitación encantada: no todos los días se presentaba ante sus narices la oportunidad de que sus hijas conocieran a tantos jóvenes solteros y deseables de la ciudad.
Miró a Luna, que comentaba con su padre la decoración de flores, y agradeció que su hermana mayor estuviera allí, porque de otro modo se hubiera vuelto loca. Echaba de menos a Ginny, pero su amiga estaba en la cama con lumbalgia y le había resultado imposible asistir. Decidió mandarle un mensaje.
No sabes lo que te estás perdiendo. Sí, es ironía.
―¡Hermione Jean Granger! ―exclamó su madre. Hermione se guardó el teléfono con rapidez, pero Margaret ya la había visto―. ¿Por qué no intentas socializar un poco en vez de estar todo el día pegada a ese estúpido aparato? ―le recriminó.
Hermione suspiró.
―Sí, madre.
Margaret pasó de estar enfadada a sonreír en una milésima de segundo. Su hija conocía ese gesto: lo usaba siempre que tenía algún cotilleo jugoso que contar.
―Venid aquí, niñas ―ordenó. Sus cinco hijas se acercaron a ella―. ¿Veis a aquellos jóvenes de allá? ―Antes de que su madre pudiera evitarlo, las cinco chicas se giraron al unísono y observaron a dos hombres de unos veintitantos acompañados por una chica de la edad de Hermione aproximadamente―. ¡Pero disimulad! ―exclamó la mujer, como si seis mujeres con las cabezas muy juntas no fueran motivo de sospecha ya de por sí―. ¿Sabéis quiénes son? ―Todas negaron con la cabeza―. Yo tampoco, pero Molly me ha contado que son muy ricos ―explicó ―. Al parecer el del pelo castaño va a la misma universidad que la novia.
Hermione volvió a girarse. El joven del que hablaba su madre era un hombre alto, con el pelo corto y los ojos ―si su vista no le fallaba― verdes. Sonreía mientras hablaba, y gesticulaba mucho. La muchacha tenía el pelo negro y expresión de estar chupando un limón. El tercer hombre estaba de espaldas a ella, pero era alto, más que su amigo, y tenía el pelo anormalmente rubio y estirado hacia atrás con gomina. Estaba muy recto, con una mano en un bolsillo y la otra apretada en un puño al lado del cuerpo. No parecía cómodo. «Ya somos dos», pensó Hermione.
Al menos ahora ya sabía a quién debía evitar. Solo era necesario que su madre mencionara el nombre de algún hombre para que ella perdiera cualquier interés que hubiera podido tener en él.
La ceremonia trascurrió tan «especial» y «única» como podía serlo cualquier boda. Unos votos de fidelidad y amor eterno azucarados, algunas lágrimas de cocodrilo y todos se trasladaron al salón de banquetes a comer como si no hubiera mañana.
Las hijas Granger se sentaron en una mesa con jóvenes de su edad. Desgraciadamente para algunas ―y afortunadamente para Hermione―, los objetivos de su madre estaban situados en el lado opuesto, por lo que era imposible cualquier comunicación.
Hermione se inclinó hacia Luna.
―¿Qué opinas de nuestro apuesto desconocido? ―le preguntó con sorna.
Luna lo miró durante un instante, con tan «mala» suerte que los ojos de él ya estaban clavados en ella. El chico sonrió, consiguiendo que Luna se sonrojara. Hermione rio; su hermana era demasiado pura para este mundo.
―Se llama Theodore Nott ―intervino Lavender, quien miró al supuesto Theodore y le sonrió descaradamente―. Y he oído que sus padres son muy ricos ―enfatizó las últimas palabras con un levantamiento de cejas.
Hermione meneó la cabeza; no había chisme en ese mundo o el siguiente que su hermanita no fuera capaz de descubrir. Pero ya que estaban puestas en el tema…
―¿Y los otros dos? ―inquirió.
Lavender esbozó una sonrisa de suficiencia.
―Pansy Parkinson. Al parecer, ella y el señor Nott son hermanastros.
―Y ese dios griego ―suspiró Parvati, interviniendo en la conversación. Solo le faltaba que se le pusieran los ojos en forma de corazón― es Draco Malfoy. Y es todavía más rico que su amigo.
Ella y Lav miraron al rubio y suspiraron a la vez. Hermione estaba a punto de vomitar allí mismo.
Volvió a mirar a Draco Malfoy. La verdad era que sus hermanas no suspiraban sin motivo. Ahora que lo tenía de frente, podía apreciar que era todo lo que cualquier adolescente (y no tan adolescente) buscaba en el físico de un hombre: tenía unos hombros cuadrados, una mandíbula y pómulos definidos y unos ojos grises de ensueño, todo adornado con una elegancia impecable al vestir.
La única pega que podía ponerle era que no parecía ni la mitad de simpático que su amigo. Mientras este sonreía y mantenía conversación con todos, él se limitaba a observar lo que había a su alrededor con una ligera expresión de… ¿desdén? Parecía el juez de uno de esos programas de moda de la tele, y no tenía pinta de que fuera a aprobar a nadie.
Hermione se recriminó a sí misma el ser así: tenía la mala costumbre de juzgar a todo el mundo antes de conocerlos. Intentaba quitarse la manía, pero le era imposible; además, normalmente acertaba con las personalidades.
Cuando terminaron de comer, la banda tocó el vals nupcial. Los novios se movieron por la pista con la gracilidad que otorgaban diez clases de baile, y cuando terminaron, empezó a sonar música más actual. Fueron formándose grupos de amigos y conocidos.
―Oh, dios mío, niñas. Comportaos con normalidad. ―La señora Granger empezaba a hiperventilar.
―¿Qué pasa, mamá? ―preguntó Hermione, preocupada.
Margaret abrió mucho los ojos y señaló con la cabeza algo detrás de su hija. Cuando Hermione se dio la vuelta, vio ni más ni menos que al hombre de los sueños de su madre para sus hijas acercándose a ellas. Iba acompañado por su hermanastra y su amigo, que lo seguía unos pasos por atrás con cierta reticencia.
―Qué boda más alegre, ¿no creen? ―dijo el joven con una sonrisa. Hermione tenía que concederle las dotes para introducirse a los demás.
―Mucho ―coincidió la señora Granger. Alargó la mano―. Margaret Granger, un placer. ―Y su placer fue mayor cuando el muchacho le dio un beso en el dorso―. Estas son mis hijas: Luna, Lavender, Parvati, Hermione y Padma ―las presentó. Luna, Parvati y Lavender le dedicaron una sonrisa brillante (demasiado zalamera la de las dos últimas, en opinión de Hermione), ella le sonrió brevemente y Padma se limitó a enarcar una ceja.
―Theodore Nott ―se presentó él.
―¡Oh, lo sabemos! ―exclamó Parvati antes de que su madre pudiera darle un codazo en las costillas.
―Perdona a mi hija, querido ―se disculpó la señora Granger después de fulminar con la mirada a la gemela―. Pero los desconocidos siempre suscitan curiosidad, y ya sabes cómo es la gente… ―suspiró, como si ella no fuera la primera que hubiera chismorreado sobre él.
Theodore le restó importancia con un movimiento de mano.
―Esta es mi hermana, Pansy. ―La joven les dedicó una sonrisa ligeramente tirante―. Y este tipo con cara de malhumorado es mi amigo, Draco.
El hombre, lejos de sonreír, se quedó mirándolas con expresión indescifrable.
―Un placer ―repitió la señora Granger―. Bueno, será mejor que deje a los jóvenes hablar y vaya a buscar qué hace vuestro padre. ―Su madre era una artista en inventar excusas―. Niñas ―dijo a las más pequeñas―, ¿por qué no vais a… ―vale, quizás no tanto― …retocaros el maquillaje? ―sugirió finalmente.
Lav y Parv intercambiaron una mirada resignada y dejaron a sus hermanas mayores a solas con los recién conocidos. Padma siguió a su madre; no le interesaba hacer nuevas amistades. Así, se quedaron Luna y Hermione solas con ellos.
―Y… ¿de qué conocéis a la novia? ―preguntó Hermione. Lo mínimo que podía hacer era disimular que ya supieran hasta qué pie calzaba.
―Darla y yo fuimos a la misma universidad, en San Francisco. De hecho, yo sigo yendo ―explicó el joven, con una ligera sonrisa avergonzada.
―Tus profesores no opinarían como tú ―agregó su hermanastra con una mirada de desaprobación.
―Mi querida hermana no ve con buenos ojos que me haya tomado un año sabático ―dijo el joven con desenfado.
―He oído que la universidad de San Francisco tiene una excelente biblioteca ―señaló Hermione. Si iban a entablar una conversación banal, al menos hacerlo sobre un tema interesante.
Theodore parpadeó.
―Me temo que no me gusta mucho leer ―confesó―. Prefiero bailar. Y hablando de eso… ―Había empezado a sonar una canción lenta―. ¿Te animas? ―preguntó a Luna con una mano extendida.
Hermione reprimió una sonrisa al ver cómo su hermana se sonrojaba antes de aceptar.
Se quedó sola con la hermanastra estirada y el amigo huraño. Hubo un silencio incómodo durante unos instantes antes de que Draco Malfoy le hablara por primera vez:
―Sí que tiene una gran biblioteca, pero te equivocas: no es nada remarcable.
Y acto seguido se marchó a otra parte del salón. Hermione se quedó mirándolo, boquiabierta.
―Perdónalo ―se disculpó Pansy―. No le gustan mucho las fiestas. Ni la gente, me temo ―añadió. Y salió en busca de su amigo.
―Ni la buena educación, por lo que veo ―añadió Hermione cuando se hubo quedado sola.
En ese momento su móvil vibró.
Perdona por no contestarte antes, me había quedado frita. ¿Cómo va todo?
Hermione suspiró.
Mañana te cuento.
~N/A: Primer capítulo. Sé que es algo completamente nuevo y que a mucha gente no le gustan los fics sin magia, pero espero que al menos hayáis llegado hasta aquí, aunque luego no lo sigáis porque no os guste. Aun así, muchas gracias por darle una oportunidad a DRA.
Siempre me he quedado con el gusanillo de escribir un dramione basado en Orgullo y prejuicio, pero como se han hecho mil versiones y Gizz tiene un fic increíble que dudo mucho que pudiera siquiera imitar, decidí que el mundo necesitaba leer algo basado en TLBD (ok, eso soy yo dándome aires, no me hagáis caso jaja). Los capítulos serán de poco más de 3k cada uno, y seguirán la trama general de la serie, pero como he dicho, cambiaré y añadiré varias cosas.
Ahora contadme vuestras impresiones: ¿qué os han parecido las hermanas Granger? ¿No es Theo encantador? Yo también hubiera caído rendida a sus pies. Y Draco, ay, Draco... Sabemos que su arrogancia le pasará factura. N/A~
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MrsDarfoy