Gravity Falls es propiedad de Alex Hirsch.
Esta es sólo mi concepción de un futuro cercano, esperó que les guste.
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Preludio
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Stan se recargó en el capot de su viejo auto, cogió una botella de cerveza que se encontraba en este y se la llevó a los labios. Suspiró y sonrió débilmente observando los alrededores, admiró en silencio y con cierto orgullo como Jesús guiaba a un aquelarre de turistas que descendía muy emocionados de un viejo y destartalado autobús.
Nuevos clientes.
Sí.
Probablemente el único lugar dentro de Oregón o incluso dentro de Estados Unidos, que podía jactarse de lucrar con cosas paranormales y presumir de que estas mismas fuesen verdaderas, era sin duda la Cabaña del Misterio, en el oriundo y remoto poblado de Gravity Falls.
Si bien el funcionamiento de dicho establecimiento había sido otra de las estafas de Stanley Pines, ésta había resultado ser más bien una verdad a medias, la excusa perfecta que le había permitido trabajar en el portal y lograr de esta manera el regresar a su mellizo de su exilio dimensional.
Si, a lo largo de tres décadas ese sitio le había provisto de un montón de cosas, tanto buenas como malas.
Pero una vez hubo cumplido su propósito, administrar la tienda ya no era tan llamativo, por ello es que había dejado todo ese asunto en manos de Soos, ese chico rechoncho que le había estado siguiendo desde pequeño y que aunque jamás lo fuese a admitir en voz alta, podría decirse que hasta cierto punto lo consideraba como el hijo que nunca tuvo.
Y vaya que ese chaval lo estaba llevando de maravilla, realmente estaba siguiendo bien sus pasos, en cuanto al asunto del show del Sr. Misterio.
Dio otro sorbo y dibujó una sonrisa un tanto más amplia en sus labios, a pesar de que las rarezas de ese pueblo siguieran como tal, desde que recuperó a su hermano y derrotaron a ese cara de triangulo, todo se había vuelto sumamente tranquilo, salvo por ese pequeño incidente con su sobrino-nieto en el bosque hace unos días y a pesar que tanto este último, como su gemelo trataban de averiguar si algo más ocurría detrás de este ataque, él creía que solamente se trataba de algo aislado y que no había un trasfondo más oscuro.
O eso es en lo que quería creer, ya que no estaba en edad de pensar en locas conspiraciones y mucho menos enfrentarlas, por tanto trataría de seguir creyendo firmemente en esa paz con todas sus fuerzas.
Así que se dijo así mismo que ya no debería de pensar más en esas cosas.
No había caso.
Observó entonces a otro grupo de turistas llegar en un jeep y entre ellos distinguió a alguien que le llamó la atención, principalmente por poseer una melena rubia y ojos azules, sumado al hecho de que de ninguna manera se trataba de un foráneo.
— ¿La chica Northwest? — Profirió alzando una de sus grisáceas cejas, al ver a la hija de los herederos de los supuestos fundadores del pueblo descender del vehículo— Vaya, así que pasar un rato sin dinero, les enseñó a esos riquillos a no ser tan rimbombantes...— rememoró como solía vestir aquella chiquilla, incluso en su caminar se notaba que ya no creía que el pueblo le pertenecía.
Después de todo, hace un par de años a ella y su familia les había tocado vivir como cualquier persona normal, sin lujos y luchando por ganarse el pan de cada día.
Lo que hubiese pagado para ver ese momento, pero estaba de viaje con Ford cuando aquello ocurrió.
—Muchas gracias Señor — dijo la muchacha acercándose al conductor, este era un hombre rechoncho de casi un metro ochenta, quien vestía un viejo overol y un sombrero de paja.
—Que va, Señorita, las chicas lindas como usted no deberían de caminar tanto, además nos ayudó a llegar a la famosa Cabaña del misterio, mi Ma y toda la familia se lo agradece — exclamó el hombre con tono sureño y el resto de los tripulantes asintieron contestando un gracias en general antes de ingresar a la tienda.
Fue entonces que la de mirada azulina cayó en cuenta de la presencia de Stan y le saludó con un gesto de manos, el cual le fue correspondido.
—Qué extraño...— murmuró el ex-estafador encogiéndose de hombros y volviendo a disfrutar de su bebida.
—Este lugar sigue igual — atinó a decir Pacifica mientras se abría paso entre las personas y admiraba la decoración extraña y los anaqueles con las baratijas, realmente el sitio estaba bastante lleno. Vio entonces como alguien hacía un alboroto frente a una estatua de cera o lo que sea que aquello fuera, no sabía a ciencia cierta si ese era el material de dicha escultura y visualizó a ese hombre de mediana edad con un traje oscuro y un parche en el ojo, meciendo un bastón de un lado a otro e inmediatamente supo que se trataba de Jesús Ramírez, o Soos como solían llamarle los habitantes del poblado.
Sonrió, recordando la única vez que había visto ese show, llevado a cabo en aquel entonces por el antecesor del latino, el cual había presenciado cuando era una niña pequeña y que por capricho había obligado a uno de los sirvientes de la mansión a llevarla.
Un poco distinto pero en esencia la misma farsa.
Caminó otro par de pasos y se topó con una castaña de ojos ocre y un suéter tejido a mano, quien acomodaba un montón de camisetas en un perchero.
—Oh mi Dios, ¿Pacifica? — exclamó Mabel acercándose a ella de inmediato sonriendo enormemente.
Le dio un amistoso abrazo.
—Uh-Oh Hey ¿Qué tal todo? — de repente la Northwest se sintió un tanto cohibida, si bien ellas habían hecho las paces en algún punto del pasado y ahora podían decir abiertamente que eran buenas amigas, aun le resultaba un tanto difícil ese tipo de gestos.
—Bien, bien chica, mi hermano me conto que te había visto en el pueblo y dijo que estabas bastante cambiada y que te veías muy bien y realmente no se equivocó, este nuevo look te queda estupendo— le alagó señalando las ropas que llevaba, una sencilla camiseta de mezclilla clara con vaqueros oscuros y zapatillas azules, por su parte la blonda se sonrojó débilmente ante la mención del comentario que el mellizo de la pelicafé había hecho y por el mismísimo cumplido de esta.
—Gracias, tú tambien te ves muy bien, sin los frenillos y con ese nuevo corte de cabello— se rascó la nuca y la representante de la estrella fugaz hizo una reverencia.
—Bueno, pero ven acá... — Mabel la cogió por los hombros y la remolcó hacia el pasillo— Tenemos mucho de qué hablar.
— ¿Ah? ¿No se supone que ahora estas trabajando? — señaló la caja con las camisetas y el perchero, la gemela las miró y se encogió de hombros.
—Eso puede esperar, o de todos modos ya sabes cómo son los clientes, incluso si esta empaquetado lo abren por ellos mismos — musitó con simplicidad y señaló como uno a uno los compradores se arremolinaron sobre la caja y se dedicaron a sacar su contenido para revisarlo.
—Cierto —concordó la de mirada clara.
Ambas chicas se dirigieron a las escaleras que conducían a piso de arriba y se sentaron en los escalones.
—Entonces ¿Qué tal todo? ¿Cómo estuvo Liverpool? —preguntó bastante curiosa la chica Pines.
—Excelente, realmente fue toda una experiencia nueva, sin embargo tuve que volver a mitad de la preparatoria, cuando mis padres pasaron por ese problema con la empresa familiar...
—Oh, lo siento Soos me contó de ello en un correo electrónico— exclamó Mabel, realmente había sido una gran noticia la repentina caída del imperio Northwest
—Está bien, pudimos sobrellevarlo y recientemente a papá le ha ido bien, por fin nos estamos recuperando, pero ¿Sabes? Eso nos unió más y mis padres aprendieron un par de cosas en el proceso...
—Eso es bueno.
—Sí.
—Por cierto felicidades por entrar a Yale Pacifica.
—Gracias, y felicidades a ti también, Dipper me dijo que entraste a la UCLA en su programa de negocios.
—Gracias, ¿Puedes creerlo? Seré toda una dama de negocios en no menos de cinco años— dijo la ojiocre riendo.
—Fue sorpresivo, pero a decir verdad te queda, supongo que los Pines tienen esa inclinación— rio la de hebras doradas haciendo referencia al tío abuelo de su interlocutora.
— ¿Y por cual rama te decidiste tú?
—Derecho.
—Wow, oí que es difícil entrar a la facultad de Derecho de Yale— expresó realmente sorprendida, después de todo, esa universidad privada era muy selectiva y se sabía que sólo el 6% de los aspirantes lograban ingresar— Eres toda una cerebrito, que sorpresa.
—Hey, ¿Creías que era mala en los estudios?
—No—se rio nerviosa la californiana— pero no me lo esperaba... Digo, antes no se veía como que fueses de las chicas que verdaderamente se interesan por la escuela.
—Ya, puede que antes mi cabeza estuviera un poco por las nubes, pero después de conocerles a tu hermano y a ti, he cambiado, así que me pase los últimos años estudiando realmente duro para ingresar...—sonrió con orgullo.
—Es bueno oírte habla así — le palmeó el hombro — Oh es verdad, más tarde vendrán Grenda y Candy, iremos al centro comercial a pasear, ¿Te gustaría venir con nosotras?
—Claro ¿Por qué no?— recordó entonces que gracias a la gemela misterio ella y las antes mencionadas habían limado asperezas y a pesar de que no se frecuentaban ni nada por el estilo, ya no existía ese odio y desprecio mutuo, después de todo habían sido compañeras de instituto y podían hablar normalmente.
—Perfecto, entonces ¿Quieres pasear un rato por la tienda, hasta que lleguen?, hay cosas nuevas...
—Está bien.
—En marcha entonces— alzó los brazos y se puso de pie seguida de la rubia.
Stanford Pines era bien conocido por ser meticuloso y ordenado, sin embargo en esos instantes, su escritorio, no concordaba precisamente con estas características, al menos un par de docena de papeles estaban esparcidos sobre la madera de roble y había otros tantos recortes de artículos de periódico y paginas abiertas en las nuevas computadoras que había instalado el año anterior.
Todo hablaba acerca de fenómenos paranormales en los alrededores de Gravity Falls.
El viajero soltó un sonoro suspiro, la mitad de la información que había encontrado era basura, simples fantasías, demasiado elaboradas cabía decir y la otra mitad era solo medianamente confiable, algunas cosas sin demasiada coherencia y con exageraciones bastante notorias para un experto como él, tan solo una pequeña porción eran verdaderamente interesantes, sin embargo eran casos aislados, nada que tuviese alguna especie de conexión con lo acontecido con el Gremnomo aquel día, además no había habido ningún ataque parecido. Por tanto comenzaba a creer que simplemente se trataba de una anomalía en el comportamiento de la criatura.
Sin embargo algo dentro de él, probablemente ese sexto sentido que poseía para esos sucesos extraños, le decía que de verdad había algo más profundo, solo que no podía distinguir que era con exactitud. Tomó de un lugar en la mesa un pequeño montón de papeles y recortes, los observó fijamente, aquella era la única cosa que parecía tener posibilidades de tener una mínima conexión.
Recientes extravíos y desapariciones de personas en los bosques de Oregón aledaños a Gravity Falls.
Sin embargo la cantidad de personas no era en si un hecho alarmante, hablando fríamente, apenas unas cinco o seis en total, en un periodo de nueve meses hasta la fecha, una cantidad mínima a la anual. Tal vez era simple coincidencia, pero igual decidió que se lo comentaría a Mason más tarde. Dejó las hojas y se estiró en su sitio, sus viejas articulaciones crujieron y se sintió un poco mejor gracias a ello, estaba acumulando demasiada tensión.
—Supongo que la edad por fin me está alcanzando— murmuró riendo, se recargó en su silla y las ruedas de esta se movieron ligeramente por el peso, estiró su mano y de un pequeño frigorífico sacó una bebida energética.
Volvió la vista hacia el manuscrito inacabado del cuarto diario y lo cogió para ojear lo que ya había terminado de escribir.
Paseó sus dedos sobre la figura triangular que protagonizaba el capítulo central del epitome, Bill Cipher y el Raromargedón, leyó algunos fragmentos de la crónica de aquella lucha, en la que él y su familia desafiaron el destino que el demonio había dictaminado para ellos. Gracias al cielo aquello era ahora una simple historia que actualmente tan sólo se encontraba plasmada en tinta y papel, un lejano recuerdo que solamente se hallaba vivo en la parte más profunda de la memoria colectiva de aquellos que se vieron involucrados directamente en el incidente.
Un pitido le hizo levantar la vista del libro y miró por sobre su hombro hacia el lugar del cual había provenido el sonido, sus ojos visualizaron entonces la pantalla de su computadora, en la cual se apreciaba la ventana emergente de su sistema de correo electrónico, el cual le avisaba de un nuevo mensaje.
El remitente era un viejo conocido suyo en las oficinas de gobierno y en el asunto colocaba un simple:
Revisa esto lo más pronto posible, es tu área de especialidad
Extrañado procedió a abrir el contenido del correo.
—Pero... ¿Qué es esto?— su voz no logró disimular la sorpresa que le embargo, después de que clickeara sobre el icono de los archivos adjuntos y comenzaran a abrirse docenas de documentos confidenciales y cifrados extraños.
¿Qué era todo eso?
—Hey ¿Cuánto apuestas a que ese cliente comprará la bola de nieve con el gnomo feo?— susurró Wendy acercándose al castaño.
—Otro pote de helado de pistache con chispas, pero yo creo que llevará ese llavero con la cabeza miniaturizada, ha estado viéndolo cada cinco minutos verificando que nadie lo haya tomado...— le respondió Dipper haciendo el mismo movimiento que ella.
Estaban demasiado cerca, sus hombros rozaban y podían sentir perfectamente la temperatura corporal del otro.
Una cercanía bastante agradable para los dos.
Y es que ya llevaban un par de horas jugando apuestas en las que ambos se encontraban tratando de adivinar que comprarían los turistas y se podría decir que de momento las cuentas sobre los aciertos iban en empates
Estrecharon las manos para sellar el trato y miraron fijamente al chico larguirucho con remera hawaiana y pantaloncillos cortos, a la espera de la decisión final sobre el suvenir que finalmente compraría.
El cliente miró ambos objetos y pareció tener una pelea interna de magnitudes abismales, Wendy y Dipper le miraron con intensidad sonriendo confiados en sus propias apuestas.
El fuereño estiró su mano y el más joven de los Hombres Pines saboreo su victoria al ver que esta se dirigía hacia el llavero.
— ¡Larry ya nos vamos!— un grito interrumpió el momento decisivo y los tres se giraron sólo para ver como una mujer menuda, de nariz aguileña y gafas ridículamente enormes llamaba al muchacho quien inmediatamente se acercó a ella.
—Pero mamá todavía no escojo mi regalo— profirió inflando las mejillas y ayudando a la señora con las cosas que cargaba, ambos se dirigieron al mostrador.
—Ya, ya, eres igual a tu padre, por eso ya te escogí esto— exclamó su progenitora enseñándole una camiseta rosada con diseño de gatitos zombis.
Silencio.
— ¡OMG es perfecta!
Apuesta a la basura.
— ¿Encontró todo lo que necesitaba?— interrumpió la Corduroy haciendo gestos y colocando una sonrisa poco creíble, en un intento por no soltar una carcajada.
—Sí, querida gracias — le contestó extendiendo un par de billetes grandes para pagar su compra, totalmente ajena a la apuesta de la pelirroja y el castaño a su lado quien igual que la chica trataba de no reír.
La mujer y su hijo se fueron y ambos chicos soltaron una tremenda algazara.
—Oh Dios, no puedo con esto, es delirante— exclamó la de pecas en un tono apenas audible recargándose y enterrando la cara en el hombro del menor para de esta manera controlar su risa.
—Bien, supongo que el helado puede esperar por otro cliente indeciso— acotó Mason sin poder disimular tampoco, reía tan fuerte que comenzaba a dolerle un poco.
Todos los presentes les miraron bastante extrañados.
—Hey ustedes dos ¿Qué es tan gracioso que casi hace que les dé un ataque?— inquirió Mabel acercándose seguida de cierta rubia que no pasó desapercibida ante los ojos de ambos amigos.
—Pacifica, viniste—Saludó él estirando sus mejillas en una amplia sonrisa, y las risotadas fueron cesando poco a poco.
— Wow, ¿Qué te sucedió Dipper?— preguntó la ojiazul alzando una ceja en un elegante gesto al caer en cuenta de las curaciones en el rostro del gemelo.
—Es una larga historia, que implica explosiones y cosas raras— respondió rascándose la mejilla.
— No me digas que lo de la construcción...— los gemelos misterio le hicieron señas para que bajara la voz y los demás no pudiesen escucharle— ¿Fuiste tú...?
—Ya me conoces...—Se encogió de hombros.
Pacifica miró a Mabel con el ceño levemente fruncido por haber omitido aquel hecho.
—Ups olvide contártelo —profirió la castaña sacando la lengua y golpeándose levemente la cabeza.
—Ciertamente se nota que regresaron al pueblo— profirió la rubicunda llevándose una mano a la sien.
Wendy miró a la blonda y sin dejar de recargarse en Dipper levantó una mano.
—Hey, Northwest ¿Qué tal todo?— exclamó en su usual tono relajado la de franela, sonriendo de lado.
—Corduroy— la representante de la llama le miró y mentiría si no dijera que se sorprendió de apenas haberse dado cuenta de la presencia de la leñadora pero sobre todo por la cercanía que ésta mantenía con el de gorra —¿Eh? bien, supongo que todo normal.
—Estupendo, ¿Sigues trabajando donde Linda Susan?— continuó y ambos castaños miraron asombrados a la heredera.
—Sí, pero sólo de jueves a Domingo.
— ¿Trabajas en el Restaurante?— inquirió la chica Pines dejando caer su mandíbula.
— Tu ropa es una cosa pero... ¿Tú de mesera? Eso sí que es una sorpresa— agregó Dipper sin cambiar su expresión ni moverse de su sitio — Me encantaría ver eso...
—Dios, no se sorprendan tanto chicos— se rascó la nuca— En algún momento ustedes irían, por eso no lo dije. ¿Y por qué es tan asombroso? Solo trabajo como cualquier persona normal.
—Realmente cambiaste—empezó el adolescente— Ahora eres verdaderamente maravillosa — alagó el chico con inocencia.
La de quinqués oliva estrechó la mirada ante esta declaración y suspiró meneando ligeramente la cabeza y sonriendo, separándose por fin del varón.
— ¡MABEL!— los cuatro escucharon un poderoso grito proveniente de la entrada y vislumbraron dos siluetas bien conocidas.
Grenda fue la primera en salir corriendo seguida de Candy y a mitad de camino se encontraron con la castaña, quien tambien había pegado la carrera hacia sus mejores amigas.
Las tres chicas se abrazaron fuertemente y por poco caen al suelo.
—Chicas las extrañe un montón— exclamó la estrella fugaz con lagrimillas en sus ojos.
—Ow Ow, por fin estamos juntas, y haremos de este un increíble verano— habló la de lentes sin separarse.
—Sí, tenemos un montón de cosas que hacer juntas después de tanto tiempo— añadió la más alta.
— Por supuesto y lo primero que haremos será pasear por todo el centro comercial...— comentó emocionada, los otros tres las miraron y sonrieron ante tal escena, ciertamente había cosas que no habían cambiado.
—Hola Dipper— le saludó Grenda una vez se hubieron separado.
— ¿Qué te pasó? Luces como si un luchador de sumo te hubiese dado una paliza— indicó la pelinegra y la bermeja le pegó un amistoso golpe en el pecho al pelicafé.
—Te lo dije— soltó la representante de la bolsa de hielo sonriendo mientras se cruzaba de brazos.
Mason sólo rodo los ojos y sonrió.
—Esa es una larga historia que puedo contarles de camino al centro comercial, por cierto invite a Pacifica— Respondió Mabel y señaló a la muchacha, quien las saludó.
—No hay problema— afirmó Candy metiendo las manos a sus vaqueros y sonriéndole a la rubia— ¿Qué tal?
—Está bien mientras más mejor, — asintió la más fortachona.
—Entonces en marcha — dijo la californiana dando un par de pasos. Pero se detuvo en seguida —Oh cierto, Bro-Bro, ¿No te gustaría venir tambien? Digo antes estabas aburrido y eso...
— ¿Eh? Bueno...—miró a Wendy quien le pasó un brazo por los hombros y le palmeó el pecho.
—Vamos torpe, ve con ellas, todavía falta para que mi turno acabe y ya sabes tengo que ir a la Taberna saliendo de aquí— le animó y Pacifica enarcó una ceja.
¿Acaso ellos...?
—Vale, entonces nuestras apuestas cesan hasta nuevo aviso...— rio él llevando una de sus manos al gorro de la ojiverde y jalándolo levemente en respuesta a los golpes que previamente había recibido.
Mabel quiso pegar un chillido de ternura ante tal escena pero se contuvo, sus amigas sólo se miraron sin entender que sucedía.
—Mientras no olvides lo que me debes todo estará bien, tonto— Dipper asintió y se separó de la mayor —Entonces chicas, sólo esperen cinco minutos, iré a cambiarme— y acto seguido desapareció por la puerta ante la atenta mirada de un par de ojos olivos y otros azules.
—Esperémosle afuera chicas— sugirió la de suéter y las otras féminas asintieron siguiéndola —Hasta luego Wendy, prometo que no dejare que ninguna chica intente coquetear con mi hermano.
La hija del varonil Dan se sonrojó ante aquella promesa que ella no había pedido.
Sin embargo antes de que pudiese decir algo su pequeña amiga ya se había ido.
Mabel era muy perceptiva y Pacifica tambien.
Ya que la de mirada celeste sólo atinó a reír entre dientes, pues la joven leñadora era bastante transparente en ocasiones, pero no dijo nada, se dedicó simplemente a mirarla de soslayo antes de salir, imaginando el origen de aquellas palabras por parte de la melliza.
— ¿Ellos están saliendo?— curioseó la Northwest emparejándose con la castaña.
—No en realidad — expresó carcajeándose— Todavía...
Pero seguramente ese par no tardaría mucho en concretar algo.
Después de todo se notaba a leguas que se gustaban.
Dipper entró a su habitación y de la cómoda sacó una camiseta limpia, se colocó su sudadera azul y se la arremango, se miró en el espejo un segundo, cerciorándose de que no se veía tan mal y bajó las escaleras, se asomó brevemente por la puerta de la tienda y se despidió con una sonrisa radiante de la cajera. Quien le respondió de la misma manera.
Se dirigió entonces a la entrada de la cabaña y vislumbró a su hermana y las otras adolescentes esperándole en el pórtico.
— ¿Niños a dónde van?— indagó Stan apareciendo de la nada, llevaba en sus manos un six de cervezas y una bolsa de bretzel salados.
—Iremos al centro comercial— se adelantó a contestar Mabel y el mayor le dirigió una mirada inquisitiva.
—Supongo que eso quiere decir que te encuentras totalmente recuperado— habló mirando esta vez y de pies a cabeza al joven cazador.
—Sí, tío Stan.
—En ese caso...—musitó el viejo rebuscando en uno de los bolsillo de su chaqueta oscura—Toma estas — le lanzó a Dipper las llaves del auto — Ya tienes permiso de conducir ¿No es así?
—Sí, pero...
—Oh wow, ¿En serio podemos llevarnos tu auto?— preguntó emocionada la gemela del muchacho mirando las llaves en la mano de su consanguíneo.
—Sí, bueno de cualquier forma no lo iba a usar hoy— Stan se encogió de hombros y se colocó bajo la axila el paquete de las frituras — Así que sólo tengan cuidado niños...— meneó la mano restándole hierro al asunto y reanudando su camino al sofá en la parte trasera de la casa.
Talvez el ex-señor misterio no lo diría en voz alta pero darles el auto a los chicos, era más por evitar que atravesaran a pie el bosque y prevenir otro accidente con criaturas sobrenaturales que por la pobre excusa que les había dado.
Los mellizos se miraron.
— ¡Genial!— dijeron al unísono y a paso apresurado se precipitaron a abordar el vehículo.
Mason se introdujo en el asiento del conductor y a su lado se sentó Pacifica, ya que Mabel había optado por ir en la parte trasera con Grenda y Candy para poderles contar sobre el incidente con el Gremnomo.
—Hace mucho que no me subía a este cacharro, espero que todavía ande— exclamó en un tono levemente nostálgico la de fanales azules, el californiano le miró.
—Ya somos dos— dio la vuelta al switch y gracias al cielo el motor arrancó — Pacifica, ¿Te importaría cambiarle a la estación de radio?— cuestionó el más alto metiendo los cambios y agarrando la carretera.
La Northwest hiso caso a lo que su amigo le indicó y buscó entre las estaciones una que fuese del agrado de todos los tripulantes.
Finalmente le dejó en una estación local en la que sonaba Kiss me de Sixpence None the Richer.
En algún punto de la canción y durante el trayecto todos los adolescentes comenzaron a acompañar con sus voces el coro, incluido Dipper.
Aparcó en el primer espacio libre que encontró cerca de la entrada, metió el parking y apagó el motor, se quitó el cinturón y colocó el bastón de seguridad en el volante, mientras que las chicas descendían del automóvil, trazando ya el recorrido que harían dentro del establecimiento.
—Primera parada, la tienda de cosméticos— entonó Mabel alzando un puño y recibiendo la afirmación de las otras mujeres del grupo, y se adentraron en el lugar, menos Pacifica quien esperó a que el pelicafé bajara del auto.
— ¿No iras corriendo también?— inquirió el representante del pino viendo como su hermana mayor corría dentro de la tienda.
—No creas que todas la chicas enloquecemos con el maquillaje— le contestó la representante de la llama encogiéndose de hombros y ambos comenzaron a caminar.
—Claro que no lo creo— recordó a la Corduroy— Pero cuando éramos pequeños, usabas demasiado— él entrecerró los ojos y sonrió de lado.
— ¿Sabes la cantidad de dinero que se gasta en los productos básicos? Es aterrador saber cuánto se despilfarra al mes en eso— movió sus manos para acentuar sus palabras y en respuesta Dipper soltó una risita.
—Si alguien me hubiese dicho que te oiría decir eso, le hubiese buscado un psiquiatra.
—Eres bastante exagerado ¿Lo sabias?
—Mabs me lo dice a diario...
Ambos rieron.
Pasearon por todos los estantes del primer tramo de locales, sin realmente interesarse por algo que en ellos se estuviese exhibiendo.
O así fue hasta que llegaron a una joyería, Mason se detuvo frente al aparador principal y observó detenidamente un par de pequeños pendientes color zafiro, nada ostentosos pero no menos lindos por ello, sin poderlo evitar los imaginó en la chica pelirroja que era dueña de sus sentimientos y su corazón dio un vuelco, dirigió entonces su atención a la etiqueta con el precio, no eran demasiado caros pero de momento no contaba con el capital suficiente para comprarlos, se dijo a si mismo que en ese caso debería de pedirle al tío Stan, o en todo caso a Soos, de que le dejase trabajar en la cabaña para ganar el resto.
— ¿Te gustan esos?— preguntó Pacifica acercándose al muchacho.
—Sí, son perfectos...— respondió de manera automática, haciendo la cuenta mental de la cantidad de horas que le tomaría reunir el dinero.
— ¿Para la chica Corduroy?
—Sí, espera ¿Cómo...? — la miró sorprendido saliendo por fin de su mundo imaginario.
—Oh vamos Dipper, eres muy obvio- rodó los ojos y rio en voz baja.
— ¿En serio?
—Sí, o ¿A caso creías que esos ojos de borrego a medio morir que pones cada vez que la ves son fáciles de disimular?—se cruzó de brazos.
—No es tan así... ¿O sí?— jaló su gorra sintiendo como sus mejillas se coloreaban con cada palabra que la de hebras doradas decía.
—Sí, si lo es.
—Supongo que no puedo negarlo en ese caso.
—Nunca supiste ocultarlo en realidad, recuerdo que hace cinco años, era incluso más obvio que hoy en día.
—Era más torpe.
—Sólo más sincero e inocente, Pines, esas son cualidades que muchos hombres ya no poseen ¿Sabes? Pienso, que realmente ella tiene mucha suerte, quiero decir, sigues enamorado de ella después de todo este tiempo—apremió su interlocutora y él se avergonzó más.
—En realidad hubo un momento en que creí que mi corazón ya la había olvidado— habló él con voz queda colocando una mano sobre el vitral— Incluso salí con una chica durante el instituto, pero el sentimiento no era igual, en su momento no me di cuenta, pero Wendy jamás logró salir de mis pensamientos y tal vez te suene raro y quizás pienses que soy un cursi pero probablemente esto se trate de amor verdadero— viró medio rostro y Pacifica pudo ver en sus ojos ocre todo el amor que el adolescente profesaba por la mayor— ¿Es muy loco pensar de esa manera?
Ella negó con la cabeza y coloco una cálida sonrisa.
—Sería más loco, no darse cuenta de ello con solo mirarte a los ojos...
¿Quién hubiese imaginado que un día estaría hablando de esas cosas con Pacifica Northwest?
Si hablaba con franqueza, era agradable poder ser así de sincero con alguien que no fuese un miembro de su familia.
—Bueno, entonces espera un poco aquí, ahora vuelvo, veré si tienen sistema de apartado— profirió señalando la joyería y dando un par de pasos.
—Realmente tiene suerte...— murmuró una vez que el joven estuvo fuera de rango, miró los pendientes y un sentimiento agridulce le embargo.
Sentía un poco de envidia de Wendy.
Cualquier mujer que pudiese ser amada durante tanto tiempo a pesar de la distancia debía de reconocer que era afortunada por haber capturado el corazón de un hombre que hiciese tal cosa.
O al menos así es como ella se sentiría si estuviese en su lugar.
Meció su cabeza de lado a lado y colocó su mejor sonrisa alejando aquellos pensamientos de su mente.
Cualquier cosa que ella pudiese imaginar jamás podría ser real, por ello le tocaba actuar como una buena amiga y apoyar al chico Pines.
A los pocos segundo el joven cazador reapareció por el mismo camino que se había ido, tenía en su rostro una enorme sonrisa y en su mano una nota.
—Listo— exclamó alegremente regresando donde la mesera—En cuanto dé el resto podré sacarlos.
—Bien por ti, pero asegúrate de ya estar saliendo con ella cuando eso ocurra...
—Gracias Pacifica.
— ¿Por qué me agradeces?
—Bueno sólo quise hacerlo, ya que me escuchaste, digo es bueno hablar de estas cosas con tus amigos ¿No?
—Por supuesto.
Y continuaron con su recorrido por las tiendas para darle alcance al resto del grupo.
Mientras tanto en algún lugar dentro de las profundidades bosque, en un sitio oscuro, dos figuras se alzaban frente a una pila de cadáveres en descomposición.
Solamente uno de los dos entes poseía una figura humana, la otra media tan alto como cualquier pino viejo.
— ¡¿Estás loco?!— Gritó el hombre a la enorme sombra— Estas exagerando con esto.
—Oh vamos hombre, tú mejor que nadie sabe que para hacer los preparativos necesitamos una gran cantidad de energía.
—Pero dijimos que sólo sería lo suficiente hasta tener a Alioth, él es a quien necesitamos, no toda esta matanza sin sentido
— ¿Sin sentido? — gruñó la criatura— sólo mira toda esta energía vital —materializo entre sus enormes garras una esfera de luz dorada — Si bien no se acerca ni una pizca a lo que Alioth nos dará, es suficiente para controlar las alteraciones en las dimensiones y preparar el ritual.
—Lo sé pero los preparativos están casi listos, así que no tiene sentido seguir matando a más personas...
—Por favor— rio sarcástico— ¿Ahora resulta que tienes conciencia?
—Me importa un comino la gente, pero si sigues haciendo esto atraerás la atención de todos y pondrás sobre aviso a nuestra presa principal—riñó el hombre frunciendo el entrecejo.
—Oh ya cállate ¿Quieres?— la sombra cogió al hombre por el cuello— suenas demasiado humano para haber vendido tu alma a la oscuridad— una hilera enorme de dientes dibujo la más aterradora sonrisa que el encapuchado había vito en su vida.
—Bájame ahora mismo, podré haberte vendido mi alma, pero sigo siendo tu amo, hicimos un trato, recuérdalo demonio maldito— musitó firme sin permitir que el miedo lo embargase.
Estiró su mano izquierda y una cadena cubierta por una fina capa de luz carmesí apareció y conectó el corazón del extraño al cuerpo del ente.
—Sólo hasta que todo termine, después tu vida no valdrá nada para mí— lo dejó caer— No me detendré, pero puedo darte un par de días...
—Como sea— escupió sobándose el cuello— De todas maneras mis bestias ya están en camino a capturar a Alioth.
—Espero que no se salga de control como la última vez, estuvimos esperando tanto para que madurara como para que un estúpido animal lo mate...
—Eso fue tu culpa, tu oscuridad enloqueció a mi criatura...
—Estupideces, tu fuiste quien no supo controlarlo adecuadamente— rio burlón—pero que más se puede esperar de un insípido humano.
—Recuerda que este insípido humano es el único que puede brindarte la oportunidad de cumplir lo que deseas— la sonrisa se borró del rostro de la enorme sombra— Ahora limpia tu desastre.
—No tientes a tu suerte, Alaric.
El mortal sonrió victorioso y sus ojos brillaron en un intenso color ámbar.
La sombra se transformó en una bruma espesa y cubrió los cuerpos, la sangre comenzó a empapar la tierra y la hierba alrededor y poco a poco los restos fueron consumidos como si un ácido potente hubiese sido rociado sobre ellos,
Los engranajes del destino habían comenzado a moverse.
La catástrofe se avecinaba en el horizonte y nadie se había percatado de ello aun.
Continuará.
Gracias por leer, espero que les haya gustado, oficialmente es el capítulo más largo, conforme me vaya percatando de los errores ortográficos y gramaticales los iré corrigiendo.
Por cierto me gustaría saber que parte de este capítulo les gustaría que tuviese una ilustración, dejen su sugerencias en los comentarios, gracias.