Primeras impresiones


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Era la tercera vez que pasaba por la máquina expendedora en menos de cinco minutos, y aun así, no tenía idea cual de todas las opciones de café que ofrecía ese artefacto ya había probado en las últimas veintidós horas. Víctor Nikiforov apenas podía evitar que sus párpados cayesen por el letargo de un descanso necesario, entre tanto papeleo, consulta y diagnóstico recetado hacia personas que le era imposible contarlas en aquel momento, y aún faltaban unos cuantos minutos para que por fin finalizase su turno en el Hospital general de California. No podía quejarse, era su deber al fin y al cabo como médico general, él había decidido que trabajaría en el área publica desde que había egresado de la universidad, y atesoraba como nadie aquella labor de la que estaba involucrado desde hace más de tres años. Sin embargo, las últimas horas siempre eran un total desafío para su determinación en seguir trabajando en aquel lugar. El sector de emergencias se encontraba excesivamente colapsado, era de esperarse al fin y al cabo, las celebraciones de año nuevo traían innumerables accidentes producidos por la cantidad de personas que concurrían a la ciudad, en espera de un gran espectáculo y noches en vela con amigos y familiares. Mientras más grande la celebración, mayores riesgos existían. Por eso no los solía disfrutar con tanta ansia como sus amistades, sabía que por sus habilidades seria parte del turno con mayor reincidencia de accidentes, y le era muy difícil decir que no. Daba gracias al cielo de que aunque no pudiese ver con tanta frecuencia como quisiese a sus más cercanos amigos, comprendían su labor y esperaban con paciencia una pequeña oportunidad de encontrarse entre tantos turnos ajetreados en su vida. Víctor en el fondo, también lo esperaba.

Podía incluso expresar que los había extrañado un poco. En la próxima ocasión, haría lo posible para que pudiese celebrar el año nuevo con ellos reunidos, sin responsabilidades por una sola noche. Solo con la teatralidad de Georgi, el sarcasmo de Mila y el mal carácter de Yuri. Más que mal, se lo merecía totalmente.

Al observar nuevamente su reloj, se percató de que su jornada terminaba en menos de cinco minutos, así que el último paciente se encontraba a la espera de una observación y posterior diagnóstico de su situación. Atendió el procedimiento tal como se esperaba de él, con total amabilidad y escucha ante lo ocurrido, no era más que un niño de menos de dieciséis años que había sufrido una descomposición por ingesta de alcohol. Se compadeció un poco de él, parecía realmente desorientado del por qué había llegado a parar en un Hospital con una madre que se debatía entre estar angustiada por las acciones de su hijo y molesta por el mismo hecho. Realizó el diagnostico rápidamente y le entregó las indicaciones a la enfermera de turno, para luego despedirse de sus últimos pacientes que ya parecían más aliviados con sus palabras, aunque simples, descartaban una posible intoxicación severa.

Se retiró para dirigirse rápidamente a su hogar de hace menos de un año, que había conseguido luego de que el pequeño departamento en el que vivía desde sus años de universidad se había hecho, extrañamente insuficiente. Se había conseguido un pent-house cerca de la ciudad, no tan alejado del centro, pero tampoco lo suficientemente cerca para escuchar el ruido constante de la vida nocturna de la ciudad. Era perfecto para Víctor y su querido caniche de un par de meses, que había adquirido por el mero impulso de tener un compañero esperándolo luego de su trabajo, apodándolo como Makkachin.

Llegó a su casa un poco más tarde de lo previsto luego de conducir por las ajetreadas calles de la ciudad, que a pesar de que el año nuevo había iniciado hace cinco horas atrás, aun se encontraban personas celebrándolo con entusiasmo y descontrol desmedido, de alguna manera la emoción de un nuevo inicio había llegado a su cansado corazón, tal vez por el muchacho que le gritó que llegase con cuidado a su casa, o la chica que le lanzó un beso cuando cruzaba el paso peatonal, no se sentía tan abatido como antes. La alegría de las personas no era algo que se veía tan masivamente en una de las ciudades más concurridas de Estados Unidos. Al llegar a su hogar, como siempre su querido compañero le entregaba la más efusiva de las bienvenidas, ya sea por el hecho de que había estado todo el día aburrido en casa o porque por primera vez en muchas horas podía ver nuevamente a su querido amo. Víctor no era un mal dueño, tenía un servicio especial que sacaba a pasear a su caniche cuando él no disponía de mucho tiempo, pero para Makkachin al parecer siempre era más placentero saber que podría ver y pasear con Víctor aun cuando no pasaba el suficiente tiempo para considerarlo su amo apropiadamente.

Dejó la grabadora encendida y comenzó a escuchar los mensajes que tendría desde hace varias horas acumulándose en el viejo aparato que Yuri muchas veces trató de botarlo a la basura, pero era útil para Víctor, jamás respondía llamadas en su trabajo, y con aquella grabadora podía devolverlas como mínimo al final de la jornada. Pronto comenzaron a oírse las ofertas de compañías que no conocía, amigos que le llamaban con la intención de desearle un feliz año, compañeros de trabajo que esperaban que hubiese llegado bien a casa debido al alza de accidentes que solía ocurrir por estas fechas, sus padres pidiéndole un poco más de tiempo para que fuese a visitarlos con más frecuencia, o que se consiguiera una novia lo más pronto posible para que su vida se llenase de más felicidad. Era más de lo que había esperado, pensó divertido, pero jamás esperó escuchar aquella voz que hace muchos años pensó que jamás volvería a oír.

''Hey Víctor, soy Chris. Espero que tengas un próspero año nuevo, es una verdadera locura como se celebra en esta ciudad… Emmm…. Pues, hace bastante tiempo que no hablamos...´´ Escuchó una leve risa detrás del aparato, seguramente estaría celebrando con alguna compañía o unos amigos. Más de dos años que no había sabido nada de Christophe Giacometti, fue inesperado, dos años desde que él había intentado cortejarlo una vez antes de que se fuese a trabajar a otra ciudad, y Víctor por impulso, le había dado un puñetazo en la cara al mostrarse tan poco cooperativo en aceptar que no tenía interés en relacionarse con él de esa forma, luego de eso… Sencillamente se esfumó de su vida. Como si nunca hubiese existido. Y Víctor se había sentido terriblemente luego de esa situación, era un buen amigo, y había sido una pena separarse de él por algo tan efímero. ´´Pues solo quería decir que estoy en la ciudad, vine a visitar algunos antiguos amigos, ya sabes… Si quieres salir y tomar algo, pues ya conoces mi número y como encontrarme. Espero tu llamado, amigo mío.´´

Aquellas palabras dichas con una sinceridad palpable llamo su atención. Chris aun pensaba en el como un amigo, a pesar de su pasado. Y eso le había dado una sensación diferente en el fondo de su corazón, tranquilidad. Por un momento pensó que tal vez lo estaría llamando para buscar el mismo interés que la última vez.

Pero solo quedaba el amigo.

Cambiaba las perspectivas. Guardó el número de registro en su celular. Al amanecer haría una nueva llamada. Solo para relajarse y por qué no. Reencontrarse con aquel viejo amigo.

Después de mucho tiempo, el nombre de Christophe significo más que una triste perdida.

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Víctor no era un hombre del cual se diría, con un pensamiento rígido, cuando sucedía algún imprevisto al momento de encontrarse con un amigo, no le preocupaba si le informaban si lo pudiese esperar por un retraso o que cambiasen de localidad para comodidad de ambos, por lo que cuando Chris le llamó de camino diciéndole que se había quedado dormido, no le preocupó en absoluto cambiar de lugar. Sin embargo, no se había esperado que lo invitase directamente a su hotel para reencontrarse, se estaba arrepintiendo un poco al momento de hacer la llamada luego de un par de horas pensándolo, e imaginar que tal vez su amigo no se había resignado como el esperaba después de todos estos años. Pero ya se encontraba en el centro de la ciudad, ya había creado un panorama a pesar del cansancio del turno que había terminado hace menos de siete horas, y por mucho que le incomodase admitirlo, había extrañado la compañía de Christophe. Tal vez solo estaba imaginando cosas, tal vez el cansancio le estaba afectando y se volvía un tanto paranoico como la nueva enfermera que conoció ayer, al momento de pensar detenidamente la situación, se sintió algo egocéntrico, bueno, lo suficiente para darse cuenta. No necesariamente le había pedido que fuese a su hotel con una especie de invitación de dudosa reputación, al fin y al cabo, Christophe Giacometti era un hombre directo, si hubiese querido que se encontrasen para acostarse, se lo habría dicho sin rodeos.

Llegó rápidamente al hotel en el que se hospedaba, estacionó su auto en el subterráneo y se dispuso a buscar el número de su habitación con pausa luego de consultar el piso en recepción, era un edificio increíblemente amplio y elegante, esperaba que Chris se registrarse en aquel lugar.

Cuando llegó a la habitación correspondiente, llamó a la puerta un par de veces. Nada sucedió.

Iba a llamar a Chris para saber si por alguna casualidad se había dirigido hacia algún lugar en el tiempo que él estaba buscando su habitación. Sin embargo, descubrió una llamada perdida de él hace poco menos de diez minutos. Se extrañó. Tuvo que haber sido muy breve para no haberlo oído.

Al momento de discar su número. Escuchó un curioso sonido viniendo de la habitación. Un quejido, una molestia, tal vez Chris no lo había escuchado, tal vez se había quedado dormido otra vez. Cuando volvió a llamar la puerta, esta vez con más ímpetu que antes, escuchó el sonido del plomo abrirse y un Chris un tanto desordenado había salido con su característica sonrisa relajada, parecía cansado, tal vez estaba si estaba durmiendo.

- Han pasado años, y pareciese que el tiempo no pasa en ti… – Había dicho, y de pronto se vio envuelto en un abrazo efusivo que duro menos de un par de segundos y unas palmadas en la espalda a modo de saludo, Víctor le devolvió el gesto con el mismo cariño. Ciertamente Chris lo había extrañado. Y por qué no, él también. – Pasa, ponte cómodo. Disculpa el desorden.

- Sí, claro. ¿Estuviste en algún bar anoche, cuando me llamaste? – Inquirió, realmente parecía que había llegado sumamente borracho, parecía que la habitación había sido ordenada con prisas luego de una fiesta nocturna. Se rio entre dientes, él no había cambiado mucho tampoco. –

- Algo así, me junté con antiguos colegas de trabajo y terminé llegando tarde, cuando vi tu mensaje en la madrugada hice lo posible por organizarme debidamente.

- Si no podías debiste decirme.

- Que va. –Le quitó el peso del asunto moviendo una de sus manos, con la otra trataba de buscar algo entre los sillones. – Desde hace mucho no nos vemos. Realmente no esperaba que contestaras.

- Que puedo decir. – Se encogió de brazos de manera desinteresada. – También necesitaba relajarme y ver a un viejo amig-

- ¿Chris?

- Oh mierda… - Escuchó decir a Chris con algo de incomodidad. -

- ¿Viniste con alguien?

- No, no. – Afirmó un tanto nervioso. – Esperaba que no despertase tan pronto...

- ¿Estás en la sala de estar?

Se escuchó una voz desde el interior de una habitación, indudablemente dulce. Increíblemente encantadora, no podía distinguir si se trataba de un hombre o una mujer, aquel sujeto podía salir con cualquier persona mínimamente atractiva. Pero necesitaba, por alguna razón aparente o por curiosidad, saber de quien se trataba. Su timbre de voz le llamaba como el canto de una sirena ante un navegante en el mar.

- ¿Quién es? – Le preguntó a Chris. -

- Un colega de una antigua agencia en donde trabajé. Me lo topé anoche y no pude evitar… Bueno, esto.

Extendió los brazos aludiendo todo el desorden que había intentado pasar desapercibido antes de que llegase, pero se había relajado cuando se percató que Víctor no se incomodaba mayormente. Cuando vio una silueta dirigirse hacia la sala principal, pudo ver al ser más deslumbrante que había contemplado en su corta vida de veintisiete años.

Era un chico asiático de cabellos tan negros como el ébano y una tersa piel que apenas se cubría con una camisa holgada y unos boxes ajustados, dejando a la vista pública unas piernas notoriamente trabajadas. Tenía un rostro somnoliento, como si su pequeña charla lo hubiese liberado de los brazos de Morfeo. Un rostro ovalado y joven, tal vez más joven que Chris o él. Y una mirada que había llegado hacia lo profundo de su alma en el solo momento de aparecerse a la habitación.

Ese chico era hermoso, y encantadoramente inocente.

No podía quitarle la vista de encima.

- Víctor, te presento a Yuuri Katsuki.

...


Volví después del fanfic sadomaso jiji

Hace mucho quería escribir esta historia, será mas o menos corto, eso quiere decir tantos capítulos como la cantidad de hojas que ocuparé, pero espero que lo disfruten tanto como yo disfrutaré escribiendo como se desenvuelve esta historia.

Nos vemos pronto~