Capítulo 1

La pérdida

P.O.V Hermione Granger

- Bien hecho Granger, sabía que lo conseguiríamos.- me felicitó Dumbledore dándome una palmada en el hombro mientras el oficial Lupin colocaba las esposas alrededor de las manos de Malfoy.

Las palabras se atoraron en mi garganta mientras observaba aquellas tersas muñecas siendo apresadas. El rubio giró el rostro hacía mí, la expresión indescifrable y sus ojos fríos penetraron en lo profundo de mi pecho. Afirmé el agarre alrededor de mi arma, sentía que, si no la sujetaba firmemente, se escaparía de mis manos y terminaría en el suelo.

- Draco...- hablé dando un paso hacía él ante la mirada confundida de los oficiales que nos rodeaban.

- Malfoy para ti... oficial Granger.- me dijo fríamente mientras le obligaban a ponerse en pie. Sentí que algo apretaba mi corazón ante la rudeza de aquellas palabras. Le había traicionado, pero...era mi deber...él era...el malo y como policía mi deber era hacerle pagar por sus delitos.

Era mi saber. Era lo correcto. Entonces, ¿por qué dolía tanto? ¿Por qué sentía que terminaría arrepintiéndome? ¿Por qué sentía que estaba perdiendo algo valioso? ¿Por qué se sentía incorrecto?

... Mucho tiempo atrás...

Caminaba por las calles del centro de Londres con una sonrisa en mis labios. Había estacionado mi auto en la cera contraria mientras me compraba algunas cosas en la librería Ollivander. Ahora, cargando cinco libros, me apresuraba a mi vehículo. Debía encontrarme con mi Víctor en diez minutos para almorzar antes de regresar al trabajo.

Caminé presurosa por la calle, los carros conducían presurosamente, dos mujeres esperaban en la parada del tren y un vendedor ofrecía helados cerca de una panadería. Cruce hacía mi vehículo, un Nissan Versa color gris platinado. Con un último suspiro me adentré en el vehículo, dejé los libros en el asiento del copiloto y lo encendí.

Era un hermoso jueves, me hallaba en mi hora de "break". Había aprovechado para comprar algunos libros que moría por leer, y estaban en oferta solo por esta semana, así que tomé ventaja. El teléfono comenzó a sonar y lancé hacía él una mirada. El nombre de Harry se reflejó en la pantalla y, aunque no debía hacerlo, terminé agarrando el celular y respondiendo.

- ¡Hermione! ¡Apresúrate a venir al café que se encuentra a tres cuadras de la comisaría!- me dijo el pelinegro alterado, arrugué el gesto ante su tono de voz, parecía realmente preocupado.

- Voy de inmediato. ¿Qué ocurre?- interrogué preocupada mientras me las arreglaba para tomar la salida que me llevaría a mi destino. El pelinegro al otro lado de la línea guardo silencio por más tiempo del imaginado consiguiendo preocuparme.

- ¿Harry? ¿Qué ocurre?- insistí, su silencio conseguía que un escalofrio recorriese mi cuerpo.

- Es Víctor...solo llega.- murmuró y cortó rápidamente la llamada, el celular se resbaló de mis manos y ni siquiera preste atención de su paradero. A mi vista quedo la cafetería "La madriguera Weasley", como solíamos decirle. Al llegar, fui consciente de que habían dos patrullas cercas de la cafetería y una ambulancia. Me estacioné lo más rápido posible y me acerqué.

- ¡Hermione!- Harry corrió hacia mi tan pronto me vio, nos encontramos a mitad de camino. La calle estaba desierta, una música ligera provenía de la cafetería que seguía brindando sus servicios. Aunque algunas personas asomaban la cabeza hacia nosotros, Bill Weasley entre ellos. El pelirrojo parecía realmente curioso por lo que ocurría afuera.

- ¿Qué paso? ¿Y Víctor?- interrogué preocupada.

- El...está muerto...- respondió Harry, sentí una presión sobre mi cuerpo y comencé a sentirme mareada. Harry me sujetó impidiendo mi llegada al suelo. Me aferré a él mientras las lágrimas se aproximaban a mis ojos. ¿Muerto?

- ¿Dónde está?- interrogué, Harry se alejó y con un movimiento de cabeza me indico que le siguiera. Caminamos hasta una esquina rodeada de banderines que decían "Bajo investigación". Víctor estaba tendido en el suelo bocarriba, tenía un gesto de dolor en el rostro y su camisa gris tenía una enorme mancha de sangre en el costado izquierdo.

- Víctor...- susurré dejándome caer a su lado. Mis manos se apresuraron a acariciar el suave cabello castaño. No puedo creer que ya no volvería a escuchar su acento al decir, incorrectamente, mi nombre. Su rostro no tenía rasguños, ni ningún rasgo que diese a entender que hubiese estado peleando con alguien.

- Lo lamentó mucho. Tan pronto supe que era él te llamé.- me dijo Harry arrodillándose junto a mí.

- Víctor...- susurré nuevamente bajando mi mano hacía su mejilla derecha. Estaba fría, como nunca lo había estado, como nunca volvería a estarlo. Ser policía es peligroso, pero jamás pensé que...Simplemente, no estaba preparada para perder a alguien tan importante.

- ¿Cómo ocurrió esto?- pregunté girándome hacía Harry, el pelinegro suspiró, paso una mano por sus oscuros cabellos antes de responderme.

- Todavía estamos preguntando, pero alguien asegura haber visto a un hombre discutiendo con Víctor. Al parecer en el callejón de la esquina, se escucharon disparos y luego Víctor intento arrastrarse hasta la cafetería, pero no logró llegar. - me explicó Harry.

- ¿Llamaste a sus padres?- pregunté poniéndome en pie, secando las lágrimas que seguían bajando por mis mejillas. Por más doloroso que fuese, no podía quedarme ahí tirada llorando.

- Si, vienen en camino.- murmuró Harry, tomé una respiración profunda y baje mis ojos para, nuevamente, recorrer al castaño que yacía tendido en el suelo.

- Harry, quizás quieras oír esto.- escuché la voz de Ronald, nos giramos a mirarle y nos indicó que le siguiéramos con un movimiento de su mano. Miré a Víctor y luego decidí seguir a Harry.

Caminamos hasta un callejón a poca distancia, manchas de sangre conducían hacía este como si fuese el principal lugar del altercado. Ron llamo a un joven de apenas unos trece años, el cual vestía unos pantalones raspados y una camisa verde que tenía una tabla de surf como único diseño. El niño nos miraba nervioso, su fleco marrón oscuro cubría de vez en cuando los ojos claros.

- Él escucho todo. Cuéntale a Harry lo que oíste muchacho.- le dijo Ron con una cálida sonrisa, el joven nos miró y luego tomó una larga respiración antes de disponerse a responder.

- Yo estaba jugando a las escondidas con mi hermano mayor, decidí esconderme en el vertedero porque nunca me encontraría. Pasado un rato escuché pasos, se oían voces discutiendo. No logré escuchar bien la conversación, pero cuando asomé el rostro, logré ver a un hombre. No recuerdo su rostro pero, tenía un tatuaje. Una serpiente. Lo último que vi fue al hombre caer al suelo, estaba sangrando mucho, el otro se fue y luego él intentó arrastrarse hacía la cafetería. Yo estaba muy nervioso y...no me atreví a salir de mi escondite. - nos dijo el joven nerviosamente.

- Gracias, ve con la chica de cabello rojo...ella hará un dibujo de lo que viste.- le dijo Ronald, el joven salió corriendo rápidamente hacia Ginny, quién se encontraba de pie junto a Longbotton. Harry se giró a mirarme.

- Hermione, lamentó que...lamento esto.- me dijo Ronald luego de que el joven se hubo ido. Las lágrimas amenazaron con empañar mis ojos, pero me obligue a no llorar. Si no había llorado cuando asesinaron a mi padre, no lo haría ahora. Aunque llegada a casa, cállese sobre la cama y llorase como una niña.

- Víctor sabía que...trabajar de encubierto tendría sus desventajas.- susurré.

- Atraparemos al asesino.- me dijo Harry sujetando mi mano. Me giré a mirarle y asentí lentamente.

- ¿Lo trasladaran a la sala forense?- interrogué

- Si, estará bajo investigación unos días.- me explicó Ronald.

-¿Días?- cuestioné intrigada.

- Creemos que esto está ligado a los "Dragon's".- explicó Harry acomodando sus espejuelos.

- ¿Los "Dragons"? ¿Ese no es el operativo de mañana?- cuestioné intrigada.

- Si, mañana estaremos de infiltrados en la Nigth Gala del museo de arte, se nos llegó un aviso de que intentarán robar el "Main Life", una obra de arte valorada en más de veinte mil dólares.- susurró Ronald pasando una mano por sus rojos cabellos.

- ¡Mi hijo!- escuchamos un grito. Salí corriendo del callejón y pude ver cómo la mama de Víctor se arrojaba sobre el cuerpo inerte. Sentí una presión en el pecho, la imagen era dolorosa. Una mano en mi hombro me brindaba consuelo, levanté el rostro y vi a Harry, el pelinegro me abrazó de los hombros en señal de apoyo.

- ¿Quién le hizo esto a mi hijo?- gritaba la mujer apretando el cuerpo cerca de su pecho mientras su esposo le acariciaba el hombro. Las lágrimas se resbalaron por mis mejillas, había intentado retenerlas lo más posible, pero dolía. Dolía mucho.

- Llorar te hará bien.- me susurró Harry, me giré y escondí mi rostro en su pecho. Sentía mis lagrimas manchar su camisa, dolía más de lo imaginado.

- No es justo...- susurré bajando mi mirada hasta mi mano izquierda. Allí, en mi dedo anular, reposaba mi anillo de compromiso. Cumplía veinte y cinco años el mes que viene, y ese mismo día teníamos planeado casarnos.

- Lo se, lo sé.- susurró Harry, sus manos subían y bajaban por mi espalda suavemente en un intento inútil de calmar mi dolor. Seguía doliendo, dolía más cada segundo que pasaba.

- No puedo seguir aquí...- susurré alejándome, me encontré con los ojos esmeralda y contemplé la preocupación en ellos, Harry asintió lentamente.

- Le diré a Dumbledore lo qué pasó, él entenderá porque no llegaste a comisaría. - me dijo Harry, asentí.

- Te veo en casa.- susurré antes de apresurarme hacía mi auto, al subir al mismo, contemple desde la distancia la escena. Sería la última vez que la contemplaría, aquella sería la última vez que vería a Víctor. Dolía. Dolía mucho.

Encendí el auto y me puse en marcha. Conduje lo más rápido posible hasta que, dejando atrás algunos edificios viejos y el ajetreo de la zona urbana, me adentré a la zona más rural. Mi casa se alzó a la vista, una casa de dos plantas color beige, con un bonito jardín lleno de orquídeas y Rosales. Me estacioné, quedándome en silencio por algunos minutos, mi vida paso delante de mis ojos como una película.

Hace unos siete meses había perdido a mi padre, apenas comenzaba a reponerme de esa pérdida y ahora perdía a mi novio. Las lágrimas amenazaron con empañar nuevamente mis ojos así que me seque rápidamente las mejillas y entre a la casa. Antes de que mi madre saliese a saludarme corrí hasta mi cuarto en el segundo piso, cerré la puerta y me arrojé a la cama.

-No es justo...- susurré abrazando la almohada cerca de mi pecho.

Llore durante horas, hasta que mis pupilas ya no eran capaces de producir lágrimas. Llegado aquel momento de desgaste, comencé a caer en un estado de somnolencia. El rostro de Víctor se cruzó por mi mente, su sonrisa, sus ojos, su tez clara. La manera peculiar en la cual decía mi nombre, su acento único.

- Hermione...Hermione...- me llamaba una voz, le escuchaba lejos, apenas un murmullo incomprensible que intenté descifrar.

- Hermi...- insistió, abrí lentamente los ojos y me encontré con unos ojos color esmeralda resguardados por unos redondos espejuelos. Harry.

- Harry... ¿Qué haces aquí?- interrogué tallándome los ojos a la vez que me sentaba.

- Salí de trabajar. Vivo aquí ¿lo olvidas?- dijo dedicándome una pequeña sonrisa, sonrisa que no respondí, porque mi cuerpo no tenía deseos de mostrar alegría o de sentirla.

- ¿Estás mejor? Sé que esto es duro...- me dijo Harry sujetando mis manos entre las suyas. Hui de su mirada, una lagrima recorrió mi mejilla, pero yo me limité a asentir.

- Todavía no puedo creer que Krum está muerto.- susurré abrazando mis piernas.

- Saldrás de esta.- me dijo mi mejor amigo abrazándome, me escondí en su pecho y volví a llorar. Rápidamente las lágrimas volvieron a extenuarme y antes de que me hubiese percatado había caído en un estado de inconsciencia. Mi rostro recargado en el chaleco negro que Harry vestía mientras el acariciaba suavemente mi cabello.

Era de noche, un viernes hermoso, había quedado con Víctor en la cafetería Weasley. Nuestra primera salida como pareja oficial. La cafetería no estaba muy llena y lo agradecía. Entramos agarrados de mano, el castaño me contaba sobre su primera misión como encubierto. ¡Él se hallaba enamorado de su trabajo! Además, le habían ascendido, y esto significaba mucho para él.

- No conseguimos revelar nada sobre los Black. Son una compañía demasiado poderosa, además, tienen todo tan escondido que, dejarles al descubierto es casi imposible.- me comentaba Víctor mientras tomábamos asiento.

- ¿Entonces, ellos trafican drogas ilegalmente? ¿Bajo el nombre de esta compañía de perfumes y cremas?- cuestioné arrugando el gesto.

- Exacto, su empresa es tan poderosa. Son el cartel más poderoso aquí en Londres...

- Pensaba que ese era el puesto de los "Dragon's".- comenté riendo, Víctor me acompañó con una risa contagiosa y depósito un corto beso en mis labios.

- Todos esos tipos están locos. - comentó

- Los podremos tras las rejas algún día.- le dije dándole otro beso en los labios.

- Por lo menos, lo intentaremos.- me dijo el encogiéndose de hombros, no parecía creer que pudiésemos, algún día, ejercer la ley sobre esos mafiosos. A veces, también yo lo dudaba, ellos eran los grandes en esta zona. Si derribas a los Dragon's, o a los Black's, derribas más del ochenta porciento de las ventas de drogas. Los pequeños consumidores se quedarían sin proveedores.

-Dejemos de hablar de mafiosos, no estamos en horas laborales.- me dijo Víctor sujetando mi mano y depositando un beso en el dorso. Me sonrojé ante el gesto y le dediqué una sonrisa.

- Tienes razón, es que me apasiona tanto.- susurré sonriendo, hacer valer la ley era mi pasión. Me sentía como en una de esas novelas que solía leer desde muy jovencita. Los malos siempre terminaban tras las rejas y los buenos terminaban felices.

- Bonita. ¿Qué comerás?- me interrogó con una sonrisa mientras sujetaba la carta y observaba el menú. Su mano izquierda permaneció jugando con mi mano mientras pensaba en que pedir, sus dedos acariciaban el dorso de mi mano con tal suavidad que me hacían sentir tranquila...segura...amada...

Me removí inquieta en la cama, luego de algunos segundos abrí ellos ojos y me percaté de que Harry me había arropado con las sabanas antes de irse. Todavía sentía la mancha de las lágrimas en mis mejillas, pero no me sentía con fuerzas para seguir llorando. Ya había llorado mucho, y seguir llorando no me traería a Víctor de vuelta. Nada lo haría.

Me puse en pie, sujeté mi cabello a una coleta y salí del cuarto. Eran las ocho de la noche cuando bajé las escaleras rumbo a la cocina, escuché la televisión encendida y supe que mi madre debía estar observando la novela de las ocho. Seguramente, Harry ya le había puesto al tanto de lo ocurrido con mi novio. Entre a la cocina, Harry estaba allí, el pelinegro se giró cuando abrí la nevera.

- Pensé que no saldrías del cuarto. Por lo menos, no hoy.- me dijo antes de seguir cortando unos ajos.

- Tenía sed.- expliqué sirviéndome jugo de frutas y sentándome a mirarle. Seguramente estaba preparando espaguetis, era lo único que realmente sabía cocinar.

- Hablaré con Dumbledore mañana, para que te saque de la misión. No creo que estés en tu mejor momento para ir a una exposición y fingir que estás alegre.- me dijo Harry, la preocupación era palpable en su tono de voz, pero no podía permitirme hacer eso.

- No, Harry, yo estoy bien. Estaré allí, Víctor hubiese querido que lo hiciera, está es una oportunidad única. ¿Y si ustedes tienen razón? ¿Y si los "Dragon's" asesinaron a Víctor? Quiero estar ahí cuando los atrapen, quiero estar ahí cuando los pongan tras las rejas.- le dije con la mirada perdida. Ellos pagarían por todos sus crímenes, tantas vidas inocentes, tantos robos, tantos asesinatos, tanta maldad. Pagarían por Víctor.

- Como quieras. El sepelio de Krum será en dos días.- murmuró Harry. Guarde silencio. No sé si podría estar allí...no sé si deba ir...no sé si podré mantenerme en pie mientras le entierran.

- ¿No lo tendrán bajo investigación un tiempo?- interrogué sintiendo el nudo en mi garganta.

- Su madre se negó, Ginny se quedó haciendo todas las pruebas necesarias. Dijo que intentaría sacar provecho de las horas que tenga el cuerpo en su laboratorio.- me explicó Harry.

- Creo que volveré a dormir...- susurré poniéndome en pie.

- ¿No piensas comer algo? - me preguntó mi amigo dándose la vuelta para mirarme.

- Me comeré un yogurt.- susurré antes de abrir la nevera y agarrar un yogurt de vainilla. No tenía hambre. Pero, si quería estar bien para el operativo de mañana, debía alimentarme. Lo haría por Víctor. Encontraría a su asesino...y lo haría pagar.

Continuará...

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