Epílogo 2 - Una carta de amor

Querida Marinette,

Tu alma gemela no es alguien que entra en tu vida en paz; es alguien que viene a poner en duda las cosas, que cambia tu realidad, alguien que marca un antes y un después en tu vida. No es el ser humano que todo el mundo ha idealizado, sino una persona común y corriente, que se las arregla para revolucionar tu mundo en un segundo.

¿Me concederías el honor de ser esa persona en tu vida?

Tal vez tú eres demasiado paraíso para un infierno como yo. Después de todo, ¿qué hace un universo como tú en un planeta como éste?

Te cruzaste en mi camino y se me olvidó a dónde iba. Llegaste en un segundo, haciéndome olvidar el ayer, y haciéndome soñar con un mañana. Después de todo este tiempo me sigo preguntando aún si alguna vez me viste con los mismos ojos con que yo te miraba.

Eres esa persona que, de repente, llega y rompe todos mis esquemas, capaz de provocarme una sonrisa con la más mínima tontería. Nunca pensé que mi vida y mi forma de ver el mundo cambiarían tanto solo al conocerte.

Me encanta mirarte sin que me veas, observarte mientras estás concentrada, seria o ajena al mundo. Me encantas de cualquier manera y te daría el infinito y más si pudiera, porque te mereces el amor que siempre intentas darle a los demás. Aunque, honestamente, yo siempre siento celos cada vez que le das a alguien el tipo de atención que quiero yo de ti.

Sé que te quiero porque cuando las cosas se empiezan a poner mal lo único que quiero es correr a tus brazos. Solo una vez en la vida se conoce a la persona que divide tu vida en dos épocas: en la de antes y después de conocerla. Y sé que tú eres esa persona para mí. Eres mi luz y mi luna en la noche más oscura; el sol que resplandece en el día dándome su calor y su fuerza; la chispa que da color a mi vida y lugar donde quiero perderme o permanecer por toda la eternidad. Encontré en ti lo que nunca nadie pudo darme: paz.

Sería un mentiroso si no admitiera que temo alejarme de ti. Al mismo tiempo, temo que te alejes de mí. Pídeme el cielo y te lo entregaré a tus pies, pídeme el mundo y serás su reina como lo eres mía, pero nunca me pidas que renuncie a ti. Daría lo que fuera por ti, moriría por ti. Sería capaz de entregarte en brazos de otro hombro aunque me doliera hasta la muerte si eso conlleva tu felicidad. Pero nunca me pidas que arranque de mí lo que tú provocaste la primera vez que nos encontramos por azar del destino, la primera vez que me sonreíste, la primera vez que me enamoraste.

Creo en la convicción de que uno no se enamora una sola vez de la persona amada, sino cada una de las veces en que la ve o está con ella. Es por ello que yo he perdido la cuenta de cuantas han sido las veces en las que me he enamorado de ti.

Porque sí.

Porque ya no temo a decírtelo pese a todo.

Te amo.

Siempre lo hice y lo haré hasta mi último aliento.

¿Por qué?

Toda tu vida lees cuentos de amor, ves películas, escuchas canciones y todo lo que se te pueda ocurrir. Te dicen tantas cosas del amor pero jamás las entiendes hasta que te pasa. Literalmente un día los cables se juntan y lo entiendes; las estrellas se alinean y el cielo dice Sí. Entiendes el porque hay tantas obras de amor, porque se vuelve una necesidad, una obsesión, una droga. Te vuelves adicto a lo que te alimenta el alma.

Lo maravilloso de todo es que no lo entiendes, hasta que lo entiendes.

¿Es confuso no crees?

A pesar de todo y desde que yo me di cuenta siento que tú fuiste la única persona que logró atraparme y cautivarme en la carrera interminable que era mi vida y no paraba de correr hacia una meta indefinida. Tú me hiciste frenar; me hiciste ver lo bello que es el mundo. Eres el tipo de persona con la que me gustaría pasar mi día, mi semana, mi mes, mi año, mi vida.

Aceleras mi corazón sin necesidad de tocarme. Tu sonrisa me parece el más bello de los gestos. Cada vez que la veo me hace amar la vida. Tu mirada es tan brillante y cálida que deslumbra impidiéndome mantenerla con la mía cada vez que se cruza con la mía. Tu risa espontánea es un dardo venenoso que me ataca el corazón por sorpresa y sin aviso. Tus berriches son adorables cuando te enfadas y tu forma de actuar en defensa de los demás te hace ver como la heroína del cuento mientras que yo soy tu más leal y fiel admirador en la lejanía.

Te escogí porque veo en ti lo que no veo en nadie más y porque tú supiste ver lo que nadie pudo en mí. No quiero pensar que enamorarme de ti fue un error ante el miedo de pensar que no vaya a ser correspondido de la misma manera. Al contrario, quiero creer que eres el error más bonito que he cometido, el riesgo que deseo correr, el peligro que quiero experimentar, adrenalina que amaría sentir. Sin duda, eres todo lo que necesito en mi vida y si esto que siento es solo una felicidad temporal, la aceptaré y la atesoraré como el más grande de mis tesoros, cada uno de los momentos contigo, cada una de las emociones que me has hecho sentir…todo, absolutamente todo.

Puede que ahora no, pero quiero estar siempre para ti como tú lo has estado para mí. Me has salvado sin siquiera darte cuenta en más de un sentido. Me has dado la vida y siento que te la debo por entera. Sé que te esfuerzas en todo lo que haces y quiero que sepas también que tienes todo mi apoyo incondicional para lo que sea. Porque eres increíble en tus mil y un facetas: tanto la firme y decidida como la torpe y dulce.

Desearía ser el motivo de tu sonrisa, un corto pensamiento en tu mente o un lindo recuerdo antes de ir a dormir. Deseo que no cambies tu hermosa forma de ser tan solo para agradarle a alguien porque ya eres perfecta para mis ojos seas como seas. Deseo que sigas siendo fuerte de espíritu, que no dejes que nadie ni nada te lastime y si fuera ese el caso yo fuera la persona que te proteja. Deseo que te des cuenta de lo mucho que vales cuando te deprimes por no lograr al principio lo que te propones, porque al final siempre te sales con la tuya. Deseo que seas feliz, pero adoraría más que yo fuera la causa de tu felicidad.

Eres mi droga perfecta, mi "nada" cuando todos me preguntan en qué pienso cuando estoy en las nubes y con quien me olvido de mis problemas del resto. Mi fantasía es besar tus labios, caminar junto a ti, reírnos juntos, compartir pequeños momentos y hacer de ellos grandes recuerdos, verte cerrar los ojos lentamente al dormir y que tu voz sea lo primero que escuche al despertar.

Si me conocieras sabrías que no miro así a cualquiera, que no confío en cualquiera, que no y sincero o tierno con cualquiera. Eres mi maldita excepción.

Gracias por ser tal y como eres, por sacarme sonrisas, por el tiempo que me das, por hacer que mis miedos desaparezcan y por hacer mis días mejores.

Siento que tú estás hecha a mi medida, que eres mi media naranja, mi otra mitad, mi vida… mi alma gemela.

La cuestión es, ¿lo soy yo también para ti?

Eres el milagro que llego a mi vida, jamás lo olvides. Siempre podrás contar conmigo porque siempre estaré para ti aunque tú nunca puedas corresponderme, ya seamos compañeros, amigos…o algo más.

Eres la mariquita de la suerte que se posó sobre este pobre gato negro de la mala suerte.

Siempre tuyo,

Adrien Agreste