N/A: Bueno, me enteré que hoy es el Akafuri day y decidí continuar esta serie de fics. Espero sea de vuestro gusto.

Red

Hay quienes aseguran que los ojos son un reflejo del alma. Un ideal en el que Furihata siempre creyó con vehemencia, y que a la hora de descifrar las verdaderas intenciones de las personas, tuvo en suma consideración.

Y lo cierto es que la mayoría de veces su método le había resultado fructífero. Así había sido hasta que hubo cruzado caminos con Akashi Seijūrō.

Los ojos de Akashi no hacían más que confundirle. Sus orbes podían estar rojos cual rosa de San Valentín, o como el que da color a la sangre.

Los mismos, denotaban pasión como podían demostrar ira. En ocasiones, le miraban con la dulzura que correspondía al amor, tanto como en otras con la violencia que precede a la guerra.

Pese al desconcierto, sabía que esos ojos rojos eran los culpables de que el chico consiguiese evocar emociones tan fuertes en él.

A causa de que en ellos lo transportaban a los campos de fresas que solía recorrer en su infancia, era que elegía ignorar las miles de almas fueron maldecidas por esa misma tonalidad.

Debido a su belleza descomunal, era que olvidaba que el mismo color era el que tomaban las hojas en otoño antes de morir y caer.

Era por la sensualidad que irradiaban, que podía hacer caso omiso a la malicia que probablemente residía en el fondo de ellos.

Por consiguiente; estaba perdido. Había caído bajo la hipnosis de esos dos rubíes, y aunque lo sabía, no lo sentía para nada mal.

Simplemente debía de tener presente, que no por nada el rojo era conocido como 'el color de la pasión', pero tampoco debía olvidar que por algo se usaba para pintar las señales de advertencia.