Cuando salí del salón donde estaba realizando el examen, ya la noche estaba comenzando a caer. El cielo estaba tornándose de ese azul oscuro característico cuando el sol aún no termina de ocultarse. Lancé un suspiro cansado, tratando de liberar todo el estrés acumulado en mi cuerpo, en todos mis músculos, especialmente los de la espalda, cuello y brazos. Me quería comenzar a doler la cabeza y tenía los dedos agarrotados.
Miré el interior del salón. Aún había varios estudiantes terminando el difícil examen al que habíamos sido sometidos. Ahora entendía a mi padre cuando me había dicho que era uno de los exámenes más difíciles que haría en la vida, pero si lo aprobaba, estaría mucho más cerca de la meta que me había planteado, que era, convertirme en una doctora que pudiera cuidar de mis amigas.
A mi mente llegaron los rostros de ellas. Lancé un nuevo suspiro y comencé a caminar hacia el estacionamiento para dirigirme a mi auto. Mientras caminaba por los oscuros pasillos, saqué el móvil de mi bolso para llamar a Nico. Cuando presioné la pantalla para activarlo, la misma no encendió. Volví a presionar la pantalla y nada, entonces decidí presionar el botón de encendido. El indicador de batería agotada apareció en la pantalla.
–¡Demonios! –dije con fuerza y negué despacio.
Abrí el bolso y comencé a buscar el cargador. Tenía que estar ahí, ya que siempre lo llevaba conmigo, pero para mi sorpresa, no lo podía encontrar. Mordí mi labio. Retomé el camino hasta el auto y cuando llegué a él, entré y comencé a buscar el cargador dentro. Sino estaba en el bolso, tenía que estar ahí. Luego de unos minutos me rendí. No podía encontrarlo.
–Estoy segura de que lo puse en el bolso.
Volví a revisar el bolso, entonces lo recordé; había cambiado de bolso el día anterior, ya que este era más cómodo para viajes largos y no pasé todo lo que tenía en el anterior.
Golpeé el volante con molestia. ¿Cómo podía ser tan tonta? Bueno, podía ir al departamento a recogerlo, pero me tomaría alrededor de treinta minutos llegar. Miré mi reloj de pulsera. Ya eran más de las cinco. No podía perder más tiempo, así que suspiré y decidí irme así.
No había sido mi día hasta ahora, y no quería tentar al destino a complicármelo más, así que comencé a conducir despacio. Me esperaba un largo viaje y quería llegar lo más pronto posible a Numazu, pero con seguridad. Conocía la ruta hasta cerca del monte Fuji, pero después de ahí, tendría que ir con ojos bien abiertos y usando la ruta que me había enviado Fumiko cuando hablamos en la tarde.
Maldije al recordar que la ruta la tenía guardada en mi móvil muerto, y me arrepentí de no haber ido a buscar el cargador. Bueno, llegaría de alguna manera.
Llevaba ya casi dos horas de viaje y los ojos me dolían del esfuerzo. La carretera estaba oscura, y costaba divisar las señales en el camino. Ya había llegado a la ruta que conocía, por lo que ahora tenía que buscar una referencia o algo y por suerte, apareció frente a mi unos cuantos metros adelante. Una señal me indicó que doblara a la izquierda y siguiera el camino. Así lo hice y unos minutos después ya estaba en la ciudad. Nunca había estado ahí, así que me sorprendió ver que no era tan pequeña como pensaba. Suspiré y comencé a buscar el hotel, dando vueltas y vueltas por las calles del pueblo, pero no podía hallarlo, así que me acerqué a un grupo de chicas que estaban de pie cerca de una estatua.
–Eh… –bajé un poco el vidrio–. ¿Me podrían orientar un poco? Busco un hotel.
–Claro –dijo una de ellas con una sonrisa.
–Gracias. El hotel se llama… –me mordí el labio tratando de recordar el nombre. Tenía un revoltijo de cosas en mi cabeza–. El hotel… Awa…
–¿Awashima? –dijo la chica con duda en su voz. Yo asentí.
–Sí. Ese.
–Eh… Bueno, dobla a la izquierda en el otro cruce y conduce por esa carretera… unos cuarenta minutos más. Deberías poder verlo al salir de la montaña, en la gran isla al fondo.
–¿Isla?
–Sí. El acuario también se encuentra ahí.
¿Qué? ¿Tenía que conducir más? ¿Y a una isla? De verdad que este día estaba siendo patético. Entonces a mí mente llegó la imagen de la foto que Nico-chan me había mostrado, de un edificio en una isla. Ese debía ser el hotel. Le agradecí a la chica y comencé a conducir nuevamente. Ya estaba comenzando a sentir el frío y el cansancio, y lo único que quería ahora era darme una ducha y tirarme en una camada cómoda.
Suspiré y me concentré solamente en llegar, que ya estaba cerca. Pasaron los minutos y comencé a sentir el aire diferente, y cuando salí del túnel no podía creer lo que miraba. La luna iluminaba un calmo mar que bañaba la orilla de la playa. A lo lejos se podía ver el estero, los puertos y la luz de las pocas casas a la orilla de la calle. La isla se notaba entre ese calmo mar, y el hotel brillando como un diamante. La fresca y fría brisa marina entraba al interior de mi auto y me abrazaba fuerte y apacible.
Entonces vi un microbús estacionado en una casita a la orilla del puerto junto a una camioneta. Ambos vehículos tenían el logo de la empresa. Sonreí y me acerqué a ellos. Bajé del auto y miré hacia todos lados buscando a alguien que me ayudara. No había nadie, ni siquiera un bote. Entonces lo vi, el letrero sobre la puerta.
"El servicio de transporte Matsuura le informa que el horario de traslados desde el puerto al hotel o el acuario es de las 06:00 a.m. hasta las 07:00 p.m. Agradecemos su preferencia."
–Maldición –dije para mí. El último bote al hotel había salido veinte minutos atrás y ya no había más hasta el día siguiente.
Miré a la luna. De verdad que no era mi día. ¿Ahora que podía hacer? Podía devolverme a la ciudad de Numazu, buscar un hotel y desde allí llamar a alguien, eso sí, serían cuarenta minutos de conducción más. Me recosté al auto, aun pensando. También podía pasar la noche en mi vehículo, aunque probablemente no podría dormir debido al frío y terminaría toda enferma.
No sabía qué hacer. Suspiré. Entonces vi a lo lejos lo que parecía ser un Ryokan, por su fachada. Mordí mi labio. Tal vez en ese lugar podía encontrar un teléfono para llamar a Fumiko y definir qué podíamos hacer.
Subí a mi auto y conduje los pocos metros que me separaban de donde estaban los autos hasta el Ryokan. Estacioné cerca de la entrada y suspiré. Me miré al espejo. Llevaba un gorro blanco que me cubría mi cabello y me puse unas gafas enormes para disfrazar un poco más mi rostro. Estaba cansada de tener que hacer eso, pero no quería vivir la pesadilla que había vivido Umi a mitad de semana, ni escuchar un sermón de Nico-chan si me sucedía. Bajé del auto y me acerqué a la entrada, pero me detuve cuando escuché un fuerte estruendo y voces escandalosas acercándose.
–¡AHHHHH! ¡Aléjala de mí!
–¡Riko-chan espera! ¡Shiitake no te va a hacer nada!
La puerta se abrió y solo sentí el fuerte golpe en mi cabeza. Caí de espaldas hacia atrás con lo que sea que me había golpeado sobre mí. Mi cabeza chocó con el suelo y sentí un peso sobre mi cuerpo. Un ladrido fue lo único que escuché al final.
–¡Riko-chan!
Abrí mis llorosos ojos para ver qué estaba sucediendo. Una chica, de largo cabello rojo estaba sobre mí, acariciando su cabeza con una mano mientras la otra acariciaba su nariz. Al fondo estaban dos chicas que no podía distinguir bien por lo borroso de mi mirar. Otra voz se oyó al fondo, molesta.
–¿Cuántas veces les tengo que decir que no usen la entrada principal?
La chica que estaba sobre mí abrió sus ojos, de un color similar a los de Umi, un ámbar brillante y me miró. Sus mejillas se sonrojaron en un segundo y se levantó rápidamente, pero tropezó y cayó sentada.
–Lo… lo siento mucho.
Traté de ponerme de pie. Podía sentir un chichón en mi cabeza y algo de nauseas. Las dos chicas del fondo se acercaron a nosotras. Una de ellas a ayudarme a mí y la otra a su amiga.
–¿Qué está pasando?
Una chica, de largo cabello oscuro se encontraba al lado de otra chica, de cabello corto color naranja. Ambas tenían una expresión de molestia mientras miraban a las tres chicas que me ayudaban a levantarme.
–Eh…
La de cabello largo se acercó a mí. Yo me acaricié la cabeza, que se me quería partir en dos, mientras trataba de mantener el equilibrio ayudada por una jovencita de corto cabello color gris.
–¿Se encuentra bien señorita?
–Eh… creo que sí –dije aún algo mareada acomodando mis gafas. La mujer colocó su mano en mi hombro.
–Pase, pase y toma asiento. De verdad lamento todo esto. Lo lamento mucho.
–No se preocupe –dije, ya por fin mirándola al rostro. Ella había cambiado su expresión de molestia por una de preocupación. Las tres jovencitas estaban juntas a mi lado mirando todo en silencio mientras la otra chica las miraba con enojo.
–Pase, pase.
Suspiré y avancé hacia el Ryokan. Cuando terminaba de entrar pude escuchar el fuerte regaño que comenzó a darle a las tres chicas la joven de cabello corto. No le presté importancia, y ayudada por la otra joven tomé asiento cerca del mostrador. El lobby era pequeño pero acogedor, y estaba caliente.
–Disculpa de verdad lo que acaba de pasar. Mi hermana menor y sus amigas… bueno son algo torpes.
Ella sonrió y sirvió un poco de té en una taza. Me la acercó sin dejar de sonreír.
–Toma. Cortesía de la casa por las molestias. También puedes quedarte en una habitación y disfrutar de nuestras aguas termales, con vistas al mar gratuitamente, por lo que acaba de pasar. Es una manera de ofrecerte disculpas.
–Eh… Gracias, pero no te preocupes, solo busco un teléfono.
–¿Un teléfono?
–Eh sí –dije y saqué mi móvil del abrigo–. El mío se murió y no tengo forma de llamar.
Ella sonrió y me señaló un teléfono al otro lado del mostrador. Le agradecí con una sonrisa y suspiré acercándome al teléfono despacio. Levanté el auricular y cerré los ojos. Intentaba recordar el número de teléfono de Fumiko o el de Nico-chan, pero ni siquiera podía recordar el mío. Suspiré. Que dependientes somos de la tecnología, que ya no nos aprendemos los números de nuestros seres queridos –pensé mientras mordía mi labio.
Maldije por lo bajo. Entonces recordé un número de teléfono, uno de alguien que me podía ayudar. Lo marqué despacio mientras miraba a la chica de cabello largo que terminaba de acomodar algunas cosas en los estantes.
–Doctor Ibayashi al habla –dijo una voz masculina en la línea. Sonreí.
–Kei
–¿Quién habla?
–Eh… Nishikino Maki.
–Señorita Nishikino-san, buenas noches.
–Eh, sí. Buenas noches Kei. Gracias por responder. Pensé que no lo harías, por el número de teléfono.
–Sí, es extraño ver que llames de un número particular.
–Es que mi móvil murió y no puedo cargarlo, es todo –Él rio con una carcajada. Me mordí el labio, entre molesta e incómoda.
–Suele pasar Nishikino-san. ¿Y a qué debo esta llamada?
–Necesito el número de Sonoda Umi. Sé que tú lo tienes, por ser su doctor de cabecera y lo necesito urgentemente.
–¿Sucedió algo con la señorita Sonoda-san? –preguntó preocupado. Negué con un sonido.
–No. Umi está bien. Solo necesito su número.
–Ah bueno –suspiró y eso llamó mi atención.
–Kei, ¿sucede algo con Umi?
Hubo un largo silencio entre los dos. Eso me hizo preocuparme, y más cuando Kei comenzó a reír, con su risa habitual.
–Claro que no Nishikino-san. La señorita Sonoda-san está muy bien. Dame un segundo para buscar su número de teléfono…
Me mordí el labio. Sentí que Kei me estaba mintiendo. Algo dentro me decía que me ocultaba algo, tanto él como mi padre, pero a la vez no podía ser posible. Si Umi tenía algo, no le hubieran dado el alta médica. Lancé un suspiro cuando él comenzó a hablar.
–Ok, el teléfono de la señorita… apunta.
Busqué rápidamente algo con que apuntar, cuando me sorprendió la joven de cabello largo con un lápiz y un papel. Le sonreí y lo tomé. Apunté despacio cada uno de los números que Kei me dictó y sonreí.
–Gracias Kei. De verdad.
–Me alegro de haber sido de ayuda, Nishikino-san.
Terminé la llamada y comencé a marcarle a Umi. Mientras esperaba en línea a que ella respondiera, podía escuchar aún los fuertes regaños en el exterior de la chica de cabello corto a las jóvenes que chocaron conmigo. Un timbrazo más y escuché la voz de Umi, confusa.
–¿Aló?
–Umi, soy yo, Maki.
–Maki, hola. ¿Dónde estás? ¿Estás bien?
–¿Es Maki?
El sonido de sillas moviéndose y de ajetreo se escuchó por el auricular del teléfono. De pronto una fuerte voz hizo que me lo quitara de la oreja.
–Maki, ¿dónde estás? –era Nico con voz molesta–. ¿En dónde demonios estás?
–Nico más cuidado, acabas de golpear a Umi-chan –esa fue la voz de Kotori.
–Maki, responde…
–Hola Nico-chan –suspiré y comencé a enredar mi cabello en mi dedo.
–¿Hola? ¿Así no más? Maki, por un demonio, te he estado llamando desde hace horas, te mando mensajes, todas te hemos escrito y no respondes a nada.
–Esto… venía conduciendo y… –suspiré nuevamente–. Ah, porque tengo que darte explicaciones.
–¿Qué por qué? Por un demonio Maki, estamos preocupadas. Yo estoy preocupada.
–Me quedé sin batería en el móvil y no tengo el cargador, ¿contenta?
–Oye, no me grites cabeza de tomate…
–No me hagas enojar, enana de los infiernos…
–¡Nico ya basta! –Esa voz fue la de Eli–. Estamos cenando y estas llamando la atención de los demás comensales.
–A mí no me dices lo que puedo hacer Eli. Estoy hablando con mi… ¿Nozomi por qué me pegas? Rin dame ese teléfono…
Escuchaba como forcejeos, pero nadie hablaba. Mordí mi labio y noté como entraban al lugar la chica de cabello corto seguida de dos de las chicas que me ayudaron a levantarme. La pelirroja con la que había chocado ya no estaba con ellas.
–Shima… voy a llevar a You-chan a su casa, y me voy a llevar a tonta Chika como castigo para que cargue las compras que tengo que realizar –la chica de cabello largo la miró y sonrió.
–Claro Mito, será un perfecto jalón de orejas para nuestra pequeña hermana.
Las dos chicas más jóvenes, la de cabello gris y la otra de un brillante cabello naranja se miraron con algo de frustración, pero permanecieron calladas y segundos después comenzaron a caminar detrás de la joven de cabello corto hacia la salida del Ryokan. La chica de cabello gris me miró unos segundos con duda en su rostro antes de salir del todo del lugar. Estaba tan concentrada en ellas que me asustó una voz en mi oído.
–Maki, ¿Eres tú?
–Eh… esto… sí. ¿Quién habla?
–Pues yo Fumiko, tu jefa. ¿Dónde estás?
–Eh… –regresé mi mirada al teléfono frente a mi–. Estoy en un Ryokan, cerca de donde dejaron las camionetas de la empresa. Acabo de llegar y perdí el último barco hacia el hotel por veinte minutos, además estoy cansada, el examen fue un infierno y mi teléfono se quedó sin batería y…
–Ok, ok, ok ya te entendí. Tranquila.
–De verdad, ¿por qué me pasa todo esto a mí? –dije con algo de frustración. Fumiko rio levemente.
–No ha sido tu día, es todo. No te preocupes.
–Fumiko… estoy al otro lado de donde estás, con mucha agua de por medio y sin saber qué hacer. ¿Y qué no me preocupe?
Fumiko comenzó a reír a carcajadas lo que hizo que me molestara un poco. Sin darme cuenta, ya me había acabado el té y ahora solo quedaba la taza vacía. Escuché como la risa de Fumiko se aplacaba lentamente.
–Mira Maki. No puedo ir por ti, ya que no hay más servicios de transporte hasta mañana, ya pregunté en la recepción.
–Pero…
–Me dijiste que estabas en un Ryokan, ¿cierto? Pregunta a ver si tienen una habitación disponible y descansa ahí. No te preocupes por los gastos, yo los pago mañana cuando vaya por ti a primera hora de la mañana, cuando salga el primer bote. ¿De acuerdo?
–Eh… si no hay más remedio.
–Descansa Maki. No me des un dolor de cabeza más al que me han dado las demás hoy. Ya con los reclamos por como repartí las habitaciones he tenido más que suficiente.
–Ah –dije sin comprender. Ella suspiró y negó.
–Ya mañana te darás cuenta. Por cierto, gracias por llamar. Estábamos preocupadas.
–De verdad, lamento no haberlo hecho antes Fumiko.
–Descuida. Descansa y buenas noches Maki.
Suspiré y coloqué el auricular del teléfono en su base. Miré a la chica detrás de la barra que limpiaba unos vasos y me miraba sonriendo.
–Creo que tomaré tu oferta de una habitación y un baño.
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Tenía más de treinta minutos de estar en esa agua fresca y caliente. Estaba dándome un delicioso baño en las aguas termales del Ryokan y no quería salir de ellas. Estaba sola y tenía una hermosa vista del mar. Ni viajando con mis padres había estado en un lugar así. Mi cuerpo estaba tan relajado, tan descansado de todas las presiones y preocupaciones de las últimas semanas, que sentía que podía quedarme dormida ahí dentro del agua.
Miré el hermoso cielo nocturno, lleno de estrellas, muchas más de las que se podían mirar en Tokyo. Este era un hermoso lugar, alejado de la gente y del bullicio de la gran metrópoli. Sería un lindo lugar para vivir en un futuro.
Enfoqué entonces mi mirada hacia la isla a lo lejos, al lujoso edificio que brillaba con las estrellas. El hotel en donde estaban mis amigas. Me imaginé a las chicas y no pude evitar reír. Según le había entendido a Fumiko, las había colocado en habitaciones separando a cada pareja. Era obvio que iba a hacer eso –Fumiko lo había hecho desde que trabaja con nosotros–, pero podía entender parte de los reclamos. Nadie sabía nada de nuestras relaciones en este lugar, solo ella, Mika e Hideko, así que no había problema en que nos quedáramos a dormir en parejas, pero Fumiko era de otro pensar. Creía que si nos separaba evitaría problemas futuros. Tal vez tenía razón… no sabría decirlo. ¿Cuándo fue la última vez que Nico-chan y yo dormimos juntas? Ya habían pasado semanas, creo que meses, desde que comencé a estudiar para el examen y no compartía con Nico-chan más allá de un par de horas en mí oficina del hospital.
Pensar en Nico-chan hizo que me entrara un poco calor, pero también de molestia y por extraño que pareciera, una sensación de desazón. Recordé a la chica de la otra agencia, la que vino a hablar con Nico-chan. Nico-chan no me había dicho nada aún sobre eso, y yo sabía que ella no se cambiaría de agencia sin antes hablarlo con todas, pero me quedaba siempre esa duda.
Una dulce melodía comenzó a llegar a mí, la melodía de un piano. Sonaba bastante hermosa, pero a la vez tímida y dudosa. Era una melodía un poco alegre, pero por alguna razón… no se sentía libre. Miré a mi alrededor. La melodía parecía venir de cerca, pero no era del interior de la habitación. Salí del agua y me puse la bata de color rosa que la chica de cabello largo me había dado al llevarme a mi habitación. Despacio me asomé al exterior, pero solo podía mirar el mar. Recogí mi toalla y mi ropa y salí del baño. La melodía se escuchaba más fuerte en el pasillo, así que decidí seguirla, despacio. Cuando me di cuenta, estaba en el segundo piso del Ryokan, frente al balcón de una casa vecina al edificio. De ahí salía la música.
Sonreí, porque mi habitación estaba cerca. Justo cuando me dirigía a dejar mis cosas en ella, la música se detuvo. Escuché un leve golpe en las teclas del piano y un poco de ¿llanto?
Regresé lentamente y miré hacia el balcón. El sollozo era un poco más intenso. Entonces, la luz de la luna iluminó el interior de la habitación. Alguien lloraba sobre el piano, una chica. Y fue cuando la reconocí. Era la chica pelirroja que había chocado conmigo hace tan solo unos momentos atrás. Mordí mi labio y suspiré. No sabía que le pasaba, y no era mi problema. Lancé otro suspiro y comencé a caminar a mi habitación. Justo cuando estaba en la entrada, cerré los ojos. Sabía que no era mi problema, sabía que no debía intervenir, pero… no podía dejarlo pasar. Nozomi se reiría de mi de ver lo mucho que he cambiado.
Regresé despacio y coloqué mis cosas en el suelo. Luego, me aclaré levemente la garganta.
–Eh… perdón, pero… ¿Te sucede algo?
La chica dejó de sollozar y miró hacia donde yo estaba. Sonrojó por completo y noté como comenzaba a temblar su labio inferior.
–Eh…
–No, no te asustes. Perdón por incomodarte.
–No… no me molesta.
Ella se limpió las mejillas. La miré fijamente. Era una hermosa chica, podía ser tres años menor que yo. Su cabello era más oscuro que el mío, además de mucho más largo. Sus ojos, estaban apagados y tristes. Suspiré y traté de sonreír un poco.
–¿Sucede algo? –pregunté en un susurro. Ella negó levemente.
–No sucede nada, señorita. Y perdón por lo de hace un rato. Espero no haberle causado un daño.
–Descuida. Solo es un golpe lo que tengo en la cabeza –Ella asintió bajando la mirada. Me acerqué un poco más al barandal–. Oye… la melodía que estabas tocando, era bastante hermosa.
–Eh… gracias –dijo sonriendo un poco–. Pero aún no está completa.
–¿Es tuya? ¿Tú la compusiste?
–Eh… sí, o bueno, estoy tratando.
–Debo admitir que me ha gustado mucho –Sonreí y eso pareció animarla–. Me gustaría escucharla completa –ella volvió a bajar la mirada triste.
–No sé si pueda. No creo que la pueda terminar.
–¿Por qué?
–No me considero lo suficientemente buena como para completarla. No… no soy capaz de hacerlo.
Noté una lágrima bajar por su mejilla. Me sentí mal. Entonces comencé a tararear la misma melodía que ella estaba tocando, la misma melodía que solo había escuchado segundos atrás. Ella abrió sus lindos ojos sorprendida y se levantó de la butaca del piano, acercándose al barandal del balcón rápidamente.
–Cómo…
Dejé de tararear en el mismo punto donde ella se había detenido y sonreí. Ella esperaba ansiosa a que yo dijera algo.
–Bueno… yo también soy pianista… o bueno, lo intento. Aunque no soy lo suficientemente buena para hacerlo, creo que la sonrisa de mis compañeras, a las cuales les compongo mi música, son las que me ayudan a hacerlo.
Sonreí. La chica mordió su labio y comenzó a dibujar una sonrisa. Era extraño que yo, de todas las personas, estuviera tratando de animar a una persona que no conocía, pero algo en ella me recordaba a mí, a la chica que era antes de que Honoka me encontrara, antes de que me viera involucrada en toda la loca aventura que comencé al conocerla a ella y a las demás. Ella me recordaba a la Maki insegura que era, la que solo seguía la corriente, la que solo cumplía los deseos de sus padres.
–¿Y cómo lo haces? –dijo en un susurro–. ¿Cómo haces para que esas sonrisas te ayuden a componer? Yo… quiero crear algo mágico para mis amigas, pero…
–¿Tú las quieres?
–¿Ah?
–¿Quieres a tus amigas? ¿Son lo más importante para ti en este momento?
Ella asintió despacio y sonrió. Me sonrojé un poco con esa sonrisa, así que desvié la mirada y tomé mi mechón de cabello.
–Pues ahí está tu respuesta. Eso es solo lo que necesitas. Yo… yo antes dudaba como lo haces tú ahora. Incluso… pensé en alejarme de la música.
–¿De verdad?
–Sí. Incluso hubo un momento en el que pensé que estaba sola, sin amigas. Pero una de ellas… la más… escandalosa, loca y decidida de todas volvió a reunirme con ellas y ahí fue cuando decidí seguir mi sueño.
–Yo… –dijo y bajó la mirada–, yo escapé de todo. Dejé mi antiguo colegio en Tokyo, hui a esta zona, tratando de encontrar lo que me faltaba…
–¿Y lo encontraste? –pregunté lentamente.
–Al igual que usted… una chica algo loca, escandalosa y decidida me ha mostrado algo y me ha unido a amigas fabulosas… es por eso por lo que quiero regresarles todo eso con música.
–Entonces usa eso que acabas de decirme para poder terminar esa hermosa melodía que tocabas. Sé que quedará perfecta cuando la hayas acabado.
Ella asintió con fuerza. Hizo una reverencia y sonrió ampliamente.
–Muchas gracias, senpai, por tu consejo.
Me sonrojé por completo. Nunca me habían llamado senpai de esa manera. Asentí con una sonrisa sincera en mi rostro. Nos quedamos unos segundos en silencio.
–Eh bueno… –dije sin saber que más agregar–. Ha sido un placer escuchar tu melodía. Espero puedas terminarla. Buenas noches.
Ella asintió y regresó a su habitación cerrando la puerta de vidrio. Antes de terminar de hacerlo se despidió de mi con su mano. Lancé un suspiro y sonreí. Nozomi de verdad se burlaría de mi si me viera en este momento. Recogí mis cosas y regresé a mi habitación a descansar.
.
.
Eran pasadas las seis de la mañana cuando bajé a la recepción del Ryokan. La chica de cabello largo ya se encontraba ahí y me sonrió al verme llegar. Arrastraba mi equipaje que había sacado de mi auto el día anterior antes de dejarlo junto a los autos de la agencia. Me senté frente a ella en la barra.
–Buenos días –dije mientras me quitaba las gafas.
–Buenos días señorita. ¿Gusta tomar algo de desayuno?
–Un poco de café sería fabuloso para recargarme luego de ese descanso tan placentero.
Ella sonrió y comenzó a servir el café en una bonita taza de porcelana mientras yo miraba hacia las ventanas que daban al exterior. Un bote se divisaba a lo lejos y se acercaba a la orilla, a la casita donde estaban estacionados todos los autos de la empresa, incluido el mío.
–Toma –colocó la taza frente a mí–. ¿Algo de comer?
–No gracias. No suelo comer tan temprano. Además –bebí un poco–. De seguro mi jefa vendrá por mí en unos minutos.
Sonreímos y nos quedamos en silencio. Yo seguía bebiendo ese delicioso café y ella seguía preparando algo detrás del mostrador. Miré mi reloj un segundo.
–Fue muy hermoso lo que hiciste ayer por Riko-chan.
–Eh…
–La chica que vive en la casa de al lado. Apenas hace unos meses se mudó a este lugar. Mi hermana se hizo su amiga y la arrastró a una aventura, pero siempre pensé que Riko-chan se estaba quedando atrás. Lo qué le dijiste ayer… creo que era lo que ella necesitaba escuchar.
–Eh… bueno, creo que me vi reflejada en ella. Yo también estaba huyendo de la música hasta hace un año. Creo que por eso pude entenderla… entender esa melodía que estaba tocando.
–Eres de la ciudad, ¿Verdad? ¿De Tokyo? –Asentí y bebí el último sorbo de café que quedaba en mi taza–. Y eres parte de µ's, ¿cierto?
–Vaya… veo que mi disfraz no fue muy bueno –dije algo incómoda. Ella negó despacio.
–Fue bueno. Ninguna persona te ha reconocido. Pero recuerdo haber visto tu rostro en un poster que tiene mi hermana menor en su habitación. Ustedes son su motivación.
–Vaya…
–Descuida. No le diré que están aquí.
Sonreímos. La puerta principal se abrió y asomó su rostro la persona que esperaba. Una chica alta, de largo cabello morado atado en una alta coleta. Sonrió al verme y se acercó al mostrador.
–Buenos días Nishikino-san.
–Buenos días Fumiko –me levanté de la butaca he hice una reverencia–. Perdón por todas las molestias que te estoy causando.
–Descuida. No pasa nada. ¿Nos vamos? Las demás te estan esperando para desayunar, en especial Yazawa-san que quiere hablar contigo.
Enarqué una ceja con molestia lo que hizo reír a Fumiko. Miró a la chica de cabello largo tras el mostrador.
–Cuanto sería todo por la estadía de la joven en su establecimiento.
–Oh no, descuide. Fue una cortesía de la casa.
–¿Por qué?
–Es una larga historia Fumiko –le dije colocándome las gafas y acomodando mi gorro blanco en mi cabello–. Luego te la puedo contar.
–Eh… si tú lo dices.
Hizo una reverencia a la joven y tomó mi equipaje y se lo llevó con ella. Yo me giré hacia la chica detrás del mostrador y sonreí. Hice una reverencia.
–Gracias por todo. He pasado una fantástica noche.
–Me alegra mucho. Espero que te vaya muy bien.
–Volveré un día, espero que sin accidentes de por medio.
Ambas sonreímos. Suspiré y seguí a Fumiko al exterior. El aire aún frio golpeó mi rostro con fuerza. Podía sentir el sabor a sal del mar. Fumiko sonrió y continuó su camino con dirección a la casa donde esperaba un hermoso bote blanco. Avancé dos pasos cuando una voz me detuvo.
–¡Senpai!
Miré hacia la casa al lado del Ryokan, hacia el balcón. La chica de cabello rojo movía su mano y dibujaba una hermosa sonrisa en su rostro. Llevaba un camisón rosa, pero su cara no mostraba signos de soñolencia. Respiró profundamente y colocó las manos alrededor de su boca.
–¡Terminaré mi melodía! ¡La terminaré y espero que puedas escucharla algún día! ¡Será dedicada para usted también!
Sonrojé. Fumiko me miraba fijamente con rostro confundido y luego miraba hacia la casa. Suspiré y coloqué mis manos en mi boca.
–¡Lo estaré esperando! ¡Sé que será una melodía fabulosa!
Ella sonrió e hizo una reverencia antes de regresar al interior de su hogar. Sonreí para mí y miré a Fumiko que me miraba con una ceja levantada.
–¿Qué? –dije justificándome, agarrando mi cabello–. Yo también puedo… ser una senpai.
–No he dicho nada –y sonrió.
–Solo una cosa Fumiko. No comentes nada de esto a las demás, en especial a Nozomi. No quiero que comience a molestarme como siempre hace.
Fumiko asintió y continuó caminando hacia el bote. Suspiré y volví a dibujar una sonrisa en mi rostro. Miré una última vez hacia la casa de esa chica y luego seguí a Fumiko en silencio.
Nuestra pequeña tomatito tsundere a cambiado mucho, y ahora es más madura. Que linda. Esperemos que pueda escuchar esa melodía.
Si, no estaba muerto... y no me he olvidado de mis historias.
Un abrazo.