Akatsuki no Yona
Yona / Hak
Advertencia: las de siempre
Capítulo IX
No lo comprendía.
Hasta antes de que lo hicieran ella había estada ávida de que él la tocara, no obstante cuando despertó, estar compartiendo el mismo espacio reducido que la cama entregaba, haciéndola estar tan cerca de él, significó incomodidad.
Hak dormía, y estaba temiendo que él despertara, porque en ese momento se sentía completamente contrariada y confundida.
Se levantó, y tanteó en la oscuridad buscado su ropa donde la había visualizado la última vez, y se dirigió al baño con lo que pudo encontrar.
Se sentía extraña y con una sensación angustiante en el pecho. La tenue luz del baño le permitió observar su reflejo y lo que vio distaba de ser lo que ella recordaba como su propia imagen: su cabello estaba corto y enmarañado, los labios estaban hinchados y la piel brillaba por el sudor ya seco.
Le había pedido a Hak tener sexo, sin embargo no se sentía distinta ni mejor, sólo demasiado avergonzada por haber provocado la situación.
Nunca había sido alguien que se tomara las cosas a la ligera, pero fue solo cuando él había mencionado que acabaría dentro de ella que se dio cuenta de que aquello podría traer consecuencias.
¿Y si hubiese quedado embarazada? Ni siquiera había sido bueno. Siempre pintaban y vendían el sexo como algo irresistible, y ella no lo había percibido de esa manera. Le dolió y todavía sentía como si él estuviera ahí, y aunque sabía que no era culpa de él, no podía evitar relacionarlo con la experiencia.
Sin importarle si era descubierta por el abuelo de él, tomó una ducha prolongada, mientras sopesaba la situación.
¿Sería difícil enfrentarlo? No quería lastimarlo, pero no se sentía capaz de volver a intentarlo. Se sentía complicada con tan solo recrear en su mente el encuentro que no creía tomaría tanto tiempo.
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—¿Estás bien? —escuchó la voz de Hak.
Se veía algo alterado, y no traía nada puesto en el torso. La luz del amanecer se colaba, permitiéndole ver la perfección de ese cuerpo ejercitado. Se sonrojo al ver que ella lo había marcado, porque podía ver sus dedos repartidos por su cuerpo.
Él se acercó e intuyó que la abrazaría, pero aun habiéndolo visualizado no supo qué hacer para evitarlo.
—Pensé que habías escapado nuevamente —dijo con suavidad.
Intentó besarla, pero corrió el rostro antes de que lo consiguiera.
—No volveré a irme sin antes decirte —le recordó.
Hak intentó acercarse a ella, y ella no quería, y por más que lo evitaba había ocasiones en las que simplemente no podía.
—Tengo que ayudar con la reparación del techo de un vecino —anunció —. Mi abuelo estará ahí también.
No quiso demostrarlo, pero al parecer su alivio fue notorio, porque no fu su idea la expresión decaída de Hak.
La situación no mejoró una vez que él regresó y él esa noche durmió con su hermano.
No podía continuar ahí, por muchas razones, pero no podía estar privando a Hak de la comodidad de su cama, además de que había asuntos que tenía que resolver. Había intentado tomar distancia, pero no podía seguir escapando.
Había tenido tiempo para sopesar que su padre había muerto, lo había aceptado así como todas las noticias recalcaban que las posibilidades de encontrar a la tripulación con vida, con cada momento que pasaba, disminuía.
A pesar de haber vivido protegida, nunca había sido una chica ilusa. Había experimentado de pequeña intentos de secuestro y atentados por gente que pensaba distinto a su padre.
Debía volver a su casa y dejar de escapar, aunque en teoría también lo hacía porque huía de otra situación que no había tenido el tiempo de somatizar, y no lo lograría quedándose donde estaba.
Esperó pacientemente a que él regresara, pero sentía cada minuto como si fuera el equivalente de una hora, por lo que arregló nuevamente las cosas que había traido en la maleta, aun cuando ya lo había hecho temprano en la mañana.
Se sentó en la cama que había utilizado durante ese tiempo y el olor de él la inundó. Recordó el recorrido de sus manos y su boca en su cuerpo y el recuerdo era tan fresco que se atemorizó. Él no había sido brusco, y ella había forzado la situación, pero no imaginó que no estaría preparada para dar el siguiente paso. Era distinto el sólo frotarse y tocarse a llegar hasta el final.
En algún momento se quedó dormida, y despertó acalorada, con Hak abrazándola.
—Despertaste —habló él.
Su voz suave y profunda demostraba preocupación.
—Hola —saludó.
No sabía qué más decir, pero esa posición en la que estaban le acomodaba. Estaba junto a él, pero no mirándolo, lo que era perfecto, porque estaba segura de que si lo veía directamente terminaría llorando, y no quería hacerlo.
—¿Comiste algo? —quiso saber.
Pensó que sólo lloraría si lo miraba a los ojos, pero las lágrimas comenzaban a amanazar.
—Sí —mintió.
No tenía hambre y no lo había sentido en todo el día.
—¿Te irás? —preguntó.
Era evidente, dado que la maleta no estaba donde él la había guardado.
—Sí —admitió.
El silencio embargó la habitación, al igual que el frio, porque él dejo de abrazarla, y por el movimiento él se sentó en el borde.
—¿Volverás a tu casa? —profundizó.
—Sí... necesito enfrentar todo esto y ya no puedo seguir escapando —le informó.
Él no dijo otra palabra.
—Te llevo —anunció.
Su tono sonó autoritario, y la descolocó. Se acomodó de modo de poder levantarse de la cama, pero antes de poder mirarlo, él tomó la maleta y la llevó consigo.
Bajó tímidamente la escalera, esperando no hacer ruido, no estando segura de haber logrado su cometido, y se dirigió a la salida con un paso apresurado que temió se viera ridículo.
—Mi abuelo y Tae-Yeon no han vuelto —espetó con sequedad.
Levantó el rostro para mirarlo, pero nuevamente antes de poder verlo él se volteó.
El sonido de las ruedas de la maleta era todo lo que se oía. Él caminaba delante de ella, guiándola en el camino.
—No tienes que ir a dejarme —le avisó.
El ruido de las rueditas de la maleta con el concreto se detuvo.
—Te iré a dejar hasta tu casa —decretó.
Quiso decir que no era necesario, pero simplemente supo que era mejor no decirlo.
El transcurso, a diferencia de otras oportunidades, fue tranquilo, al ser día domingo por la noche no había mucha gente, por lo que incluso quedaban asientos vacíos. Él se sentó en un lugar distinto al de ella, y no la miraba bajo ninguna circunstancia.
De algún modo el hombre atento y considerado sólo estaba siendo considerado, y sabía que aquello era exclusivamente su responsabilidad
Después de un viaje que no estaba segura si había sentido igual de largo antes, llegaron hasta la parada del autobús que estaba más cerca de su casa, hasta que finalmente, la esquina antes de llegar a su casa, donde se sabía que custiodaban la entrada dos vigilantes, Hak se detuvo.
Lucia serio y apagado, y ella no creía estar luciendo mucho mejor tampoco.
—Gracias —dijo ella.
Se acercó a ella, hasta detenerse justo a un paso de distancia.
—¿Debo creer que regresaste porque debes resolver tus asuntos? ¿o por lo que pasó entre nosotros? —habló suspicaz.
La respuesta era que en realidad por las dos razones.
—Si te obligué de alguna manera… yo… —intentó disculparse.
No quería hablar del tema, pero no porque no lo hablara significaba que no hubiese ocurrido.
—Todo está bien —mintió —. ¿Te veo mañana?
—Sí… —respondió poco convencido —. Si todo está bien, ¿por qué te sobresaltas cada vez que me acerco?
¿Hacía eso? Ni siquiera se había dado cuenta.
Ella acabó con la distancia y lo abrazó, y no tardó en sentir las caricias gentiles de él en su pelo. Quiso decirle algo, pero no sabía qué.
—¿Puedo besarte? —preguntó.
Tuvo la certeza de que si decía que no, lo perdería, y una de las pocas cosas que sabía era que no quería que desapareciera de su vida. Cerró los ojos, se inclinó hacia él, pero por mucho que esperó, el beso no llegó.
—No tienes que hacerlo si no quieres —dijo él finalmente.
Dejó de rodearla con sus brazos y vio su alta figura caminar, alejándose de ella y algo dolía en su pecho mientras era testigo de esa escena. Él no miró nunca hacia atrás, no obstante ella no dejó de mirarlo hasta que desapareció al doblar la esquina.
Yona se volteó, y se dirigió hacia su destino.
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Los empleados que ella tan bien conocía al verla se llenaron de buenas palabras al saberla de regreso, sin embargo no lo sentía sincero.
—¿Dónde está el tío? —consultó.
—Señorita, él regresó a su casa —informó la ama de llaves —. Pero el señor Soo-won sigue acá, aunque no en este momento.
¿Soo-won seguía ahí? ¿Por qué no había regresado junto con su padre?
—Necesito que me diga la verdad —se enserió de pronto —. Los medios dicen una cosa, pero estoy segura de que aquí se maneja más información.
—Todo el asunto no se ha tratado con total hermetismo —reveló —. Incluso de con los empleados.
—Por favor, necesito saber sobre mi papá —rogó al borde del llanto.
Hak siempre recalcaba que ella difícilmente daba las gracias, mucho menos pedía las cosas como correspondía. Había aprendido de él que la actitud de las personas cambiaba con el uso de esas simples palabras. Incluso la mirada de esa persona que la conocía de tantos años, varió.
En la torre de control no registraron ningun inconveniente –habló finalmente -. El avión simplemente desapareció. Se han hecho búsquedas en el lugar donde se tuvo certeza que el avión pasó, pero no hay restos del fusilaje o algo que indique un accidente; creemos que el avión pudo haber sido secuestrado.
¿Cabía la posibilidad de que su padre estuviera vivo aun? Pero… ¿quién haría eso y por qué? Era cierto que su padre tenía detractores, no obstante ¿hasta llegar a eso punto?
—Su primo se ha encargado de los asuntos de la casa por encargo del hermano de su padre —agregó —. Las cosas han funcionado bien…
No entendió bien la razón, pero algo de eso no le gustó, ¿por qué tenían que llegar sus parientes de esa forma y encargarse de algo que nadie les pidió? Cuando eran pequeños solían juntarse al punto de ella desarrollar sentimientos románticos por él, pero desde hacía ya un año o tal vez dos, las cosas no eran de ese modo.
—Señorita —llamó su atención la mujer —. Estoy preocupada por usted… no sabemos cuánto puede durar esta situación, y usted todavía no alcanza la mayoría de edad.
Nunca había sido realmente cercana a esa mujer, pero pudo ver que su preocupación era genuina.
—Las cuentas de su padre han sido congeladas —explicó ella —. Los empleados temen que no se les pague, y los gastos de este lugar no son pocos.
Por supuesto, ella no había pensado en eso. Ella no tenía dinero dado que su padre era quien lo suministraba, y la vida costaba. Sin su padre, no había ingresos.
—Deme los detalles de lo que se le adeuda a los empleados —dijo con seguridad —. Me encargaré de pagarles.
Sabía donde había dinero, además tenía claro qué era lo que tenía que hacer. Lamentaba el tener que proceder, pero a aquellos empleados que no fueran estrictamente necesarios debía pedirles que cesaran sus actividades.
—Hoy —demandó con seguridad.
La mujer asintió, y prometió acercarse a su habitación cuando tuviera listo aquel informe.
—No necesitas hacer eso, Yona —escuchó —. Yo puedo encargarme de todo.
La voz era la de Soo-won. Inconfundible.
Se volteó y se encontró con su rostro sonriente.
—Regresaste —destacó él.
—Sí, ya volví —aseveró —. No te preocupes tú, que esta es mi casa y yo podré encargarme de todo.
Él la miró dubitativo.
—Estoy acá para ayudarte —sostuvo —. Siento que no tienes esa impresión.
—Estás equivocado —negó.
Claramente él era una persona muy perceptiva. Se estaba sintiendo de algun modo atacada, y él lo sabía.
—Yona, sé que toda esta situación es mucha carga para ti —dijo condescendientemente —. Déjame ayudarte…
Esa sonrisa fue la misma que le dedicó el dia que la rechazó, y se le revolvió el estómago.
—Gracias, Soo-won —dijo ella.
Necesitaba ir a su habitación y alejarse de él, pero antes de poder decirle que se iría a su habitación, él le preguntó algo de lo que no quería hablar.
—¿Viniste sola? —indagó él.
Por supuesto que se refería a si había venido con Hak. A los ojos de todos él era su novio y por la forma en la que se había ido, quizás le parecía dficil de creer que lo hubiese hecho sola.
—Sí, no puedo seguir abusando de su buena voluntad —confirmó —. Ahora, si me disculpas…
Se volteó y caminó unos cuantos pasos hasta que su primo volvió a requerir de su atención.
—Yona… —habló —. ¿Estás enojada conmigo aún?
No tenía que aclarar a qué se refería, sabía perfectamente bien que hablaba de esa vez…
—No, primo —recalcó la palabra "primo" —. Tenías razón, me demoré en comprenderlo pero sólo confundí mis sentimientos…
—¿De verdad? —quiso confirmar él.
—Sí —sonrió —. No puedo imaginar a otro que no sea Hak.
Sus piernas temblaban, si bien era cierto que lo había superado, tampoco la contentaba demasiado el hecho de estar hablando al respecto.
—Nos vemos más tarde —se despidió ella.
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La ama de llaves trajo consigo el listado adeudado y la nómina completa de las personas que trabajaban en su casa. No creía que fueran tantas, eran un total de veintisiete personas, y a ella de la nómina le sonaban
Se dirigió al cuarto de su padre, donde él le había indicado alguna vez que tenía guardadas las cosas más valiosas. Él y ella eran los únicos que sabían la clave de la caja fuerte enterrada bajo la alfombra persa bajo la cama. Al abrirla encontró mucho efectivo, las joyas de su madre y documentos. Sacó el monto necesario para pagarle a la gente, y la cerró, asegurándose de que todo siguiera tal como lo había encontrado, porque su padre siempre recalcó la importancia de que ese lugar sólo ellos debían conocerlo.
Tras depositar el monto y algo más por el repentino despedido, preparó sobres sellados y se dirigió a la cocina y se encontró con el cocinero y su ayudante. Él era la persona que le había preparado la comida por años, sin embargo pocas veces le había visto la cara.
—Gracias por la exquisita comida que me ha preparado todo este tiempo.
El hombre se sobresaltó al verla, y algo confundido agradeció sus palabras.
—¿Ha visto usted a la señora Hye? —interrogó.
—Le dolía un poco la cabeza —respondió —. Creo que está descansando en su habitación.
Era su casa, donde había vivido casi todos los años de su vida, y sin embargo no tenía idea dónde era ese lugar.
—La iré a buscar por usted —dijo apresurado el ayudante de cocina.
—¿Podría indicarme cuál es el camino? —consultó algo avergonzada.
El chico, que no debía tener muchos más años que ella la acompañó, guiándola, hasta que se detuvo frente a lo que parecía una casa independiente, pero que estaba conectada a la principal.
—No me había dado cuenta de que esto era tan grande… —comentó.
—¿Dijo algo? —interrogó el chico.
—No, nada… —respondió ella.
El chico la dejó frente a la puerta, y lamentó molestar a la señora Hye con su dolor de cabeza. Golpeó con suavidad, y no pasaron más de veinte segundos hasta que ella respondió, y al verla tuvo una reacción muy parecida a la del cocinero.
—¡Señorita…! ¿usted? —habló contrariada.
—Necesitamos hablar —le explicó —. No puede esperar…
No había nadie que conociera la casa como la señora Hye, y pidió ocnsejos sobre como recortar gastos, empezando por los empleados que no eran estrictamente necesarios. Ella estaba reticente al comienzo, de seguro debía ser cercana a ellos, pero entendía las circunstancias.
—No sé qué más hacer —se lamentó.
—De momento apagar las luces, ahorrar agua —empezó la señora —. Las fuentes de agua no son algo realmente necesario, ¿sabe?
Asentía mientras la mujer enumeraba las cosas que podían dejar de hacer y la nómina que ella había estimado podía quedar con dieciséis personas, quedó finalmente con nueve.
—Lamento mucho la situación —expresó con pesar.
—Creo que lo entenderán y lo ven venir —dijo ella —. Además todos estiman al señor Il.
Acompaño a la señora Hye a informales personalmente del recorte de personal. Muchos de ellos la veían por primera vez y la miraban extrañados, y lo comprendía, ella siempre fue muy ajena a todo y de pronto aparecía de esa manera, para despedirlos.
Sabía que no era el conducto regular, pero afortunadamente muchos de ellos no tenían contrato, ya que su padre le daba la oportunidad de trabajar a gente joven, para ganar experiencia y poder entrar al mercado laboral. Su padre era un fiel creyente en que el futuro del país descansaba en los hombros de las personas jóvenes, y era fiel a ese principio.
Regresó a su habitación, cansada y desanimada. Al otro día se suponía que debía ir a clases, pero no estaba segura de sí lo haría. Ya había faltado toda la semana anterior, y de seguro no tenía que explicarles la razón.
Si el avión de su padre había secuestrado, significaba que él estaba vivo en algún lugar, y era lo que deseaba creer. No tenía como valerse por sí misma ni como mantener por mucho tiempo esa casa, tampoco había algún adulto haciéndose cargo de ella, quien no alcanzaba la mayoría de edad. Su cama le pareció de pronto enorme, y la habitación tan innecesariamente grande.
¿Cómo había vivido toda su vida de esa forma? Tan ajena a todo y a todos, incapaz de formar lazos verdaderos, y de mantener una relación desinteresada…
Se levantó de la cama que no había logrado entibiar, y se dirigió a su baño, con piso de mármol, tan lujoso como igual de gélido que el ambiente en toda esa casa. Sus sales de baño seguían ahí, tal como las distintas cremas para su cabello, los jabones y bálsamos, y recordó que en la casa de Hak sólo había un shampoo y un solo tipo de jabón, y la casa entera olía como ellos, dándoles a todos el sentido de pertenencia que ellos no se percataban, donde ella no sentía que encajaría jamás, aunque aquello le gustaba.
Miró su cuerpo y pudo ver en sus pechos los dedos de Hak. Recordó que si bien él no había sido violento, en algún momento la había apretado mucho, y pudo observar esas marcas en la piel demasiado blanca.
Su cuerpo entero seguía sensible tras lo que había hecho. No sabía por qué había estado buscando tener sexo tan desesperadamente, al final, no se había sentido mejor, por el contrario. Nunca se había sentido más alejada de Hak desde que lo había conocido.
Estaba arrepentida por no haber esperado, por haber forzado la situación hasta ese punto. La responsable había sido ella, pero sentía que lo había culpado a él, quien no había hecho otra cosa que apoyarla cuando lo necesitó.
Solía vestirse en el baño, y además como primeramente había intentado dormir, ya tenía puesto el pijama, no obstante la tela era tan suave que terminó resbalándose y mojándose.
—¡Qué fastidio! —se quejó.
Se secó con la firme idea de dejar la toalla húmeda en el baño y colocarse un pijama seco. Aquella acción no tomaría treinta segundos, sin embargo al salir desnuda del baño se encontró con Soo-won en la habitación, quien estaba dejando algo sobre la cama.
Ella estando desnuda, se paralizó, porque no se esperó encontrar a nadie. Sintió la mirada de su primo en ella y por unos segundos no tuvo la ocurrencia de cubrirse ni siquiera con los brazos.
Él se volteó rápidamente y ella corrió hacia su closet, internándose en éste y cerrando la puerta con violencia, con el corazón latiéndole con fuerza por la adrenalina generado con aquella inesperada situación.
¿Por qué él había entrado a su habitación sin pedirle permiso? ¿La había visto?
Sabía la respuesta. Sí, lo había hecho. No podía engañarse a si misma mintiéndose de manuera absurda.
Soo-won la había visto completamente desnuda.
Sintió enrojecer su rostro y ya ni siquiera fue capaz de sentir el frío. No tenía la intención de verlo tras lo sucedido, por lo que tras esperar lo que ella consideró era el tiempo que cualquiera se aburriría de esperar, salió, encontrando sobre su cama una caja blanca. Era un teléfono móvil, y sobre este tenía un sobre, y dentro de éste una nota.
"Para que nunca volvamos a perder el contacto"
Quitó la nota escrita de su puño, porque esa era su letra y al mirar el modelo observó que era de los más modernos. Al levantarlo encontró otro mensaje.
"Disculpa, me tomé la libertad de guardar en la memoria mi teléfono"
El dispositivo estaba completamente cargado y listo para su uso.
Soo-won siempre tenía esa clase de gestos. Ella nunca fue muy apegada a lo tecnológico y era como si los computadores se revelaran en su contra, y él a veces por horas le explicaba el funcionamiento o cómo solucionar los problemas. A ella la mayoría de las veces no le importaba en realidad el problema, pero aprovechaba esas oportunidades para conversar con él.
El anterior teléfono ella lo había destruido, por lo que no tenía uno, pero no creía que fuese necesario tener el más caro. Se sintió desagradada, pero le habían enseñado que los regalos se agradecían y no se cuestionaban.
Mientras investigaba las funciones pensó en que independiente de su valor, podría comunicarse. El único número guardado era el de Soo-won, quien se había tomado la molestia de hacerlo por ella. Pensó en agradecerle escribiéndole un mensaje, pero se avergonzó al remembrar lo que había acontecido poco tiempo antes y no estaba segura de poder iniciar una conversación con él sabiendo que la había visto en esas condiciones, pero el teléfono vibró, y al ver el nombre de su primo en la notificación de mensaje, sintió como todo el calor de su cuerpo se concentró en su rostro. Después de unos momentos, ella leyó el mensaje.
"Siento haber entrado de esa forma a tu habitación, mi intención era sólo dejarte el teléfono sobre la cama y salir no creí que justo saldrías en ese momento…"
A ese mensaje le seguían dos más, uno disculpándose nuevamente pero de una forma más breve, y el otro con un emoticon que imploraba con su manos.
Intentó escribirle distintos mensajes distintos, pero no podía poner con palabras lo que realmente sentía al respecto.
"No importa… gracias por el teléfono, pero no debías molestarte"
Pensó que la conversación se detendría ahí, porque no era que quisiera hablar realmente sobre eso.
"No me gustó no saber de ti por tanto tiempo…"
¿De qué estaba hablando? Habían pasado meses antes de volver a verse en aquella fiesta.
"No fue tanto tiempo, ha pasado más sin tener noticias el uno del otro"
¿Por qué le estaba contestando? No había necesario agregar lo último.
"Siempre he estado pendiente de ti aunque no fuera de manera directa"
Estaba descolocada con lo que acababa de enterarse, porque no estaba segura de lo que pretendía. ¿No notaba que eso podía ser cruel para alguien a quien rechazó? Ya no era el mismo sentimiento o esa sensación de incomodidad cuando pensaba en eso, pero tampoco era un bonito recuerdo.
Jamás lo había notado, pero Soo-won podía ser realmente cruel, y no estaba segura de sí era algo que hiciera de manera inconsciente, porque era lo mínimo que se podía pedir por una persona y sus lastimados sentimientos: consideración.
No le contestó y simplemente apagó el teléfono, dejándolo a un lado de su cama, el baño había conseguido relajarla, por lo que al girarse y acomodar la almohada, al poco rato se quedó dormida.
Despertó después de unas horas y por mucho que le dio vueltas en su cabeza, encendió el teléfono y decidió releer la conversación con Soo-won, pero antes llegó otra notificación de mensaje.
"¿Estás durmiendo?"
Miró la hora y había sido escrito tres horas atrás.
La intensidad era menor, pero pudo sentir su corazón estremecerse al releer sus mensajes…
El teléfono vibró nuevamente y del susto se le resbaló de las manos.
"No me había dado cuenta antes de que ya no eres una niña, Yona…"
Los latidos de su corazón que habían aumentado su frecuencia, tras leer eso pudo escucharlo palpitar en sus oídos, como si tuviera un estetoscopio.
Él se estaba refiriendo a su cuerpo. A la visión que no había querido darle pero que había terminado obteniendo.
Apagó el teléfono nuevamente por la vergüenza que la abordó y que prácticamente no soportó, mientras intentó calmar su corazón de manera infructuosa.
No volvió a dormir y tampoco pudo dejar de pensar en los mensajes de Soo-won…
Continuará...
Lamento la larga espera por este capítulo. Me bloqueé groseramente, y además he estado ocupada terminando mis estudios; incluso hasta me tuvieron que operar de emergencia en el camino... estoy segura de que el siguiente no demorará.
Hasta pronto =)
Saludos, y como siempre, ustedes saben que me gustaría saber su opinión.
