A Royal Night Out

Calles


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—Este es el club CarSpade—Señalo Alfred mientras pedía permiso para poder pasar entre la gente, luego de unos empujones y "no te me acerques" llegaron hasta la entrada en donde había un señor de avanzada edad con un uniforme negro y una insignia en el delatando su puesto como guardia de la puerta. Arthur camino hasta el señor y preguntó:

—Buenas noches, portero. Busco a mi hermana, quizá la ha visto. Vestido y ojos azules, es rubia—Comento el más bajo describiendo a Emily, el de ojos azules rodo los ojos, ¿era enserio?

El señor solo dio una sonrisa sarcástica para luego contestar.

—No puede esperar que me acuerde de todos los que pasan por aquí—Lanzo una mirada difícil de interpretar según Arthur, pero Alfred solo pudo lanzar un bufido al saber que quería el portero. Metió una mano a pantalón para sacar un par de billetes y le toco el brazo de Arthur, este volteó y al entender(al fin) la indirecta, cogió los billetes y cuando se lo iba a dar al portero, los rubios sintieron que alguien los estaba empujando.

—Con cuidado—Reclamó Alfred frunciendo el ceño.

El señor que había pasado de largo con aires de superioridad, volteó y dijo:

—¿No olvidas hacer algo, piloto?

Alfred al ver señor uniformado y en ella llevaba insignias, entendió que debía dar un saludo de forma militar, era alguien de mayor rango por eso tenía que mostrar "respeto", y lo hizo de mala gana pero lo hizo. Se enderezo y se llevó una mano a la altura de la frente. Ese era el saludo militar típico en el mundo.

—Hazlo otra vez, pero ahora con más ganas, miserable—Escupió el superior, humillar a un piloto de cuarta acompañado de un muchacho muy bien parecido era gratificante.

Oh, lo dijo. Alfred rodo los ojos y sonrió, bajo sus brazos en señal de que no volvería a repetir el saludo, su superior le lanzo una mirada de reprobación.

—Que te den.

Luego de esa respuesta y un minuto de tensión. El superior, indignado, se metió al club. El portero había observado todo en silencio y para tratar de romper la tensión creada trato de toser disimuladamente, los chicos se limitaron a prestarle atención.

—Ahora me acuerdo— Dijo el guardia metiendo el dinero en su bolsillo,—Había una chica de ojos azules al igual que su vestido iba acompañada de un oficial de la Marina...

El portero no era idiota ni tampoco ciego para no ver esos rasgos tan finos y aquellos ojos del más pequeño, sabía quién era, pero si su próxima reina no quería revelarlo tampoco lo pondría en evidencia. Como buen ciudadano de Picas conocía toda la familia de Arthur Kirkland, era muy fiel a la corona.

—¿Sabe a dónde se fue? —Pregunto el de ojos verdes y como respuesta el guardia le dio una mirada y a su acompañante para luego bajarla. Arthur comprendió que es lo que quería y volteo hacia Alfred y le tendió la mano, el del lentes solo pudo rodar los ojos mientras sacaba otro billete de su bolsillo.

—Ya hablaremos de dinero...

Arthur cogió en dinero en frente de él y se lo dio al guardia.

—Escuche que ambos decían que irían a LordSpade a bailar y quien sabe que más...

Para el anciano hoy era su día de suerte, no solo se iría a su hogar feliz por la victoria de la guerra, se iría también con dinero y dado por la próxima reina, algo digno de contar a sus nietos. Ojala su ultimo nieto que se parece un poco al piloto presente no sea tan idiota. Este chico parecía que no sabía quién tenía a su lado, lo trataba con mucha confianza. Tal vez sea uno de los pueblos donde la realeza no es tan conocida como aquí.

Arthur estaba entrando en pánico, seguramente era tarde, sus padres estarían preocupados y probablemente los guardias estarían buscándolos y como no los encuentren, meterá en problema a gente que no lo merece. Emily, cuando te vea...

—Oh, no y...¿Sabes cómo llegar, Alfred?

Volteo a ver a su acompañante al no escuchar ninguna respuesta, no había nadie. ¿Lo había dejado? Lo que faltaba, sin guía, sin hermana, sin guardias y de "incognito". El anciano con pena por lo que seguramente pasaba el hijo de los reyes y viendo al piloto como lo había dejado a la deriva, comento:

—Si quiere le indico como llegar a ese club.

—Por favor—Rogo el más bajo con cortesía.

—Es muy sencillo camina desde aquí hasta la otra esquina, luego doblas y caminas dos cuadras y dobla otra vez y gira a la derecha cuando llegue mira el cartel una flecha y siga la dirección del cartel y por ahí luego de 5 cuadras seguidas lo vera. No hay perdida—Indico el guardia, ¿así era no?. El anciano espera no haberse equivocado, pero era algo sencillo de recordar así como los nombres de todos los reyes anteriores de Picas, Arthur le sonríe aunque por dentro este maldiciendo a su abuelo y sin más se va.

Y así la próxima reina empieza a caminar.


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Entre calles estrechas y casas muy pegadas además de oscuras a lo lejos se podía escuchar el sonido de fuegos artificiales y gritos sin embargo, el de ojos verdes estaba deambulando por aquel lugar, más perdido que un niño. Visualizo a un señor sentado entre tanta oscuridad y decidido a preguntar sobre el club va hacia él.

—Señor, perdón por...

—Que hermosura eres, ven con el rey de este lugar—El señor trato de besar al joven, a lo lejos podía olerse el alcohol que tenía el hombre, era como si se hubiera bañado en cerveza. Arthur trato de reaccionar lo más rápido para no tener contacto con el señor, lo golpeó y salió corriendo del lugar. Entre aquellos pequeños callejones oscuros mientras corría empezó a llorar el rubio, no sabía si de coraje por lo sucedido con aquel piloto y el ebrio señor o preocupación por su hermana, ella podría estar pasando por lo mismo o tal vez cosas peores. Mientras imaginaba futuros fatales, sin darse cuenta choco con otra persona que lo abrazo.

—¡Por favor, no me haga nada!

—No te hare nada que tú no quieras—Arthur se separó bruscamente del más alto al reconocer esa voz y el uniforme, le entro la furia pero a la vez alivio por encontrar a Alfred, se limitó a sonreír.

—Volviste...

Arthur sin pensarlo y mandando al traste su enojo por reciente abandono por parte del oji azul, lo volvió a abrazar y el de lentes con seguridad, le susurró: —Ya no te dejare.

Se quedaron por unos minutos hasta que se separaron sin decir nada y así, en silencio, salieron de los callejones hacia la calle principal que andaba algo más iluminada pero poco transitada. ¿Qué fue ese abrazo tan reconfortante?

Alfred iba adelante y de reojo buscaba a alguien, es como si conociera este lugar o la persona que buscaba, se detuvo al reconocer a una señorita y sin avisar o comentar, fue a ver a la joven que estaba un poco mal vestida además de algo vulgar ya que mostraba mucha piel y tenía un maquillaje muy exagerado.

—Hola, Kim—Saludo el piloto.

—Hola, guapo—Devolvió el saludo con un guiño y un abrazo un tanto efusivo con fines de restregar el cuerpo bien conservado contra el alto.

—Llévame al club LordSpade, Kim—Pidió Alfred ignorando el intento de ligoteo por parte de la mujer.

"Kim es una prostituta" o eso Arthur pensó todo el rato mientras iban al club, ellos estaban en frente de él y la chica siempre trataba de convencerlo para ir a un rincón cuando lleguen al club y perderse, al parecer la chica no le importaba para nada que él la estuviera escuchando hasta parecía que era adrede pero el más alto solo desviaba el tema hacia otro para no ser grosero con ella y ahí entraba el coqueteo de la mujer.

Entre propuestas e indirectas pervertidas, llegaron al dichoso club o eso parecía, Kim toco la puerta y se abrió dejando ver a un hombre alto, gordo con traje negro y era calvo, un guardia que prácticamente decía en la cara: "Moléstame y te partiré los huesos".

—Hola, Kim—Sonrió el guardia haciéndose a un lado para dejarla.

—Hola, vienen conmigo—Ella entro seguida de Arthur y Alfred, pero cuando el más alto iba a pasar es detenido bruscamente por el guardia y lo empuja hacia afuera.

—Perros de la realeza, aquí no entran—Y el guardia cerró la puerta dejando en el suelo al chico, este club nunca cambia de reglas.

Arthur no se dio cuenta de aquello hasta que volteo para comentar lo mal que olía el lugar y el excesivo volumen que estaba la música pero se percató de que no estaba ni a su costado ni nada. "¿No lo dejaron entrar o se escapó otra vez?"

Quería creer que fue lo primero y la única que podía confirmar eso era la señorita adelante suya.

—Kim...

La nombrada al ver la expresión de su acompañante entendió y explico:

—No lo dejaron entrar porque esta uniformado, aquí perros no entran. Lástima, pensé que por esta noche dejarían entrar a otros.

—¿Perros? —Preguntó Arthur, tratando de llevarla a un lugar más privado pues estaban en media pista de baile y todos los empujaban a parte de la bulla que había en tal pista.

—Ya sabes, personas que sirven a nuestros reyes. No me malentiendas, todos amamos a nuestros reyes pero a los perros los odiamos—Con una expresión de asco y rabia confeso la morena.

—¿Por qué?

—Algunos nos delatan ante los peones de los reyes y nos cierran en lugar, algunas vamos presas. Pero igual nos encantan ellos, en la cama son los mejores...Alfred sobre todo, es tan genial en la cama, te da ganas de no cobrarle sino pagarle para que te tome—Para esta altura de la conversación, Arthur ya estaba hecho un tomate. ¿Por qué se lo dice? Esas cosas son intimidades de ellos. No tenía caso y tampoco había preguntado eso...no le importaba la vida sexual de un piloto.

—N-no era necesario que me digas lo u-ultimo— Comento el rubio mirando hacia la ventana, necesitaba a Alfred a su lado, seguro el sabría a quién preguntar, sentía que si se exponía mucho alguien podría reconocerlo y lo último que necesitaba era eso.

—Pero tú debes de saberlo, ¿verdad? —Arthur para esta altura del momento, ya no sabía en donde esconderse para que la dama fuera a otro lugar a ofrecer sus servicios en vez de insinuar cosas que no son.

—¿Por qué dices eso?

—Parecen íntimos—Kim dejo de mirar a Arthur y dio un vistazo a su alrededor,— Me tengo que ir a trabajar, dile a Alfred que cuando tenga tiempo, me busque, él ya sabe dónde encontrarme.

El rubio tratando de omitir esa conversación fue hasta la ventana y la abrió, ahí abajo estaba Alfred, le hizo unas señas luego de confirmar que nadie le tomaba atención. Alfred pudo subir hasta la ventana gracias a un gran bote de basura y unos ladrillos que sobresalían del club.

Luego de que Alfred entrara al club muy disimuladamente y de forma normal, empezaron a buscar a la hermana de Arthur, entre empujones y caras raras, una chica con un traje algo exótico y un maquillaje demasiado extraño se puso en frente del ojiverde, más bien fue empujada hasta chocar por accidente con Arthur.

—Emily, creí que te habías ido con Claudio y las chicas al...¿cuarteto? —Hablo la muchacha con notorio grado de alcohol en su sangre y aliento.

Arthur reconoció el nombre entre los parloteos de la mujer.

—¿Cuarteto? —Arthur miro a Alfred y este solo movió la cabeza hacia los lados, dando a entender que no sabía a qué se refería.

—¿CuarLove? ¿CuarTrebol?...¿Cuar? —La chica solo empezó a reírse y retrocedió para tenderse en un sofá mientras fumaba.

—Ella sabe dónde está Emily—Murmuró y fue hasta donde la chica prácticamente dormía, al acercarse a ella se dieron cuenta que estaba muy pasada-demasiado, más de lo que creían- de copas de cerveza y tal vez algo drogada. Alfred alzo su mano como tratando de intentar bofetearla para que despierte pero no puedo hacerlo, no puede golpear a una mujer a pesar que sea por una buena razón .Arthur por su parte empujo al más alto y cogió una botella -no sin antes murmurar una disculpa- para tirar el contenido del envase a la chica, despertándola como efecto.

—¿A dónde se fue Emily? —Pregunto cuando la chica despertó de golpe por el líquido en su cara y trataba de limpiarse el licor de su ropa.

—Se fue con Claudio y las chicas al Chelsy—Contesto con molestia, ya quería dormir, había trabajado mucho por ese día.

—Al Cuartel—Murmuro el de traje elegante,— ¿Qué chicas?

—Prostitutas—Contesto el piloto. "Lo que faltaba"

—Uy, también trabajamos duro, gracias, y muy ocupadas una noche como esta—Siguió riendo la joven para luego volver a tratar de descansar.

Sin tomar atención a los gritos que lanzaba la alcoholizada mujer, escucharon unos gritos que provenían cerca de las escaleras.

—¡Tú, había dicho que perros no! —Cuando los chicos voltearon pudieron ver que era el guardia gordo, estaba obviamente cabreado. Dirigiéndose a los jóvenes, el más alto empujo a su acompañante levemente para alejarlo de la pelea que iba a propinarse, pues no creía que ese gordo dialogara con él.

Del cuello de su camisa militar fue tomado el de lentes para ser tirado contra una de las ventanas, Arthur hizo una expresión de dolor como si al le pegaran, sin previo aviso el guardia tomo fuertemente del brazo del chico y lo bajo a la fuerza por las escaleras haciéndole caer. El rubio de ojos verdes solo los siguió, al bajar las escaleras había como un almacén donde parecía que guardaban los tragos además de un escritorio de madera con muchos papeles encima.

Continúo la pelea y Alfred perdía, sin estar consiente, Arthur agarro uno de los tarros que había y le lanzo a la cabeza del calvo señor haciéndole caer mareado por aquel fuerte golpe, el de lentes sin importarle cogió de las manos al chico y subieron las escaleras.

Pasando entre parejas que bailaban por la música, tratando de localizar una salida pudieron ver ambos que aquel hombre se había recuperado rápido y se encontraba en el otro ambiente donde los buscaba con la mirada.

—Baila—Dijo Arthur acercándose un poco al militar, como siempre manteniendo una distancia prudente.

—No sé bailar.

—Haz un intento—Un fuerte apretón contra el cuerpo del uniformado, lo hizo avergonzarse—No tanto.

Una risa fue lo que ambos lanzaron por aquella situación, habrá durado unos minutos pero fueron muy eternos, bailar con un desconocido no era algo tan malo después de todo. Alfred miraba de reojo al gordo que le había dado una pequeña paliza antes de darle su merecido, claro que se lo iba a dar, pero Arthur se metió...ajá

Sin ver al guardia, se separó del más pequeño y sin pensarlo mucho lo jalo hasta fuera de aquel lugar. Después de correr unas cuantas calles hasta dejar de escuchar la música de aquel local, descansaron un rato. Con emoción ya que le estaba empezando a parecer una buena historia para contar lo que estaba pasando con Arthur, sería algo bueno...si no tuviera los días contados, preguntó:

—¿Nos vamos al Cuartel?

Arthur lo miro de manera rara, como si dudara en decir o responder y el más alto se dio cuenta de aquel gesto, imitándolo de manera divertida.

—¿Qué...Qué problema tienes con los militares?

La expresión del rubio cayo, una seriedad se hizo presento y pensó: "Mierda, se dio cuenta"