El segundo trimestre de embarazo avanzaba sin complicaciones, las náuseas habían remitido pero la hinchazón de tobillos y manos la mortificaba. Tenía que hacer frecuentes descansos en las jornadas de trabajo, por suerte la directiva acogió bien la noticia del embarazo no porque fueran altruistas sino por la buena imagen que daba del hospital, sabían que Cuddy acabaría renunciando tarde o temprano para cuidar de los pequeños y todos ganaban. Foreman la ayudaba, sería el encargado de hacerse cargo de todo cuando ella cogiera la baja por maternidad y le aliviaba las continuas cargas de documentos en su escritorio. La comida era un problema debido a la acidez y la abultada barriga la hacía más torpe.
Su madre pasó con ella el primer mes, en cuanto se enteró de la feliz noticia no pudo evitar estar con ella todo el tiempo que pudo. Su hermana pasó con ella un fin de semana del tercer mes, no tenían una relación cercana y fluida por la diferencia de edad y las vidas tan dispares que llevaban pero agradeció que Julia dejara a sus cuatro hijos con su marido y pasara con ella unos días, lo agradeció mucho ya que su hermana tenía mucha experiencia en embarazos y por mucho que Cuddy conociera todo el proceso en términos médicos desconocía los pequeños trucos para pasar mejor el día. También tuvo que renovar el armario y comprar ropa pre-mamá sin traicionar a su estilo elegante y provocativo, no iba a desaprovechar el crecimiento de sus pechos.
House seguía confundido, nunca había creído en el instinto paternal no por nada había convivido con un hombre que lo ignoraba la mayor parte del tiempo y cuando le hacía caso era para imponerle una disciplina castrense. Por suerte su madre siempre había estado allí, comprensiva, amorosa, paciente y era una de las personas a las que podía decir que quería de verdad y a la que jamás haría sufrir aunque sabía que la había decepcionado en muchos aspectos era la única que lo aceptaba tal como era desde siempre, excepto Cuddy. Lisa le había insistido en que diera la noticia a sus padres, aunque él no quisiera ser parte de la vida de los niños sus abuelos deberían saberlo. Greg sabía que en parte tenía razón, su madre era ya mayor y saber que tendría nietos antes de morir la llenaría de alegría pero dar la noticia implicaría que de alguna manera aceptaba un papel activo en la vida de los fetos (como se dirigía a ellos).
Después de aquella extraña noche en la que House irrumpió en su casa las cosas se habían vuelto raras, dormían juntos a menudo y tenían sexo con igual regularidad incluso habían cenado juntos en más de una ocasión. Aquella noche habían vuelto juntos a casa, era absurdo jugar como adolescentes e irse con minutos de diferencia, Cuddy comprendía lo difícil que le resultaba todo a Greg, sólo había tenido una relación larga en su vida y no acabó bien. Estaba acostumbrado a estar solo y ser miserable por lo que compartir noches con ella y ser algo menos miserable le costaba, Lisa nunca protestaba cuando desaparecía unos días para volver después como si nada hubiera pasado, sabía que necesitaba su espacio de vez en cuando. No sólo era compartir tiempo con una mujer era compartir tiempo con una mujer embarazada añadiendo que los fetos eran cosa suya. Aquella noche no tenían un plan especial, se sentaron en el sofá mientras House veía una canal lleno de testosterona y coches destrozados y Lisa leía un libro sobre bebés. Tenía los tobillos particularmente hinchados pero no quería incomodar a su acompañante poniéndolos en alto como estaba deseando. Se sorprendió cuando notó que le subía las piernas y las ponía sobre su regazo, le miró pero él evitó su mirada deliberadamente sin apartarla de la televisión. No hablaban mucho pero tampoco se pasaban cada hora en silencio y sin mirarse, normalmente era Cuddy quien comenzaba las conversaciones preguntando como era Greg en su infancia, sabía que el médico se sentía incómodo hablando abiertamente de los fetos por lo que Lisa hablaba indirectamente o le preguntaba sobre su infancia. Le gustaba escuchar historias sobre House porque así podía hacerse una idea de cómo serían sus hijos y debía añadir que muchas veces se preguntaba si podría criar a los vástagos de aquel hombre sin acabar desquiciada. Poco a poco se fueron conociendo mejor y aunque House la conocía bastante bien dado lo observador que era y el tiempo que hacía que la conocía se sorprendió al ver que aún había partes de ella que no había visto. Se sorprendió ver cómo comía helado directamente del bote o cómo comía dos perritos a la vez sin atragantarse, supo que dormía en el lado izquierdo de la cama y que siempre dormía con un brazo bajo la almohada.
Tenía los pies de Cuddy sobre su regazo, no era un fetichista de los pies pero sí que sabía reconocer la belleza de un pie bonito. Notaba el calor de los tobillos hinchados y pensó que debía estar muy incómoda llevando tacones, sin darse cuenta comenzó a pasar sus manos por los pies para terminar masajeando la zona. Al fin giró la vista para mirar a Lisa para verla con una expresión de auténtico placer que cambió en un segundo a desconcierto, paró creyendo que era él el causante de aquello.
- Se han movido.
- ¿Qué se ha movido?
- No qué, sino quién. Los bebés se han movido.
Sin esperar ninguna contestación cogió la mano que antes estaba en sus pies y la puso sobre el vientre abultado, estuvo a punto de quitarle pero en el último momento notó algo, un pequeño bulto en la piel tersa de la barriga. Volvió a sentirlo momentos después y se levantó, cogió la chaqueta y se marchó. No tenía la moto allí ni sabía a donde ir así que comenzó a caminar sin rumbo por el barrio residencial. Los fetos eran algo en su vida que mantenía apartado, Cuddy podía hacer con ellos lo que quisiera y cuando Wilson y ella cotorreaban sobre el embarazo él desaparecía así mantenía las distancias con todo aquello pero lo de antes fue real, los fetos existían y prontos serían bebés vivos que crecerían. Muchas veces se preguntó qué haría cuando nacieran y en la mayoría de escenarios huía y dejaba atrás todo, estuvo tentado de renunciar a todo derecho pero si aquellos parásitos heredaban la mitad de características suyas y de su madre sabía que no pasarían demasiados años antes de que le sacaran al "tío James" en nombre de su verdadero padre y tendría que enfrentarlo. También había contemplado quedarse, participar y todo eso pero siendo realistas ¿Qué podía aportar un lisiado, drogadicto, alcohólico y egoísta en la vida de unos niños? Acabaría jodiéndola de alguna manera y sería mucho peor.
Tardó varias horas pero al final volvió y se metió en la cama sin decir palabra. Cuddy sabía que aquello no era para siempre, que Greg acabaría huyendo cuando diera a luz pero pensaba disfrutar los momentos que pasaran juntos hasta entonces.
Estaba a punto de cumplir ocho meses y las cosas se aceleraban, tenía que montar el cuarto de los niños, comprar el carro, ir a clases de preparación al parto, ir a revisiones con el ginecólogo y descansar frecuentemente porque el volumen de la barriga había llegado a cotas peligrosas. Greg a veces se mofaba del tamaño y recreaba la escena de alíen en cuanto podía, llevaba unos días sin aparecer y no tenía esperanzas de que lo hiciera pronto por lo que se sorprendió cuando escuchó la puerta abrirse. Las cunas habían llegado y ella intentaba sin éxito montarlas, James había prometido ir a ayudarla al salir del trabajo pero para eso faltaban algunas horas.
- Levanta de ahí, mujer, vas a conseguir que el paquete explote antes de tiempo.
Agradeció la ayuda al levantarse pero tenía que montar las cunas.
- Vete de aquí, monstruo espacial, ya me encargo yo.
Entre una embarazada en el último estadio y alguien cojo la segunda opción era la más plausible para hacer aquello, se tumbó en la cama con los pies en alto y una toalla mojada sobre la cabeza y pronto se quedó dormida. La despertó el sonido del timbre pero antes de que pudiera ser consciente de lo que significaba ya habían abierto, se levantó torpemente y se asomó. Wilson había llegado con comida y hablaba con House sentado en el salón, se puso la bata y se reunió con ellos después de llevar las bebidas.
- Vaya, los niños crecen por momentos. – Al menos con Wilson podía hablar libremente de sus hijos.
- Sí, están muy inquietos últimamente y no me dejan dormir.
- Te he traído la hamburguesa de aquel sitio que te gustaba.
- Muchas gracias, parece que a ellos también les encanta.
Siguieron hablando distendidamente mientras cenaba, Greg no intervenía a penas en la conversación sobre los niños. Después de terminar cambiaron de tema para no incomodar demasiado al médico pero había algo que James quería abordar desde hacía semanas y aquel le pareció un buen momento.
- ¿Ya habéis decidido los nombres? –Cuddy miró a House esperando que accediera a entrar en la conversación pero no hizo ademán alguno.
- Sólo he pensado el de la niña, Rachel, como mi abuela. El del niño aún no lo he decidido.
- ¿Por qué no lo eliges tú, House? – Wilson nunca abandonaba el intento de incluir a Greg en los asuntos del embarazo.
- Cualquiera valdrá.
- Vamos, debe haber un nombre que te guste especialmente o alguien a quien admires y quieras honrar dándole el nombre al niño.
- …Miles.
Les sorprendió a ambos que respondiera, Wilson pensaba que lo mandaría a paseo. Cuddy quedó encantada, no entraba en sus plantes que él decidiera algo de los niños y menos algo tan importante como un nombre pero estaba dispuesta a aceptar la sugerencia. Cuando estaban en la cama, después de hacer el amor, la curiosidad le pudo.
- ¿Por qué Miles?
- ¿Qué más da? Queríais un nombre y os lo di.
- Me gusta, Rachel y Miles. Me gustaría poder decirle a Miles por qué lleva ese nombre – Greg entendió la indirecta, Cuddy no esperaba que él estuviera presente después del parto.
- Era un compañero de unidad de mi padre, un médico militar, no había niños en todos los destinos así que iba a la enfermería y Miles me enseñaba a curar heridas y a detectar enfermedades, era como un juego.
- ¿Por eso te hiciste médico?
- No, fue por el sueldo y las vistas. – Dijo mirando los abultados pechos de Cuddy.
Le gustaba el nombre, ella se hubiera decantado por un nombre judío pero Miles le parecía tan válido como cualquier otro y ya no concebía llamar al bebé de otra manera.
Lisa no paraba de taladrarle la cabeza, no quería decirle nada a su madre sobre el embarazo o mejor dicho no se atrevía. Una de las noches en las que huía de todo y se refugiaba en su piso su madre llamó, hacía tiempo que no hablaban y se vio obligado a cogerlo. Siguió la típica conversación de madre e hijo, comida, trabajo, pareja (En ese punto desvió el tema convenientemente)… Le sorprendió diciéndole que su padre estaría unos días fuera con sus antiguos compañeros del ejército en un viaje de pesca y su lado humano salió a relucir cuando le sugirió que se pasara a verle.
Cuddy sabía que House no hablaría del embarazo con su madre y decidió tomar cartas en el asunto invitando a Blythe a tomar un café. Cuando la tuvo delante suyo no tuvo muy claro cómo abordar el tema.
- Vaya, esa barriga es enorme querida.
- Sí, son dos y ya queda poco para que nazcan.
- Debes estar asustada
- Más que asustada estoy ansiosa.
Sostuvieron una amena charla sobre el embarazo donde Lisa pudo oír anécdotas sobre Greg de bebé pero pronto llegaron al tema en cuestión.
- ¿Y el padre? – Blythe se parecía más a su hijo de lo que la mayoría de la gente pensaba y había detectado la vacilación de la mujer cada vez que se hablaba de algo referente al padre.
- Eso es de lo que quería hablar con usted, el padre es Greg. No somos pareja, me ha ayudado a quedarme embarazada y pensé que le gustaría saber que tenía unos nietos en camino.
- ¡Voy a ser abuela! Vaya, creía más probable quedarme yo embarazada que tener nietos.
Cuando las contracciones empezaron estaba sola en el jardín, tomando un poco el sol. Sabía que faltaban horas para que el parto se produjera pero al ser mellizos podía haber muchas complicaciones así que llamó inmediatamente al hospital y a su ginecólogo. Todo iba bien, las contracciones eran cada vez más seguidas y el dolor iba aumentando, llamó a James para que la llevara al hospital pero el médico estaba en una operación y no respondió. No quería llamar a una ambulancia sin antes haber agotado todas las opciones así que cogió el teléfono y llamó, sin muchas esperanzas de que alguien contestara.
House estaba en el merendero del parque donde le gustaba ir a ver gente correr, para su desgracia aquel día estaba infestado de familias con niños lo que hacía que su intento de evadirse del embarazo se esfumara. Estaba a punto de irse cuando encontró una niña de unos cuatro años en medio del camino, sola y con evidentes signos de estar perdida. Iba a pasar de largo pero la niña lo reconoció como adulto y se abalanzó sobre él para que la ayudara.
- Señor, me he perdido.
- ¿Y qué esperas que haga yo? Haber estado más atenta.
- Por favor. – Algunos adultos se giraban a observar y se vio obligado a prestarle atención a la niña.
- ¿Dónde los viste por última vez?
Así se vio embarcado en la búsqueda de unos desconocidos, tuvo que aceptar que la niña era muy educada y hasta alguien como Wilson podría decir que era mona. No hizo preguntas indiscretas y evitó los llantos escandalosos. Al fin encontraron a los preocupados padres que se deshicieron en alabanzas por ayudar a su pequeña, estuvo tentado de mandarlos al cuerno y sermonearlos por ser unos padres nefastos pero la sonrisa de la niña dándole las gracias refrenó su lengua.
Un hecho tan normal y sin trascendencia hizo que el pequeño mundo de Greg girara, siempre se había considerado alguien desagradable para los niños y consideraba a los niños desagradables pero aquel gesto le hizo pensar que tal vez no era tan mal ejemplo para un niño y que a los pequeños no le resultaba tan desagradable. Aún recordaba el chico autista que le regaló la PSP, según sus padres aquella fue la primera vez que miraba directamente a alguien y él fue la única persona en tratar con normalidad a su hijo; también recordó la operación a la mujer embarazada que se negaba a abortar, cuando abrieron la bolsa del feto y este le tocó el dedo se quedó petrificado, era tan pequeño y frágil que tuvo miedo de dañarlo. No quería pensar en aquello, era alguien incapaz de cuidar de otra persona.
Estaba a punto de volver a casa cuando el teléfono sonó, lo dejó sonar una vez pero a la segunda miró la pantalla para ver el nombre de su jefa en él.
- ¿Qué quieres?
- Ya vienen, estoy de parto y James no coge el teléfono, necesito ayuda.
- Voy para allá.
Llevaba la moto de la manera más alocada que pudo, quería llegar lo antes posible y gritarle por qué demonios lo llamaba a él y no a una ambulancia, la estúpida mente responsable de Lisa le habría llevado a pensar que otra persona la necesitaría más que ella poniendo en peligro a sus propios hijos. Estaba realmente enfadado.
Cuando llegó Cuddy lo esperaba ya vestida y con las maletas listas.
- No pienso montarme en esa moto.
- No seas estúpida, dame las llaves de tu coche.
No tardó mucho en dárselas y pronto estuvieron de camino al hospital, House no paraba de preguntar cómo se encontraba y de contar las contracciones, era muy probable que ya hubiera empezado a dilatar. Se formó un gran revuelo cuando Cuddy entró, todos esperaban con alegría el parto de su jefa y todos querían saber cómo estaba.
Ya en la sala de espera Cuddy caminaba de un lugar a otro esperando que la dilatación creciera, si no debía someterse a una cesárea. Ella quería tenerlos de forma natural aunque sabía que por su edad y el embarazo múltiple podría darse de otra manera, House no hablaba pero la observaba sentado pendiente de cualquier cambio. A la hora llegó una enfermera para revisar el estado de la doctora y para alegría de ella le dijo que había dilatado lo suficiente, la preparó para llevarla al paritorio cuando observó que el insufrible doctor House la seguía hasta la puerta del paritorio.
- Lo siento, Doctor House, pero sólo pueden entrar familiares.
- Soy el padre – La doctora protestó, no le creía, pero Cuddy corroboró la información y esta tuvo que callar y dejarle pasar. Ambos sabían que no pasaría mucho tiempo hasta que todo el hospital lo supiera.
El parto fue difícil, Cuddy no paraba de gritar mientras Greg se mantenía al margen observando, más de una vez cambió de idea y se levantaba para irse pero pronto volvía a su lado. Casi media hora después el primer bebé asomaba la coronilla y con un último empujón todo el cuerpo estuvo fuera. Cuddy estaba exhausta pero lloraba de emoción al ver a su hija sobre su pecho, no pudo disfrutar mucho ya que las contracciones volvieron. Se llevaron el bebé al otro lado de la habitación para lavarlo y pesarlo bajo la inquisitiva mirada de House que no dejaba de mirar al bebé como si fuera la cosa más extraña que hubiera visto nunca. La enfermera estaba acostumbrada a todo tipo de padres y en cuanto terminó ofreció el bebé al padre.
- Cójalo.
- No, no puedo.
- Claro que puede.
La enfermera le obligó a sentarse y le puso encima al bebé, aconsejando al padre cómo cogerla. Estuvo a punto de salir corriendo, no se atrevía a mirar hacia el bebé aunque notaba que estaba revolviéndose en sus brazos, al fin encontró el valor para mirar al bulto. Era pequeño y estaba arrugado, fue lo primero que pensó, entonces el bebé abrió los ojos y se quedó estático, era imposible. Es decir, era completamente posible pero aun así tuvo que cerciorarse de nuevo. ¡Aquel bebé tenía los mismos ojos que Cuddy! Se fijó en la pulsera y vio que era la niña, aquella niña tenía los ojos de Cuddy. Se fijó mejor después del primer hallazgo, le quitó el gorro y vio que la poca pelusa que presentaba era castaña, como su pelo y también comprobó que la nariz era recta y larga, como la suya. Se encontraba fascinado buscando semejanzas con Cuddy o con él mismo cuando oyó el segundo llanto, esta vez más fuerte y enérgico. Todos felicitaron a la agotada madre y limpiaron a la paciente para que pudiera sostener a los bebés.
House se acercó a Cuddy y le entregó a la niña y se fue a ver al niño, no paraba de llorar y patalear para disgusto de las enfermeras y Greg no pudo más que sonreír orgulloso de su pequeño. Le dejaron sostenerlo unos segundos, lo suficiente para que el padre primerizo vislumbrara un azul eléctrico entre los párpados. Todo el trasiego pasó, subieron a Cuddy a planta con los dos bebés sobre el pecho y sin perspectiva de separarse de ellos en 18 años al menos.
En cuanto estuvieron instalados se presentó Wilson que miró maravillado a los pequeños.
- Son preciosos.
- Sí que lo son, son los bebés más hermosos que han existido.
- Se parecen mucho… A los dos – Dijo tanteando el ambiente, House simplemente lo miró con una sonrisa.
- Toma cógelo.
- ¿Este pequeño es Miles?
- Miles James… - No siguió ya que aún no habían decido qué hacer con los apellidos. A Wilson le emocionó que el pequeño llevara su nombre.
- Miles James House – Completó Greg desde la silla.
- Y esta es Rachel Anne House – Dijo enseñando el rostro de la niña.
Durante las siguientes horas desfiló por la habitación la mayoría del hospital, aunque House quería irse y dejar atrás tanto imbécil interesado en cuanto salía de la habitación volvía a entrar a los pocos minutos para cerciorarse de que todo estaba bien. Por fin las horas de visitas terminaron y se quedaron solos en la habitación.
- Puedes irte, Greg, mañana me darán el alta y podré irme a casa. Wilson me llevará.
- De eso nada, mañana te llevaré a casa, no me fio de Wilson. Podría transmitir a los niños su estupidez crónica.
- House, ¿Estás seguro de esto? Aún estás a tiempo, no he rellenado los papeles.
- No estoy seguro de nada, Lisa, tengo miedo de echarlo todo a perder. Mi padre fue un cretino conmigo y yo no soy mejor que él.
- Pues inténtalo, intenta ser mejor que él, da igual las veces que te equivoques. Yo siempre estaré con ellos y no dejaré que les hagas daño.
House solo asintió pero quedó sellada la promesa.
Cuddy aprovechó hasta el último día los meses de baja maternal, fue duro tener a los dos bebés pero agradeció lo buenos que eran. Miles era más inquieto y le costaba más dormir pero cuando los acostaba juntos solía dormirse enseguida, otra forma de calmar al pequeño era su padre. House pasó al menos un rato todo los días con Cuddy y los pequeños, le fascinaba ver cómo crecían y se parecían a ellos. Miles tenía los ojos de House y el parecido en todo su rostro apuntaba a su padre pero la zona de la boca y la barbilla eran innegablemente de Cuddy, Rachel sin embargo era una pequeña copia de Cuddy con sus ojos, sus manos pero el pelo color castaño, como su padre.
Cuando la decana tuvo que volver a trabajar sufrió la separación con sus pequeños pero había conseguido una reducción de jornada con la ayuda de Foreman y podría estar más tiempo con los pequeños. Al entrar en el despacho encontró un regalo y no tuvo duda alguna de que Greg era el responsable, era un bonito marco de madera rodeando una foto de ella y sus pequeños, no fue consciente de que la estaban fotografiando pero la imagen era preciosa.
House había tomado una decisión y no había nada que fuera a echarle atrás así que entró como un torbellino en la oficina de la decana extendiéndole unos papeles.
- ¿Qué es esto?
- Una casa.
- Ya lo sé, ¿Por qué me lo enseñas?
- Porque quiero que la compremos.
- ¿Cómo?
- Tu casa es pequeña, cuando los niños crezcan querrán tener su propio cuarto y aquí no hay sitio.
- ¿Comprarla? – House no entendía que lo que la sorprendía era que hablara en plural.
- Creía que te gustaría. – Se tomó la libertad de mirar los papeles.
- Está cerca del hospital, mucho terreno, 3 habitaciones, un buen colegio cerca… Es una gran inversión. – Cuddy había estado pensando en comprar una casa nueva pero no había tenido tiempo debido a los niños.
- He hablado con la exmujer de Wilson, la venta de tu casa cubre casi todo el precio de la nueva casa y yo pondré el resto.
- ¿Hablas en serio? ¿Vas a vivir con nosotros?
- Se me ha hecho muy pesado estar de un lado a otro para ver a los monstruitos así que la opción más lógica es que viva con ellos. Y… contigo.
Cuddy llevaba esperando algo parecido desde que supo lo del embarazo, tener a Greg a su lado la mayor parte del día era más de lo que podía soñar y podía involucrarse más con los niños.
- Te quiero.
- Creo que yo también.
La mudanza se hizo sin problemas, ayudaron Wilson y los empleados de House. La casa era preciosa y grande, acomodaron las cosas de los niños en una habitación, Cuddy no concebía separarlos tan pequeños. Lo que más le gustó fue acomodar las cosas de Greg en la habitación, ya no podía huir, tampoco parecía querer hacerlo. AL principio a House no le gustó la idea de vivir con ellos pero con el tiempo no pudo evitar sentir que quería estar más tiempo con ellos, con Lisa y tener que viajar desde su apartamento al suyo era un incordio así que cuando vio aquella casa con el cartel de "se vende" no pudo evitar imaginarse allí, con Cuddy y los niños jugando o haciendo una barbacoa y no pudo evitar proponérselo, quería una vida con ellos.
No quería llorar pero no pudo evitarlo, sus pequeños estaba a punto de entrar en la escuela primaria y su orgullo de madre la superaba. Miles y Rachel habían crecido mucho, Miles – o MJ como su tío James le llamaba – Era más alto que su hermana, tenía el pelo castaño y algo rizado, siempre desordenado como su padre, sus ojos habían causado sensación allá donde iban, idénticos a los de su padre, y su personalidad también la había heredado de su padre pero con un poco más de humanidad. Rachel era una belleza, todos lo decían, con su pelo castaño rizado, sus ojos aguamarina, como los de su madre, y su personalidad encantadora hacían que todos a su alrededor hicieran lo que quisiera. Ambos niños se llevaban muy bien ya que ambos habían comprobado que la mayoría de niños eran aburridos o idiotas pero ellos eran más maduros en inteligentes y se entendían bien.
Ambos niños amaban a su madre pero a su padre lo idolatraban, sabían que era uno de los mejores médicos del país y muy inteligente además de consentirles cosas que su madre desaprobaría. Cuddy aún recordaba con amargura las noches en vela de sus pequeños cuando House les dejó ver una peli de terror con él. Cuddy agradecía cada día el momento en que Greg apareció aquel día en su casa, le había dado lo que más anhelaba y más.
- Vámonos ya, sólo hemos venido a ver a un montón de mocosos entrar en un edificio.
- Pero es su primer día de colegio, Greg, no podía dejarlos solos.
- Espero que no pretendas hacer lo mismo en secundaria – Dijo divertido.
- Vamos, te invito a desayunar y nos tomamos el día libre.
- Es genial esto de ser el amante de la jefa.
- Déjate de tonterías, eres mi marido, no mi amante.
- Así que eso era aquel papel – Cuddy le golpeó el hombro.
- Te quiero.
- Y yo a ti.
House jamás lo admitiría pero quería a la familia que había formado, quería a Cuddy desde hacía años y disfrutaba cada momento con ella, sus hijos se habían convertido en la piedra angular de su vida, veía en Miles todo lo que él no pudo ser y en Rachel la niña más maravillosa que podía existir. Le encantaba tenerlos a su lado, ser el padre consentidor y que cada noche pudiera acostarse al lado de Lisa sabiendo que aquellos dos monstruitos estaban a salvo en la habitación de al lado.