EXTRA.
Kuroko No Basuke sigue sin pertenecerme aún.
Leyó el mensaje por tercera vez aquel día, respasándolo con la mirada tanto que parecía que iba a borrarlo en cualquier instante.
De: Kise
Para: Aominecchi
Esta noche mi casa estará sola y cómo es fin de semana,
¿quieres quedarte a ver una peli y dormir?
Enviado a las 9:38
- Oooh... ¿Hoy va a ser la primera noche de Aomine-kun y Kise-kun solos?
- Dai-chan, ánimo~
- ¿¡Ah!? ¿¡Por qué me das ánimos, Satsuki!?
Se revolvió el pelo con una mano sonrojándose, esos dos eran los peores amigos de la existencia. ¿Cómo podían estar burlándose de esa forma de él? Porque por la sonrisilla de sus rostros (sí, incluso Tetsu estaba sonriendo así) era lo único que estaban haciendo. Desvió la mirada hacia su móvil y su respuesta.
De: Yo
Para: Mr. Modelo.
Estaré allí sobre las siete.
Enviado a las 10:47
Miró la hora, si quería llegar a la acordada, tenía que ir saliendo ya. Tragó saliva, con la cual casi se atraganta cuando dos manos chocaron contra su espalda.
- ¡Animo~!
- Animo, Aomine-kun.
- ¡Que dejéis de darme ánimos!
Se acomodó la bufanda y la chaqueta mientras tocaba el timbre, metiendo automáticamente las manos en sus bolsillos. Como era invierno había oscurecido pronto, y ya a esas horas hacía un frío considerable. Por suerte no tuvo que esperar demasiado allí fuera, ya que Kise nada más abrir la puerta lo saludó y lo agarró del brazo para que entrase rápido.
- ¡Ve al salón y siéntate, estoy haciendo palomitas para la película!
- Cuidado que no se quemen.-Se burló viéndole correr por el pasillo hacia la cocina, mientras él caminaba hacia el salón.-
- ¡No soy tan torpe!
El olor de las palomitas calientes inundó el salón con facilidad. Kise llegó con un bol enorme lleno hasta arriba y se sentó en el sofá junto a él subiendo las piernas al sofá, cogiendo el mando de la televisión y pasando de canal rápidamente. Aomine se acomodó a su lado estirando el brazo para comenzar a atacar la comida sin pedir permiso siquiera.
- ¿Qué vamos a ver?
- Avatar, no la he visto antes pero todos dicen que es genial.
- ¿No será una película romántica, verdad?
- ¡No~! Me dijeron que era de acción, nunca la vi. ¡Ahí está!
Sonrió al ver el entusiasmo y la alegría del rubio, y todos los nervios se comenzaron a ir poco a poco. Quizás no iba a ser tan extraña la noche como imaginaba.
Con lentitud bebió un poco de refresco mirando la película, bastante impresionado de que de verdad fuera tan buena, y eso que aún no había acabado. Tenía acción, una muy buena animación, buenos personajes y una trama bastante interesante. Y pensar que se había esperado una película cutre de amor o algo así... Aunque, no es como si esa no tuviera escenas amorosas. De hecho, en ese instante estaban viendo una, donde el protagonista estaba apunto de morir y la chica intentaba salvarle.
- Oi, Kise, no vayas a...
Sonrió mirando hacia un lado, esperando burlarse de Kise, pero... ¿es que acaso le iba a frustrar todos sus planes?
El rubio estaba abrazándose a un cojín, el cual tenía acomodado entre sus piernas y su cuerpo, mirando fijamente la pantalla con los ojos humedecidos y los labios fruncidos intentando reprimir las lágrimas. Notó que el corazón comenzaba a bombearle más rápido, y sentía las mejillas algo acaloradas. ¿En serio, qué demonios le estaba pasando...?
- ¿Uhm? ¿Qué, Aominecchi?
Ambos se miraron directamente a los ojos, confusos por la expresión que mantenía el otro. El moreno en ese momento perdió toda la poca razón que le quedaba y le agarró de la muñeca echándose hacia delante, tumbándolo de repente en el sofá con una mano atrapada sobre su cabeza. Con la otra echó hacia el suelo el cojín y luego se incorporó un poco para disfrutar de la visión. Kise se había sonrojado por completo, cerrando los ojos por la vergüenza. Su camisa se había levantado dejándole ver un poco sus blancas caderas, las cuales tuvo la necesidad de tocar. Pero no con sus manos.
Bajó el rostro posando sus labios en ellas, escuchando el leve jadeo que aquel mínimo acto había conseguido sacar. ¿Kise era ruidoso cuando...? Eso era algo que no sabría como sobrellevar sin morirse en el intento. Con su mano libre empezó a subir aquella prenda, repartiendo besos poco a poco, dibujando un camino hacia arriba cuya parada ya sabía cual iba a ser. Levantó el rostro besándole en los labios lentamente, viendo como el otro todavía no abría los ojos, pero sí que susurró su nombre. Maldición, ese Aominecchi... había dejado de sonar estúpido a sonar jodidamente sensual.
Suspiró contra su cuello, mordiéndolo con cuidado. No era tan animal como para no saber que si le dejaba marcas (visibles, al menos) le iba a causar un problema con su trabajo, y no quería que su... primera vez, acabase mal. Notó como le acariciaban el pelo, seguramente con la mano que tenía libre de su agarre. Sonrió, sintiendo demasiada ternura en ese momento, y alzó el rostro para mirarle.
- Kise...
El nombrado abrió los ojos por primera vez, y ahora que podía verle aprovechó para acariciarle la mejilla.
- ¿Estás seguro de esto?
- ¿Aominecchi está preocupado por mí? -Se rió suavemente, aunque se notaba que era todo producto del nerviosismo.-
- Idiota, por supuesto que lo estoy, al fin y al cabo... Ya sabes, yo no sé nada de esto con hombres, lo básico que oigo comentar a algunas de la clase cuando hablan de... fantics, o algo así, no recuerdo el nombre. No les da ninguna vergüenza decir lo que escriben.
Nunca admitiría que había usado el gran mundo de internet para informarse sobre aquello. Una cosa era que le gustasen los pechos grandes y otra era que supiera cómo hacerlo con un hombre así de la nada. Era más sencillo poner excusas como esa. No le iban los hombres, pero, si algo tenía claro, es que SÍ le iba Kise. Y la prueba estaba en cómo acababa de reaccionar a aquel rostro, quizás era su lado masoquista, ¿todos tienen uno, no? La leve caricia de unos dedos en sus labios le sacó de sus pensamientos, mirando de nuevo al rubio que tenía bajo él.
- Confío en ti.
Mierda. Si todas las veces iban a ser así, estaba perdido.
Suspiró de forma ronca, escuchando los sonidos que Kise hacía bajo él. Todo era demasiado erótico, mil veces mejor que una película porno o una de sus revistas. Sus reacciones, sus sonidos, su rostro. Quizás ahora entendía un poco a las fans que tenía, cualquiera de ellas se moriría por tenerle así. Bueno, no así, al revés, ah... Daba igual, él se entendía. Lo había desnudado, y una de sus manos estaba entre sus piernas, preparando con sus dedos la entrada del rubio. Daba estocadas lentas con apenas dos que estaba usando. Había costado más de lo que ambos se imaginaban que Kise se relajase, pero conseguirlo fue para ambos una prueba de confianza mutua que no olvidarían fácilmente. Él sólo se había quitado la camisa; el pantalón y los bóxers le molestaban, le apretaban demasiado, pero sabía que era mejor así. Porque de llegar a desvestirse no podría aguantar. Rodeó con los labios uno de los pezones y comenzó a lamerlo con la punta de la lengua, a tirar de él con cuidado, notando como eso junto con sus dedos hacían temblar al rubio de arriba a abajo.
- Kise... Voy a meter otro, ¿vale?
Murmuró, con los ojos cerrados, concentrado en su trabajo en ese instante. Pero de repente sintió una mano sujetándole la suya, y eso le hizo incorporarse para mirarle fijamente.
- N-no...
Por un segundo se asustó, pero la sonrisa temblorosa de Kise lo devolvió al estado de la confusión.
- Hazlo ya, Aominecchi...
- Aún no es suficiente... -Murmuró, aunque a su vez el sólo pensamiento de poder poseerle ya había hecho que perdiera la respiración unos instantes.-
- Sí lo es.
Kise le cogió la mano retirándola con cuidado, cerrando los ojos en una mueca que viajaba entre el placer y el dolor. Cuando ya la hubo retirado se incorporó un poco soltando el botón del pantalón de Aomine, bajándolo lentamente hasta liberar su gran erección. Escuchó al moreno suspirar cuando pasó su mano lentamente por ella, quería que él también lo disfrutase. Se abrazó a su ancha espalda y se acercó a su oído, susurrando.
- Hazlo...
Si Aomine tenía alguna posibilidad de negarse, en ese instante la había perdido por completo. Lo abrazó contra su cuerpo y se posicionó entre sus piernas, rozando ambas erecciones unos instantes, jadeando ambos por ello. Echó sus caderas hacia atrás y le miró, tan intensamente como nunca pensó que podría mirar a nadie, y tras besarle comenzó a entrar en él.
Estrecho, jodidamente estrecho. Si el paraíso tenía nombre, era el de aquel sofá en ese instante. Suspiró profundamente, quería dejar su cabeza sobre el hombro de Kise, pero sabía que todavía no podía relajarse. Kise se había cubierto la cara con ambos brazos y tenía la boca entreabierta, en una queja silenciosa. Le dolía, Aomine era demasiado grande como para que dos dedos fueran suficientes como para prepararlo y era consciente de eso. Pero no quería esperar más, llevaba demasiado tiempo haciéndolo. Deslizó una de sus manos por aquella morena espalda hasta llegar a sus caderas y con su mano le instó a que se moviera. Aquel Joder, Kise... le hizo reírse, pero inmediatamente aquello fue sustituido por una pequeña queja al notar el movimiento. El moreno se abrazó a sus caderas, sujetando las piernas del modelo con sus brazos mientras él hacía fuerza apoyado con sus rodillas. Mientras que él era silenciosos y apenas se le escapaban jadeos roncos, Kise comenzó a gemir de placer y dolor, pero en ningún momento le pidió que se detuviera.
- M-Más fuerte... No tengas miedo, no voy a romperme.-Murmuró clavando sus dedos en la espalda del moreno, jadeando entre sus palabras.-
- No seas masoquista, idiota.-Le regañó suavemente, besándole en la mejilla.- Tú puede que no, pero si te hago daño yo sí lo haré.
Casi pudo escucharle sollozar nada más terminar de decirle eso. Había sido demasiado lento en darse cuenta de todo, pero no por ello iba a ir lento también en cuanto a expresarse. Ya habían tenido suficiente ambos. Cuando sintió que era bienvenido casi al cien por cien comenzó a embestir mucho más fuerte, sacándole gemidos altos, haciéndole gritar su nombre, tan deseosos el uno del otro que sus cuerpos apenas lo soportaron más y se dejaron llevar entre besos y abrazos hasta el final.
Kise se despertó, sintiéndose algo acorralado. Abrió los ojos mirando hacia su alrededor, buscando el reloj con la mirada. Eran las tres de la mañana y seguía en el sofá, pero no estaba sólo. Giró un poco la cabeza hacia atrás para ver a su acompañante dormir profunda y apaciblemente casi babeando, rodeándole la cintura con una mano. Se giró siseando de dolor. Sus pobres caderas habían sufrido lo que era la primera vez con Aomine, para añadir. Pero aun así sonrió, acercándose para darle un beso en la frente. La siguiente vez pondría una película romántica directamente y esperaría a ver cuanto aguantaba el otro en atacarle. ¿Algo cruel? Naaaah~ Ambos podrían soportarlo, ¿a que sí?
Aprovechando esto, quería darle las gracias a Simone por comentar cada uno de los fics que escribo siempre, ya que como no tiene cuenta no puedo responder. También a Itzel, Mika, a KuroDarks (que me hizo gracia estar escribiendo esto justo cuando leí su comentario en el otro fic), a Lisa108, y en definitiva a todas las personas que se toman su tiempo en alegrarnos la vida a los que escribimos, ¡mucha gracias! n.n
