Akatsuki no Yona no me pertenece, es propiedad de Mizuho Kusanagi.
~The Princess and the Beast.
…
Érase una vez una adorable princesa, con un cabello tan rojo como el atardecer y unos ojos tan brillantes y hermosos como las amatistas. Todo en su vida era perfecto… hasta que se encontró con una bestia de ojos celestes que puso su mundo de cabeza. [Heredera/Guardaespaldas AU!]
Día 224.
…
El sol ardía fuertemente sobre el cielo despejado de Kouka aquel día. Yona, vestida con un pequeño traje de baño rosa intentaba disfrutar de ese día caluroso refrescándose en la piscina de su hogar.
Pequeñas gotas de sudor habían cubierto su frente con sólo caminar hacia la tumbona de su patio trasero para recostarse a descansar. El intenso calor parecía amenazar con derretir su cuerpo por completo.
Abanicándose con una mano y llenando sus pulmones de aire, la adorable pelirroja separó sus labios para gritar un fuerte: — ¡Hak!
Era la tercera vez que lo hacía en al menos cinco minutos, al fin logrando escuchar pasos tranquilos dirigiéndose hacia ella.
— ¿Sucede algo, princesa? —se burló un hombre de cabello negro deteniéndose frente a Yona. Usaba un traje completo sin sudar en absoluto a pesar de los 30 y algo grados que había.
— ¡Tardaste, Hak! —se quejó ella.
—Sí, bien, estaba intentando fingir que no existía. Pero usted no dejaba de llamar…
—Como sea, ya estás aquí así que quiero pedirte un favor.
—Lo que su majestad desee —murmuró él, con sarcasmo.
Ante la mirada fija de su guardaespaldas, Yona ató su cabello en una coleta alta sobre su cabeza, entonces, tomando una botella de bloqueador solar le dio la espalda al hombre junto a ella.
—Ponme bloqueador en la espalda.
—Princesa, puedo asegurarle que esta no es la función que su padre…
—Mi padre te ordenó estar conmigo por veinticuatro horas al día los siete días de la semana para castigarme. Has estado aquí por ¿seis meses ya? Y nadie ha intentado secuestrarme ni has hecho gran cosa, así que al menos para aprovechar la enorme cantidad que mi padre te paga has algo por mí y ponme bloqueador en la espalda.
"Siete meses, una semana y cuatro días, en realidad", pensó Hak, intentando calmarse para no terminar lanzando a la pelirroja hacia la piscina.
No había pasado un solo día de esa pequeña eternidad sin que las personalidades de ambos chocaran. Yona creía que la decisión de Il había sido tomada para atormentarla por sus caprichos y problemas constantes, mientras que Hak estaba convencido de que era un castigo divino el cuidar a la berrinchuda hija de un gobernador.
Y sin embargo, ninguno de ellos se podía deshacer del otro tan fácilmente.
—Aun así, princesa —contestó Hak—, me parece inapropiado. Y, al igual que a usted, sé lo inútil que es ser la niñera de una chica mimada, pero debido al respeto que siento por su padre no puedo negarme a sus órdenes.
— ¡Hak! —se quejó ella.
—Si me disculpa, seguiré cuidándola desde adentro de la casa…
— ¡Te daré el resto del día libre! ¡Por favor! No haré nada en todo el día así que puedes irte a casa y, no sé, hacer lo que sea que hagas.
Hak tuvo que detenerse a pensarlo. La idea de poder ir a casa y descansar por el resto del día era tentadora, pero tenía que existir una razón para la insistencia de Yona. Si intentaba seducirlo, él estaba seguro de que podía soportar tocar una espalda femenina sin caer enamorado a sus pies. Si buscaba meterlo en problemas, ella podría haber escogido un escenario más incriminatorio.
Con un largo suspiro, Hak extendió la mano hacia Yona y dijo un: —De acuerdo. —que sorprendió a la chica.
— ¡Gracias! —contestó ella con una sonrisa sincera que Hak no había visto dirigida hacia él jamás. Fue entonces cuando llegó a su mente la idea de que quizá lo único que esa chica mimada necesitaba era un amigo. Un buen amigo. Uno que no estuviera ahí sólo para sus salidas a bares lujosos y sus viajes a lugares exóticos.
— ¡Anda! ¡No tengo todo el día! —lo apresuró ella.
Aunque claro, quién querría ser amigo de una chica tan molesta.
Inclinándose detrás de ella, Hak notó como la espalda de Yona se erguía para permitirle untar el bloqueador sin problemas. Tras colocar una gran cantidad de la crema sobre su mano, él comenzó a esparcirla sobre la pálida piel de la pelirroja.
— ¡Hak, no! ¿Qué haces? ¿Nunca le habías puesto bloqueador a una chica antes?
—Sí —aceptó él—, pero nunca a una como usted. Debemos poner mucho bloqueador para evitar que se queme y se ponga más fea aún.
Ella resopló con enfado y Hak, después de dejar su espalda completamente blanca, se puso de pie.
—Listo princesa, ahora si me disculpa…
Yona le dirigió una mirada enfadada con unos ojos violetas que parecían arder más que el sol sobre sus cabezas. Sin dejar de darle la espalda, ella desabrochó la parte superior de su bikini y lo lanzó hacia la piscina, quedando semidesnuda frente a él.
—Gracias, Hak —contestó ella con sarcasmo, recostándose boca abajo sobre su silla de playa y dedicándose a broncearse.
Hak, sorprendido, se quedó unos segundos en silencio.
— ¿Cuál era el punto del bloqueador si ibas a tenderte en el sol de cualquier manera? —se quejó.
— ¡Adiós, Hak! —contestó ella simplemente.
Hak observó la pequeña espalda de la pelirroja, que a pesar de tener sólo unos minutos en el sol comenzaba a enrojecerse levemente. Se detuvo antes de permitir que su mirada viajara más abajo y se alejó rápidamente, consciente de que aunque había intentado evitarlo, había caído en su trampa.
Y había perdido completamente.
…
A la mañana siguiente recibió una llamada mientras desayunaba.
— ¡Hak! Necesito que vayas a la farmacia y compres aceite de almendras.
— ¿La princesa sufrió quemaduras de sol? —sonrió él, completamente recuperado de su sorpresa del día anterior.
— ¡Sólo hazlo! —gruñó ella— y buenos días.
Sin que la sonrisa desapareciera y terminando su comida para dirigirse a trabajar, Hak esperó ser el elegido para untar el remedio sobre las quemaduras de la piel de su insoportable princesa.
…