Al ser mi primer fic publicado en este sitio agradeceré sus comentarios, me hace mucha ilusión que lean esta historia, el escribirla como M se sale de mi zona de confort, pero espero les agrade ^^
Parte 1.
-Nunca sé lo que está pensando… parece que nada ha cambiado. Suspira desanimada la doctora Amy Farrah Fowler, mientras observa desde la sala a su novio sirviéndose una nueva ración de YooHoo en la cocina.
Desde el día de su cumpleaños todos sus intentos por provocar a Sheldon han probado ser inútiles, ni las indirectas, sus torpes intentos por flirtear... ni siquiera el elogiar sus habilidades como amante en frente de sus amigos ha sido suficiente para prender los motores de su extravagante compañero. Y si ni apelar a su ego funcionaba... bueno, entonces no tenía nada más por intentar.
Por supuesto que había opciones proactivas, más...agresivas, como tomar la iniciativa. Como arrancarle la playera... bueno, playeras, los pantalones y meter lentamente la mano por sus boxers y... y... y... Y QUÉ DEMONIOS ESTABA PENSANDO?!.
La doctora Fowler sintió cómo se encendían sus mejillas al mismo tiempo que trataba de controlar su respiración. Por supuesto ella sabía que esa no era una opción real, nunca consideraría siquiera presionar los límites de su novio de esa manera. Siempre a su ritmo, siempre. Además no soportaría que la rechazara y sabía que se sentiría como la peor de las mujeres por molestar de esa manera a su novio. Mientras se permitiera tener esos pensamientos para sus momentos de soledad bastaba... TENÍA que bastar.
Pero la verdad es que no era suficiente. Desde el día de su encuentro se descubría recapitulando o creando escenas nuevas sobre su primera experiencia sexual en los momentos más inconvenientes. Su trabajo en el laboratorio estaba comenzando a sufrir los efectos. Después de descalibrar un par de micropipetas de última generación; romper suficiente pirex y tirar suficientes reactivos como para comprar una pequeña casa en la pradera, aceptó que tenía que hacer algo al respecto.
Pero por más intentos de desviar sus pensamientos hacia otros campos menos... carnales, el resultado era siempre el mismo, cada textura, cada imagen, sabor y olor regresaban para torturarla.
Si, tortura, porque antes de ese día todo vivía en su cabeza: todos los posibles escenarios, todos los posibles lugares y en todas las posibles formas, solo como fantasía. Como un sueño fácil de solucionar simplemente abriendo los ojos, pero ahora... ahora sabía exactamente cómo se sentía tocar su piel y los chispazos de electricidad que causaban las manos de él cuando recorrían su cuerpo.
Qué lejanos parecen ya los días en los que no experimentaba esa clase de sensaciones ni tenía esa clase de necesidades, no extrañaba la falta de deseo si no lo simple que era todo, la poca frustración que implicaba. Amy no sabía si siempre había sido así o si su educación estricta y profundamente religiosa había afectado a tal grado su desarrollo psicosexual, veía esto último poco probable porque nunca tuvo miedo al sexo, al contrario, los procesos biológicos, y ya como profesional, los procesos neurológicos eran fascinantes. Más que terror era un completo desinterés. A la vez, los aspectos románticos escapaban a su comprensión. Desde pequeña nunca había experimentado los llamados crushes o enamoramientos, claro que podía distinguir quién era estéticamente atractivo y quien no, pero sencillamente no sabía qué hacer con esa información.
No fue hasta hace unos años que comenzó a experimentar lo que vulgarmente catalogan como "calentura", nunca dirigido a algo o alguien en particular, solo una sensación esporádica que era solucionada fácilmente por Gerard, su cepillo de dientes eléctrico.
La sola idea de mitigar sus instintos con la ayuda de otro humano le parecía poco eficiente e innecesario... hasta que conoció a Sheldon, claro que el cambio no fue inmediato, en un principio se encontraba intrigada por encontrar a alguien parecido a ella, aunque como con cualquier otro humano, no despertaba otro tipo de interés.
O al menos eso pensaba cuando en medio de una sesión de relajación con Gerard, tomándola por sorpresa, apareció la imagen mental del Dr. Cooper, instantes antes de alcanzar el punto máximo. Prefirió no darle importancia, después de todo sabía lo que un cerebro cualquiera podía hacer con el rush de hormonas asociado con el orgasmo. Dejó de lado el pequeño incidente hasta que un par de días después se encontró experimentando una aparente atracción sexual por el ex novio de su mejor amiga en todo el mundo Penny. Tras razonarlo lo suficiente se preguntó si no tendría algo que ver su pequeña aventura con el cepillo eléctrico, pero al tomar la mano de su amigo Sheldon, no obtuvo la misma respuesta que al hacer contacto con el musculoso y completamente ignorante Zack, aunque por un momento, le pareció sentir algo, no la excitación física, si no algo diferente, difícil de clasificar.
Para la doctora Amy Farrah Fowler esa experiencia y todas las que siguieron parecían parte de otra vida, de otra Amy. Más torpe socialmente, controlada e inexperta que la mujer que se encontraba perdida en sus pensamientos en ese momento, pero si había alguna conexión entre las dos, era Sheldon Lee Cooper, el único hombre al que dirigía tanto su amor y atención así como sus deseos más íntimos.
¡Ah! Si tan sólo Gerard fuera suficiente aún, tal vez podría despejarse un poco, gastar toda esa energía acumulada que aparentemente seguiría almacenándose hasta que explotara de manera catastrófica o llegara su próximo cumpleaños… lo que pasara primero. En un momento de valentía, patrocinada por el vino tinto, había intentado comprar algo que suplantara y superara a su cepillo favorito, un Gerard 2.0 por así decirlo, pero de tan solo pensar en la cara del cartero, aún con las copas de más, simplemente no pudo dar click en el sitio de juguetes para adultos. Aunque el par de horas que invirtió explorando la página le había dado suficiente material para sus fantasías (que siempre incluyen a su novio) como para toda una vida.
La presencia de una mano fría la trajo de golpe a la realidad de la sala, y de su novio quien la mira extrañado mientras revisa, tocando su frente, que no tenga fiebre.
- tus pupilas están dilatadas, pareces tener una temperatura ligeramente más alta de lo normal, y tu pulso parece acelerado. Dice mientras toma su muñeca y mira atentamente su reloj.
Aun ligeramente distraída, Amy no puede dejar de notar lo inverosímil de la situación, dos personas que detestan el contacto humano, interactuando como una pareja común.
- Amy! Te sientes bien?
Ella asiente, en realidad no se siente mal, pero no puede compartir con él el tipo de problema que la aqueja… no sin arriesgarse a ser ignorada una vez más.
Mientras toma el vaso de la mesa, su novio dice con su típica monotonía.
-Descartamos hace años que hubieras sido parasitada por alguna especie alienígena, así que la conclusión lógica sería que estas experimentando excitación en este momento. ¿Estoy en lo correcto?.. Bueno, claro que estoy en lo correcto, siempre es así.
La doctora Fowler lo mira tomar tranquilamente su bebida de chocolate mientras ella no logra salir de su asombro, ¿Qué puede contestar que no resulte contraproducente? ¿Terminará molestándose y/o recalcándole que sus intercambios físicos están limitados a una sola vez al año?
-Y... ¿Qué piensas hacer al respecto Amy?
(Continuará en la parte 2)