Zootopia-Another Love Song
Terror en el aire: Tercera parte
La vicealcaldesa Thorne llevó sus garras hacia su boca, para evitar que las personas dentro de la sala del consejo vieran la expresión de sorpresa que había aparecido de manera natural en su rostro. Sin embargo, el temor en sus ojos era visible.
No se preocupe, vicealcaldesa. Nadie le hace esto a nuestra ciudad. Le patearemos el trasero a ese tipo—la declaración del jefe Bogo por poco pasa desapercibida.
No podemos hacer nada en una hora—dijo Thorne- ¡Necesitamos más tiempo!
Es un fanático—uno de los asesores municipales, al lado de la vicealcaldesa, se levantó enfadado- ¡Es imposible negociar con él! ¡Tiene que presionarlo!
Un alce entró corriendo, con su celular en la mano.
- Encontraron la cápsula. El alcalde Leonzáles está a salvo y seguro.
Los demás se miraron aliviados.
- Tengo a uno de mis mejores agentes dentro del avión—dijo la voz profunda de Bogo.
- Sé que tienen a la agente Hopps—dijo al vicealcaldesa—Y sin ella la ley Nova no se podrá aprobar.
- No me refiero a Judy Hopps—dijo el jefe Bogo—Es la mejor opción que tenemos.
Los demás animales observaron con curiosidad.
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Nick elevó su cabeza fuera de la trampilla de la parte superior de la escalera que llevaba a la bodega. Cuando pudo observar el pasillo de entrada del avión, vio un cuerpo enternado a lo lejos, de lo que parecía ser uno de los guardias de la seguridad personal del alcalde. A su espalda, y mirando en la dirección contraria a él, un cordero vigilaba la puerta del salón de pasajeros donde tenían a los rehenes. En ese momento un sonido que provino a su espalda le provocó un escalofrío. Otro de los terroristas se acercaba hacia la escalera, y si seguía avanzando, sería cuestión de tiempo que los descubrieran. Sólo tenía una opción. Observando al terrorista que vigilaba la puerta de los rehenes, salió corriendo en el momento en que este daba la espalda hacia la posición en la que el zorro se encontraba. Se escondió en otro de los compartimentos de pasajeros del avión. Podía ver la suite donde Leonzáles había estado viajando hasta que ocurrió el ataque. Entró a la suite, pudiendo ver a través de la ventana los cazas que viajaban al lado del avión. Se aseguró que sus armas estuvieran cargadas, y al frente de él, un televisor transmitía un juego de baseball que al parecer el alcalde había estado disfrutando.
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En el ayuntamiento, Thorne seguía conversando con sus asesores.
- Es un fanático, pero no sabemos de dónde ha salido.
- Ni siquiera sabemos a qué se refiere su fanatismo. No han declarado ninguna filiación al Partido Popular.
- ¿Por qué el Partido Popular?—preguntó la profunda voz de Bogo.
- Son la rama más conservadora del estado—dijo la vicealcaldesa, sobándose la nariz con sus dedos, en un intento de liberar su estrés—Si la ley Nova se aprueba, sería una derrota política para ese partido.
- Pero ningún animal es tan fanático para morir por eso—dijo uno de los asesores.
Los demás lo miraron divertidos.
- A lo que me refiero—dijo el lobo asesor—Es que debe haber un segundo motivo, ¿No lo creen?
- Si tratamos con fanáticos, creo que es claro que hay un solo motivo.
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Nick se acercó al televisor que transmitía el partido, elevando al máximo el volumen del aparato. Esto ocasionó que el cordero que vigilaba la puerta de los rehenes se alertara de inmediato. Esgrimiendo su arma, entró a la suite, apagando el televisor de inmediato. El zorro se había escondido detrás de la puerta de uno de los compartimientos al lado de la suite, y aprovechó el momento para salir y moverse hacia la sala de rehenes. Sin embargo, en ese momento lo que parecía ser una especie de alarma empezó a sonar. Pudo escuchar los pasos del cordero saliendo de la suite, y volvió a esconderse, esta vez detrás de uno de los asientos de este lugar. El cordero se dirigió en ese momento a uno de los cadáveres que aún estaba en el suelo, tomando de sus bolsillos el celular que era el responsable de la alarma. La apagó y arrojó el celular a un lado. Sin embargo, se dirigió nuevamente hacia la suite, donde había uno de los asientos colocado de una manera en la que él no lo había dejado. De una patada lo hizo girar.
En ese momento, una sombra y un brillo saltaron directamente hacia él, haciéndolo caer al suelo, pues un zorro había saltado frente a él, dirigiendo sus colmillos hacia el brazo del animal, el cual del dolor soltó el arma. Nick lo golpeó en el rostro con la cacha de su propia arma. Y en el momento en que parecía poder levantarse de nuevo, tomó un pequeño banquito que había en el compartimento, golpeándolo como si fuera una pelota de golf, dejando inconsciente y volando algunos dientes del cordero enemigo.
Tomó las llaves que estaban en el bolsillo del terrorista caído, y se dirigió nerviosamente hacia la puerta del compartimento que tenía a los rehenes. Pero en el momento en que introdujo la llave, dos disparos pasaron cerca de su mano. El cordero se había levantado y le disparaba. Nick reaccionó por instinto y disparó con su fusil hacia el cordero, haciéndolo caer al suelo, muerto. Se sintió horrible.
Era la primera vez que mataba a un semejante, pero no tenía tiempo de preocuparse por ello. De inmediato pudo escuchar los pasos de los demás terroristas que se dirigían hacia la parte del avión donde él se encontraba. Nick corrió por el pasillo de entrada del avión, alejándose del hall de recibimiento y a la espalda de la sala de los rehenes. Nick avanzó hacia el resto de la sala de pasajeros de primera clase, encontrando en su camino varios cadáveres. Caminando entre los asientos, volvió al pasillo y disparó hacia uno de los terroristas que se acercaba, moviéndose de inmediato para evitar las balas que este lanzó en respuesta.
Se movió para atrás nuevamente, pensando en cómo salir de la situación, mientras que los dos terroristas empezaron a avanzar lentamente hacia él. Había tres compuertas en esa parte del avión, correspondiente a los baños y un pequeño almacén para las aeromozas. Uno de los terroristas, se acercó hacia las compuertas, disparando a cada una de ellas. Abrieron la primera y se encontraba vacía. La segunda también. Ambos observaron la tercera puerta y para su sorpresa, tampoco estaba ocupado.
Nick apareció en la parte trasera de la bodega, agitado. El mapa de Finnick lo había sacado de un grave apuro, y se había podido colar por un pasillo de ventilación, apareciendo encima de uno de los sistemas de calefacción de la bodega.
Arriba de él, los terroristas habían encontrado el cuerpo de su compañero caído. El líder se arrodilló frente a su compañero, observándolo con tristeza.
- Estuvo conmigo los últimos cinco años—dijo mientras guardaba su revólver detrás de sus pantalones. Se dirigió a otro de sus compañeros—Encuentra a quien lo hizo o descansarás junto a él.
En ese momento, Nick descansó por un momento. Se buscó entre los bolsillos, sacando su celular de uno de ellos. Sin embargo, el avión tenía un sistema que bloqueaba la señal de estos aparatos, una medida de seguridad para evitar que la computadora de navegación se viera afectada. El celular le mostró a Nick que tenía bloqueada la señal. Sin un teléfono satelital, no podría llamar desde el avión.
Ya faltaba muy poco para que se cumpliera el plazo de tiempo antes de la ejecución del primer rehén. El líder de los terroristas lo sabía, y ordenó a sus compañeros que transfirieran el teléfono a la suite donde se encontraban atrapados los rehenes. El cordero entró de manera lenta, causando temor en los demás animales. Como si le fuera placentero, disparó hacia uno de los cuadros del salón. Sin embargo, entre los rehenes, un leopardo de aproximadamente cincuenta años se levantó y lo encaró.
- Señor, si me lo permite, yo soy el asesor de seguridad de Zootopia. Es a mí a quién escuchará el alcalde. Imagino que en estos momentos está negociando con la vicealcaldesa. Pero en nuestro sistema de gobierno ella está demasiado limitada. No puede comprar boletos para el cine sin consultarlo conmigo. Déjeme comunicarme con el ayuntamiento. Estoy seguro de que soy el que puede hacer esto funcionar.
El teléfono sonó en ese momento. El líder terrorista tomó el teléfono y contestó.
- ¿Ya la derogaron?
- Hablé con el consejo. Pero debemos ser realistas. Esto tomará un poco más de tiempo.
- ¿Más tiempo?
La expresión del cordero era indescriptible. Miró por un momento al leopardo y al segundo siguiente le disparó en la cabeza. El animal cayó pesadamente al suelo, muerto. Los animales su alrededor gritaron.
- El asesor de seguridad de Zootopia acaba de ser ejecutado—dijo por teléfono—Es un buen negociador. Le consiguió otra hora.
En el ayuntamiento, la vicealcaldesa emitió un suspiro con dolor.
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Dentro de la bodega, Nick se guió nuevamente por el mapa de Finnick, abriendo una de las maletas y encontrando dentro un teléfono satelital, que hacía recordar a los teléfonos inalámbricos antiguos. Nick marcó de inmediato el número.
- Comuníqueme con Zootopia, ayuntamiento.
- El servicio tiene un costo de un dólar por conexión.
- Está bien.
En la parte frontal de la bodega, se encontraban algunos dispensadores de bebidas y un refrigerador, y a la espalda de estos, se encontraban los anaqueles de la bodega. Uno de los terroristas, bajaba en ese momento por ese lugar, ya que las últimas órdenes del líder había sido encontrar al responsable de la muerte del primer cordero asesinado por Nick.
La llamada entró al ayuntamiento. Una secretaria entrada en años tomó la llamada.
- Ayuntamiento de Zootopia, ¿Con quién habla?
- Hablo desde el vuelo HM 345. Es un asunto de seguridad—dijo Nick.
- ¿Quién habla?
- Soy el oficial Nick Wilde—contestó.
- ¿Nick, qué?
En ese momento, tuvo que esconderse de nuevo pues casi fue visto por el terrorista.
- Señorita es un asunto de seguridad para la ciudad.
- Señor, nadie llama por esta línea para esos asuntos. Por favor, deje de molestar.
- Rastree la llamada y verá que no miento—dijo Nick, agazapándose un poco más.
- Señor, no nos haga perder el ti…
- ¡Siga su maldito protocolo de seguridad y rastree la maldita llamada!
- Muy bien, si quiere un cargo por seguridad federal, por mí no hay problema.
En ese momento, Nick, poniendo su fusil delante de él, se puso el teléfono al hombro. Y en ese momento, escuchó unas palabras que le helaron la sangre.
- No te muevas.
La secretaria contestaba, preguntándole si seguía allí.
- Dame el arma—dijo el terrorista—Despacio. ¡Dámela!
En un solo movimiento, Nick guardó el teléfono en su bolsillo. El terrorista le quitó el arma de inmediato.
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En el ayuntamiento, uno de los asesores había rastreado la llamada.
- Pidió ser conectado con el ayuntamiento. El que llamó se fue pero la línea sigue abierta.
La vicealcaldesa Thorne se sentó nuevamente, ordenando que la llamada se transfiriera al comunicador central de la mesa. Un poco de estática era lo único que se escuchaba.
- Escúchame—dijo la voz—Escúchame, no sabes a quién le hablas. Soy Nicholas Wilde.
La gente se alborotó en el ayuntamiento. Bogo sonrió por un momento, pero al darse cuenta de la situación volvió a poner su rostro serio.
- ¿Y crees que por eso no voy a dispararte? ¡Pon las manos en la cabeza!
Nick obedeció.
-¡Camina!
Empezaron a caminar en el pasillo.
- Hoy es tu dia de suerte—dijo—Sé que el avión está equipado con armas tácticas.
- ¡Cállate!
Sin embargo la vicealcaldesa Thorne y Bogo se dieron cuenta de inmediato.
- Eso es para nosotros.
Nick siguió hablando.
- El avión incluso puede evitar cualquier arma que nos disparen. Instalaron el sistema porque Leonzáles viajaría aquí. Así solo se va a sacudir.
Thorne vio a los demás en la sala.
- Nos está diciendo qué hacer.
Nick, dentro del avión, seguía hablando.
- Créeme, si eso pasara, lo único que sucedería es que nos tiraría al piso.
- ¡Cállate, maldito!
Bogo se dirigió a la vicealcaldesa.
- ¿Está seguro?
- Sí, nos está diciendo que hacer. Si actuamos, tiene que ser ahora.
- Es riesgoso.
- ¡Hay rehenes en ese avión! ¡Y le están apuntando a la cabeza a nuestra única esperanza!
- Nos está pidiendo que ataquemos el avión.
- Y lo haremos—dijo Bogo, observando a los demás. Ya que nadie respondió, Bogo tomó uno de los teléfonos.
- Hágalo—dijo la vicealcaldesa.
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En el cielo, el piloto del caza se sorprendió cuando lo mencionaron.
- ¿Están seguros de qué eso es lo que quieren?
- Ya escuchaste—le respondieron—Y esperemos que funcione.
El piloto dio unas órdenes a sus compañeros, y alineó su caza con la cola del avión.
- Estoy en posición. Blanco a la vista. Espero que funcione—apretó el botón rojo de su mando— ¡Disparo!
El misil salió dirigido hacia el avión. Y tal cómo había dicho Nick el avión se movió hacia un lado de manera violenta, causando que el terrorista trastabillara. El zorro aprovechó el momento y golpeó al terrorista en los brazos, logrando que soltara una de las armas. Sin embargo, el avión volvió a agitarse, haciendo que el terrorista cayera en el suelo y le disparara. Nick evitó a tiempo las balas saltando hacia su izquierda.
Nick se escondió detrás del refrigerador, y en el momento en que el terrorista apareció, lo golpeó fuertemente en el rostro, logrando que soltara su arma. Ambos intercambiaron golpes, y en el tercer movimiento, Nick lo tomó por el cuello, logrando que perdiera el conocimiento a los pocos segundos. Se dirigió de nuevo a la bodega.
- Habla Wilde—dijo— ¿Hay alguien ahí?
- ¿Qué hay de los rehenes? ¿De Judy?
- Sólo sabemos que los terroristas los tienen aún.
- ¿Qué opciones tenemos?
- Hemos pensado en un rescate aéreo—dijo Bogo, interrumpiendo al asesor que había estado hablando con Nick.
- Es una locura. Pero no podemos permitir que esa ley se derogue. Nos pondría al borde de la guerra civil. ¿Leonzáles?
- Ya le encontraron—dijo la vicealcaldesa—Opina lo mismo que tú. Pero no quiero un avión lleno de muertos, oficial Wilde. Ya mataron al asesor de seguridad.
- Maldita sea.
- El alcalde no quiere ceder a las demandas, no terminaría ahí.
- Si tú mueres en el avión, termina ahí.
- Aun así. Usted sabe cuál es la frase favorita del alcalde, ¿Verdad? Si le das una galleta a un ratón…
- Querrá un vaso con leche—respondió la vicealcaldesa.
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Otro de los terroristas, un hipopótamo algo pesado pero no muy alto descendió desde la cabina de control. Su compañero seguía vigilando la puerta de rehenes.
- ¿Ya regresó Laren?
- Aún no—respondió su compañero, un venado.
Sin embargo, cuando el hipopótamo bajó, encontró con que otro de sus compañeros había caído. Pudo escuchar como el terrorista cerraba la trampilla de acceso.
Nick se movió hacia delante de nuevo. Tenía que conseguir que el avión aterrizara de alguna manera. Y un jugo derramándose le dio la idea. Tenía que forzar al avión a perder combustible. Tenía que haber alguna manera de conseguirlo.
¡Gracias por leer!
Karyatoz