Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, sino que son de Marvel y respectivos dueños.

Nota: Creo que adivinarás, el por qué te pregunté tu imagen favorita[?]

Advertencia: Segunda parte PwP.


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Tony se había acostumbrado a dormir con la dulce voz de Steve de fondo, con las historias de los libros que contenían millones de misterios y con suaves tarareos que le empujaban al mundo de los sueños; sin embargo, no siempre quería cerrar los ojos y dejarse llevar.

Había ocasiones, en las que simplemente no podía evitar querer más.

Y aquella fue una, una ocasión en la que el tono del rubio le provocó un cosquilleo en su parte baja, una ocasión en la que prefirió que las palabras de aquel libro, se convirtieran en suaves jadeos y gemidos. Simplemente fue un deseo que nació desde lo más profundo de su ser, activando cada fibra de su cuerpo.

—Steve —murmuró, un caliente suspiro escapando de sus labios. Se encontraba recostado en la enorme cama matrimonial, oyendo la historia que el rubio narraba sentado en el suelo.

—¿Mmh? —dejó la lectura de lado y, con tan solo una mirada interrogante, dio a entender que su atención era suya.

Tony guardó silencio, dudando en interrumpir la sublime narración; sin embargo, un movimiento propio provocó cierta fricción en su genial, puesto que había juntado sus piernas, inquieto. Tan solo con ello, toda objeción se desvaneció de su mente, librándose de las cadenas invisibles que le impedían cumplir su reciente objetivo.

Hacerlo suyo.

—¿Tony? —llamó Steve, el silencio se había prolongado demasiado.

Estuvo a punto de levantarse cuando Stark bajó de la cama, inclinándose para quitarle el libro con extraña delicadeza.

—Capitán Rogers —mencionó, un brillo travieso apareciendo en su mirada—, necesito…otro tipo de arrullo —susurró, dejándose caer de rodillas entre las piernas del rubio, todo con movimientos suaves, casi felinos. El libro quedó olvidado en algún rincón y los rosados labios del más alto fueron tomados con hambre.

Un gemido de sorpresa escapó de la garganta de Steve, apenas logrando reaccionar para corresponder tan ardiente contacto. Ambas lenguas se entrelazaron, iniciando un húmedo vaivén mientras las manos de Tony se movían inquietas, deshaciéndose de la ropa ajena sin protestas.

No era la primera vez que decidía mandar todo por el caño para sentir el cuerpo contrario; mas para Steve siempre sería una sorpresa, lo cual llegaba a ser sublime. Era como si estuvieran flotando en la primera vez que se dieron su primer beso en el sofá de aquella misma Torre, hace ya dos años.

—Nnhg, To-tony espera —jadeó, sintiendo la diestra del millonario cerrarse en torno a su miembro ya descubierto. Un temblor recorrió su ser y el segundo gemido de la noche resonó por la habitación.

De forma inconsciente, comenzó a mover sus caderas con suavidad, simulando embestir aquel hueco que la mano de Tony había formado para masturbarle. Éste, extasiado por la mueca de placer que Steve poseía, se inclinó para besar aquel pálido pecho, pasando su lengua de forma circular por las tiernas tetillas, recibiendo como recompensa exquisitos jadeos y un tirón de cabello, rayando lo desesperado.

Rogers, sin querer quedarse atrás y dejar a su novio sin lo que se merecía, desabotonó la camisa que Stark llevaba puesta; sin embargo, no se la quitó, la visión de Tony con aquella prenda abierta era realmente excitante.

—¡Ah! —gimió, una mezcla entre sorpresa y placer cuando el rubio apretó su erección por sobre la tela del bóxer, empezando a frotarla con rapidez— Mmhg n-no hagas qu-ah llegue —pidió entre gimoteos, encogiéndose al sentir la lengua traviesa de su Capitán pasearse alrededor de su reactor.

Carajo, solo Steve sabía cómo hacerle perder el control en tan poco tiempo. Aquella extensión húmeda y caliente, sus manos moviéndose con maestría en su miembro —el cual ya dejaba escapar algo de líquido pre-seminal, manchando sus oscuros boxers—, y aquellos movimientos de caderas, eran suficiente para nublar su razón.

Se alejó de golpe de tan delicioso contacto, ocasionando que, a causa de la brusquedad, un hilillo de saliva se deslizara por la comisura de Rogers. Tony sonrió, su cuerpo ardiendo de pasión.

—¿Qué tenemos aquí? —cuestionó en un excitado murmullo, elevando su mano. Algo de semen escurría entre sus dedos, debido a que había estado masturbando aquel duro miembro.

Stark se tentó a lamerlo para ver más de la expresión entre avergonzada y caliente de Steve, mas llegó a controlarse.

Quería lubricarlo con su propia esencia.

El rubio permitió que el castaño le volteara, y el frío del suelo llegó a erizar su piel cuando su pecho se apoyó en el mismo, manteniendo sus piernas flexionadas y su retaguardia expuesta. No era ni la tercera vez que lo hacían en esa posición, pero eso no impedía que siguiera avergonzándose como al principio de su relación.

Sintió un húmedo y travieso dedo pasearse por su entrada, acariciándola de manera circular antes de comenzar a adentrarse en su interior. Apretó sus puños, tensando su cuerpo ante la intromisión, mas Tony lo calmó, repartiendo tiernos besos y mordidas por su espalda, murmurando palabras de amor.

—Tony…Ton-aah! —gimió, el segundo dígito abriéndose paso en la estrecha cavidad. El castaño acarició su parte trasera con deseo, sintiendo su propia erección palpitar bajo la tela de sus boxers.

No podía más.

Terminó quitando sus dedos, liberando, por fin, su endurecido miembro, el cual ya tenía la punta rojita por la presión del placer.

—Dios, tan bueno… —Tony mordió su labio inferior, frotando su pene en medio de las pálidas nalgas del rubio. Éste se quejó bajito, sintiendo su corazón palpitar con fiereza contra su tórax y su entrada completamente dilatada, gritando por aquel miembro que no se dignada a explorar más allá.

El castaño se inclinó, casi juntando su pecho con la espalda de su novio, y apoyó sus manos en las caderas ajenas, sosteniéndolo con firmeza. La punta de su erección se posicionó en aquel pequeño anillo, comenzando a entrar en la apretada zona.

No resistió tanto como quería, puesto que al notar la placentera opresión que aquella cavidad le ofrecía, perdió el control, hundiendo su erección hasta el fondo.

Soltaron un grito al unísono, Steve removiéndose debajo suyo. Una gota de sudor se deslizó por la sien de Tony cuando comenzó a moverse, su mente perdida en un mar de sensaciones.

Primero, fue lento. Su miembro entró y salió a gusto, haciendo que Rogers se acostumbrara a ser invadido. Luego…

Luego ya no pudo esperar más.

Separó un poco más las piernas del rubio e hizo que elevara más sus caderas, su mirada chocolate observando con morbo cómo su miembro se movía de adentro hacia afuera. Steve terminó apoyando su mejilla en el frío suelo, cerrando sus párpados con fuerza cuando el sonido que provocaba el duro vaivén a sus espaldas hizo eco en la habitación.

—¡Ah ah ah, mmhhg! —gimió, moviéndose en sentido contrario al de Tony con la intensión de hacer más profundas las embestidas. Éste, sintiendo punzadas de placer en su entrepierna, acarició el escultural cuerpo del hombre bajo él, llegando a desparramar los siempre arreglados cabellos dorados. Tiró de ellos, tensando su mandíbula a la par que iba cada vez más y más rápido, gruñendo entre espasmos de gozo.

—Oohg…t-tan apretado…aaah Rogers, ghn —jadeó, abrazando al rubio por detrás casi con desesperación, moviendo sus caderas de forma frenética. Su diestra se deslizó hacia el miembro de Steve, apretándolo un par de veces para, seguidamente, masturbarle con rapidez.

Audibles gemidos escaparon de ambos labios, siendo empujados a la cima del placer. Bastó un apretón más para que Rogers temblara y se permitiera, finalmente, llegar al tan ansiado orgasmo, casi estrangulando la erección de Tony en su interior. Éste gruñó, mordiendo el pálido cuello del Capitán antes de ser sacudido por su propio climax, derramando su esencia en la estrecha cavidad.

Steve sentía sus piernas temblar, le dolían las rodillas y su cuerpo estaba más pesado de lo normal, inevitable fue para él no dejarse caer exhausto en el suelo, teniendo al castaño en su interior aún.

—Me encanta…este arrullo… —comentó, su respiración agitada por tanto esfuerzo físico. Lentamente salió del interior ajeno, gimiendo despacito ante la sensación que recorría su húmedo miembro. Escuchó la débil risa del Capitán y, pronto, él mismo le siguió al soltar una pequeña carcajada.

—Te amo… Tony —susurró, ladeando su cabeza en busca de los tiernos labios del castaño.

—No me hagas decirlo —se quejó, callando cuando su boquita fue cubierta por la contraria. Correspondió aquel suave beso, deleitándose con tan exquisito sabor. Un suspiro escapó de sus labios cuando el rubio se alejó suavemente, formando un puchero—. También te amo —respondió, rendido ante su soldado.

Esa noche, lo último que llegó a observar fue la hermosa sonrisa del rubio a su lado, ya acostados en la cama y compartiendo un protector abrazo. Cayó en un profundo sueño con la perfecta imagen del amor de su vida, siendo arrullado por su calidez.