Card Captor Sakura
Sakura / Syaoran
Advertencia: para personas con criterio formado y sin demasiados prejuicios
Capítulo I
Había alcanzado la edad en la que ser casta ya no era algo adorable y loable. En algún momento, pasados los veinte se transformó en un estigma. ¿Era realmente algo tan valioso seguir en esas condiciones? Estaba harta de desviar el tema cuando me lo preguntaban, de cuestionarme si era como lo describían y si realmente la vida era distinta una vez que lo hacías. Vivía en una constante incertidumbre y había llegado el momento en el que estaba totalmente decidida a hacer algo al respecto, pero había un problema, y era que no tenía novio… nunca lo había tenido, de hecho. Siempre era la amiga que llegaba sin su pareja y realmente no me importaba, no sabía si me estaba perdiendo algo o no, pero mis aficiones ocupaban un lugar importante en mi vida y al parecer tenía una profunda relación conmigo misma, pero no me sentía sola. No era que nunca se hubiese dado la oportunidad, pero no habían sido tantas tampoco, y en cualquier caso me encargué de huir de cada una de ellas.
Cuando era más joven y antes de vivir en la ciudad que vivo en la actualidad, pasé dieciocho años de mi vida en otro lugar en el cuyas opciones de estudio eran limitadas, y por lo tanto si quería estudiar lo que quería y no lo que podía, tenía que irme de la ciudad en la que crecí. Pensé que iba a ser más difícil adaptarme, pero lo cierto es que el lugar que dejé no tenía demasiado que ofrecer, por lo que cuando me cambié a Tokio me dejé deslumbrar por la vida de ese lugar: luces de neón en todos lados, calles anchas, podía encontrar tiendas de lo que quisiera y necesitara, y lo mejor era que a las horas más insospechadas. No tardé en hacerme parte de ese mundo citadino que distaba del campirano en el que crecí, y un día ya me sentí parte de la ciudad y nunca sopesé la idea de volver más que para ver a la gente que apreciaba.
Había un chico que me había gustado desde hacía años, Eriol Hiragizawa. La relación con él era extraña. Nos conocimos cuando llegamos ambos a secundaria, era una escuela nueva para ambos y yo tan solo al verlo me fijé en él, pero él no manifestaba interés en mi, o eso me decía, porque cuando reuní el valor para decirle que me gustaba, él abiertamente me rechazó, pero era objetiva al decir que no importaba a donde fuera o dónde estuviera mirando, siempre encontraba su mirada dirigiéndose a mí y buscando mis ojos, aunque él insistía en que no tenía esa clase de interés en mí. Sus rechazo era algo ambiguo y aunque incluso tuvimos citas y momentos interesantes, nunca llegamos a concretar nada, y la vez en la que parecía inminente que lo haríamos, le conté a la que creía era mi mejor amiga y ella saboteó cualquier posibilidad: resultó ser que a ella también le gustaba, pero a ella le gustaban todos en realidad, y no le gustó que yo tuviera algo con ese chico tan cotizado. Él se cambió de escuela a mediados del segundo año, sus calificaciones eran imposibles de subir en un sistema exigente como en el que estábamos, y desertó yendo a otra escuela menos demandante, y cuando pensé que ese sería el fin, él de alguna manera u otra se las arreglaba para reaparecer en mi vida y yo siempre terminaba aceptándolo. Las conversaciones que teníamos se basaban en las cosas que hubiésemos hecho de haber sido las cosas distintas, porque años más tarde él confesó que se arrepentía de no haber hecho algo por nosotros. Con el tiempo y el continuo desarrollo de las redes sociales nuestra relación siguió y el tono de nuestras conversaciones aumentaba día tras día. Él tenía una relación estable, incluso vivía con la mujer, no obstante aquello no era un impedimento para él, y menos para mí. No me sentía ni siquiera un poco culpable, al fin y al cabo no era yo la que tenía un compromiso y si hablábamos de orden de llegaba yo había sacado mi número hacía más de una década.
Y hacía una semana la pregunta que nunca había sido hecha a través de los años surgió: "¿y cuándo concretaremos?" Yo le había dicho que era prácticamente una experta en las artes amatorias y en la teoría creía serlo. Había 'nutrido' mis conocimientos a través de novelas, alguna que otra película, reportajes, documentales, novelas gráficas, y varias cosas más, pero del dicho al hecho hay un gran trecho… Aún cuando sabía que él tenía una relación, teníamos ambos ese sentimiento de algo que debió ser y nunca fue. Sabía que él no era para mí, aunque nos compenetráramos increíblemente, pero sentía que me lo debía a mí misma. Trataba de convencerme que no era por él y sin pensar demasiado en la respuesta contesté: "un mes".
Le había puesto fecha a aquel encuentro y por lo tanto tenía los días contados para perder la virginidad y hacerme la experta que me jacté ser sino quería ser descubierta en mis mentiras dichas por años. Estaba metida en un lío y aún peor era que era completamente voluntario.
Había pasado una semana desde ese día y Eriol me hablaba casi a diario acerca de lo que esperaba que pasara entre nosotros ese día, en el que viajaríamos ambos y nos encontraríamos en un punto justo en el medio para pasar la noche juntos. Conforme pasaban los días sentía la presión de mi reto autoimpuesto, y seguía sin conocer a nadie y mi himen tan intacto como el día que nací.
Cuando quedaban tres semanas, mientras socializaba en la redes con mis amigos, apareció una solicitud de amistad. Era un hombre y teníamos una amiga en común, por lo que lo acepté. Quizá de algo lo conocía y no lo recordaba.
Me metí a ver unas de sus fotos y me pareció un chico de lo más aceptable, y mientras miraba algunas de sus pubicaciones, no muchos segundos después me habló. Le respondí en un tono amistoso y pude apreciar cuan cuidada era su escritura y sus expresiones. En un medio donde se cree que mientras peor y acotado se escribe más 'genial' se es, era algo que agradecía enormidad, eso daba claras pautas acerca de su personalidad y luego de chatear, descubrí que era menor que yo por cuatro años y aquello bajó mi nivel de interés. Su nombre era Syaoran Li y seguimos conversando, porque resultó ser un chico interesante.
Quedaban dos semanas para la fecha del encuentro y el único prospecto era un mozalbete cuatro años menor que escribía bien. Estaba empezando a desesperarme, quería cumplir con lo acordado y quitarme de una vez a Eriol de encima, sacarlo de mi vida de manera limpia y sin remordimientos y que por fin cada uno pudiera hacer su vida sin tener esa absurda necesidad de saber del otro. Al menos ese era mi plan, y ya había pasado el tiempo en el que me importarban los de él.
Syaoran esa misma noche, y después de insistir porque la verdad lo estaba ignorando deliberadamente, pidió que nos conociéramos en persona. No era alguien realmente dispuesta a hacer esa clase de cosas, pero tenía un objetivo que cumplir, y luego de sopesarlo unos minutos acepté finalmente.
No me sentía ni siquiera un poco nerviosa con él, y yo sólo iba a analizar la situación. Me sorprendió cuando dijo que podía pasarme a buscar a casa porque andaría en auto. No creí que tuviese uno, pero yo no quería que conociera mi casa, asi que lo cité cerca, pero no demasiado.
Miré mi reloj y habían pasado siete minutos desde la hora que habíamos quedado y la noche era fría. Lamenté no haber dejado que me fueran a buscar a casa.
Esperé un minuto más y comencé mi camino de vuelta a casa. Mientras pensaba en que quizás me había visto y no le había gustado. Era inevitable no sopesar esa opción con esa clase de encuentros y segundos más tarde, un auto que luego reconocí como uno de los caros, se detuvo justo a mi lado y una ventana se abrió. Aquel parecía el abordaje típico de una prostituta callejera. Despejé ese pensamiento de mi cabeza y miré al conductor.
—¿Sakura? – dijo una voz grave y una intensa mirada – Lamento la tardanza. Había un desvío por un accidente un poco más allá. Lo siento.
Lo quedé mirando embobada, la verdad es que en pocas fotos que vi se veía atractivo, pero en vivo esas fotos no le hacían justicia. Y esa voz que nunca esperé…
Tenía un código personal, y era que a las amigas las podía esperar un máximo de veinte minutos y treinta si me avisaban, pero yo no esperaba por nadie más. Medité la disculpa y tanto esta como la escusa me parecieron buenas, y decidí no hacer comentarios por el frío que había pasado por esperarlo. Con desconfianza me subí al auto ante la mirada de la dueña de un negocio local con la cual había tenido problemas con anterioridad porque era una vieja oportunista y que subía los precios a voluntad después de cierta hora, cuando los demas negocios cerraban. Ella me miró con reproche cuando pasamos por su lado y negó con la cabeza al verme. Sentí unos enormes deseos de levantar mi dedo del medio y mostrárselo, pero me ahorré las ganas y me contuve. Algún día tendría la oportunidad de solucionar mis problemas con esa señora que tanto ella como su negocio olían a calcetín viejo .
No miento si digo que en primera instancia el silencio fue incómodo, y puso la calefacción al ver que frotaba mis manos para calentarlas y el sonido de esta era lo único que se oía. Lo agradecí. Él no sabía a dónde ir ni yo tampoco, porque no era de las que conociera lugares o disfrutara mayormente en los lugares atestados y ruidosos, por lo que le dije que simplemente se estacionara por ahí y conversaramos, pero al minuto de haber subido había deseado bajar. Me maldije mentalmente por andarme exponiendo a situaciones que bien podría haber evitado, pero entonces recordé la fecha límite y me armé de paciencia. La mayor ahí era yo, debía ser capaz de llevar la situación hacia donde yo necesitaba que esta fuera.
No obstante, si bien sabía que debía hacer, llevarlo a cabo era algo bastante distinto. Observé sus manos grandes aún sujetando el manubrio con fuerza. Él no podía esconder que estaba nervioso... Yo sólo estaba aburrida.
Se me daba fácil leer el comportamiento de los demás y entonces noté que él se expresaba como se expresaba a través de las redes sociales porque seguramente así es como le gustaría poder hacerlo en persona. Concluí entonces que seguramente él también era casto. Ya era lo suficientemente malo tener mi edad y no haberlo hecho, y hacer cosas ese tipo de cosas extrañas para perderla, pero no podía cargar con la responsabilidad emocional de arrastrar a alguien menor a eso. Él había dejado de ser siquiera una posibilidad para mis oscuros propósitos y había vuelto a donde había estado en un principio. En nada.
—No hablas mucho, ¿no? – dije para romper el hielo.
Quería terminar luego con aquel encuentro, pero lo haría lo más socialmente correcto posible de acuerdo a las netiquetas.
—Disculpa – volvió a repetir.
A él le costaba incluso mirarme a los ojos. Eso iba de mal en peor. Intenté hablar de cosas que hubiésemos tratado antes a través del chat, y aunque a ratos se animaba a conversar fluidamente, los incómodos momentos de silencio se hacían presentes a intervalos.
Cuando la 'cita' concluyó, fui feliz.
Al volver a casa y volver a meterme a la conocida red social, encontré dos mensajes, uno de Eriol y otro de Syaoran. Sorpresivamente me encontré a mi misma abriendo primero el del mozalbete: "lamento no haber sido lo elocuente que esperabas que fuera. Aunque no lo creas no suelo ser así… me sentí abrumado por ti" El mensaje era extraño ¿por qué se sentiría así por mí? No fui lo sarcástica que solía ser con él, de hecho me porté amable, lo dejé como 'leído' y analizaría si le contestaba o no, y posteriormente leí el otro mensaje, el de Eriol: "¿cómo estás para nuestro encuentro en dos semanas más? Ya me siento duro de sólo pensarlo…"
También lo dejé en 'visto' y pensé en esas dos semanas, que fuera de provocarme la excitación que él abiertamente manifestaba que esa esperaba le causaba, a mi sólo estaba provocándome dolores de cabeza y mal genio.
Esa noche pensé en Syaoran, y en cómo me molestó en ese instante el que sus manos tiritaran, pero luego pensé en lo tierno de ese gesto y decidí darle una segunda oportunidad. Tal vez si él también era casto como lo intuía y prácticamente daba por hecho, no notaría cuan inexperta yo era en realidad, y entonces fijé mi nuevo objetivo: acostarme con el chico cuatro años menor y hacerle un favor para que dejara esa inseguridad de lado, y de pasada él me haría un gran favor a mi también, del que si todo salía como lo había planeado, él nunca lo notaría. Estaba decidido.
Continuará...
¡Hola! Después de haber terminado Extorsión y amor, fanfic por el cual sigo dando gracias por haberme apoyado, vuelvo para torturarlos con otra historia.
Espero que les guste y me dejen saber su opinión, ya que siempre estoy atenta a las sugerencias y quejas. La idea es ir mejorando día a día.
Qué estén bien, saludos.