Porque Bill sabía que este mundo algún día se extinguiría y si no era por su causa lo seria por otra. Él no era el único demonio, mucho menos el más poderoso. El infierno tenia jerarquías que si ni el plano de lo existencial podía comprender, tampoco lo haría el de los sueños, su hogar. Y es por ello que ahora se encontraba en aquel pueblo de nuevo, después de haber robado el cuerpo de un joven y atractivo rubio quien de manera ignorante acepto un trato con él.
Bill Cipher nunca hacia nada a cambio de tan poco, cada acción, cada movida de aquel maligno ajedrez tenía una razón de ser y siempre debía de beneficiarlo más a él, claro está. Es por ello que podía jactarse de tener una razón de peso muy grande como para volver; Dipper ya debía de haber crecido unos años y el triángulo estaba ansioso por comprobar que tanto había madurado ya el chico Pino.
Aquella era su última oportunidad, la última oferta que le haría al muchacho, la más grande e importante de todas y había que ver pues él no era de los que ofrecieran algo como aquello todos los días. Realmente debía estar muy desesperado por obtener al joven como para tratar de volver a engañarlo con sus trucos sucios. Estaba seguro que aceptaría, por más desconfiado o anormalmente paranoico casi rayando en lo extraño que sea el muchacho jamás diría que no a un misterio o a una aventura. Lo llevaba en la sangre.
Lo había presentido, una deliciosa premonición. Sabía que el muchacho podía escucharlo en sueños, no por nada se había pasado el último año torturándolo un poco, solo un poquitín para su propia diversión. Además implícitamente le estaba advirtiendo de la locura que pronto se cerniría sobre todos. Suspiro con aire casi risueño, y pensar que lo único que Dipp tenía que hacer era aceptar irse con él, después de eso, todo el poder de los diarios por fin serian suyos.
Estaba cerca, podía oír las risas de todos los habitantes de la pequeña casucha que se empeñaban en llamar hogar. Mabel no había cambiado en nada, seguía con la misma expresión de inocencia en su rostro. El viejo Stan, bueno si de algo estaba seguro es que tampoco le quedaba mucho al pobre, por suerte tampoco vio a la pelirroja y cuando dio un último vistazo sus ojos se toparon con lo que estaba buscando en un principio.
Siempre supo que aquel muchacho era diferente pero siempre era opacado por la ignorancia de los que convivían con él. Eso iba a acabarse, no seguiría permitiendo que hundieran aquel gran potencial, no seguiría sintiéndose enfermo por aquella estúpida idea que tenía el muchacho de siempre ser el chico bueno; parado frente a la puerta principal casi podía saborear la victoria e imaginando lo grande que ese mocoso lo ayudaría a ser casi se pudo permitir una sincera sonrisa. La vida era un cumulo de decisiones y la más importante no siempre debía ser la más aburrida ¿Verdad pequeño Pino?