Finalmente, el epílogo.

Gracias por acompañarme hasta aquí.


El futuro que se reveló cuando me tocaste con gentileza,

era el mismo camino que había decidido en ese momento.

"tengo a alguien que necesito proteger, "

Si pudieras jurar fervientemente así,

se convertirá en tu fuerza incluso cuando estemos separados.

Mantén esa ferviente pasión en tu corazón,

tu fe en ello podría transformarlo en un guía brillante.

El pulso de los sentimientos mutuos resuenan a través de este mundo,

nosotros dos lo esbozaremos todo.

Akagami no Shirayuki-hime OST.


Cuando llega a casa la encuentra dormida en la cama, con las manos todavía en las agujas de tejer.

Es un gorrito para él bebé.

Itachi sonríe, y la abriga con una manta más (uno nunca puede ser lo suficientemente cuidadoso)

Un beso de buenas noches, y la misma sensación cálida que lo llena cada vez que la ve, cada vez que la piensa.


Ella llora cuando ve por primera vez a la personita que estuvo en su vientre por todos esos meses. Se ve justo como Itachi.

Hikaru.

La luz brillante en sus vidas.

El amor que siente en ese momento es tan fuerte, tan intenso, parece imposible que se pueda amar así.

– Mamá te ama, Hikaru.

Itachi también llora y sonríe.

– ¿Quieres cargarlo?

En sus brazos, sostienen la razón de su existencia.


– No, realmente no.

Esa es la respuesta de Hinata cuando Ten Ten le pregunta si alguna vez siente ganas de volver a ser una kunoichi activa. Después de todo, ella se había esforzado tanto para llegar a donde estaba. Sus niños ya no son bebés.

Sin embargo, siguen siendo niños, y Hinata quiere estar ahí, dándoles el amor y el cariño que puede, antes de que acaben creciendo. (No durará para siempre)

Entre ir a misiones que acaban en derramamientos de sangre y conflictos (cosas que ella detesta) y ayudar a Hikaru y Miyoko mientras crecen, es claro qué es más importante para ella.

Debe hacerlo por dos, porque Itachi no siempre puede estar allí, aunque haga su mejor esfuerzo. Él a veces se pregunta cuándo Naruto se dará prisa para tomar su lugar, ocho años es demasiado tiempo, y a veces siente que se está perdiendo mucho. (Como los primeros pasos de Hikaru, como las primeras palabras de Miyoko)

Hinata no quiere perderse esos momentos, el tiempo es un tesoro.

Ella sigue siendo Uchiha Hinata de la Hoja, es cierto. Si un día debe hacerlo, morirá por la aldea. Por eso mismo, esos días que tienen, quiere disfrutarlos con esa hermosa familia que han construido.


– ¡Déjalo! ¡Es mi turno! – Miyoko gruñe a su prima, activando su byakugan. Pero Sarada no puede estar menos impresionada.

– ¡Es mi turno!

– ¡Onni-chan! Ayúdame, Sarada está siendo mala de nuevo.

– ¿Qué? Eres una…

– Miyoko, deja de pelear por tonterías.

El mayor de los chicos sin duda se parece a sus padres, pero no se puede decir lo mismo de su hermana menor. Tal vez porque la abuela Mikoto la ha consentido demasiado. Hikaru ha escuchado a escondidas a su madre quejándose tanto con la abuela como con su padre, porque últimamente Miyoko está mu malcriada y se parece cada vez más al tío Sasuke.

– P-pero… – al ver que no tiene apoyo allí, Miyoko corre a la sala donde su madre y la tía Sakura se encuentran. – Tía Sakura, Sarada no quiere dejarme jugar con su daruma.

– Miyoko, querida, estoy segura de haberte visto jugando con los juguetes de Sarada – dice su madre, ya acostumbrada a tales escenas – ¿qué te hemos dicho sobre compartir?

– No seas mentirosa – protesta Sarada, llegando detrás de su prima.

– Sarada, sé buena con Miyoko-chan.

La pequeña, dandole la espalda a sus madres, saca la lengua en señal de triunfo. Sarada frunce el ceño.

– Sólo espera. Se lo diré a mi padre.

Entonces Miyoko sí comienza a comportarse. El tío Sasuke da miedo.


Suspirando, Hikaru pone una mano sobre el hombro de su hermana menor.

– Miyoko, si no dejas de moverte, mamá escuchará, activará el Byakugan y nos va a descubrir.

Es difícil sorprender a su madre.

– Shhh – señala su padre.

La puerta de la entrada se abre.

Las luces se encienden.

Silencio.

Y luego, por supuesto, ella pregunta.

– ¿Qué están ustedes haciendo debajo de las escaleras?

Itachi y sus hijos intercambian una mirada, se encojen de hombros. Ni modo. Es muy difícil sorprender a Hinata.

– ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

De todos modos, ella está feliz.

Él le da un rápido beso en los labios.

– Ugh, que asco – dice Hikaru, tapando los ojos de su hermana menor.

Pero sus padres sólo ríen como si nada.


Dos personas como Itachi y Hinata Uchiha, nadie sabía exactamente cómo empezó (porque ciertamente, no siempre estuvieron juntos) pero a la mayoría de las personas en la aldea les costaba imaginar un tiempo como ese, pues la imagen del Hokage siempre iba inevitablemente atada a la de su esposa y viceversa.

El de ellos era un amor silencioso, tranquilo, gentil.

¿Cómo podría ser de otra forma, siendo las dos personas tan amables y cálidas?

El de ellos era un sueño simple.

Una vida tranquila, un gran jardín y unos hijos que pudieran crecer felices.

Sin embargo, ese sueño simple resultaba algo realmente desafiante cuando las dos personas que querían construirlo eran ninjas.

Ese sueño simple era la razón por la cual protegían la aldea. Por esos simples, pequeños sueños de sus habitantes que sólo podrían cumplirse mientras durara la paz.

Ese sueño simple era el que les daba las mayores felicidades, como el día en que nacieron Hikaru y el día en que nació Miyoko (con Sasuke y Sakura peleando con Neji y Hanabi peleando por ser el derecho de ser padrino y madrina de los niños en cada ocasión)

Tampoco podía encontrarse dos personas más agradecidas que la pareja. Cada día de felicidad, cada día en que el sol iluminaba la aldea y que su familia cambiaba, crecía, vivía… todo era un motivo para ser feliz y estar agradecido. Porque tanto Itachi como Hinata sabían que los buenos momentos no eran algo que pudiera dar por seguro, eso lo habían aprendido muy temprano en sus vidas.

Por eso, por haber sido capaces de encontrarse y de reconocerse finalmente, eran afortunados.

Realmente afortunados.