¿Una actualización de Nimbus?
Sí, eso es. Una actualización de Nimbus, para que vean que no he olvidado a mi hijo que cumplió un año hace rato, (creo)


XIII

En algún punto, Iwaizumi ya sabía discernir entre el sueño y la realidad. Sonaba algo tonto cuando lo decía en voz alta, sin embargo, era un gran logro.

A pesar de todo, no podía evitar el miedo, el dolor, el pesar que sentía al ver la sonrisa de Oikawa desvaneciéndose una vez más. Y alguien, quizá su "yo" del presente o el del pasado o quizá alguien más; alguien pensaba "¿Cuántas veces más?".

Cuántas veces más tendría que soportar el mismo dolor, su corazón casi desgarrándose, la respiración que le faltaba. Cuántas veces más tendría que ver morir a Oikawa, o sentir su propia vida resbalando entre sus dedos, sabiendo que lo iba a dejar solo. ¿Cuántas veces?

¿No debía ser hora de que esto parara?]
De todas formas, ¿cómo harían que parara?

Aunque ambos conocían la verdad e incluso habían compartido sus propias (y a veces trágicas), conjeturas respecto al futuro, Iwaizumi se preguntaba cómo iban a hacer para que todo esto se detuviera. Era agotador.

Y estaba seguro que lo era aún más para Kuroo en la cama de al lado, mientras lo escuchaba removerse en la cama, probablemente dudando su acercarse o no a Iwaizumi.

—Estoy bien —había murmurado éste, a la leve silueta de Kuroo sentado en la cama que alcanzaba a ver con las luces de la calle.
—Bien —Kuroo se puso de pie—, ¿quieres algo de tomar?
—No. Vete a dormir. Voy a comer algo —agregó, para zanjar el tema de una vez.

Y aunque Kuroo había hecho un ruidito de asentimiento, estaba pendiente de cada movimiento, de manera que Iwaizumi no se sorprendió al verlo llegar corriendo a su lado cuando dejó caer el cuchillo que acababa de dejar caer al suelo después de soltar un grito ahogado.

—¿Iwaizumi?
—Ah… Lo siento.
—Casi te clavas un cuchillo en el pie, y me dices que lo sientes —Kuroo avanzó hacia él, su tono no denotaba burla alguna, más bien, sonaba algo paternal. Iwaizumi quiso reír pero un repentino nudo en la garganta se lo impidió.
—¿Qué soñaste?
—Un robo —contestó Iwaizumi y mientras Kuroo vuelve a la habitación, Iwaizumi le narra el sueño: parecían los setenta, quizá; Oikawa y él compartían un apartamento, Iwaizumi llegó tarde esa noche y lo encontró desangrándose en la cocina, la mayoría de sus pertenencias había desaparecido.
—Lo siento —contestó Kuroo y le tendió el cuaderno y un esfero —. De verdad lo siento. Ya sabremos qué hacer. Suga y yo tenemos una… pista. O algo así. Por ahora, escribe, sólo escribe y sigue caminando, ya llegarás allá.

. . . .

El día siguiente lo descubre con el cabello despeinado y enormes ojeras. Tan pronto entra a la cocina, oye una risotada.

—No —dice Iwaizumi antes de que Kuroo pueda hablar.
—Iba a preguntarte si querías huevos fritos, pero como me dijiste que no —Kuroo revuelve algo en una sartén—, todos serán para mí.
—Al menos así tendrás los suficientes huevos para hablarle a Tsukishima.
—¡Hajime! —Kuroo retrocede, en una fingida mueca de ofensa—. No puedo creerlo, no puedo creerlo.
—Créelo. No estoy de humor. Y sí, quiero huevos.
—Como dije antes, todos los huevos son míos.

Iwaizumi se recuesta en la mesa con un suspiro derrotado. Enseguida escucha el ruido de un plato al frente suyo.

—Yo tengo mis huevos, tú tienes los tuyos. Literal y figurativamente. En el sentido figurado, no es que yo no tenga los suficientes es que…
—¿Qué?

Por primera vez en lo que le parece una eternidad, no están hablando de Iwaizumi, sino de Kuroo. Y es un alivio, en parte porque Iwaizumi está cansado de ser el centro de atención y en parte porque siente que hace mucho no escucha a Kuroo y éste debe tener muchas cosas por decir.

Kuroo lo piensa un rato, mordiéndose un labio y al final, suelta un largo suspiro.

—No lo sé, a veces me da la impresión que es mejor dejar las cosas así.
—¿En serio?
—En serio. No creo que sea la mejor idea aferrarse a un pasado que ya está… bueno, en el pasado. Es como… No lo sé, la cosa es que por más que lo pienso y le doy vueltas, creo que es lo mejor. No aferrarme al pasado, mirar adelante, caminar y caminar hasta que me sangren los pies.
—Eso no suena bien.
—Quizá no lo dije bien, pero es lo que hay hasta ahora.

Iwaizumi en verdad no sabe qué decir, del Kuroo que alguna vez prometió intentarlo de nuevo a éste, que se ha rendido sin siquiera avanzar, hay un abismo de diferencia, como si lo hubiese dejado de ver por muchísimos años y de repente se encontrara con una persona prácticamente nueva: mismo rostro, mismo peinado, mismos ojos y diferente personalidad.

Piensa, quizá, que algo ha pasado en Miyagi, que quizá Tsukishima haya iniciado una relación con alguien más y se comunicó a Kuroo hace poco. Dada la expresión de Kuroo, casi confirma sus hipótesis y considera la posibilidad de escribirle un mensaje a Kageyama.

Se arrepiente cuando escucha el tono del celular de Kuroo y éste lee el mensaje, para después volver a dejar el celular en la mesa con una media sonrisa.

—¿Pasó algo?
—Nada. O bueno, sí… —Toma su celular y le muestra la pantalla a Iwaizumi, que no comprende bien qué debería ver allí. Distingue perfectamente los caracteres de la conversación, una que otra frase en otro idioma y finalmente algo que supone es francés, o italiano. No lo sabe.
—Es latín —le dice Kuroo, respondiendo a la pregunta evidente en la expresión de Iwaizumi—. Pienso, luego existo. Asumo que habrás escuchado eso alguna vez.
—Sí, quizá… No lo sé, solía dormirme en las clases de filosofía del colegio.
—Me ofendes —. Kuroo vuelve a leer la conversación y hay algo en ella que lo hace sonreír, Iwaizumi se pregunta qué será —. En fin, mi víctima el otro año será Descartes. Y sucede que Tsukki lo ha leído.
—No me digas que Descartes los va a unir más —. Kuroo resopla y se encoge de hombros, mientras lava los platos del desayuno que acaba de terminar. Iwaizumi no se mueve, esperando una explicación.

—Estamos en vacaciones, Iwaizumi. Vacaciones de invierno.
—Lo sé —responde Iwaizumi, aunque en realidad no lo había captado. Tal vez debería haber caído en la cuenta al ver que eran las nueve de la mañana y Kuroo todavía estaba rondando el apartamento.
—Voy a Miyagi, un par de días. Ya sabes el resto.
—Y… ¿Cuándo te vas?
—Mañana temprano.
—¿Qué pasó con lo de "quiero dejarlo así"?
—Nada, Hajime. Sigo pensando que debería hacerlo, pero primero quiero visitarlo. Es todo.

Iwaizumi asiente y termina su desayuno en unos pocos bocados. No sabe qué decir, ni tampoco cómo reaccionar frente a la noticia, así que lo único que le dice a Kuroo antes de que este salga de compras es que lo va a invitar a tomar un café.

. . . .

Tal y como lo prometió, Oikawa se volvió un cliente frecuente del café donde Matsukawa trabaja. Tras haberlo visto en el lugar más veces de las que puede recordar, Iwaizumi no duda al pensar en el Coffee Bleu como el primer lugar en donde puede buscar a Oikawa cuando no lo encuentra. Incluso se lo puede imaginar claramente, con alguna clase de chaqueta deportiva, el cabello perfectamente arreglado y una taza de café caliente, sentado en la silla más alejada de la puerta y escuchando la suave música del lugar, balanceándose a su ritmo con los ojos cerrados.

De manera que no le sorprende distinguir un brillante cabello café desde la entrada. Lo que si le sorprende, es ver a sus acompañantes: a su lado, Akaashi, un amigo de Bokuto, que ayudó a Iwaizumi cuando su celular se había extraviado; al frente, Bokuto, asintiendo a lo que fuera que Oikawa estaba diciendo; y, al lado de Bokuto, estaba Matsukawa, también concentrado en las palabras de Oikawa.

Ninguno de ellos da muestras de haber escuchado la puerta sonar, señalando su entrada.

—Deberías estás trabajando —le dice Iwaizumi a Matsukawa, cuando llega a su lado.
—Es mi día libre.
—Y decidiste pasar tu día libre en tu lugar de trabajo.
—Me gusta, no puedo evitarlo.

Bokuto observa el intercambio y saluda a los recién llegados con una gran sonrisa. Tanto él como Kuroo intercambian un ruidoso saludo, acallado enseguida por la mirada asesina de Moniwa desde el mostrador.

Mientras Kuroo le cuenta al resto de la mesa el motivo de su presencia, Iwaizumi se las arregla para sentarse en medio de Akaashi y Oikawa. Kuroo, por su parte, se sienta junto a Matsukawa y conversa con él como si se conocieran de toda la vida.

—Bien, estamos todos completos —comenta Bokuto, como si los hubiese estado esperando todo el tiempo—. A propósito, me parece genial que vayas a Miyagi, Kuroo.
—Sí —contesta éste. Quizá Iwaizumi se lo imagina, pero ve que ambos intercambian una mirada significativa, durante los primeros momentos, Bokuto parece preocupado y luego, al ver algo en los ojos de Kuroo, da la impresión de estar aliviado y vuelve su mirada a Oikawa.

—Estabas hablando de tu sobrino.
—Ah, Takeru, sí… —Oikawa asiente y resume en pocas palabras lo que acababa de contar y continúa la historia.

Parece tranquilo mientras comparte la historia, e incluso agrega algunos detalles que Iwaizumi asume son pura exageración de su parte. Hace grandes gestos con sus manos y de vez en cuando se interrumpe para tomar un sorbo de café.

En verdad, parece como si la revelación anterior no hubiese sucedido nunca, como si no hubiese vuelto a tener ninguna pesadilla, e Iwaizumi casi cree que es así, pero la poca distancia entre los dos y la forma en que poco a poco está descubriendo el millón de capas que encierran a Oikawa, le permiten saber que no es así. Hay unas leves ojeras bajo sus ojos, que Oikawa trata de ocultar con unas gafas que ha sacado de quién sabe dónde y está pálido, quizá un poco más de lo normal.

Y quizá, Iwaizumi esté exagerando un poco. Sólo un poco. Quizá Oikawa solo está estudiando demasiado y no ha podido dormir bien.

Algo así, probablemente.

El tema del sobrino de Oikawa termina cuando Matsukawa va al mostrador y vuelve con una bandeja de galletas y aún más café. A juzgar por la cara de Kuroo, parece que éste está en el cielo e Iwaizumi no lo culpa, pero tampoco lo entiende. Sí, probablemente el café sea genial, una bebida preparada directamente en el cielo, hecha con el único propósito de hacer milagros con las vidas de estudiantes cansados como ellos. Puede que fuera cierto, sin embargo, Iwaizumi cree que no es para tanto.

De todas maneras, no hace comentario alguno, simplemente disfruta la expresión casi infantil con la que Kuroo toma su bebida y casi pasa por alto la expresión seria de Bokuto, hasta que Akaashi lo menciona en voz alta.

—Ah, no es nada —responde. Akaashi cruza los brazos—. O sí. No sé.
—No te pongas con secretos —le dice Kuroo—, no es como si hubieras cometido un delito.

Bokuto suspira y se endereza, y Kuroo frunce el ceño, pero antes de que pueda hablar, Bokuto se decide a contar lo que sea que está guardando.

—Me voy —dice, Kuroo inclina la cabeza, Oikawa lo mira fijamente—. De viaje. Un año. A Londres.

Sus palabras son puntuadas con el silencio en la mesa, una canción de jazz, lenta y sin letra, es lo único que se escucha por unos momentos, mientras los presentes procesan la noticia.

El primero en hablar es Matsukawa.

—¿Tiene algo de malo? —le pregunta a Bokuto, este niega con la cabeza—. Entonces, felicitaciones.
—Es que…
—Sí, sí, nos vas a extrañar… —dice Kuroo.
—Nos vas a llamar todos los días, tomar millones de fotos, conocer a cuantos jugadores de voleibol puedas —continúa Akaashi.

Bokuto ha asentido a las afirmaciones de ambos con tal pasión, que Iwaizumi cree que se debe sentir un poco mareado con los bruscos movimientos de su cabeza.

—Sí, sí, eso —dice al fin y un coro de felicitaciones se alza en la mesa—. Me voy a finales de enero del otro año.
—¿En invierno? —pregunta Matsukawa, tiritando. Al parecer la simple idea de imaginar el frío inglés era aterradora.
—No es tan diferente de acá.
—Es más frío.
—No me parece tan diferente.
—Ya veo. Tu percepción del clima es bastante errática, entonces.

Kuroo le da una palmada en el hombro y asiente en dirección a Matsukawa. El resto del grupo lo vuelve a felicitar.

—Entonces, te vas el otro año —comenta Matsukawa—. Y ustedes, ¿qué van a hacer? —agrega, mirando al resto de la mesa.

Kuroo hace una mueca, va a seguir estudiando, obviamente. Quizá haga un viaje de "peregrinación" y aunque no sabe todavía a dónde, la idea le ha venido rondando la cabeza por un buen tiempo.

Iwaizumi, por su parte, no acepta la invitación de Kuroo a acompañarlo en su viaje. Prefiere decir, más bien, que va a rogar para que su horario no incluya clases a horas sagradas de la mañana y para que sus profesores no sean emisarios del infierno. Akaashi sonríe ante esto último, diciendo que él se va a dedicar a la educación a partir del segundo semestre del otro año.

La conversación se desvía hacia las críticas mordaces a los profesores universitarios. Kuroo parece amarlos a casi todos, excepto a un profesor extranjero que nunca ha llegado temprano a su clase de las siete de la mañana; cuando varios de los ocupantes de la mesa mencionan la misma situación, Kuroo no parece sentirse tan solo en su odio al docente.

—Pero es solo por este semestre —dice al fin—. El otro año no tendré que verlo.
—Me parece bien —responde Bokuto. Después de un segundo de pensar en algo, mira a Oikawa—. Tú no has respondido, Oikawa, ¿qué vas a hacer? Ya casi acabas el curso, ¿no? ¿Quieres viajar o…?

El resto de la pregunta de Bokuto se pierde en el ruidoso suspiro de Oikawa, quien se cruza de brazos sin mirar a ninguno de los ocupantes de la mesa.

Iwaizumi no le quita la mirada de encima, hay cierto cansancio en su mirada. Pero no es de ése que queda después de hacer alguna actividad física; es ese tipo de cansancio del que es imposible deshacerse con una siesta, ni siquiera con muchas noches de sueño perfecto.

No sabe la palabra para definir la expresión de Oikawa, pero sabía que era una mezcla de agobio y miles de sensaciones más. Esas sensaciones que había visto varias veces en sus pesadillas, que le aterrorizaba y quería borrar cuantas veces necesitara.

Esta vez, sin embargo, no puede hacer nada para borrar la expresión, ni para cambiar de tema y evitar que Oikawa hable. Piensa, quizá, que lo mejor es que el océano de sentimientos se desborde y que todo lo que lleva Oikawa dentro al fin salga, para poder empezar con algo nuevo.

—No sé… —empieza Oikawa, su mirada sigue perdida en el vacío, su expresión, tranquila—. Pero quizá no sea algo bueno. Es decir, nada ha sido bueno hasta ahora, ¿por qué debería esperar algo mejor?

Otro silencio, pero esta vez es uno más pesado, intranquilo. Incluso Bokuto no sabe qué decir y mira a Oikawa con preocupación. Iwaizumi, por su parte, se siente desorientado; sabe que lo mejor es que Oikawa saque lo que lleva dentro, que cuando algo lo carcome, lo mejor es sacarlo de raíz. Y a pesar de todo, el comentario de Oikawa le hace sentir perdido, con cierta frustración y rabia.

Lo había visto divertido hablando de estrellas, planetas y vida extraterrestre, escuchó sus palabras creyendo que ése era el Oikawa que debería mostrarse al mundo. Su entusiasmo por lo enorme y desconocido, sus ganas de ver más y más, sus ojos que brillaban con la fuerza de todas las estrellas del universo.

Iwaizumi está confundido y tal vez se haya notado en su expresión, porque de pronto Kuroo lo está mirando fijamente, algo como la urgencia escrita en sus ojos. Di algo, parecía decir e Iwaizumi no encuentra las palabras, pero decide intentarlo.

—Tal vez deberías darte una oportunidad —dice. Oikawa lo voltea a mirar—. Es decir… pequeños pasos, vas a llegar a alguna parte. Desesperarte no servirá mucho.

Kuroo parece sorprendido e Iwaizumi no sabe qué más decir. Ha escuchado eso de los pasos tantas veces, que piensa que alguna vez perderá su significado; sin embargo, así como Kuroo se lo dijo cuando más lo necesitaba, Iwaizumi se lo dijo en su momento de más necesidad; le parece que para Oikawa también era imprescindible escucharlo, quizá le sirva de algo.

Y de pronto, está con la mirara de Oikawa puesta en la suya y aunque sabe que está rodeado de sus amigos y los empleados del lugar, a Iwaizumi también le parece que están solos. En el vacío del espacio, en el eco de las vidas que han tenido antes, en la calma del océano bajo el cielo oscuro.

Sucede en cámara lenta, muy lenta… demasiado lenta para su gusto. Iwaizumi lo ve venir, acercándose lentamente, acechando como un felino enjaulado, un sonido profundo, similar a un trueno, resuena en el fondo de su cabeza y la forma en que los ojos de Oikawa destellan, le recuerdan a la de un rayo.

Su rabia no se ve, pero se siente, y aunque respira profundo, intentando espantarla, el sentimiento está imbuido en sus palabras:

—Es fácil para ti, ¿no, Iwa-chan?

No es un "Iwa-chan" alegre, con ese tono bromista al que Iwaizumi se ha acostumbrado con tanta rapidez, tampoco es la voz de sus recuerdos, el pequeño niño que lo insta a caminar, ni el que lo llama por las tardes para que jueguen juntos. No es un "Iwa-chan" que quiera volver a escuchar, porque éste suena más mordaz y seco, hace que levante la cabeza y que su voz suene preocupada. Sin embargo, para cuando las palabras salen, Oikawa ya se ha ido.

—¿Oikawa? —Su voz resuena en el aire, se extiende por el silencio de la cafetería, pero no alcanza al muchacho, que atraviesa la puerta a toda velocidad.

Matsukawa mira a Iwaizumi y a Oikawa que se aleja rápidamente, juguetea con la bandeja en sus manos y de repente se detiene, apretando los dedos fuertemente alrededor de ésta.

—¿Qué demonios esperas que no lo sigues, Iwaizumi? —El aludido lo mira, parece sorprendido que todavía siga allí—. Si no te vas ya, esta bandeja será tu nuevo sombrero.

—¡Corre! —le dice Bokuto y le da un fuerte empujón justo cuando Matsukawa empieza a levantar la bandeja sobre su cabeza.

Iwaizumi corre y lo último que escucha antes de que la puerta se cierre, es la exclamación de sorpresa de Bokuto.

No hace caso de los transeúntes con los que choca, los ruidos de los carros, ni la música que sale de algún local mientras trata de no perderlo de vista. La tormenta se hace más oscura, los truenos marcan cada paso que da Oikawa a lo lejos e Iwaizumi sólo puede correr.


Yay! Volví! (o algo así) Trataré de alternar estas actualizaciones con las de "ghost rain", pero no prometo nada. Ya saben, vida, estudio, trabajo, esas cosas.

Y bueno, en ao3 organicé estos fics en una serie llamada "cloud atlas". Una serie donde está Nimbus, Skypunch y otro fic con Tsukishima como protagonista. Y quizá más, si todo sale bien.

En fin, un adelanto. Cortito, pero sustancioso.

"—Iwaizumi-san —dice Akaashi, sentandose a su lado—. Necesitamos hablar."