Disclaimer: Los personajes de Sherlock Holmes no me pertenecen, sino a su autor Sir Arthur Conan Doyle. La serie "Sherlock" pertenece a la BBC.
Este fic lo hice sólo y únicamente como diversión.

Personajes: Sherlock, John Watson y otros.

Aclaraciones y Advertencia: Este fic contiene slash, romance, Mpreg, semi AU, tragedia, Omegaverse, entre otras cosas.

Resumen:El matrimonio Holmes-Lestrade espera a su primer hijo.

Beta: Lily Black Watson

OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO

13

Capítulo 1.- Primer día

Greg observó el pequeño ser entre sus brazos; tan diminuto que más parecía un muñeco que un recién nacido, pero para él, simplemente era perfecto. Una lágrima escapó de su ojo derecho, la secó, teniendo cuidado de no despertar a su bebé.

— ¿Cómo le llamaremos? —preguntó Mycroft, acomodando mejor al omega entre sus brazos. Los tres se encontraban en la cama, Holmes con la espalda contra la cabecera y Greg contra el pecho del alfa.

—Gabriel —dijo y besó la cabeza de su bebé —. Es el nombre del ángel favorito de Dios; él le cuidará… —su voz se rompió, ya no fue capaz de soportar el dolor de su corazón, rompiéndose en fragmentos. Cerró los ojos, tratando de concentrarse únicamente en el peso y calor que emanaba de su bebé y así, llegaron los recuerdos de los meses de embarazo.

[El embarazo se desarrollaba normalmente, tanto que a Greg, el diagnóstico le llegó a parecer un sueño, pero la cruda realidad siempre terminaba por imponerse. Sus consultas eran un recordatorio constante del triste final de su bebé, lo que le hacía (inevitablemente), romper en llanto. Su médico le sugirió ver a Arman Jones, un psicólogo especializado en tanatología* que dirigía un grupo de apoyo para ayudar a las parejas que perdieron hijos a causa de una enfermedad genética u otros males.

Greg descansó su cabeza en el mullido sillón, el favorito de Mycroft; una mano en su vientre, la otra, jugando con la tarjeta del psicólogo, debatiéndose si llamar o no. Sabía que su alfa no lo iba a acompañar; un Holmes no necesitaba ayuda y menos de un loquero.

Lestrade demoró una semana en decidirse; no le dijo a Mycroft pues sería una pérdida de tiempo.

Las reuniones se llevaban a cabo en la casa del especialista. La sala no era grande, pero si lo suficiente cómoda para las diez personas que conformaban el grupo de apoyo. Greg observó al psicólogo; robusto, casi llegando a obeso; calvo, de rostro redondo; sus facciones eran amables e inspiraban confianza.

—El día de hoy se nos une el señor Gregory Lestrade —dijo Arman. Los otros miembros, enseguida le dieron la bienvenida al grupo con diversos gestos o palabras. — ¿Quién desea iniciar?

Una omega levantó la mano; era pequeña de estatura (como casi todos los de su condición). Selena Freeman había tenido una hija con trisomía 13, aunque en sus primeras etapas. La niña tenía deformaciones que las cirugías no habían terminado de solucionar.

—Ángela cumpliría 13 años en unos meses —habló la omega, aguantando las lágrimas. Su hija tuvo un fuerte ataque respiratorio durante un paseo con sus compañeros, murió antes de llegar al hospital, de eso tan solo un par de semanas atrás. —Ella era una buena niña. Inteligente. Jamás me dio problema alguno. ¡Ella no merecía morir!´

—Sabemos que es difícil. Perder a un hijo nunca es fácil —dijo el especialista. Él prefería usar un lenguaje más amigable, más… cercano a las personas, en lugar de términos rebuscados psicológicos que pudieran hacer sentir a sus pacientes, como simples sujetos de investigación—. Pero la degeneración de sus pulmones era sería; estabas consiente qué podía pasar —la omega asintió con la cabeza —. Es momento que la dejes ir, ella merece descansar y tú también.

Selena negó con la cabeza violentamente; ella no quería dejar ir el dolor que la dominaba, creía que de hacerlo, iba a olvidar a su hija.

— ¿No crees que es mejor recordar a la niña vivaz y alegre, en lugar del cascarón, sin alma? —preguntó Arman con tono cariñoso. Selena asintió con la cabeza; se limpió las lágrimas e incluso trató de sonreír.

—Quiero hacerlo.

—Ese es el primer paso. Estoy… estamos orgullosos de ti, ¿verdad? —el grupo asintió y dio palabras de ánimo a su compañera.

—Roland, ¿quieres compartir algo con nosotros? —un beta se puso de pie. Él no lloraba, pero sus ojos destellaban con una mezcla de tristeza y odio.

—Mi novia cumplió seis semanas cuando los médicos nos dijeron que el bebé, tenía altas posibilidades de nacer ciego —Ronald apretó las manos, tratando de controlar su ira. —Ella no quería correr el riesgo de, según sus propias palabras: cargar con un lastre —Greg frunció el ceño, ¿cómo era posible que una madre se expresara así de su propio hijo? Era simplemente bestial. —Le supliqué infinidad de veces que no lo hiciera, que no lastimara a nuestro hijo; estaba dispuesto a dejarle todo; la casa, el auto, mis ahorros, con tal de que me diera al bebé cuando naciera —sonrió con tristeza —. Tania aceptó, pero un día, me llamaron para informarme que ella había muerto practicándose un aborto.

—Has hecho un gran progreso, Ronald —sí que lo hizo; durante ese mes que llevaba en las reuniones, jamás habló de su pareja y mucho menos se atrevió a pronunciar su nombre, era, un simple cascarón sin rostro.

—Ella es la única que debería de estar muerta —Greg, no pudo estar más de acuerdo con el beta.

Luego de Roland, tocó el turno a Jacqueline y Fausto, una pareja alfa/omega; ellos tuvieron un hijo con el síndrome del arlequín* que murió a los meses de edad a causa de una grave infección cutánea. Después, Ágata y Claudia, su hijo había nacido sano, pero sufrió del síndrome de muerte súbita, y falleció en su cuna, mientras dormía. Wólfram y Dexter, el bebé murió en el vientre de Wólfram y tuvieron que hacerle un legrado.

—Greg, ¿quieres compartirnos algo? —dijo Arman y Lestrade negó con la cabeza, sintiéndose cohibido. Todos le miraban. —No te preocupes, puedes hacerlo cuando estés listo. Bueno, la sesión de hoy ha terminado.

Poco a poco, las personas se fueron retirando, hasta que sólo quedó Arman y Greg. Lestrade estaba un poco reacio a hablar sobre su problema frente a extraños, pero ese hombre se le antojaba confiable, como un padre al que puedes contarle todo y sabes que no te juzgará.

—Eres una persona fuerte, Greg —dijo Arman con cariño; colocó sus manos en los hombros de Lestrade, tratando de infundirle calma —, pero no puedes enfrentarte a esto tú solo, necesitas de tu alfa.

Greg bajó la mirada; estaba un resentido con Mycroft, que parecía no estar interesado en su hijo, ni en el futuro de éste.

—Él no quiere al bebé.

—Los alfas protegen a sus omegas, está en su naturaleza —comentó Jones —. ¿Puedes imaginar lo difícil que debe ser para tu pareja, verte sufrir y no poder hacer nada para remediarlo?

Lestrade no había pensado en eso; él sólo se centró en su propia miseria, sin pararse a pensar en lo que Mycroft pudiera estar sintiendo, también era su hijo, después de todo.

—Habla con él —alentó Arman. Greg asintió con la cabeza. Era lo mejor.

Terminaron de ordenar la sala; usualmente todos los miembros ayudaban, pero cuando llegaba uno nuevo, los demás se iban al terminar la reunión pues, Arman había comprobado en varias ocasiones, que el recién llegado se abría a él, confiaba más y así, daba el primero de muchos pasos, para sanarse.

Greg le dio un sorbo al té que Arman le había dado, meditando las palabras del especialista.

— ¡Oh! Lo siento —se disculpó una mujer regordeta al entrar a la casa, con ella venía un joven de 18 años y un dálmata que llevaba un chaleco, identificaba como perro de ayuda —. Creí que la reunión ya había terminado.

—Está bien —dijo Arman —. Greg, déjame presentarte a mi hermana; Clarise, él es mi hijo, Norman y por supuesto, Loki —el perro ladró a modo de saludo, haciendo que Lestrade sonriera.

—Es un placer —la mujer le sonrió, ayudó a su sobrino a quitarse el abrigo y el chaleco al perro —. Llevaré a Norman a darse un baño. Fue un placer conocerte, Greg, espero puedas acompañarnos a cenar.

—Gracias, pero debo regresar a casa —Clarise asintió con la cabeza.

—Qué pena; bueno, siempre hay un mañana —la mujer se despidió y los tres desaparecieron escaleras arriba.

—Norman es autista —dijo Arman cuando se quedaron solos. Entonces sonrió —, pero es un brillante músico. Su madre murió en un accidente; ese día tuvimos una pelea y ella subió a su auto llevándose a nuestro hijo. Pasaban de la medianoche cuando recibí la llamada —los ojos del hombre se cristalizaron —. Ella murió durante el traslado, pero gracias a Dios, Norman no había sufrido más que unos cuantos raspones y una fractura menor.

—Lo siento —dijo Lestrade, culpándose por hacerlo recordar algo tan amargo. Arman negó con la cabeza.

— ¿Sabes qué es lo más triste? Que ni siquiera recuerdo la razón de la pelea —admitió —. Pero no la odio, ni me odio a mí; nada se gana, es una pérdida estúpida de energía. La amo, a pesar del tiempo transcurrido, pero eso no significa que me cierre; si algún día llega alguien, ¡bienvenida sea! No pienso vivir en el pasado, ni dejar que los malentendidos arruinen algo maravilloso, ya no.

Lestrade asintió, comprendiendo las palabras de Arman. Necesitaba hablar con Mycroft, decirle cómo se sentía y que él hiciera lo mismo].

Continuará…