-Algo de OoC, ya saben, lo normal en los AU.

-Los personajes pertenecen a Eiichiro Oda, yo simplemente los tomo prestados para crear historias3.


Uffff, tal parece que este es jueves de full actualización porque no me basta el nuevo fic que subí y la actualización de otro fic que tengo, y ya vengo con este otro :v.
Hahaha, no es mi culpa, estar sin internet me hizo escribir como maniaca(?).

En fin, estoy tan feliz de poder darles al fin la atención que quería a otras de mis OTP; el BartoCaven *A* 3.
Los capítulos no serán muy largos, pero de igual forma espero disfruten esta historia uvu.

Disculpen si tengo algún error ortográfico o incoherencia narrativa.


|| El Príncipe y El Caníbal I ||

Luffy-senpai se ve muy bien con ese sombrero de paja, me preguntó si olerá a él, pensó Bartolomeo, quién se encontraba detrás de un árbol a aproximadamente cinco metros de aquel monito pelinegro que estaba con su grupo de amigos, riéndose mientras comían, sentados en los jardines de la escuela.
Monkey D. Luffy, Roronoa Zoro, Kuroashi Sanji, Katt Nami y Sogekin Usopp.
Mismos chicos eran los ídolos de Bartolomeo, eran como sus senpai, aunque ellos fueran menor que él por un par de años (ellos dieciocho, mientras que el peliverde veinte). Claro, a cada uno los admiraba de diferente manera, todo desde que presenció el revuelo que estos chicos causaron en una pelea callejera cuando asaltaron a la pelinaranja Nami; Bartolomeo había quedado sorprendido por la capacidad de ellos, pero sobre todo, de Luffy, que era como el "líder" de ellos, aquel que para su menudo cuerpo, demostrara tanta capacidad. Era digno de admirar.
Luego de ello, se había dedicado a averiguar todo, todo de Luffy, seguido de sus amigos y no tardó mucho para pensar en él como un simple ídolo.

Y hasta ahora, llevaba gustándole dos años el joven D.

Por supuesto, era consciente de que muy probable no tenía oportunidad con él, porque no era digno, ya que Luffy era un buen tipo, no se metía en tantos problemas ni jodía al mundo como Bartolomeo. Sin embargo, este quería intentarlo, quería intentar estar cerca de aquel chico, aún si eso significaba modificar un poco su personalidad. Porque Luffy se merecía mucho y más.

—Uf, ¿de nuevo estás espiando a Mugiwara? —el pelinegro era conocido por ese apodo, ya que gustaba de usar atípicos sombreros de paja.

La expresión de Bartolomeo cambió de colegiala enamorada, a una con el ceño fruncido.

-No Me interrumpas, Ganbia, beh.

—Huhu, perdón, perdón. Pero, observando aquí no avanzarás nada de lo que quieres —Ganbia, uno de sus mejores amigos, sonrió con la mirada aburrida.

—Cállate. Que vengas no me ayuda tampoco —Bartolomeo le miró mal, porque gracias a que su amigo llegó, perdió de vista a sus senpai.

—Uy, cálmate. Deberías agradecer que ahora tengas tiempo para pensar mejor sin distraerte tanto por Mugiwara.

—No me sirve de nada, por más que lo intente, no sirvo para estas cosas… ugh, del amor.

— ¿Y qué pasó con las amigas de Kid para practicar? —Ganbia le miró extrañado, pero tenía una ligera idea.

—Las asusté —Bartolomeo sonrió, sin rastro de arrepentimiento. Se notaba que disfrutó haberlo hecho.

Suspiro intercambiados.

—Ah… Parece que para ti es imposible.

— ¡No me rendiré por Luffy senpai, aún si tengo que hacer lo imposible! Yo tengo que conseguir acercarme.

—Ese tipo es tu perdición, Barto —Ganbia se cruzó de brazos y miró algún punto del jardín de la Universidad. Luego, sonrió con una idea—. Dijiste que sacrificarías todo con tal de lograr acercarte a Mugiwara, ¿no?

—Aún si voy al mismo infierno.

— ¿Aunque tengas que ver la cara del tipo que te desagrada?

Bartolomeo lo miró y no dudo en asentir.

—Entonces, tu última opción es él —Ganbia señaló hacía un montón de mujeres gritando, emocionadas por la presencia de alguien más ahí.

Al peliverde le resbaló una gotita de sudor. No hubiera pensado que a su amigo se le ocurriera precisamente él.
Gruñó.

Todo sea porque poder acercarme más a Luffy-senpai, aunque sea un poco, y con ese pensamiento, se decidió. Pero tenía un mal presentimiento con en esto.

...

— ¡Kyaa, Cavendish-sama, por favor, míreme! —gritaban un montón de muchachitas, alrededor de un chico que parecía por completo un príncipe.

Con esos ojos azules como el cielo y el cabello rubio sedoso, Cavendish sonrió elegante y sensual.

—Yo siempre las observo, a cada una de ustedes, mis doncellas.

— ¡Kyaa, Cavendish-sama, kyaaa! —varios gritos estimulantes continuaron saliendo de, prácticamente, casi todas las mujeres de la Universidad; hasta se olvidaban que la siguiente clase estaba por dar inicio.

Aunque para el rubio no había problema, estaba satisfecho con toda la gente que lo estaba mirando y admirando. Era un como pavo real. Solo que más brillante.

—Siempre tan llenas de energías, chicas, pero será mejor que regresen a sus clases ya o perderán puntos que no creo que la belleza los recupere —dijo con ligereza el siguiente profesor de la clase.

—Yo sería capaz de convencer a los maestros, Akagami-sensei —apostó Cavendish con confianza.

—Mah, mah. Qué positivo —Shanks simplemente se rio. Pero luego se puso solemne—. Pero, en serio, jovencitas, fuera del salón que sus profesores ya deben de haber llegado.

—Mi belleza y perfección no se acabará, chicas. Saben que estoy libre para ustedes —Cavendish les guiñó un ojo, pavonéandose.

Las chicas volvieron a gritonear y luego de un par de minutos más, salieron del salón, mirando mal al profesor pelirrojo.

Shanks simplemente se despidió de ellas amigablemente, para después dar comienzo al segundo periodo del día en la escuela.
Pero Cavendish no necesitaba prestar tanta atención a una clase para entenderla realmente, era un prodigio, además de guapísimo y una educada persona. Suspiró felizmente, mientras dirigía su mirada a la ventaba, para comparar su belleza con los portes naturales del jardín mentalmente.
Sin embargo, su buen ánimo se oscureció un poco al ver a cierto chico con sombrero de paja. Mugiwara, pensó con desprecio. No conocía por completo al pelinegro, pero como odiaba que alguien tan simple como él lograra tener atención de varios estudiantes; no le hacía competencia para nada, pues Cavendish lograba mucho más. Pero el hecho de que su hermana Boa Hancock también estuviera interesada en Luffy, hacía pareja las cosas, dada la popularidad de ella también. Y aunque el subconsciente del rubio supiera que el pelinegro no "le robaba" la atención intencionalmente, aún seguiría forzándose para ganar más y más popularidad.

Una vez terminaron las clases, Cavendish se encontró con su mejor amigo en la entrada del salón.

-Sin.

—Caven. No te ves tan sonriente, ¿qué tienes? —Farul conocía muy bien al rubio, por eso quizá se hacía una idea de lo que tenía, pero aun así preguntó por interés como el buen amigo que es.

— ¡De verdad que no entiendo qué demonios ven en alguien como Mugiwara! —Cavendish frunció los labios y empuñó una mano.

Farul suspiró con una sonrisa resignada y negó.

—Ya. ¿Viste el alboroto que armó hoy Boa por Luffy?

—Vi que estaba con él, pero mejor no quiero saber que hizo… —Cavendish no pareció contento. A veces en verdad la frustraba un poco ese gran amor de su hermana.

— ¡Cavendish! —la voz de Hancock resonó en el pasillo, causando que todos ahí suspiraran enamorados al verla.

Ambos siempre se reunían junto con Farul para regresar a casa.

La muchacha, de un cuerpo escultural, con una cabellera negra y larga como la noche, de unos sorprendentes ojos azules, iguales a los de su hermano, sonrió.

—Estás feliz, me alegro —saludó Cavendish con un deje de arrogancia; sería hermanos y aunque se quisiera y respetaran mucho, cierta chispa de competencia relucía de vez en cuando en ellos.

Qué bueno que ambos eran de género diferente.

—Ah, es que Luffy es… es… —Hancock se sonrojó al recordar a su amado.

Cavendish hizo un puchero ligero, decepcionado. No le gustaba que hablara tanto de Mugiwara en su presencia.

—Descendientes de la belleza, será mejor que salgamos de la escuela antes de que todos los estudiantes empiecen a cerrarles camino, como siempre —habló Farul con prudencia, echando un vistazo como los alumnos empezaban a acercarse a ellos.

Y es que, si Hancock y Cavendish eran los más populares y endemoniadamente hermosos de la Universidad, juntos eran vistos como una divina explosión que repartía brillo.
La pelinegra miró indiferente a Farul, aparte de Luffy, el peligris era otro chico que aunque no le cayera muy bien, no lo odiaba y toleraba su compañía. Con Cavendish era diferente, pues era su hermano y gracias a su belleza andrógina, no lo contemplaba como un hombre "común" como todos.
Así que, las dos estrellas brillantes caminaron, junto con Farul que no se inmutaba porque no se comparaba con la magnitud de belleza de sus amigos.

Mientras ellos salían, Bartolomeo no evitó ver la escena y sintió asco. Como los odiaba a todos, en serio, dejarse llevar solo por la maldita belleza de la gente para amarlos y alabarlos, esos dos no se comparaban en nada con Luffy. ¿En verdad le iba pedir ayuda a un tipo tan superficial y egocéntrico como Cavendish?
Por más que detestara eso, tenía que intentarlo, aunque sea una mendiga vez. Solo porque ya no tenía más opciones, solo porque Kid ya le había mentado la madre muchas veces y se había cansado de presentarle algunas personas para ayudarle a practicar. A los ojos de sus amigos, Bartolomeo era un caso perdido, quizá el mismo lo pensaba también, pero aun así lo intentaría, ya que Luffy parecía odiar a los malos tipos y el peliverde se consideraba un mal tipo. Por lo menos, quería lograr ser capaz de saludarlo un poco, solo eso, aunque fuera lo único que lograra aunque estuviera enamorado de él, porque después de todo, no era digno de él.

...

Cavendish había recibido de regalo un montón de rosas, así como chocolates y eso que no era día de San Valentín, pero era como un regalo de todas y todos sus fans por haber logrado quedar en primer lugar a nivel instituto en los resultados de las pruebas de su curso. Del mismo modo, su hermana Hancock logró lo mismo en su propio curso y fue felicitada hasta por Luffy, causando casi que convulsionara de la emoción.
Cada uno estaba rodeado de su montón de alumnos, que incluso iban de aquí para allá, intercambiándose lugares para admirar a ambos. No podían con tanta belleza, pero les encantaba. La única diferencia, podría ser que a Hancock la rodeaban más los hombres y a Cavendish las mujeres.

Sin embargo, luego de la presencia de cierto chico con pésima reputación en la escuela, al ambiente se vio afectado, añadida la mirada de odio que fue para las fans, que terminaron huyendo de ahí.

—Espero tengas un motivo por el cual hayas hecho esto, Bartolomeo —Cavedish le miró serio.

Vaya que lo conocía y por ese mismo motivo no le agradaba. No tanto por su reputación más sucia que el lodo, sino por el simple hecho de que este era otro fan de Mugiwara. No se llevaban bien, así que no se explicaba el motivo de tenerlo enfrente de él.

—Cabbage —Bartolomeo le llamó por el apoyo que su senpai le puso tiempo atrás y sonrió burlón, causando que al rubio le saltara una venita en la sien—. Beh, beh, que miedo.

— ¿Qué es lo que quieres? Mi tiempo es muy valioso para perderlo con vándalos como tú —repuso Cavendish con irritación y arrogancia.

Ambos compartieron miradas. Miradas en las que se asesinaban, que pudieron ser de horas, aunque solo pasaron unos minutos.

—Quiero tu ayuda —dijo Bartolomeo por fin, con las manos escondidas en los bolsillos delanteros de pantalón. Su aura irradiaba fiereza, como si de una bestia fuera.

Cavendish lo miró atentamente. Sabía muy bien la reputación bromista cruel que era el peliverde y aunque eso le pegó en el ego, no podía darse el lujo de confiar en él.

— ¿Alguien como tu necesita la ayuda de alguien más? —enarcó una ceja. No lo dijo en mal plan, sino con verdadera incertidumbre.

—Tch, no te creas tanto, príncipe de mierda. No me pondré a llorar como tus fans si no quieres —replicó Bartolomeo con brusquedad, luego se hurgó la nariz.

El rubio frunció el ceño y lo miró mal. Como odiaba la falta de educación de las personas o mejor dicho, esos adjetivos calificativos tan vulgares con que lo describían para insultarlo.

—Pues no, no quiero ayudar a quién ni un favor sabe pedir —Cavendish le miró altivo.

Sin más, se dio la vuelta para irse, mientras que el peliverde gruñía a todo pulmón, maldiciéndolo.

—Qué poco tacto, yiahaha —tras oír la voz de Kid, el otro se volteó.

— ¿Qué mierda haces escuchando lo que no debes, beh? —Bartolomeo le hizo una seña obscena con el dedo.

El pelirrojo solo estalló en carcajadas estrepitosas.

—La única oportunidad que tenías era ese rubio cara de niña y la cagas así. Bien hecho —Kid sonrió prepotente.

—No es mi culpa que sea creído, sabes lo mucho que me irrita.

—Pensé que arriesgarías todo por Mugiwara —Kid se burló.

—Beh, sí, pero Cabbage no es la única opción —Bartolomeo se cruzó de brazos—. Ese maldito rubio me dejó de malas, iré a ver a Luffy-senpai.

—Ve, ve —Kid puso los ojos en blanco.

—No deberías burlarte, Eustass-ya, siendo que eres igual o peor que él.

-No Te metas en opinar, Trafalgar -bufó Kid.

—Dejo que me la metas cada noche, obvio tengo el derecho de opinar en tu vida —Law le miró como si le fuera a lanzar el libro que leía a la cabeza.

Kid no dijo nada. Cuando su novio lo veía así, era mejor no replicarle. O seguramente lo dejaría sin sexo un mes.

...

—Has estado muy pensativo, Caven, ¿qué te pasó ahora? —Farul se sentó en la misma mesa donde su amigo comía en el receso.

Hancock no comía con ellos, pues prefería estar con Luffy. Además, tenía amigas.

—No es nada realmente —Cavendish se metió el popote del envase de su te de rosas.

Farul decidió no preguntar otra vez, parecía que el rubio de verdad estaba en otro mundo.

El resto de las clases, pasaron desapercibidas para Cavendish, pues la verdad es que seguía pensando en el pequeño intercambio de palabras que tuvo esta mañana con Bartolomeo, ¿qué estaría tramando ese chico? No le sorprendería que el otro se le hubiera acercado así, de no ser porque ya sabía bien que él no le prestaba atención y era de los pocos inmunes que se ponían a revolotear a su alrededor. Simplemente no congeniaban.
Sí, estaba considerando sus palabras. Pero para su propio beneficio; porque si después de todo llegaba a aceptar ayudarle, las ventajas que eso tenía, eran más que las desventajas.
Bartolomeo era la pieza perfecta para conseguir lidiar con Mugiwara, para recuperar la atención que este llegaba a robarle de cierta forma, debido a que en la escuela era conocido el fanatismo por el peliverde hacia Luffy y que luego lo vieran junto con Cavendish, podría dar una idea equivocada, pero benéfica; la gente pensaría que su belleza logró hacer cambiar a alguien. Literalmente y de pasó, si conseguía controlar un poco peliverde, eso también alzaría más su buena reputación. No por nada era considerado como un príncipe.
Eso lo motivaba a querer aceptar ayudarle, aunque del mismo modo tenía en cuenta el hecho de que bien podía ser una broma de mal gusto con algo macabro preparado. Pese a que Bartolomeo nunca le había hecho ninguna broma, simplemente lo ignoraba como los demás Mugiwara. Al principio eso le irritaba, pero después no le dio importancia, pues había más estudiantes.
Ah, no podía evitar sentirse inquieto, porque su orgullo y el deseo de ser más popular le decían que lo intentara. Porque un prodigio como él, podía lograrlo.
Gracias a que Cavendish tuvo la última hora libre, decidió salir a despejar su mente a la azotea del edificio donde tomaba sus clases, no porque quisiera estar libre de atención, pero le gustaba estar ahí solo de vez en cuando. Ya luego podía hacer algo desde un lugar tan alto para que los demás lo vieran y le prestarán esa atención de súper estrella.
Sus planes se vieron afectados, cuando en el camino tuvo la desafortunada suerte de toparse con una vista algo… molesta. Una escena que le llenó de un enojo difícil de explicar. Ya que notó a Bartolomeo todo rojo a unos metros de donde estaba, viendo a lo lejos a Luffy.

Y en ese momento, la determinación llegó a su cabeza en menos de un segundo.

—Bartolomeo —Cavendish se cruzó de brazos y alzó un lado de sus caderas, en una pose bastante delicada, aunque realmente su cuerpo no lo era como tal.

Y al peliverde se le apagó el paraíso con esa voz tan llena de aire arrogante. Si salía con una estupidez, no dudaría y lo aplastaría, pero cuando se giró para verlo, la seguridad en la mirada ajena que brilló más que el sol, solo le hizo verlo fijamente, aunque con el ceño fruncido, como si estuviera malhumorado.

—Acepto.

—… —Bartolomeo no supo que decir, porque no entendió y aunque tampoco malpensó la escena, supo que los demás alrededor sí, por los cuchicheos de los amantes del Boys Love que se escuchaban. Los corrió con una mirada.

Cavendish puso los ojos en blanco.

—Acepto ayudarte. Alguien tan bondadoso como yo, no puede dejar en desgracia a nadie —dramatizó, acicalándose un poco.

—Beh —Bartolomeo sonrió tan amplio, que sus dos enormes colmillos sobresalieron más.

No iba a preguntar por qué el cambio de opinión, porque se las estaba viendo negras para tener la ayuda y los consejos para poder acercarse a Luffy, así que si Cavendish ya había aceptado, no buscaría más. Extrañamente, eso le hizo feliz de un modo raro.

—Sé explícito con esto.

—Quiero que me ayudes a saber cómo… tener algunos buenos modales.

Los ojos de Cavendish se abrieron sorprendidos, ¿en serio una de "las bestias" estaba diciendo eso? Si era tan conocido que ese grupito de chicos no gustaba de aceptar la ayuda de los profesores por ser mejores personas, ¿por qué? Pero algo le decía que era mejor no preguntar el motivo ahora.
Y sinceramente, esto sería como un reto para el rubio.

—Vaya —Cavendish sonrió y se llevó una mano a la cadera por inercia. Estaba brillando—. Entonces, te veo en la cafetería al finalizar clases. Como solo se quedaran los del consejo estudiantil, no interrumpirán. Empezaremos desde hoy.

—Egh, sí, pero si vas a pasar ese tiempo conmigo, trata de no deslumbrar así o te terminaré echando carbón —amenazó Bartolomeo, entrecerrando los ojos. Ese rubio dañaba su visión.

—Eso es imposible para alguien como yo —Cavendish ni se inmutó, hasta se acarició el cabello.

Por alguna razón, ahora Bartolomeo estaba empezando a arrepentirse.

Todo para lograr estar cerca de Luffy-senpai.


Asdasdsdad, y pues así termina este primer capítulo uvu.
¿Qué les pareció?, ¿verdad que esta pareja es hermosa? *^*

De verdad agradecería que me dejaran su comentario3.

¡Nos vemos!