Phoenix Wright: Ace Attorney y Apollo Justice: Ace Attorney, junto con todos sus personajes, pertenecen a sus respectivos autores y son usados aquí con meros fines de entretenimiento.
Llegamos al último capítulo de esta historia que tanto disfruté escribir y espero les haya gustado. Aclaraciones al final. ¡Disfrútenlo!
— ¿Ya te acostumbraste a vivir en Los Ángeles, Tobaye? —preguntó Edgeworth mientras miraba comer a los chicos. El rubio asintió con la cabeza y terminó de masticar, sonriendo tímido.
—Ser ciudad grande y bonita —explicó. A pesar del tiempo que llevaba viviendo ahí no terminaba de habituarse al idioma, aunque hablaba un poco más fluido que la última vez que Wright lo vio…Que sí, era bastante tiempo —.Trucy llevarme a conocer.
Phoenix no pudo evitar fulminarlo con la mirada como venía haciendo prácticamente desde el comienzo de la cena, aunque si el rubio lo advertía, no hacía mención al respecto. En realidad se concentraba en disfrutar la comida y responder a las preguntas de aquellos hombres de la ley.
—Y, bueno… ¿cómo fue que ustedes dos empezaron a conocerse?
El chico se sonrojó de forma adorable. Wright debía admitirlo, era una monada y si no sospechara de él, tendría la tentación de jalar esas rosadas mejillas.
—Trucy visitarme en prisión —respondió, y Wright tuvo que esforzarse por no destruir el pedazo de sandía que tenía entre las manos. La cena había transcurrido sin sobresaltos a pesar de la amenaza de Nick. Edgeworth lo vigilaba de cerca, rogando que no hiciera ninguna locura al menos hasta tener la certeza de las malas intenciones del muchacho…Quién, por cierto, no se veía nada peligroso: se notaba a leguas su nerviosismo, y se mantenía sentado lo más derecho que podía, evitando mirar a la chica más que para pasarle el salero o algo así. Le hizo enternecerse, y por un momento sintió nostalgia de su pasado, a pesar de las claras diferencia: Franziska nunca llevó a casa a un novio que él pudiese mirar mal para dejar en claro que la protegería a pesar de no ser hermanos de sangre, y Von Karma jamás actuó como un verdadero padre para ninguno de los dos. Su juventud en aquella casa pasó como una sombra, sin poderla disfrutar adecuadamente, sin diversiones de ningún tipo ni los clásicos momentos incómodos como ese que estaba viviendo junto con Wright y aquellos chicos enamorados. Y quiso volver el tiempo atrás para aprovechar todo ese tiempo que perdió, pero sabía que ya era imposible. Suspiró.
Ahora tocaba probar el postre, mismo que inició con la sandía que el chico había llevado (aunque tanto Wright como Edgeworth se preguntaban por qué precisamente una sandía. Tal vez era costumbre en Borginia o algo así) y que, al menos, estaba fresca y jugosa.
—Así que te hacía visitas… —comentó Wright, con un dejo de disgusto en la voz. Ni Machi ni Trucy parecieron notarlo, y se dedicaron una bella sonrisa a pesar del ambiente tan tenso. Amor juvenil, capaz de brillar incluso delante de un padre histérico y celoso, y un tío que lo vigilaba para impedirle hacer una locura.
—Fue un alivio que le dieran una pena mínima, pero simplemente no podía dejarlo ahí, solo; en un lugar tan horrible, en un país desconocido…Por lo que pedí a Polly que me llevara —aclaró la jovencita mientras observaba al chico con ternura. Phoenix no pudo reprimir su exclamación de ira.
— ¿¡Cómo que Apollo te llevó!? —exigió saber antes de que un buen pisotón por parte de Edgeworth lo obligara a callarse. Dio un quejido ante los sorprendidos menores, que se miraron confusos —E-es decir, ¿estuvo de acuerdo con eso?
—Pues claro —respondió Trucy, sonriendo maliciosamente — ¿Qué otra opción tenía?
Miles reprimió una risita. Aquella niña siempre se salía con la suya.
—Señor Yoostis ser muy amable —añadió Machi mientras quitaba cuidadosamente las semillas de la fruta y las colocaba en un platito. Wright se limitó a hacer una mueca, ya luego tendría tiempo de hablar muyseriamente con Apollo.
—Machi no puede volver a Borginia, por lo que en cuanto salió de prisión se quedó en un asilo para refugiados —explicó la chica —Desde entonces él y yo hemos salido como, pues… Una pareja. Yo no te había dicho nada, papá, porque…Bueno… —miró a Phoenix para después bajar la vista, buscando las palabras adecuadas —.Tenía miedo de que fueras a enfadarte.
"Y si supieras…" pensó Miles mientras ensartaba un trozo de sandía en su tenedor. Wright de momento no supo qué decir ante el comentario de la chica.
—O-oh, vamos —balbuceó — ¿Qué clase de padre crees que soy como para tomar una actitud tan infantil?
Edgeworth se abstuvo de dedicarle una mirada de indignación.
—Bueno, debes admitir que lo que hiciste cuando llegó Machi no fue precisamente muy adulto —contestó Trucy, con el ceño ligeramente fruncido. Al parecer era su turno de molestarse. Machi negó con la cabeza.
—No haber problema, cerrar puerta en cara de invitado ser costumbre de este país, ¿no? —preguntó inocentemente. Miles estuvo a punto de palmearse el rostro, tenía un terrible presentimiento de lo que vendría a continuación.
— ¡Pues no lo es! —Respondió la castaña sin quitarle la vista de encima a su padre — ¡Haz mirado mal a Machi desde que llegó, no creas que no me he dado cuenta! —increpó a Phoenix, quién la observó al inicio sorprendido de la repentina actitud de la chica (quién, desde luego, jamás se había dirigido a él en ese tono. Algo más que añadiría a su lista de razones para odiar al borginiano) para después imitar su gesto de molestia. Increíble lo parecidos que eran en ocasiones a pesar de no llevar la misma sangre.
— ¿Y cómo quieres que no lo haga? —Preguntó éste, ignorando olímpicamente a Miles quién le hizo un discreto ademán de que se tranquilizara — ¿Cómo quieres que me tome que me hayas ocultado algo como esto?
— ¿Tendrías un problema si fuese alguien más, o solamente lo tienes porque se trata de Machi? —cuestionó Trucy. Edgeworth nunca la había visto enojada, y por un momento le recordó a Franziska, sólo que sin ningún látigo de por medio (lo cual agradeció internamente) —Si fuese novia de algún estudiante de derecho no creo que me pusieras algún pero, ¿O sí?
El rubio no sabía qué hacer, se limitó a colocar la diestra sobre el hombro de su novia en un intento de calmarla.
—Por favor, Trucy…No pelear con padre tuyo…
— ¡Machi no es ningún delincuente! ¡Fue sólo una víctima más, de esas que tanto defiendes!
Wright iba a responder hasta que Edgeworth imitó el gesto de Tobaye y posó la mano en su hombro, ejerciendo un suave pero firme apretón.
—Basta ya. Silencio —pidió, aunque las peticiones de Edgeworth casi siempre terminaban sonando como órdenes. Esa no fue la excepción, por lo que tanto Phoenix como su hija hicieron un esfuerzo por contenerse. Machi bajó la mano hacia la de Trucy, entrelazando sus dedos sin dejar de verla, preocupado. Su devoción por ella era patente, imposible que Wright no se diese cuenta de ello o tal vez sólo no quería hacerlo.
—Es el colmo. Estamos en plena cena —señaló, dándole un ligero timbre de disgusto a su voz. No lo estaba, pero fingirlo era una buena manera de calmar los ánimos. Después de todo, ¿quién en su sano juicio quería ver a Edgeworth enfadado? —Si hemos de hablar lo haremos a su debido tiempo, como personas civilizadas. ¿Comprenden?
—No, no pienso hablar más de este asunto —contestó Trucy, deshaciendo el gesto de Machi y cruzándose de brazos —.Papá está siendo injusto y lo sabe.
Wright entreabrió la boca, para después cruzarse de brazos de igual manera.
— ¿Injusto? ¿Y no crees que tú también lo estás siendo, señorita? —Dijo Nick ante un Edgeworth que quiso palmearse la cara por enésima ocasión — ¿Qué padre no se preocuparía de su hija, eh?
—Tú crees que Machi es un criminal y sabes bien que no es así —repuso la jovencita.
—Yo no sé nada —contestó Wright de igual manera, haciendo caso omiso de las señales de Edgeworth para que guardase silencio. La situación estaba empeorando.
—… Al menos Machi sí sabe tocar el piano.
Golpe bajo que hasta a Miles le dolió. Phoenix deshizo su mueca de molestia y se quedó en blanco unos segundos antes de mover la cabeza de un lado a otro un par de veces, como acomodando sus ideas.
—Suficiente —contestó, incorporándose de su asiento y saliendo del comedor. Miles no estuvo seguro de seguirlo hasta que un movimiento del pequeño rubio lo incentivó a hacerlo. Se levantó de la silla yendo tras Wright, quién se encontraba en el diminuto balcón, dejando que la brisa nocturna le refrescara el rostro. Edgeworth se colocó tras él, sin saber bien qué decir. Phoenix rompió el silencio.
—…Lo arruiné, ¿cierto? —fueron sus palabras. Miles negó con la cabeza, yendo a su lado.
—No del todo —respondió, mirando el paisaje: Las luces de la gran ciudad que era Los Ángeles se encontraban encendidas, como dándoles la bienvenida para recorrer todos los recovecos que conformaban ese maravilloso pedazo de tierra. Edgeworth elevó la diestra para tocar con suavidad los cabellos del otro, aunque duró segundos ya que la apartó enseguida.
—Creo que lo más adecuado es que se pidan perdón —dijo el fiscal —.Y que hablen, desde luego. Tal vez deba irme para que estén a solas…
—No, por favor —se apresuró a responder el abogado, alzando la vista para mirarlo directamente a los ojos —.Te necesito aquí, Miles.
Al aludido le tomó por sorpresa tal gesto. Agradeció estar parcialmente a oscuras para que no se notase la reacción que aquellas palabras le habían provocado.
—B-bien. ¿Y entonces, qué piensas hacer? Tu 'plan' de separarlos fracasó estrepitosamente —tomó aire antes de continuar hablando— Wright… Eres un padre excelente, ¿sabes? El mejor que Trucy pudo tener… El que me hubiese gustado tener a mí a su edad… —El castaño lo miró estupefacto, pero Edgeworth no mencionó nada más al respecto —.No puedes arruinar todo eso por una persona que, hasta el momento, no ha demostrado tener otro tipo de intenciones con ella más que la de hacerla feliz. Tú siempre has tenido fe en todos, ¿recuerdas? En Larry, en Maya…En mí.
Phoenix lo observó con la boca entreabierta mientras Edgeworth contempló un momento las luces de la ciudad.
—Sólo digo… Que aún estás a tiempo de demostrarle a Trucy que la quieres, que confías en ella y en Tobaye. Eso es lo que todo buen padre haría, ¿no? —preguntó esbozando una pequeña sonrisa. Phoenix se encogió de hombros, asintiendo con la cabeza — ¿Entonces, Wright? ¿Los dejarás en paz y no intervendrás con alguna otra cosa extraña, ni creerás que Tobaye sólo desea usarla y convertirla en su pareja criminal? Porque como ya te lo dije antes, creo que debes replantearte tu profesión: Cuando te lo propones, eres un fiscal excelente.
Phoenix suspiró. Alzó la vista para visualizar a Miles de pie ante él, tranquilo o apartando estarlo, intentando darle aunque fuera sólo un poco de esa tranquilidad. Fiel, siempre dispuesto a ayudarlo y a apoyarlo…Y fue entonces que entendió que eso era exactamente lo que deseaba para su hija. Alguien que estuviese con ella en las buenas y en las malas, que la hiciera reír cuando estuviera enojada y que la abrazara cuando llorara. Alguien que le diera una chispa a su vida…Porque eso era justamente lo que Edgeworth le brindaba a él.
—Muy bien. Lo haré… —respondió después de un rato — ¡Pero si me humillo más esta noche, será culpa tuya!
El fiscal asintió con la cabeza, resignado pero satisfecho. Con un elegante movimiento de la diestra, lo invitó a pasar de vuelta al apartamento y Wright, aunque nervioso, lo hizo. En el comedor se encontraban los chicos, Machi arrodillado frente a Trucy mientras le acariciaba el rostro con dulzura, preocupado. Ella sollozaba, y en cuanto los mayores llegaron, alzó la cara para toparse con la de su padre, quién sintió el pinchazo de la culpa al ver esa carita que tantas sonrisas le había obsequiado surcada por las lágrimas. El rubio se apartó para que ella se incorporara y fuera hacia Wright, a quién abrazó con todas sus fuerzas, retomando su llanto.
— ¡Papá! —Dijo como pudo, ocultando el rostro en la ropa del contrario — ¡Perdóname! N-no debí… No debí gritarte…
Phoenix la rodeó con sus brazos lo más suave que pudo.
—Tú no tienes nada qué pedir, al contrario, yo…Lo siento —dijo mientras apretaba a la joven contra sí —Lamento el mal rato que te hice pasar a ti y a Tobaye.
El aludido no dijo nada, sólo sonrió tímidamente. Trucy levantó un poco el rostro y se limpió con el dorso de la mano.
—Aun así… E-es sólo que me gustaría que vieras a Machi como lo veo yo, papá —empezó a decir la chica —.Como alguien que quizá cometió errores, pero que se está redimiendo…Y que me necesita tanto como yo lo necesito a él.
Phoenix suspiró. Evitó mirar a Miles quién se había ubicado a una distancia prudente para no interrumpir tan bella escena. El abogado removió los cabellos de su hija antes de apartarla de sí con suavidad y acercarse a paso firme hacia Tobaye, quién no pudo evitar dar un respingo. En cuanto estuvieron frente a frente, Wright elevó la diestra.
—Lamento mucho lo que pasó. Me dejé llevar por…Bueno, tú sabes. Espero que mi hija y tú sean muy felices.
El rubio parpadeó asombrado.
— ¿Querer decir que no haber problema si Trucy ser novia mía?
Phoenix se aguantó las ganas de hacer una mueca en cuanto escuchó las palabras "novia mía"
—P-pues sí, no haber…D-digo, no hay problema alguno. Sólo que si llegas a cometer el error de hacerla llorar, te las verás conmigo.
—Y conmigo —interrumpió Edgeworth, sonriendo —.Como te habrás dado cuenta, Trucy tiene un padre y un tío bastante protectores. Confiamos en que no nos defraudarás.
Machi tan sólo atinó a sonreír, asintiendo con la cabeza. Sin más recibió el abrazo de una contenta Trucy.
— ¡Finalmente! —le dijo, depositando un beso en la blanca mejilla del borginiano. Wright soltó un grito.
— ¡Hey! ¡Nada de demostraciones de afecto delante de mí! ¡No es como si todavía esté muy convencido de lo suyo!
Trucy se volteó a mirarlo, aún abrazada al rubio.
— ¡Oh, no! ¡Dijiste que estabas de acuerdo y ahora no hay vuelta atrás! —reclamó ella, en broma. Wright respondió algo más sobre que deberían mantener una distancia de más de dos metros mientras estuvieran en aquella casa, pero todo fue opacado por las risas de los presentes, incluso las de Miles quien no podía creer que su compañero fuera a esas alturas tan exagerado y por Machi, quién se sentía finalmente bienvenido en aquella casa y sobre todo, en aquella peculiar familia.
II
—Debes admitir que Trucy tenía razón cuando dijo que él sí sabía tocar el piano —se burló Edgeworth mientras contemplaba a la jovencita blandiendo su varita mágica de un lado a otro, acompañada de Tobaye que manejaba las teclas de su instrumento con habilidad.
Era la primera de, al parecer, muchas presentaciones que harían juntos, ella con su habitual número de magia y él amenizando el ambiente con su música. Al ser familiares de la artista, Wright y Edgeworth habían conseguido la mejor mesa de aquel pequeño pero acogedor club, y contemplaban a los jóvenes que se movían en el escenario con igual habilidad a la que ellos usaban en el juzgado. Wright suspiró ante el comentario de Miles, y mejor bebió un sorbo de su copa de mosto.
—…Y debes admitir también que se ven muy bien juntos —añadió el fiscal, por el simple afán de molestar al otro, quién casi devolvió la bebida a la copa ante tan repentino comentario.
— ¿Seguirás hablando o disfrutarás del espectáculo? —preguntó el abogado, contemplando que en efecto, el otro tenía razón cuando decía que Trucy y Machi hacían buena pareja: Se complementaban en el escenario y también fuera de éste. La energía de Trucy y la pasividad de Machi, su alegría con su seriedad. No pudo evitar que una ligera sonrisa apareciese en su rostro, sonrisa que desde luego fue notada por Miles, quién le imitó y dirigió la vista de nuevo al escenario.
—… ¿Alguna vez te he dado las gracias?
El de cabello puntiagudo volteó a ver a Edgeworth, sorprendido y confundido por aquellas palabras. Éste continuaba mirando el show, aparentando distracción.
—Las gracias por tus atenciones, por tu presencia. Por haberme incluido en tu familia, tal y como hiciste con ese muchacho… Por estar siempre ahí cuando te necesité.
Wright negó con la cabeza suavemente.
— Miles, por favor… ¿Qué otra cosa podía hacer? —fue su pregunta. Ambos compañeros se dirigieron una mirada antes de volver la vista de nuevo al escenario. Por debajo de la mesa, sus diestras se buscaron hasta encontrarse y reafirmar que el amor es un hechizo mágico que no distingue entre artistas adolescentes y hombres de la ley.
Y bueno, helo ahí, recién terminado. Seré sincera, me encariñé mucho con esta historia y por eso decidí apresurarme a subir el último capítulo y un pequeño extra que espero les guste. Sí, como ven al final si hubo Wright/Edgeworth, intenté que no fuese muy obvio pero al final decidí darme gusto e incluirlo xD espero no les parezca demasiado forzado. Espero escribir en algún futuro un poco más de Machi y Trucy, que son un encanto los dos, y claro también de nuestros abogados favoritos. Una disculpa si ven a Trucy algo OoC, pero bueno, una chica enamorada es capaz de enfrentarse a todo con tal de tener a su chicx, ¿no creen? (?). Me gustó de igual modo manejar a Machi, es de mis personajes favoritos y un amor de niño, sobre todo me gusta escribir su acento borginiano x'D también consideré que Wright no sería capaz de hacer algo demasiado obvio o cruel para separarlos, por lo que me limité a que los mirara con malos ojos y bueno…Al final sí fue bastante obvio. Perdonen si esperaban algo más.
En fin, espero les haya gustado este capítulo y esta loca historia. Todos los reviews serán bien recibidos y agradezco a todos los que se han tomado la molestia de dejar uno; Chiara, Sarika, LadyNerissa, muchas gracias por el apoyo y espero volvamos a leernos en otra ocasión.