Hola gente! Como dije, tiene un pequeño epílogo y es este. Espero que les guste. No es muy largo, lo admito, pero tampoco lo quería forzar demasiado. Imaginen que pasan tres añitos desde que nace Einar. La pequeña Halley no ha cumplido los cinco.
Disclaimer: los personajes de How to train your dragon pertenecen a Cressida Cowell y/o Dreamworks. El icon es propiedad de funkytoes.
Vuela.
Como todos los años, llegaba un día en el que les entraba la nostalgia por ver cómo sus hijos crecían tan rápido. Halley iba a entrar en el último año de educación de infantil, mientras que Einar, iba a empezar. Aquello les traía más nostalgia a sus corazones, pues ambos hijos empezaban a volar solos.
Al principio solo era por los progresos de Halley y ahora era por partida doble. Einar también figuraba en su lista de preocupaciones.
–Mira, esa es la del primer diente de Halley.
–¿Recuerdas las noches que nos hizo pasar por la fiebre?
Pasaron de página y vieron fotos de la pequeña con ellos en el parque o en casa de sus abuelos.
–Mira la cara de inocente que tenía ahí.
–¡No te rías Astrid! Tuve que pasarme toda la noche reescribiendo esos informes por que a alguien se le ocurrió dejar a la niña sobre mi mesa de trabajo.
–Está bien, culpa mía, pero mírala. No lo hizo queriendo.
En la siguiente página, había fotos de Halley y sus primeros logros. Cuando gateó por primera vez, cuando se pudo mantener en pie, cuando dio su primer paso…
Volvieron a pasar la página y encontraron la foto que el padre de Astrid les había tomado el día que Einar llegó a casa. Los cuatro juntos, era de las pocas fotos que aparecían así.
–Aw, recuerdo tan bien el día que trajimos a Halley y el día que trajimos a Einar… eran tan chiquitos y ahora…
–Están creciendo, ¿no te parece increíble?
–¿Por qué lo dices?
–Astrid, hace poco eran dos personas en miniatura que no se despegaban de nosotros. Ahora están aprendiendo a valerse por sí mismos y lo están consiguiendo. – Hiccup se mostraba orgulloso del avance de sus hijos.
Volvieron a pasar de página y encontraron algunas de Einar. Su primer diente, la primera vez que gateó solito, durmiendo plácidamente en su cunita… Había un sinfín de fotografías de Einar y de Halley en las siguientes páginas. Hasta que llegaron a las últimas, donde posaban los dos hermanos juntos o con toda la familia.
Llegaron a la última página en la que había dos fotos haciendo una comparativa curiosa. En la de arriba de la página, aparecía la familia Haddock junto con Halley, quien había heredado el cabello castaño rojizo de su padre, pero los ojos azules como el cielo de su madre; mientras que en la otra, aparecían la familia Hofferson junto con Einar en brazos de Astrid, quien heredó el cabello rubio dorado de su madre, pero los ojos verde bosque del padre. Una gran comparativa.
Hiccup se las ingenió para agregar unas páginas más al libro de anillas y así agregar un par de fotos más a su colección. Una de Halley con su grupo de amiguitas, todas con el uniforme y peinadas con dos coletas; y otra de Einar, con su uniforme en miniatura, su cabello revuelto y sus ojos bien abiertos, mirando expectantes todo lo que había alrededor.
La última foto que añadió fue de ambos hermanos entrando por la puerta del jardín de infantes de Berk, dando la espalda a sus padres.
Cerraron el álbum y Astrid suspiró.
–Crecen tan rápido… parece que fue ayer que Halley rió por primera vez o que Einar pronunciara su primera palabra…
–Sí…
Ambos suspiraron nostálgicos. Echaban de menos que sus hijos necesitaran de ellos todo el día, pues eran su referente. Ahora que Halley ya estaba en su último año de educación infantil y que Einar apenas comenzaba, sentían que los necesitarían menos.
–Es lo que tiene crecer, m'lady.
–Lo sé.
–Me pregunto… ¿cuánto les habrá costado a mis padres dejarme ir? Digo, según lo que me contaron, de pequeño siempre fui muy curioso y con ganas de explorar todo a mi alrededor y…
–Aún sigues siendo curioso. – rió Astrid – Yo no era tan curiosa, pero me contaron que de pequeña intentaba ir de independiente, já.
–Bueno, Halley ha sacado eso de ti.
–Es de las pocas cosas en las que se parece a mi. Einar sacó de ti… tus ojos.
–¿Estás diciendo que solo tiene mis ojos? – Hiccup la miró y supo que estaba jugando con él.
Ambos rieron. Poco a poco comprendían que sus hijos tenían alas y que empezaban a usarlas. Con o sin ayuda. Poco a poco iban formando sus personalidades y creciendo como personas que en un futuro no dependerían de ellos. Pero de una cosa estaban seguros, siempre estarían orgullosos de lo que llegaran a ser.
–Creo que ya es hora de ir a recogerlos, ¿no crees?
–Sí, no quiero llegar tarde.
Agarraron un pequeño aperitivo de media mañana para calmar el hambre y los nervios por el primer día de clases de sus hijos y subieron al coche, en dirección al Jardín de Infantes de Berk.
–Tú vas a por Einar y yo a por Halley, ¿de acuerdo?
–Claro Hiccup.
Los primeros en salir, eran los del primer curso. Las profesoras iban llamando a los niños por orden de llegada de los padres.
–¿A quién viene a buscar?
–A Einar Haddock
–Einar, tu mamá vino a buscarte.
El pequeño niño salió corriendo y saltó a brazos de su madre, quien le dio un beso en la frente a modo de saludo. En comparación con otros niños, Einar era el más "entusiasmado" con el colegio. Otros niños salían tristes o con lágrimas en los ojos por no estar aun acostumbrados. Al parecer, era otra cosa que había heredado de Hiccup.
–¿Qué tal te fue mi amor?
–Diver, mami.
–Qué bueno, vamos a buscar a papá y a Halley.
En la sala de tercero de preescolar, los niños formaban fila para cuando sus padres se acercaran, así ellos pudieran salir directamente a recibirlos. Aunque las profesoras exigieran orden, los padres se apelotonaban en la entrada.
–¡Papá!
–¡Hija! ¿Qué tal te fue?
–Mira, me han dado a Pupi, para cuidarlo el fin de semana porque me he portado bien.
–Wow, te felicito hija. Dame tu mochila, que te la llevo.
–Gracias papá.
–Vamos, hay que buscar a mamá y a Einar.
Ambos se encontraron en la puerta principal y con un poco de esfuerzo, lograron salir ilesos de la marabunta de gente que entraba y salía del colegio. Los carritos de bebé que traían para los más pequeños no ayudaban en la labor.
Así, los cuatro volvieron a casa. La pequeña tenía sus primeros deberes de la escuela y precisaba la ayuda de ambos padres, lo cual alegró a Astrid. Su preocupación era en vano. Aunque ya la necesitara menos, siempre sería la primera a quien Halley acudiría, y eso la tranquilizaba. Hiccup sonrió ante la imagen que tenía delante. Astrid sin duda era una gran madre y cumplía con su papel a la perfección.
–Hey, chicos. Miren a la cámara.
Otra foto fue añadida al álbum familiar. Al pie de foto fue añadido "Primer día de preescolar superado."
Y los tantos "primeros días" y "primeras veces" que les quedaban por vivir.
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Heimao3
