Esta historia de 290 palabras participa en el Reto Febrero de la Copa de la Casa 18/19.
Comida para cien
¿La parte más difícil de darle de comer a cien frailes mendicantes?
Encontrar una receta que haga rendir los ingredientes, que deje a todos satisfechos con la porción y el sabor, pero no tan rica como para que pidan más y pequen de gula.
Aunque, como al cocinero le encantaba decir, todo se arregla con un poco de pan.
Él podía pasar días enteros horneando en la cocina, saliendo cada tanto a pedirle a uno de sus hermanos que probara sus creaciones, pero con cuidado, porque está caliente y te puede dar diarrea.
No sabía otra forma de hacer amigos que alimentándolos.
¿Cuál es la parte más satisfactoria de dar de comer a cien frailes mendicantes?
La orden lo mantenía en gran estima porque siempre lograba hacer que todo supiera bien, un caldo de especias cuando les iba mal en el invierno y no había carne, una pasta bañada en salsa de sabrá dios qué y unos capeados que parecían haber batido el huevo los mismísimos ángeles.
Y siempre, siempre, había postre.
El postre era sagrado para el fraile, y no por estar pasado de kilos, como creían sus compañeros, sino porque es el alimento del alma. Es lo que nutre la fe y el espíritu.
El postre era la parte más importante de la comida para él, porque era cuando todo el mundo estaba satisfecho, contento, haciendo sobremesa, y comía por placer, por quedarse a platicar con un hermano, por saborear la vida y sonreír a su mejor hombre, y un gran amigo, el cocinero.
¿Cuál es la parte más triste de dar de comer a cien frailes mendicantes?
Tener que dejar de hacerlo.
Y eso era defraudar a sus amigos, a sus hermanos. Por supuesto, sobre su cadáver.
