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Luna

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N/T: Plenilunio: luna llena.


Todo comenzó en una noche de luna llena cuando la manada salió a declarar su agradecimiento y devoción a la diosa de la luna. La madre de la naturaleza y misteriosas criaturas al interior del bosque.
Su manto negro rebosante de estrellas eran las luces de la celebración del espíritu de la diosa que iluminaba al cielo en su totalidad.
Los individuos transformaban sus cuerpos en formas más místicas y poderosas, corriendo en cuatro extremidades. Sin temor se adentraban aventureros en el camino hasta llegar al borde de la montaña y aullar hacia el cielo.
Sus gritos eufóricos anunciaban toda una celebración. Los zagales jugueteaban ante los ojos de la diosa, orgullosos de probar su juventud y potencialidad hacia la adultez que les esperaba. Algunos de los lobos más jóvenes se unían a ellos, al igual que los cachorros, evidenciando el gran lazo de unión en la manada. Mientras que los demás y algunos licántropos ancianos, apreciaban el resplandor de la lluvia de estrellas en el cielo. Esas estrellas eran el espíritu de aquellos que ya no estaban en vida a su lado. Sus antepasados danzaban en el paraíso junto a la diosa.

Una imagen imposible de olvidar. No existía nada más hermoso que esa vista. Nada jamás podría opacar la belleza de una deidad y nada jamás llenaría a su corazón de tanto amor más que sus hermanos y hermanas lobos frente a sus ojos.

Makarov amaba a la manada, sería suya después de todo.

Al ser el macho alfa e hijo mayor del líder, la manada pasaría a ser su responsabilidad, solo cuando su padre ya no pudiera estar al frente. Era una labor por la cual daría su vida y lealtad en alma hasta el fin de los tiempos.
En una época de guerra con los humanos que no parecía tener fin, su fidelidad debía estar centrada en perseverar la vida de su manada. Como futuro líder y soldado lo había jurado con sangre ante la diosa en el día que se convirtió en adulto y reflejó su madurez.

Su primer y cada deseo en luna llena era por fin encontrar a su pareja destinada. Una hembra con la cual pudiera proteger y formar la familia que tanto deseaba. Sin embargo, la diosa le negaba en cada ocasión lo único que anhelaba cada año. Las temporadas pasaban y él no se hacía más joven.

Makarov se preguntaba qué pasaría si no había alguien para él. Tal vez la diosa no apetecía sus intereses o tal vez no era el momento indicado.
De cualquier forma, él esperó. Perseveró por su turno de la felicidad. Pero el destino le tenía una sorpresa esa noche de luna llena.

Fue su canto o quizá fue su aroma. Probablemente fueron ambos.

El viento soplaba fuerte durante las sombras del otoño en el bosque. Una humana no debería vagar sola. Pero entonces se aceró para observarla de cerca, para poder percibir ese aroma tan dulce y peculiar.

Sus instintos más fuertes fueron lo que le obligó a separarse de la manada de regreso al campamento. Algo dentro de él le insistió a romper la formación y salirse del camino en busca de ese ser que lo llamaba dentro de su cabeza. Lo sentía también en sus venas.

Su sorpresa fue colosal al contemplar que se trataba de una humana. Una mujer preciosa, con rasgos finos y delicados, como si se tratara de la nobleza. Sus risos llegaban a su cintura, curvos en un color oro que rebosaban con la luz de la luna. Era como si la diosa le indicará el camino hacia esa mujer y le dijera ''Mírala, hijo mío. Ella es a quien estuviste esperando''.

Aunque eso no podía ser verdad.

Los licántropos no se mezclaban con los humanos. La guerra entre ambas especies solo generaba más odio y miedo uno hacia los otros, creando un ambiente de enemistad profundo.
La diosa debía estar confundida. Más sin embargo, ¿Cómo podría dudar de las decisiones de una deidad del cielo? Ella quien a lo alto observaba a sus hijos y los guiaba con sabiduría hacia una vida mejor

Makarov hesitó su decisión. ¿Debería acercarse o ignorar los latidos de su lobo desesperado por tocar al fin a su amada? ¿Ella se asustaría?

Se sintió como un cobarde. Dar un paso o retroceder dos y admirar su belleza desde lo lejos, oculto entre los árboles y la oscuridad de la noche.

Y fue ahí cuando escuchó un melodioso sonido salir de sus labios rosas. La mujer le cantaba a su diosa y él hipnotizado siguió la exquisita melodía de su voz.

Ella lo miró acercarse en su forma bestial. Él se detuvo a pocos metros, manteniendo la distancia. Así que ella caminó hacia donde él estaba y admiró la elegancia y deslumbrantica postura del lobo. Su apariencia era robusta, impecable de una criatura tan poderosa como los licántropos. El pelaje era gris como los días de lluvia en una tarde nublada de otoño, brillante como sus ojos negros, los cuales la observaban con curiosidad.

— No te tengo miedo —. Murmuró ella. También sonrió levemente al ver como el lobo alzaba sus orejas al escuchar el sonido de su voz. — Vengó aquí cada plenilunio esperando por una respuesta de la luna, anhelo que su tutela nos guie hacia el final de esta guerra. — admitió ella —. Tu diosa te trajo hacia mí.

Makarov se encontraba maravillado. Ella no le temía, y además, creía que la diosa de la noche los había unido. Entrelazó sus destinos solo para este momento. Él se sentía en las nubes. Sus pulmones respiraban el dulce aroma a canela, y combinado con el olor de la naturaleza, despertó el hambre en su vientre y él deseo carnal por cortejarla. Y al mismo tiempo, acompañado del sonido de las luciérnagas y el agua del arroyo correr a lo lejos, solo quería tomarla en sus brazos y no dejarla ir nunca.

Ojalá todo hubiera sido tan fácil como sus pensamientos.

— ¿Por qué no cambias tu forma, lobo?— sugirió ella —. Deseo admirar tu forma humana.

Y sus deseos eran órdenes para Makarov. Así que dio un paso atrás y modificó su apariencia. Su cuerpo desnudo se mostraba frente a la mujer: joven y riguroso. Ella tomo la iniciativa y acarició los músculos de su vientre, tocando cada una de las cicatrices, subiendo el tacto de sus dedos hasta el rostro del licántropo. Lo observó con detalle y memorizó cada una de sus facciones.

— Lucille — susurró la mujer. Makarov sintió el cosquilleo de su aliento sobre sus labios — Ese es mi nombre.

Él cerró los ojos e inhaló delicadamente.

— Lucille — repitió él, saboreando el sonido de su nombre escapar de sus labios.

Ella sonrió dulcemente, asintiendo y cerrando los ojos, perdiéndose en el momento. Fue ahí cuando Makarov la besó, y ante los ojos de su madre, le juró a Lucille amor eterno.

Pero el destino nunca contribuye a la felicidad.

Sus encuentros secretos y escapadas sigilosas en el bosque crearon una nueva vida. El fruto de una pasión crecía dentro del vientre de Lucille. Los humanos no podían gestar a un licántropo a menos que estuvieran vinculados, pero la diosa hizo una excepción con ellos dos. Complicando así aun más las cosas.

Las guerrillas entre los humanos y licántropos no parecían tener fin, y todo empeoró cuando el secreto salió a la luz.

Así que se llegó a un acuerdo para perseverar la paz. Se prohibió para los humanos tener contacto con cualquier criatura del bosque y viceversa.

El líder de los lobos se mostró decepcionado de su hijo ante tal traición. Por lo tanto, se le obligo a tomar el mando de la manada y unirse forzosamente con otra hembra y demostrar la lealtad a su pueblo. Mientras tanto Lucille fue desterrada de la aldea, siendo abandonada en el bosque a punto de dar a luz.

Lucille lloró durante varias noches, anhelando el calor de un hogar y los brazos de su amado que no veía desde su destierro. Y entonces Iván nació.
Tan bello y delicado, pequeño entre sus brazos. Juró protegerlo con su vida. Darle lo mejor y llenarlo de amor solo como una madre podría hacerlo.
Makarov la encontró días después, llevándola hacia una humilde vivienda construida por su propia mano. En donde su hijo crecería fuerte y estaría protegido. O al menos eso pensaba.

Él decidió no comentar sobre el tema de su manada y el plan de su padre para su futuro. Y así pasaron los años hasta que Iván tuvo su primera transformación.

El primer hibrido en el bosque amenazaba a las demás especies y manadas. Lo cual lo convertía en un peligro.
Los rumores corrían rápido y si las noticias llegaban a las familias de licántropos sangrepura, Lucille también estaría en peligro.

Así que tomó el frente de su manada y se llevó a Iván con él.

Mantuvo el secreto oculto, rompiendo el corazón de Lucille. Ella lo entendería algún día y tal vez lo perdonaría.

Iván creció y visitó a su madre a escondidas de su padre. Su mitad lobo lo había guiado hacia ella. Su parte humana también creció, descubriendo la verdad de su identidad hibrida y llenándose de rencor con el paso de los años. Llevándolos hasta a la actualidad.

Tal vez había actuado mal. Sus errores del pasado podrían haber afectado de una manera imperdonable el futuro. ¿Este fue el plan de la diosa durante todo este tiempo?

Y entonces Makarov recordó.

La guerra al fin había terminado. Después de tantos años los humanos abandonaron la idea de enemistad, con largas charlas y acuerdos. No era mucho, pero era un avance.

Sus recuerdos lo llevaron nuevamente al día en que conoció a Lucille por primera vez. Las memorias de un tiempo feliz lo hicieron sonreír. Las lágrimas se juntaron en sus ojos y por fin sonrió con ternura, observando a la pequeña bebé en sus brazos.

Makarov lloró por el tiempo perdido, por los errores cometidos, por su propio hijo y por el amor de su vida.

— Luna — dijo entre lágrimas. Natsu y Lucy lo miraban atentos y conmovidos por la escena de su hija en brazos del líder. — Su nombre será Luna.

La pequeña Luna sonrió en sueños y Makarov decidió que era momento de recuperar lo perdido. Después de tanto tiempo se permitió perdonar a la diosa por el sufrimiento de un largo periodo y fue detrás de la felicidad que abandonó años atrás.

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Natsu solo puede recordar pequeños fragmentos de su niñez. Los momentos felices con su familia se fueron desvaneciendo poco a poco con el tiempo. Su padre era el líder de una manada sangre pura, por lo que fue criado con firmeza para poder soportar cualquier dificultad que se le presentara, sin importar la gravedad de la situación. Las tradiciones y pensamientos eran anticuados, más sin embargo, al ser la única educación de los mayores a futuras generaciones de lobos puros, se debía respetar las enseñanzas de su pueblo.

Aun así, muy al fondo de sus recuerdos, él era feliz entre los brazos de sus padres. Jamás se sintió desprotegido hasta que la noche del ataque interrumpió sus sueños.

Gritos, aullidos, fuego a su alrededor, el olor de la sangre de su madre que lo cargaba en brazos, el cuerpo sin vida de su padre que dejaban atrás dentro su hogar consumido por las llamas; el sabor salado de sus propias lagrimas y el panorama de una aldea en desesperación, llorando por lo que habían perdido. Humanos terminando todo a su paso y matando sin piedad a la manada que lo vio nacer, la manada que algún día él debía proteger.
Su madre y él encontraron refugio por la noche. Natsu se acurrucó junto a su madre, buscando calor para sobrevivir la fría noche de invierno.
Sin embargo, ese calor se fue apagando durante las horas oscuras y, al llegar la mañana, ella ya se había sumergido en un sueño profundo. Aun así, él la abrazó fuerte y juro proteger su cuerpo. Pero no podría hacerlo si también terminaba muerto. ¿Cómo se protegería a sí mismo?

Natsu era solo un cachorro.

Y así pasaron los días, demasiado asustado de salir de su escondite, de abandonar el cuerpo de su madre; hambriento y sediento. Su pequeño cuerpo no sobreviviría la crudeza del invierno.

Así fue como Makarov lo encontró. Un cachorro aterrorizado y desnutrido junto a un cuerpo putrefacto. La imagen frente a él, los ojitos temerosos observando sus movimientos y las manos aferrándose al cuerpo de la madre sobre la nieve le rompieron el corazón.

Natsu fue el único sobreviviente de una terrible masacre.

Makarov ganó su confianza y lo llevó de la mano a su nuevo hogar. A su paso, el cachorro fue testigo de la abominación y horror que los humanos habían causado a su pueblo ahora convertido en cenizas.
Natsu juró ser más fuerte. El rencor sería su único compañero en el mundo. Eso era lo único que necesitaría para seguir viviendo.

Oh, pero que equivocado estaba.

Cada año visitaba la tumba de sus padres y de toda su manada. De todos aquellos a quienes una vez llamó familia. Y ahora su pequeña familia le rendiría homenaje y respeto a su pasado.

Las risas a lo lejos le obligaron a girarse y observar con ternura la imagen de Lucy y su hija jugando entre las flores que habían nacido de las cenizas de su pueblo.
Los espíritus de su manada vivirían por siempre entre la belleza del bosque y danzarían en el cielo con la diosa de la luna.

— Mira, papá, los abuelos parecen felices de verme — dijo Luna, mientras corría entre el campo de flores, con el viento siguiéndola y acariciándola con ternura.

Natsu sonrió y abrazó a Lucy por la espalda, ambos mirando a su hija jugar. Percibiendo el aroma a vainilla de su pareja con un toque cítrico. Él llevo sus manos sobre el vientre aun plano de Lucy.
En los próximos meses los demás podrían notar el cambio, pero él podía sentir la nueva vida en el cuerpo de Lucy. El calor y la chispa emanar su pecho. Era un sentimiento maravilloso. Su familia crecía sana y protegida ante su cuidado y eso lo llenaba de orgullo.

Los malos recuerdos eran remplazados por momentos como este.

La oscuridad de su pasado se desvaneció en el momento en que sostuvo a Luna entre sus brazos. Tan pequeña, tan preciosa. Su lobo interior daba brincos de felicidad y ambas partes dentro de él juraron dar la vida por su linda hija. Protegerla de cualquier peligro y solo darle la felicidad que merecía.

Lucy le había otorgado el mejor regalo del mundo. Una nueva familia. Algo por lo que le agradecería hasta el fin de los tiempos.

— Se hace tarde — le dijo ella, apoyando la cabeza sobre su hombro.

Natsu besó su mejilla.

— Lo sé, deberíamos volver. La celebración es esta noche.

La rubia asintió.

Era el Plenilunio y Luna tendría su primera transformación esta noche. Lo cual hacia la celebración más especial.
Lamentablemente, Lucy no podría ser parte de la festividad y recorrido a lo largo de la montaña ya que era una humana. Así que se quedaría en el campamento con algunos lobos soldados encargados de proteger la manada.

Como licántropos, siempre era una lástima perderse el plenilunio, pero también era su deber proteger a los miembros de la manada que no podían participar.

Natsu no pudo contener su emoción de camino al campamento. En tan solo unas horas más su pequeña al fin podría tomar su forma lobuna. Luna era muy fuerte y audaz para su edad, así que debía conseguirlo sin problema alguno.

El campamento era ruidoso, entre risas y emoción contenida. Todos contaban por que las horas pasaran rápido y poder mostrar su agradecimiento a la diosa.

Al caer la noche el cielo se nubló y la gran fogata se encendió en un color brillante. Los ancianos cantaban y los demás danzaban a su alrededor.

Natsu mantenía el cuerpo de su pareja sobre su regazo, abrazando su cintura y dejando delicados besos a lo largo de su cuello hasta llegar a la marca que los unía en cuerpo y alma. Lucy pudo percibir el cambio en su pareja, ese deseo y calor en cada beso.

— Este no es el momento apropiado — advirtió ella y sintió un temblor recorrer su espalda cuando el lobo lamió la marca sobre su cuello. — Tienes que cuidar a Luna en su primera transformación.

— Lo sé, lo siento. — murmuró él contra su oído —. No puedo evitarlo, hueles delicioso. ¿Por qué esperamos cuatro años para tener otro bebé?

— Lo intentamos, ¿recuerdas? — mencionó la rubia —. Pero la diosa no lo concedió hasta hace unas semanas. No olvides agradecerle por su regalo hacia nosotros.

— Si, y pediré por otro y otro, y otro. Me encanta verte embarazada.

— Solo te encanta el método para hacer bebés.

— Si, eso también — admitió, admirando el sonrojo de Lucy.

De pronto, su sonrisa murió y su cuerpo se tensó cuando miró al cielo. Las nubes al fin se movían y mostraban poco a poco al brillante satélite.

Natsu se puso de pie y miró a su hija, expectante. Ella se encontraba junto a los demás infantes jugando cerca de la fogata. El ambiente pronto se sintió diferente, todo quedando en completo silencio.

— Pase lo que pase, no te asustes — le dijo a Lucy — Ella estará bien.

— ¿Le dolerá?

— Solo un poco.

Ambos esperaron por el momento. Su hija cayó sobre el suelo, sintiendo como un fuego la quemaba por dentro de su piel. Sus músculos ardían y lloraba por algún alivio, por que el dolor se detuviera. Aunque solo duro unos instantes.

De repente sus manos se convirtieron en pequeñas garras, su cuerpo se retorcia y entonces cambió de forma.

Natsu no podía sentirse más orgulloso.

Los demás esperaron a que cada uno de los cachorros completara su transformación y por la diosa para que al fin se presentara en el cielo.

Un cosquilleo le recorrió el cuerpo y la luz de la luna quedó visible en todo el bosque. Fue ahí cuando todos gritaron eufóricos siguiendo a los nuevos lobos y transformándose mientras corrían.

Natsu se giró para besar a Lucy rápidamente, anunciando su partida.

Ella asintió — Ve.

Y él se transformó, corriendo detrás de su hija y los demás de la manada.

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Todo en el campamento estaba silencioso y desolado. Aun así, en el aire había algo diferente, un entorno pacifico y sereno.
Su vida había cambiado completamente. Los terribles sucesos de años atrás algunas veces volvían a ella en pesadillas, pero con el tiempo lograría superarlo. Ahora se encontraba feliz, serena en su nuevo hogar. Su madre también era parte del campamento, dejando atrás a la aldea y su vida ordinaria. Se le veía más contenta, al igual que la abuela Lucille.

Ella y Makarov aun trabajan en sus diferencias, debían aprender a perdonarse y aceptarse nuevamente. No era un sendero fácil, pero llegarían ahí eventualmente.

Y sobre Iván… Nadie escucho más de él. Natsu le dijo una vez que era un acto vergonzoso y deplorable volver a la manada después del daño causado. Si su deseo era volver a ser uno de ellos, tal vez sería aceptado de nuevo con ciertas condiciones. Aunque él también debía ocuparse de los problemas que lo rodeaban de acuerdo a su condición hibrida y aprender a controlar la diferencia de las dos partes con las que coexistía.

La celebración del plenilunio duraba toda una noche y los lobos regresaban al amanecer. Así que Lucy esperó por ellos despierta, leyendo algún libro o contemplando a la luna llena.

Fue hasta varias horas después cuando la puerta se abrió y dejó ver a Natsu con su hija en brazos. La pequeña estaba agotada por su transformación y la festividad, por lo que el cansancio por fin tomó su pequeñito cuerpo y la sumió en un sueño para recuperar sus energías.

Natsu también lucía agotado. Él llevo a la pequeña hacia su habitación y la colocó sobre la cama con delicadeza, también dejando caer su cuerpo sobre las sabanas.

La respiración de Luna era como una canción de cuna para sus oídos y el aroma de sus dos personas favoritas (o más bien tres) también lo arrullaban, obligándolo a cerrar los ojos sin dejar de sonreír.
Su corazón golpeaba su pecho con fuerza. Los latidos exhibían la alegría y satisfacción de esta noche. El tener un lugar al cual regresar, tener a su lado a alguien que esperaba por él, era la verdadera magia de un hogar. La felicidad que eso ocasionaba.

— Únete a nosotros, Luce — invitó — Estoy hecho polvo. No puedo moverme más.

Ella rió. — Lo sé, cariño. — y se unió a ellos entre las sabanas — Estaré aquí cuando despiertes. Descansa.

— Te amo, Luce.

No pudo verla, pero sabía que ella estaba sonriendo.

— Y yo a ti, Natsu.

Él por fin permitió que la fatiga ganara sobre su cuerpo y mente, y durmió junto a su familia. El sol entraba por la ventana, alumbrando la conmovedora y tierna escena.

Sus padres le contaron una vez la historia del astro del cielo. Makarov le contó su historia y Natsu vivía la suya. Algún día sería una anécdota para sus nietos, una que contaría con Lucy a su lado. Pero por ahora, él viviría el presente junto a Luna, el pequeño en camino, y con la mujer que juró amar en vida y después de ella.


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Pasó un largo tiempo para poder darle un final a esta historia y por fin esta hecho!

Perdón por la espera. Muchas gracias a todos los que leyeron, siguieron la historia y esperaron por el capitulo final durante todos estos años.

Nos leemos en otras historias. Bye! :*