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13

Te recordaré

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El sol se estaba escondiendo cuando pasamos el cartel de bienvenida de Mystic Falls. El pueblo te daba esa sensación de haber estado en la época victoriana con la arquitectura de los edificios; pero al final era casi como haber entrado por primera vez a Forks. Sacando a la lluvia de la ecuación, claro está.

―¿Por qué el cambio de decisión? ―preguntó mi acompañante por vez primera desde que habíamos comenzado el viaje. No habíamos hablado al respecto; conversando sobre cosas banas o simplemente estando en silencio y escuchando música.

Suspiré, siendo consciente que después de haber hecho tanto por mí, le debía a Caroline, al menos, una explicación.

―Quiero ser egoísta, Caroline.

La vi fruncir el seño.

―No entiendo. Además, no pareces ser ese tipo de persona ―suspiró―. Lamento lo que dije en el dormitorio, Bella.

―Está bien ―me encogí de hombros―. Al final tenías razón; no pensé en Damon en ningún… en casi ningún momento. Estaba asustada.

―Lo que es comprensible. Pero, quisiera saber por qué lo estás haciendo.

―No quiero seguir estando asustada, Caroline. No quiero que el miedo gobierne mi vida.

Caroline solo suspiró y asintió con la cabeza, como si entendiera.

―¿A quien llamas? ―pregunté cuando la vi sacar su móvil.

―A Bonnie ―dijo mientras se ponía el móvil en el oído―. ¿Bonnie? Hey, ¿dónde estás? ―escuchó por unos momentos―. Oh, bien. En realidad, estoy yendo para allí. Espérame. Estoy con Bella. No… no le ha sucedido nada… malo.

Rodé los ojos. Eso era una falacia.

»―Quiere hablar contigo. Te lo explicaremos cuando lleguemos… en unos cinco minutos.

Fiel a sus palabras, cinco minutos después Caroline estacionó su auto en frente de una bonita casa de dos pisos.

―Aquí estamos ―murmuró antes de darme una sonrisa rápida. Salimos del auto justo cuando la puerta de la casa se abría y Bonnie salía hacia el porche.

―Hola ―medio sonrió y cuando subí la pequeña escalinata y llegué a ella, me envolvió en un abrazo que, extrañamente, devolví―. ¿Estás bien?

―Eso creo ―asentí y ella enarcó una ceja.

―Deberíamos entrar, ¿no? ―sugirió Caroline. Bonnie asintió y nos dejó entrar a su casa antes de cerrar la puerta.

―Disculpen el desorden pero es que he estado intentando buscar alguna cura para Damon.

―¿Todavía nada? ―preguntó Caroline mientras la seguíamos hacia una pequeña sala. Había libros por todas partes.

―Nada ―suspiró ella―. Personalmente no me importa que sufra un poco pero… esto parece no acabarse.

―¿No has hablado con Elena?

―No, ¿por qué? ―nos miró a ambas―. Bella, ¿qué está sucediendo? ¿necesitas ayuda con algo?

―Yo ―mordí mi labio inferior, súbitamente sin palabras―… creo que deberíamos sentarnos.

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Una hora después nos encontrábamos estacionando frente a una casa enorme.

―¿Aquí viven los Salvatore? ―pregunté.

―Sip.

―Tengo todo lo que necesito aquí ―dijo Bonnie mientras caminábamos hacia la puerta. La abrió y entró, seguida de Caroline. Vacilante, las seguí. ¿No deberían haber llamado?

Me di cuenta de que más que una casa, parecía una mansión. Donde los Cullen habían preferido colores claros y una decoración moderna; los Salvatore parecían apreciar la madera pulida, la caoba, los cuadros y las esculturas. Parecía un museo de arte; solo que con más clase de la que poseían los museos.

Llegamos a la sala y vi que Stefan bajaba las escaleras. En cuento me vio, pude ver en sus ojos algo de alegría y lo que creí era esperanza.

―¡Bella! ―exclamó antes de llegar hacia nosotras―. ¿Qué estás haciendo aquí?

―Bella ha sido reclamada por la Marca pero ―entrecerró los ojos cuando vio que la expresión de Stefan no cambiaba―… supongo que tú ya lo sabías.

Él asintió con la cabeza y me miró.

―Gracias ―murmuró. Yo sólo asentí y me volví hacia Bonnie.

―¿Qué tengo que hacer? ―le pregunté. En ese momento se escuchó un quejido en algún lugar dentro de la casa. Fruncí el seño―. ¿Es ese…? ―otro quejido me interrumpió.

Stefan suspiró y Caroline hizo una mueca.

―Damon, sí ―respondió Stefan con una mueca―. Creo que llegaron justo a tiempo para las alucinaciones.

Me estremecí y me volví para ver a Bonnie.

―Oh, sí ―dijo mientras la seguí hacia un estudio. El escritorio y los sillones habían sido movidos del lugar hacia una de las esquinas. Había rastros de lo que parecía tiza blanca en el suelo, formando un círculo difuminado.

―Caroline ―llamó Bonnie y Caroline se materializó a su lado―, necesito velas y tiza. Yo iré por mi Grimorio.

Ambas dejaron la habitación y quedé solo yo, de pie dentro del circulo desvanecido y Stefan en la puerta.

―Quizás quieras sacarte la chaqueta ―dijo él mientras se acercaba a mí. Me ayudó a sacármela mientras mi corazón se saltaba un latido. Era algo molesto. Así que ignorando la calidez en mis mejillas, dejé que Stefan tomara mi chaqueta sin decirle nada―. Bella, quiero darte las gracias por esto. Sé que Damon no es la mejor de las personas pero…

―No lo hago por él, Stefan ―lo interrumpí con dureza. Quizás demasiada. Suspiré e intenté que mi voz no sonara tan dura―. No necesitas agradecerme; que Damon se recupere es solo una consecuencia. Y aun no sabemos si mi… transformación sea la que él necesita.

―Lo es ―prometió Stefan con tanto fervor que tuve que mirar su rostro. Tenía una pequeña sonrisa en los labios mientras apretaba mi hombro con delicadeza―. Tengo fe en ti, Bella.

Y eso no era ninguna presión. Para nada.

Bonnie y Caroline volvieron a la habitación y se apresuraron a preparar todo.

―Cuando Jeremy hizo el cambio, se desmayó ―comentó Bonnie mientras abría su gran libro―, así que no te preocupes si comienzas a sentirte extraña.

Asentí con la cabeza mientras Caroline volvía a pintar el círculo que había en el suelo a mi alrededor.

―Muy bien ―murmuró Bonnie mientras las velas a mi alrededor se encendían con una llamarada ardiente―. Comencemos.

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Me desperté con la sensación de estar en movimiento, en la oscuridad y con molesta música pop de fondo. Me senté, acomodando mis pies hacia adelante y mi espalda en el respaldo. Me encontraba en el asiento trasero de un auto.

―Buen día, dormilona ―saludó Bonnie desde su lugar en el asiento del conductor.

―¿Buen día? ―pregunté, observando la oscuridad de lo que parecía la noche.

―Van a ser las tres de la mañana así que… es de día.

―De madrugada, técnicamente ―la corregí mientras fregaba mis ojos―. ¿Me desmayé?

―Sip. Parece ser algo normal ―vi su mirada a través del espejo retrovisor―. ¿Te sientes bien?

―Sí. Sólo… me duele algo la cabeza.

―A Jeremy le sucedió lo mismo.

Estuvimos en silencio hasta que noté que el camino por el que íbamos no me era conocido. Se lo pregunté.

―Te estoy llevando hacia la casa del lago de los Gilbert.

―¿Por qué? ―pregunté despacio, con mi mirada clavada en ella. Bonnie suspiró.

―Bella, hemos hablado de esto ―dijo mientras volteaba en una curva―. ¿Recuerdas cuando te hablamos de todo ese odio irracional y repentino que ibas a sentir hacia los vampiros cuando te despertaras?

―¿Irracional? ―repetí con sorpresa―. Los vampiros son una abominación que no deben existir, Bonnie.

Ninguna de las dos dijo nada; yo, por mi parte, estaba demasiado sorprendida por las palabras que habían salido de mi boca.

―Y eso es exactamente por lo que te estoy llevando hacia allí ―dijo ella luego de unos momentos―. Caroline te armó un bolso con todas tus cosas; está en el maletero. Jeremy y Alaric te están esperando.

―¿Quién es Alaric? ―pregunté, intentando ignorar el hecho que un vampiro había hecho mi maleta.

―Alaric era nuestro profesor de Historia en el Instituto. Y era novio de Jenna, la tía de Elena.

―¿Se separaron?

―Algo así ―murmuró Bonnie―. Jenna fue asesinada por Klaus.

―Oh ―murmuré.

―De todas formas, es como una figura paterna para Elena y Jeremy. Y es el mejor amigo de Damon.

Resoplé.

―¿Damon tiene amigos?

Bonnie rió.

Me ofreció café, que había en un termo en la guatera pero decliné y con algo de equilibrio, me senté a su lado, en el asiento del copiloto.

―¿Tu cabeza aún duele?

―No ―negué.

―¿Sabes? ―preguntó―, Damon se puso mejor en cuanto caíste desmayada.

―Qué romántico ―murmuré.

―Oh, vamos, te lo digo porque sé que esa era una de las razones por la que decidiste aceptar la Marca.

―La razón ―comencé a responderle, dándole un mirada irritada― por la que decidí aceptar la Marca fue porque me juré a mí misma acabar con todos los vampiros ―me volví y miré por la ventanilla del auto―. Pero no te preocupes; corregiré mi error.

Eran casi las seis de la mañana cuando llegamos a una bonita casa en medio de un lago.

―Lindo ―murmuré mientras Bonnie abría el maletero.

―¿Es que Caroline empacó todo el dormitorio aquí? ―preguntó Bonnie mientras intentaba, sin éxito, levantar mi súper bolso.

―A ver, déjame ayudarte ―tomé una de las cuerdas y lo levanté sin mucho problema―. No es tan pesado ―dije mientras lo ponía en mi hombro.

―Para ti ―refunfuñó Bonnie―. Pesa una tonelada.

Enarqué una ceja.

―¿Ahora tengo súper fuerza? ―pregunté y ella se encogió de hombros, cerrando el maletero de un solo golpe.

―¿Quién sabe? ―preguntó mientras caminaba hacia la casa.

―¡¿De verdad?! ―exclamé mientras me apresuraba hacia su lado. La puerta de la casa se abrió y salió de ella un hombre grande y algo rubio.

―Creí que vendrían más tarde ―dijo en voz alta.

―Lo siento, Alaric. Era tonto dejarla allí con tres vampiros.

―Sí, me imaginé ―dijo él. Me sonrió cuando llegamos a él y me tendió su mano―. Hola, soy Alaric Saltzman.

―Bella Swan ―me presenté.

―Sí, he oído hablar de ti. Vengan, pasen. Hace frío afuera.

―Gracias.

―¿Y Jeremy? ―preguntó Bonnie mientras caminábamos hacia el living, donde había un lindo fuego en la chimenea.

―Aquí ―dijo otra voz.

Me volví justo a tiempo para ver a Bonnie abrazar a un muchacho que parecía ser de nuestra misma edad pero su físico era mucho más grande que el nuestro. Era el hermano de Elena; el que había aceptado la Marca antes que yo. Cuando se separaron y él me miró pude sentir una sensación cálida en mi pecho; no era aquella molesta sensación que había sentido con Stefan Salvatore sino una mucho más agradable. Era como si hubiera conocido a Jeremy Gilbert durante toda mi vida.

Me ofreció una gran sonrisa y yo se la devolví.

Fue como volver a casa.

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DÍA 1

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Jeremy y Alaric se habían despertado incluso antes de que el sol amaneciera. Yo no había podido dormir; me había dedicado a mirar el techo de mi habitación antes de levantarme y acomodar mi ropa en el pequeño armario que había en la habitación. Caroline había hecho un buen trabajo: había empacado ropas cómodas y abrigadas, además de lo necesario para mi higiene. Mi laptop también estaba allí.

Cuando escuché ruido en la cocina fue que me animé a salir del dormitorio. Estar con dos hombres en la casa no era de mi gusto aunque Bonnie aun siguiera allí; estaba segura que antes de meterse en la cama ya estaba dormida del cansancio que tenía.

Bajé las escaleras para ver a Jeremy delante de la cafetera. Alaric se encontraba cortando fruta en un bol.

―Buen día ―saludó Jeremy en cuanto me vio―. ¿Sólo o con leche?

―Oh, no. Gracias. Soy intolerante a la cafeína.

―¿Incluso ahora? ―preguntó él con una sonrisa mientras vertía el café en dos tazas.

―¿Ahora? ―pregunté, sin saber a qué se refería.

―Yo era alérgico a las fresas. Ayer comí algunas y… nada ha sucedido.

Parpadeé y miré la cafetera, algo maravillada. ¿Sería posible? Todo el mundo tomaba café; desde los que iban al Instituto hasta la gente grande y yo nunca podía ser parte de eso… pero, pensándolo mejor al ver el líquido negro, ¿quería ser yo parte de eso?

Negué con la cabeza y le sonreí a Jeremy.

―No, gracias.

―Muy bien. Hay jugo de naranja.

―Con eso estoy bien.

―Buen día a todos ―saludó Bonnie mientras bajaba las escaleras.

―Buen día ―la saludé y ella me sonrió. Ella se acercó a Jeremy y besó sus labios y yo miré hacia otro lado porque era demasiado aquel momento íntimo. Alaric enarcó una ceja en mi dirección y yo sólo pude atinarle a sonreírle débilmente.

―Así que, Bella ―dijo en voz alta mientras depositaba la fruta en el centro de la mesa―. ¿vas a entrenar con nosotros?

―¿Entrenar? ―pregunté con el seño fruncido.

Alaric me sonrió.

―Jeremy está entrenando, ya sabes; un cazador no sólo debe saber cazar sino también defenderse.

Eso definitivamente no lo había pensado pero Alaric tenía razón. Si quería ser una cazadora –una buena cazadora- debía saber defenderme. Recordé aquel incidente con la cartera de Renée y asentí con la cabeza.

―Sí, voy a hacerlo.

―Bien. Ahora terminen con su desayuno y quiero que le den diez vueltas a la propiedad.

Media hora después Jeremy y yo nos encontrábamos trotando alrededor del lago.

―No puedo creer que esté haciendo esto…

―¿Qué? ―preguntó Jeremy a mi lado―. ¿No eres del tipo deportista?

―No. Por eso no puedo creer que todavía tenga aliento.

Lo acompañé en su risa.

La mañana era fría pero el sol había salido y calentaba todo a su paso. La vista era hermosa. Los Gilbert tenían suerte de contar con una casa vacacional de aquellas porque ciertamente el lugar era cómodo y tranquilo. Podía verme a mí misma viviendo en un lugar así.

―Entonces… ¿cuál es tu historia? ―preguntó Jeremy mientras nos movíamos entre los árboles pero siempre a orillas del río y de la casa.

―No tengo una historia ―le dije a la vez que saltaba sobre una gran raíz de un gran árbol.

―Todo el mundo tiene una historia ―presionó él y yo suspiré―. Lo único que sé es que eres compañera de dormitorio de Elena y Bonnie. Y que ya sabías sobre vampiros y todo el mundo sobrenatural.

―Eso lo resume todo, de verdad.

―¿No confías en mí? ―preguntó. Estaba a punto de decirle que no, que no confiaba en él porque apenas si nos conocíamos hacía unas horas, cuando me di cuenta de que sí confiaba en él. La situación me impactó tanto que me detuve de correr. Él siguió pero cuando vio que yo no se volvió hacia mí y se acercó caminando.

―¿Qué sucede?

―Yo sí confío en ti ―dije, en tono acusatorio.

―Lo sé. Yo también confío en ti.

Sacudí la cabeza y lo miré sin poder creérmelo.

―¿Es que no ves lo que sucede aquí? ―le pregunté con mis manos en la cintura―. No debería confiar en ti. No deberías confiar en mí. No hace un día entero que nos conocemos y hasta ahora no he hablado contigo.

―Pero somos hermanos ―dijo él como si fuera lo más natural del mundo―. Cuando elegiste aceptar la Marca, me aceptaste a mí. ¿No lo sientes, Bella? ―preguntó.

―Sí ―murmuré. Porque era verdad. Lo había sentido en el momento en el que él me había sonreído desde los brazos de Bonnie. Recordé haber pensado que era como haber llegado a casa―. Lo sentí. ¿No… crees que es raro?

―Al principio sí pero luego de que hablé con Bonnie, lo entendí. Los Cinco eran considerados una Hermandad. Somos hermanos. Tomó mi mano derecha con la suya y pude apreciar las similitudes de nuestras Marcas. Apreté sus dedos con fuerza y nos sonreímos. Quizás, ya no estaba tan sola en aquel loco mundo sobrenatural.

Terminamos de dar las vueltas y me maravillé cuando mi cuerpo se acostumbró al ritmo.

Alaric nos estaba esperando cuando llegamos en el patio enfrente de la casa.

―¿Tienes alguna noción de técnicas de peleas?

Negué con la cabeza.

―Hasta ayer no era capaz de correr una cuadra sin agitarme ―respondí con honestidad. Y con algo de vergüenza.

―Muy bien ―me sonrió él. Sus ojos eran de un color entre verde y azul muy lindos y gentiles. Encontré que, en aspecto, Alaric era un hombre muy bien parecido―. Entonces vamos a empezar con lo básico.

―¿Algo así como Karate? ―le pregunté.

―No ―rió―. ¿Me veo como alguien que sepa Karate? Soy profesor de Historia. Lo que te voy a enseñar es lo básico en una pelea; no soy un experto pero es mejor que nada. Además, Jeremy lo está haciendo más que nada como algo intuitivo. Tengo la sospecha de que ustedes, los cazadores, ya vienen con una leve idea de lo que están haciendo… aun que ustedes mismos no lo sepan. Vamos, empecemos.

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DÍA 2

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―Recuerda: cuando das un puñetazo debes acompañar tu brazo con tu cuerpo, ¿entendido? ―dijo Alaric mientras revoloteaba a mi lado ese mediodía, ajustando mis brazos y piernas―. Separa bien las piernas, firmes. Levanta los br… así, muy bien. Tus manos y antebrazos siempre protegen tu rostro. Y lo lanzas… muy bien. Exacto. Ahora. Puño derecho ―golpeé el protector que había en su mano izquierda―. Bien. Puño izquierdo ―golpeé el protector de su mano derecha. Intentó golpear mi cabeza pero me agaché mientras su mano volaba por encima de mí y le di dos golpes más.

Me había despertado al alba luego de irme a dormir temprano la noche anterior. A pesar de sentirme con energía todo el tiempo, el día anterior sí había sido exhaustivo. Había aprendido a defenderme de un atacante de cinco veces distintas y luego a dar todo tipo de puñetazos –había aprendido que no debía meter el dedo pulgar en el puño si no quería quebrarlo- y patadas…

―Cuidado ―dijo Alaric antes de ver como su mano volaba hacia mi cabeza. La intercepté con mi antebrazo antes de que me golpeara.

Ouch ―me quejé aunque no me había hecho daño alguno.

―Te habías distraído. Cuando te enfrentes a un vampiro no debes distraerte.

―Cuando me enfrente a un vampiro no podré distraerme ―le dije. Usualmente no le hablaba a una persona de aquel modo pero Alaric me hacía sentir muy cómoda―. Sigamos.

―Muy bien. ¿Recuerdas las patadas?

―Sip ―respondí mientras saltaba en mi lugar. La mañana era más fría de lo que había esperado.

―Muy bien. Quiero una patada baja ―dijo.

Y así transcurrió el tiempo. Mi única preocupación y meta era el entrenamiento. Me levantaba con el alba y me acostaba cuando me agotaba pero sólo algunas horas de sueño eran necesarias para recomponerme.

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DÍA 3

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―¿En qué piensas? ―preguntó Jeremy, quien estaba apoyado en el marco de la puerta.

Suspiré y me volví hacia él. Llevaba puesto una camiseta y un jean. Iba descalzo.

―En como hace unos días no era capaz de embocar un envoltorio dentro del cesto de basura a distancia ni aunque me pagasen por ello ―reí―. ¿Qué haces levantado a esta hora? Es demasiado temprano.

Jeremy se encogió de hombros.

―Ya no necesito dormir tanto como antes.

―Sí, lo sé ―acordé―. Pareciera que tengo los nervios a flor de piel; cualquier cosa me despierta ―y era verdad. Me había despertado el viento que chocaba con la ventana del dormitorio a las cinco y veinte de la mañana.

―¡Eh!, por lo menos no estamos cansados.

―Estoy fresca como una lechuga ―consentí mientras palmeaba el cobertor para que se sentara conmigo en la cama. Lo hizo ―. Y es raro porque ayer hice mucho más ejercicio que toda mi vida.

―Lo sé ―dijo él―. Bella, ¿por qué decidiste aceptar la Marca? ―preguntó. Era exactamente la misma pregunta que me había hecho Caroline pero, esta vez, la contesté sin evasivas.

―¿Tienes tiempo?

Él me dio una sonrisa juguetona y se acostó sobre mi almohada.

―Tengo todo el tiempo del mundo ―respondió. Sonreí y me acosté a su lado. Nos tapamos con los cobertores y nos movimos de modo que nos enfrentábamos.

Y se lo conté todo.

Cuando terminé, él sólo me miró con rostro tranquilo. Y luego dijo:

―Edward Cullen apesta.

No sé si fue lo repentino de la declaración o lo surrealista de la situación. Pero lo único que pude hacer fue echarme a reír.

―Sólo quiero decirte que… te entiendo, Bella. Una de mis novias fue un vampiro. Ana. Bueno, Vicky también lo fue pero creo que no llegó a vivir una semana.

―¿Qué le sucedió?

―Damon Salvatore le sucedió ―respondió Jeremy con la mandíbula apretada y yo asentí.

―¿Y… Ana? ―pregunté, dubitativa porque no quería hacerlo sentir mal.

―El bastardo de mi tío. Él estaba en el Consejo de Mystic Falls, ¿sabes lo que es eso? ―asentí con la cabeza y él continuó―. Él le clavó una estaca en el corazón… mi punto es que si bien Ana era un vampiro, ella jamás me abandonó de ese modo. Tuvo la oportunidad, tenía un plan, y aún así me quiso lo suficiente para quedarse conmigo. Tu Edward…

―No es mi Edward ―lo interrumpí―. Ya no más. Y ya no voy a llorar porque él y su estúpida familia se fueron sin decirme si quiera adiós. Y si algún día los encuentro de nuevo, planeo incendiarlos sin siquiera decapitarlos antes.

―Y yo te ayudaré ―sonrió Jeremy―. Ahora, creo que escucho a Bonnie en la cocina.

―Sí, yo también.

―Entones vamos a desayunar. Muero de hambre ―salió de la cama, caminó por el pasillo y lo escuché en las escaleras hasta entrar en la cocina.

Me quedé allí durante unos momentos más; regocijándome en el sentimiento de libertad que había en mi pecho. Jamás le había contado mi historia a nadie con tantos detalles. Jacob sabía pero con él jamás pude hablar de nada sobre ello debido a sus sentimientos por mí, y cuando eso terminó, él seguía siendo un licántropo que odiaba a los vampiros.

Jeremy había sido lo único que había necesitado.

Bajé de mi cama y lo seguí.

Bonnie volvió a Whitmore al cuarto día.

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UNA SEMANA DESPUÉS

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―¿Qué sucede? ―le pregunté a Jeremy mientras lo seguía por las escaleras.

―Alaric dijo que hoy empezábamos otro tipo de entrenamiento así que debes ayudarme a llevar todo afuera―lo seguí hasta un dormitorio que hasta ese momento siempre había tenido la puerta cerrada. Jeremy la abrió y entró, observó unos momentos el lugar con una expresión serena y… ¿tierna? en el rostro. había una cama matrimonial y un tocador repleto de cosas de aspecto delicado y femeninas―. Era el dormitorio de mis padres ―murmuró Jeremy.

Oh.

En ese momento entendí la expresión de su rostro; sus padres estaban muertos.

―Ven ―se volvió hacia otra puerta y la abrió. Era el closet. Caminó hacia la pared opuesta y comenzó a sacar tablones de madera de su lugar.

―¿Qué…?

Cuando terminó, encontré que había una puerta secreta. Jeremy la abrió y luego encendió la luz con una cuerda que caía de arriba. Cuando vi lo que había dentro, mis ojos casi se salieron de sus órbitas y una sonrisa se extendió por mi rostro.

―Esto es genial.

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―Muy bien ―dijo Alaric cuando terminamos de acomodar la mesa que habíamos armado en el patio―. Tenemos todo lo que puedan precisar aquí.

Y sí que había bastante.

Desde estacas, pasando por lo que Jeremy me dijo que eran ballestas, hasta armas de fuego que Alaric había traído.

Extendí una mano y tomé una estaca de madera. Acaricié su superficie perfecta y una ola de adrenalina se desenlazó en mi interior.

―Creo que eso ya lo sabes usar ―comentó Alaric.

―Sólo tengo que clavarla en el corazón.

―¿Y dónde está el corazón?

Hice una mueca, haciendo memoria de mis clases de Biología en el Instituto.

―En… la parte central del tórax, entre los pulmones. Aquí ―puse una mano en mi pecho, casi en el centro pero situada un poco más en la parte izquierda.

―Bien ―aprobó Alaric. Debía haber pasado su pequeña prueba―. ¿Qué te interesa? ―preguntó mientras miraba todos los objetos de la mesa.

―No lo sé ―respondí con sinceridad―. Creo que me gustaría saber usar todas estas cosas.

―Yo también ―apuntó Jeremy―. Quiero saber cómo poder defenderme y atacar con cualquier cosa.

―Eso depende del ingenio de uno mismo más que la sabiduría ―comentó Alaric―. Pero… empiecen por lo básico, entonces ―dijo a la vez que levantaba un cuchillo.

Durante todo ese día practicamos nuestra puntería aunque lo tuvimos resuelto a la hora. Al aceptar la Marca varias cosas habían cambiado como nuestros sentidos de coordinación; no nos era difícil dar en el blanco. Los reflejos eran rápidos y agudos. Nuestra resistencia era mucha lo que supuse era una buena cualidad ya que los vampiros eran casi indestructibles para los humanos normales. Nuestra velocidad también era algo más que la media acostumbrada como también lo era nuestra visión.

Ese día que me había enfrentado al ladrón en Florida ni siquiera había usado el veinte por ciento de lo que poseía en esos momentos.

Para el final de esa semana, ya sabíamos manejar todas las armas. Pero, el verdadero reto, apareció la siguiente semana.

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―¿Por qué crees que fuimos elegidos? ―preguntó Jeremy esa mañana mientras cortaba leña con hacha. Ya estábamos en la mitad del invierno y la casa de los Gilbert no se caldeaba sola; siempre alguien era el encargado de la leña. Mayormente eran Alaric y Jeremy, yo solo tuve que hacerlo dos veces y no era algo que me molestase pero tenía que ver con la caballerosidad de los hombres de la casa.

―¿Te refieres a la Marca? ―pregunté, casi segura de que se refería a eso. Habíamos descubierto de que nuestros pensamientos era muy similares frente a algunas circunstancias y no sabíamos si era por la Marca o porque simplemente éramos personas parecidas. Yo quería creer lo primero pero sospechaba que era por lo segundo.

―Sí.

―No lo sé, Jer ―me encogí de hombros―. Quizás debido a nuestra sangre o, quizás, porque hemos tenido experiencia con vampiros anteriormente. La verdad es que no entiendo nada sobre la magia ―comenté desde mi lugar. Me había sentado en una roca cercana a él con una navaja y un trozo de madera en mis manos. Alaric me había enseñado cómo escarbar balas de madera. Ese hombre parecía ser un diccionario en lo que era respectivo a técnicas de combate y armamento para vampiros, lo que me hacía preguntar a veces por qué él no había sido elegido por la Marca.

―Tendremos que preguntarle a Bonnie.

En ese momento un escalofrío recorrió mi cuerpo, haciendo que la piel de mis brazos y cuello se erizara. Levanté la mirada y la crucé con la de Jeremy.

Él también lo había sentido. Abandonó su labor mientras yo me ponía de pie, escondiendo las balas que tenía conmigo en el bolsillo de mi chaqueta y sujetando el cuchillo en mi mano derecha. Agudicé mi oído y escuché el suave ronroneo de un motor.

―Es un auto ―dijo Jeremy. Yo ya estaba saltando entre las piedras para esconderme detrás de uno de los árboles pero poniendo en mi línea de visión el camino por el que venía el auto. Había cuatro personas adentro y reconocí a las dos que se encontraban en los asientos de adelante.

Stefan y Elena.

Mi estaca se encontraba atrapada en la parte trasera de la cinturilla de mi pantalón. Podía sentir la sangre pulsando a través de mis venas y…

―¡Hey! ―la voz de Alaric me sacó de mis ensoñaciones. Él se acercó hacia la entrada, donde el auto se había detenido y los pasajeros lo estaban saludando. Junto con los vampiros, también se encontraban Bonnie y, para mi sorpresa, el profesor Shane.

―¿Dónde está Jeremy? ―escuché que preguntaba Elena. Entendí que había una razón por la que jamás me había caído bien. Miré hacia Jeremy y él tenía la mirada clavada en su hermana y en Bonnie. Sentí cuando decidió salir de su escondite y lo vi salir de la línea de mi vista. Sabía que si los vampiros se concentraban podían escuchar nuestros corazones así que salí detrás de mi escondite para ver a Jeremy al lado de Bonnie pero con la mirada puesta en su hermana―. Hola ―lo saludó Elena con una sonrisa insegura. ´rl cabeceó con la cabeza en señal de saludo. ¿Sentía lo que yo sentía? ¿esas ganas casi incontenibles de atravesar una estaca de madera a través de su inhumano corazón?

―Bella ―la voz de Stefan me hizo volverme para mirarlo. Y ahí se encontraba Stefan Salvatore y ningún sentimiento incómodo inundó mi pecho ni mi corazón comenzó a revolotear en mi pecho como un colibrí. Con una sonrisa en mi rostro, acepté con alegría de que no sentía nada cuando lo veía. Nada agradable, al menos. Sin siquiera contestarle, caminé hacia mi profesor.

―¿Qué hace usted aquí?

―Creí que no querías ser una cazadora ―comentó él con voz gentil.

―Yo también ―le respondí sinceramente.

―¿Qué les parece si vamos adentro? ―preguntó Bonnie―. Está algo frío aquí afuera.

Hubo un coro de afirmaciones y todo comenzaron a moverse hacia la casa. Todos menos Jeremy y yo.

Bonnie se volvió.

―¿No vienen?

―Tenemos que llevar leña ―respondí cuando Jeremy no pudo hacerlo. Le sonreí lo mejor que pude―. Estaremos en unos minutos.

―Está bien ―nos dio una última sonrisa antes de seguir a los demás. Nos quedamos allí hasta que la puerta se cerró detrás de ella y los hombros de Jeremy parecieron desplomarse.

―Es mi hermana ―dijo en voz baja, pero aún así lo oí―. Es mi hermana y lo único en lo que puedo pensar es en atravesar su corazón con una estaca.

Parpadeé y lo miré, cayendo en cuenta de lo que había dicho.

―Lo sé ―murmuré. Y en verdad lo sabía porque Elena jamás había sido mi mejor amiga pero dándome cuenta de la manera en la que había pensado de ella hacía unos minutos atrás…

―¿Qué voy a hacer, Bella? ―preguntó Jeremy. Me di cuenta de que aún llevaba el hacha en la mano. Me miró con ojos atormentados―. Si entro allí… será un caos.

Me mordí el labio y sentí pena por él. Podía sentir en mi pecho su miedo y su rabia. Su desesperación. Y su culpa por pensar así de su hermana.

―Hey ―me acerqué a él y tomé sus manos en las mías―. Todo estará bien, ¿sí? No sucederá nada. Vamos a entrar allí y a estar lo más apartados de Elena y Stefan. Acércate a Bonnie y Alaric.

―¿Y si no funciona?

―Y si no funciona… Stefan protegerá a Elena; él no dejará que nada malo le suceda. Bonnie tampoco lo hará.

Jeremy suspiró y asintió con la cabeza.

―Ven, ayúdame a cargar con la leña.

―Eso no es de caballeros, Jeremy Gilbert.

Jeremy rió y algo de su tensión pareció desvanecerse. Con un suspiro profundo lo ayudé a cargar con la leña y nos dirigimos hacia la casa.

―¡Bien! ―sonrió Alaric cuando entramos y cerramos la puerta detrás de nosotros con el pie―. El fuego se está extinguiendo.

Intenté sonreír mientras depositábamos la leña al lado de la chimenea.

―¿Cómo estás, Bella? ―preguntó Elena con una sonrisa pequeña. La observé por unos instantes y me encogí de hombros. Ella sabía. Elena sabía por lo que Jeremy y yo estábamos pasando.

Ella y el profesor Shane compartieron una rápida mirada y en ese momento me di cuenta de que todo el mundo sabía. Por eso parecía que estuvieran caminando sobre un campo minado.

―¿Qué dices de nuestra casa? ―preguntó de nuevo, cuando nadie se atrevió a decir nada más.

―Es acogedora ―respondí con sequedad. Si ella notó mi tono de voz, hizo caso omiso de él―. Mi padres…

―Ellos no eran tus padres ―interrumpió Jeremy, de repente. El silencio fue instantáneo y sepulcral. La expresión de Elena fue de total incredulidad y dolor.

Sí, eso debió doler.

―Jeremy… ―comenzó Stefan.

―Tú cállate, vampiro ―lo amenazó Jeremy―. No tienes nada que decir aquí.

―Jer… soy Elena ―dijo ella con voz estrangulada―. Soy tu hermana.

Jeremy la observó por un momento, pude ver cómo sus ojos cambiaron de sentimientos hasta que se volvieron fríos. Lo sentí en mi pecho.

―Bella es mi hermana ―replicó lentamente.

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―Sabes que es natural, ¿verdad?

Me di vuelta para ver al profesor Shane en la entrada del que era asignado mi dormitorio.

―¿El qué? ―pregunté.

―El sentir eso que siente Jeremy.

Suspiré y me senté en el borde de la ventana. Él entró y le señalé la cama para que hiciera lo mismo. Se sentó con las manos en la falda.

―Es tan… raro ―murmuré luego de unos segundos de cómodo silencio―. Cuando pienso en Caroline o Elena no sucede nada más que un leve estremecimiento cuando recuerdo lo que son. Incluso ahora, sabiendo que hay dos vampiros en la casa, siento incomodidad y estoy en guardia pero no estoy planeando todas las posibles maneras de acabar con ellos.

»―Pero cuando los tengo en frente de mí o en la misma habitación…

―Es el instinto del cazador, Isabella. Para eso fueron elegidos; es natural. Connor era igual y estoy seguro que todos los cazadores anteriores también lo eran.

Asentí con la cabeza porque eso ya lo habíamos supuesto. Y recordé.

―Profesor, ¿por qué fuimos elegidos?

Él se encogió de hombros.

―Connor se hacía la misma pregunta. ¿Quizás por sangre, siguiendo la línea de descendientes de los primeros cazadores?

―Pero ni Jeremy ni yo estamos relacionados con Connor.

Él asintió.

―Por eso siempre creí que tenía que ver más con el hecho de la capacidad. La Marca encontró en ti a alguien capaz, a alguien digno de portarla.

Observé el dorso de mi mano y acaricié las líneas de la Marca.

―De verdad me gustaría ver esa Marca ―suspiró de nuevo mi profesor―. ¿Podrías dibujarla para mí?

Me encogí de hombros aunque la respuesta en mi mente fue un rotundo NO. No quería que nadie viera mi Marca porque de alguna manera sería como si me viera desnuda.

―Le diré a Jeremy si puede dibujarla; yo soy terrible en eso.

De alguna manera supe que él no me creyó, pero aún así me sonrió, como si estuviera acostumbrado a la negación respecto al tema. Quizás Connor se lo había negado antes.

―¿Volverás a Whitmore?

―No lo sé, profesor ―suspiré―. Hasta hace unas semanas estaba segura de lo que quería hacer pero ahora no lo sé.

―Sería una pérdida que abandonaras ahora porque eres una excelente alumna Isabella. Y… con lo que está sucediendo…

Me volví para mirarlo y pregunté:

―¿A qué se refiere con "con lo que está sucediendo"?

―Creí que tus amigos te habían contado…

―¿Qué?

Él suspiró.

―Ya han sido asesinados siete estudiantes en Whitmore, Bella. Siete. Varios estudiantes ya se han vuelto a sus casas y la gente comienza a espantarse.

―¿Qué tipo de asesinatos, profesor?

Una expresión amarga cruzó su rostro.

―Del tipo donde los cuerpos aparecen desangrados y los reportes son de ataques de animales salvajes. Así que…

―¿No han hecho nada? Profesor, creo que ambos sabemos muy bien que hay gente en Whitmore que sabe sobre lo sobrenatural.

―Y esa misma gente no quiere mancharse las manos. Hubo… ¿recuerdas el incendio de hace unos meses? Aquello no fue una falla eléctrica, Isabella. Ellos estaban reunidos por algo… algo que tenía que ver con lo sobrenatural. ¿Y aún así viste a alguien hacerse cargo?

―Yo… voy a volver ―volví a mirarlo y fruncí el seño, intentando no pensar en lo que me había dicho―. ¿Cómo es que supo que Elena y los demás…?

―Ellos vinieron a mí. Me pidieron ayuda.

―¿Con qué?

Hizo una mueca.

―Con Jeremy Gilbert. Creo que encontré la manera de ayudarlo, su hermana está preocupada.

―Y usted va a…

―Voy a ayudarlo a aceptar a Elena.

Un aguijonazo de malestar me picó. No me sentía cómoda sabiendo qué era lo que iban a hacer. También era una batalla en mi interior: una parte de mí no quería que Jeremy aceptara a Elena y la otra parte sabía que Jeremy se sentía muy mal por no poder hacerlo.

Así que yo sólo asentí con la cabeza y terminé mi conversación con el profesor. Unos minutos después hablé con Jeremy y él me confirmó que quería intentarlo con el profesor.

No me interpuse en su camino.

.

Esa noche, tras una sección dolorosa emocionalmente hablando y exitosa -Jeremy había abrazado a su hermana sin intentar clavarle una estaca en el corazón- todo el mundo dormía plácida y exhaustivamente.

Todos menos yo.

La información que el doctor Shane me había brindado no dejaba de darme vueltas en la cabeza.

Había -otra vez- un vampiro en Whitmore.

El primer nombre que me había venido a la mente había sido el de Enzo pero no había sabido nada de él durante meses y era algo inimaginable que él volviera al lugar donde había vivido su calvario. Pero no importaba; me había convertido en una cazadora, había aceptado mi Marca. Era mi obligación descubrir lo que sucedía sin importar quién era el vampiro que estaba causando tanto alboroto.

Debido a todo eso me encontraba de madrugada, mientras todo mundo dormía plácidamente, caminando hacia la cochera con un bolso repleto de mis pertenencias en una mano y otro repleto de armas en la otra. Stefan había dejado las llaves del auto de Elena en la sala así que no había sido necesario colarme en su dormitorio para robarlas.

Entré al garaje y le quité la alarma al auto antes de abrir el maletero. Mientras acomodaba mis bolsos dentro sentí que aquel ahora ya familiar escalofrío recorría mi cuerpo y sentí un nudo en mi estómago. Apreté mi mano en un puño.

―Demasiado temprano para guardar las maletas, ¿no lo crees?

Me volví para mirar sobre i hombro.

―¿Aún vives, Damon? ―pregunté en tono malhumorado. Allí se iban mis intenciones de que nadie me hallara…

Damon caminó hasta ponerse a mi lado, apoyándose en el auto. Hice de todo el acoplo de mi fuerza para no apartarme saltando. Levanté i irada para obtener un buen vistazo de su rostro y, oh, se encontraba tan hermoso como siempre. Era irritante lo guapo que un criatura como él podría llegar a ser.

―Sip. La mala hierva nunca muere.

―Soy consciente de eso ―sonreí con tirantez mientras cerraba el maletero de un golpe fuerte y limpio.

―¿Robando el auto de Elena? ―preguntó y pude oír la diversión en su voz―. No creí que lo tuvieras en ti, Swan. Lo admito. Estoy impresionado.

―Por favor, Damon. No quiero hacerte daño y necesito irme.

―Hey ―levantó las manos en señal de paz. Me aparté de él y caminé hacia la puerta del conductor. La abrí―. Sólo quería agradecerte, ya sabes. Sin ti aún estaría en esa mugrosa celda en la que me había metido San Stefan.

Hice una mueca de irritación porque para ser un agradecimiento, su voz sonaba ligeramente falsa. Sonreí cuando lo sentí detrás de mí.

―¿Quieres agradecerme, Damon? ―con lentitud tomé la punta de la estaca que sobresalía de mi cintura y la saqué de su escondite. Me volví con rapidez y la enterré en su costado. El vampiro siseó de dolor y calló de rodillas.

―Perra ―maldijo con voz entrecortada. Sonreí mientras retorcía un poco más la estaca en su interior. Él gruñó.

―No te metas en mi camino, sanguijuela ―advertí antes de llevar ambas manos a su cabeza y girarla bruscamente, quebrándole el cuello. Lo solté y él calló hacia atrás, muerto por unos momentos.

Abrí la puerta del garaje y luego me metí en el auto, antes de encender el motor y salir de allí. Cuando estuve en la carretera apagué las luces y pisé el acelerador, disparando el auto a toda velocidad en la noche.


[N. de A]: ¡He vuelto! Espero que el capítulo haya compensado todo el tiempo de espera y sí, sé que había prometido algo de asombroso tiempo de Damon pero a medida que iba escribiendo el capítulo, más se me hacía difícil hacer que entrara en escena. También quise centrar el capítulo en Jeremy y Bella, en su relación y cómo sería de ahora en adelante. Me tomé ciertas libertades en cambiar algunas cosas para los cazadores, como la unión entre ellos, como hermanos. Lo verán desarrollarse en los capítulos siguientes; estoy pensando en ellos dos como los nuevos Black Widow y Hawkeye.

Es muy divertido, de verdad.

Sobre las técnicas de pelea y todo eso, no soy un experta ni nada parecido y busqué en internet pero no encontré nada que me ayudara en verdad así que lo saqué de películas como El Caso Bourne, Rápido y Furioso y demás. No es pelea callejera en sí pero tampoco es Kung Fu. Si hay alguien que sepa sobre ello, espero no haberlos insultado con mi pobre saber pero el capítulo debía escribirse.

Ahora, en el próximo capítulo sí hay más Damon (esta vez en serio) y un misterio más qué resolver, pero Bella lo hará más a su manera como cazadora, ya no como la humana/estudiante de Whitmore.

Muchas gracias a Alexa G. Salvatore, Alexa160691, Rosbell, chovitap, Nanda21, lyzleermipasion, CaMuChI, lauritacullenswan, Amanda-Cullen-Salvatore, IssaSwanCullen, ValeryBr, DsdVzla xD, jiny br y dy por sus reviews en el capítulo anterior.

¡Nos leemos!

XOXO