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Título original: Waters Under Earth
Autor: Alan Harnum
Traducción: Miguel García - garcia.m (arroba) gmx (punto) net
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Aguas bajo la tierra

Un fanfic de Ranma 1/2 escrito por Alan Harnum
Versión castellana de Miguel García

Todos los personajes de Ranma son propiedad de Rumiko Takahashi y de
los editores y distribuidores autorizados.

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Prólogo: Rey de cenizas

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—No podéis hacerme esto —dijo el rey.

La mayor de las hemanas posó su mirada en él:

—Podemos y debemos.

—Tu vileza termina aquí —dijo la hermana media.

Y tercera habló la hermana menor:

—En esto nos rebelamos a ti.

—Y habéis de pagar —dijo el rey, pugnando infructuosamente contra
aquello que lo apresaba—. Vosotras y todo lo hecho por vosotras. Echaré
mi sombra sobre la creación toda, y daré muerte y muerte y muerte,
hasta que aquello que protegen ya no sea.

Rió, una risa teñida de enajenación, pues pese a todo su poder era un
rey desquiciado.

—Todos vendrán a mí —dijo—. Les haré mis siervos.

—Desde el instante en que sus chispas ardan por vez primera, serán
libres —enunció la hermana mayor—. Así lo declaro, y he ahí mi obsequio.

—Desde el más fulgente ardor de la llama de sus vidas, hasta su declive,
serán libres —entonó la hermana media—. Así lo declaro, y he ahí mi
obsequio.

—Desde la mengua última de su fuego a ceniza y más allá, serán libres
—dijo la hermana menor—. Así lo declaro, y he ahí mi obsequio.

El rey volvió a reír, y en lo alto del firmamento las estrellas de ardor
naciente trepidaron en sus órbitas.

—Y he aquí el obsequio mío —dijo—, que entrego a cambio de la traición.

Las tres hermanas fueron presas del suspenso, y enmudecidas de horror
quedaron al extender el rey su mano, no más que una mano, pues era
todo cuanto incluso él podía liberar de sus ligaduras.

—Desde la concepción de su chispa hasta que muera y se haga ceniza,
daránse muerte entre sí —dijo el rey—. Matarán todo cuanto vive arriba
en los cielos, o abajo en la tierra, o en las aguas bajo la tierra. Sentirán
mis sueños y les harán suyos.

—¡NO! —gimió la hermana media.

El rey aulló de risa, y la creación se estremeció ante su regocijo.

Empezó a cerrar la mano, para hacer definitivo su obsequio, para
completar su venganza.

—¡NO LO PERMITO! —dijo la hermana media. Alzó los brazos al
firmamento infinito—. ¡ESTE SEGUNDO OBSEQUIO ENTREGO! ¡MI VIDA
POR LA SUYA, MI DOLOR POR SU FURIA!

—Hermana... —dijo la mayor.

—No... —dijo la menor.

—¡POR MI PACTO QUEDAS PRESO! —gritó la hermana media, un grito
que resonó por todo lo que es—. ¡POR MI PRISIÓN ELLOS SON LIBRES!

Y quedó hecho. Con un alarido, el rey desapareció.

—Ay, hermana mía, ¿qué has hecho? —dijo la mayor—. ¿Qué has hecho?

—Les he hecho libres —musitó la hermana media—. Es preciso
completarlo. Es preciso terminarlo, antes de que las fuerzas me falten.

—Hermana —dijo la más joven—. Ay, hermana...

—Chssst... está bien —dijo la hermana media, yaciendo en el suelo—.
Ya está hecho. He elegido mi suerte. Ahora de vosotras dos depende
sellarlo, pequeña.

La menor miró a su hermana y asintió. Se puso en pie, con la voz serena
y firme:

—Está hecho, así lo declaro. Te expulsamos a ti y a tu perfidia más allá
de todas las cosas. Hasta que la última chispa se extinga, no habrás de
obrar tus infamias. Así lo declaro yo y mis hermanas, y he ahí nuestro
último obsequio.

La hermana mayor y la menor se arrodillaron junto a la mediana, y la
mayor asió su mano derecha y la menor sostuvo su izquierda.

—Así sea —dijeron las tres, con voces que fueron una.

—No impedimos que enviara a sus sombras —dijo la mayor después
de un momento.

—Les daremos, pues, medios para combatirlas —dijo la mediana.

—Esto nunca debió suceder —dijo la menor.

La mayor sonrió tristemente:

—Hay gran desigualdad entre cómo deseamos que las cosas sean y
cómo acaban siendo, hermanita.

Y las tres hermanas se quedaron cogidas de las manos un rato más,
obteniendo cuanto consuelo mutuo pudieran darse; y entonces la
mayor y la menor dejaron que su hermana intermedia yaciera allí, por
el sacrificio que había obsequiado, para que todo cuanto habían hecho
fuera emancipado.

Pasaron las eras, las estrellas se consumieron en sus sitiales y nacieron
estrellas nuevas, mundos se disgregaron a polvo y mundos nuevos se
formaron de sus restos. Las sombras del rey eran tan innúmeras como las
estrellas del firmamento, y algunos hijos que las tres hermanas habían
creado sirvieron a las sombras del rey, pues ellas les habían hecho libres
de escoger.

Pero otros combatieron a las sombras del rey con todo brío. A veces
las sombras vencían, y a veces triunfaban los que las combatían. Las
hermanas prestaban cuanta ayuda pudieran, pero reacias eran a mediar,
por temor a volverse como el rey y desear la servidumbre de todo lo
existente, y destruir todo cuanto se negara a ser esclavo.

Y el río del tiempo siguió su cauce, llevando en sus aguas los sinos de
lo más bajo y lo más excelso, lo más luminoso y lo más negro, lo de más
pía bondad y lo más atrozmente perverso.

Y a un viajante de ese río se le conoció en una época como Ranma
Saotome. Llevó nombres distintos antes, y después tendría otros, pero
en tal época llevaba por nombre Ranma Saotome.

Y el río del tiempo siguió su cauce...