-¿Raphael, eres tú de verdad? - pregunte incrédula parpadeando varias veces a la vez.
-¿Y quién más, mujer? - esbozó una sonrisa - ¿Acaso has visto a otra tortuga mutante con armadura en la ciudad? Porque si es así, tendré que advertirle de lo que es mío.
Soltó una pequeña risa mientras me miraba con picardía, no pude evitar sonrojarme furiosamente. Levanté la cabeza mostrando indiferencia, intentando evitar mi timidez para parecer valiente ante él. Miré a aquellos ojos verdes que me hipnotizaron desde el primer momento, casi tapados por aquel antifaz de color rojo atado detrás de su cabeza. Reuní todas mis fuerzas y sin más, le dije:
-No, pero, ¿y si te dijera que sí?
El rió vacilante, dejó su casco en el rincón de la derecha y se acercó muy lentamente a mi oído. Di un suspiro algo asustada e intenté dar un paso hacia atrás, algo inútil, ya que pasó un brazo por mi espalda pegándome aún más a él. El muy maldito estaba consiguiendo ponerme nerviosa de nuevo. Se acercó a mi oído y …
-Entonces, lucharé con él para demostrarte quién es la tortuga ninja gigante con armadura más fuerte del mundo.
Un fuerte escalofrío me recorrió la espalda justo cuando respiró en mi cuello, alzó un poco el rostro y me dio un suave beso húmedo en la mejilla, muy al lado de los labios. Elevó su cabeza un poco para poder besarme directamente en ellos, pero no pudo hacerlo ya que yo dirigí la mirada hacia el suelo.
-¿Qué ocurre? ¿Po-por qué no quieres besarme? - preguntó con temblor en su voz, temiendo duramente la respuesta.
Respiré profundamente intentando coger fuerzas.
-Creo... creo que vamos demasiado rápido, lo único que sé de ti es tu nombre.
-Entiendo. Pues... - se giró para observar a través de la ventana.
Indirectamente, entendí el mensaje.
-¡No, no, no, no! - negué con la cabeza -¿Sabes lo que me haría mi madre si descubriese que me fugué en la noche? Seguramente cogería un palo de escoba y me estrellaría contra la pared.
-¡Vamos, solamente será por un rato! -se excusó – Además, ¿no querías conocerme? Pues esta es la oportunidad perfecta. Hoy no hay signos de violencia en la ciudad y tengo que aprovechar todo el tiempo posible para que así nos conozcamos lo suficiente y poder besarte en cuanto antes de nuevo, ¿no crees?
La sangre se me subió a la cabeza, ¡pero qué se creía!
-Creo que lo de elegir cuándo beso a alguien me concierne sólo a mí ¿no? -dije intentando parecer enojada.
-Por supuesto que sí, princesa.
-¿Te estás cachondeando de mí?- repliqué ahora enojada de verdad.
-¿Qué?
-¡Me acabas de llamar 'princesa'!
-¿Es que no puedo llamar así a mi novia?
Mi novia..
Mi novia..
Mi novia..
¿Acaba de decir que yo era su novia? ¿Y por qué siento todo este hormigueo por mi cuerpo? ¿Por qué he sentido tan nerviosa y me ruboricé cuando estuvo tan cerca de mí? ¿Por qué me siento tan...?
¿ENAMORADA?
¿Estaba enamorada? ¡Dios mío, no puedo creérmelo! ¡Yo enamorada de una tortuga mutante, ninja, que media dos metros! Si me lo hubieran dicho hace una semana me habría partido a carcajadas. Pero en verdad yo... también quería besarle. El me dio mi primer beso y hay que reconocerlo, besaba de puta madre.
-Pe-perdón por lo que te dije – habló nervioso -, se me olvida todo eso de conocernos y... además hoy estás tan hermosa que...
-No pasa nada – interrumpí antes de dijera algo que llevara el ambiente a la mierda -, ¿podemos proseguir con nuestro supuesto paseo nocturno?
-¡Por supuesto! - sonrió ampliamente – Primero saldré yo, saltaré y luego tú saltarás a continuación.
-¿¡Qué, estás loco?! ¡Yo no soy ninja como tú, me mataré!
-Tranquila, yo te cogeré.
-Eso espero, no sé lo que comentarán los vecinos si ven a una jovencita espachurrada en el suelo como una mosca -bromeé provocando su risa -. Shhh, no te rías, mi madre nos descubrirá.
-No te preocupes por eso, la estoy oyendo roncar desde aquí.
-¡Mi madre no ronca! - le golpeé en el hombro, sabiendo de sobra que eso no le haría ni cosquillas.
-Claro que sí lo hace – rió -, tengo el oído muy desarrollado, ¿sabes?
-Eres tonto.
-Seré un tonto, pero te gusto. - y otra vez con sus miradas pícaras. Dios, parece que hoy la hayas tomado conmigo.
-¿Y..y qué te hace pensar que te gusto?
-Fácil – sonrió abiertamente -. Cada vez que me acerco a ti, te sonrío y te toco, te pones muy nerviosa, tu pulso se acelera y te pones tan colorada que hasta un tomate envidiaría esos colores.
Dios mío, él lo sabía. Bueno, aunque lo sabía desde el primer momento.
-Eres tonto.
-Creo que eso ya lo habías dicho.
-Porque es lo que eres.
-Pero aunque dices que soy tonto, te gusto.
-Creo que eso ya lo habías dicho. - le respondí igualmente que él me respondió a mí.
-Porque es la verdad.
Touché...
Me había pillado.
-Ok, ¿vamos a dar esa vuelta o me tiro en mi cama tranquilamente y a dormir? - quise quitar aquella situación tan incómoda para mí.
-Creo que prefiero lo segundo. -sonrió con perversidad mirándome de abajo a arriba.
Me sentí desnuda.
-¡Eres un maldito...!
-Si, si, soy un tonto ya lo has dejado más que claro, pero debes de entender que no todos los días se te ofrece una hermosa chica para que duermas con ella.
-¿Y quién te ha dicho que tú fueras a dormir conmigo? -repliqué - La segunda opción sólo me incluía a mí, tú te irías, por supuesto.
-¿Qué? ¿Y perderme toda la diversión?
-Dormir no es una diversión exactamente, aparte de obligatorio, da como... placer. -al ver su cara, tuve que negar rotundamente, con manos y todo - ¡No pienses mal! Sólo digo que tener sueño y de repente sentirte tan cómodo y calentito, da gusto ¿No?
-¿Y no te parecería que daría más gusto si estuviera incluído?
-¿Y no te parecería horrible que mi madre me pillase contigo?
-No entiendo que te da más miedo, ¿qué durmiese contigo o que tu madre me pillase contigo?
-No me da miedo dormir contigo -me pasé una mano por el rostro -. Arrgg...
-¿Entonces? -me miró sin comprender.
-No te conozco, eso pasa.
-Bien, pues conozcámonos mientras estamos cómodamente echados en tu cama, ¿qué te parece?
Suspiré derrotada, este chico es incorregible – Está bien, pero... no hagas nada indebido, ¿Ok?
-¿Y qué te iba a hacer, mujer?
-¡Y yo que sé, lo que hagáis los chicos!
-¿Y qué hacen los chicos? -sonrió otra vez.
-No voy a caer en tu trampa, Raphael.
Abrí la puerta del armario y saqué un pijama.
-¿Qué haces? - me preguntó.
-Pues sacar un pijama para ponérmelo. No quiero arrugar el vestido nuevo. - iba a abrir la puerta del pasillo para ir al baño, pero entonces me acordé de algo. -Mierda..
-¿Qué ocurre?
-Mi madre siempre deja la puerta de su habitación abierta, y si enciendo la luz, se despertará. Puede tener un sueño profundo, pero en cuanto ve la luz, se despierta al momento.
-¿Y qué harás entonces?
-Con el vestido ten claro que no me lo voy a dejar puesto, así que date la vuelta, anda.
-¿Vas a quitarte el vestido aquí? - me miró perverso -¿Y por qué me tengo que dar la vuelta?
-¿Tengo que decírtelo? - dije cansada.
-Mmm, no, creo que no.
-Bueno, pues ahora que lo entiendes, date la vuelta. Y cómo vea una sola miradita te vas.
