Máscara

IV

Se sostiene de la jofaina; el desasosiego, como una pedrada en la cabeza, le descoloca completamente. Levanta el semblante, reflejando su penosa presentación; irgue su espalda, alinea el suéter de lana que lo viste y ciñe el par de botones desprendidos; libera un suspiro silencioso y el amargo sabor de la realidad le atraviesa la lengua, ahora distingue un manchón purpura teñido en su mejilla, es el recuerdo del golpe accidental que le propinaron. Una marcha desequilibrada taladra las paredes al divagar el pasillo; Edd carga su mochila y sale del baño, siguiendo los pasos de los oficiales con una lentitud acongojada. Recuerda la sirena de la ambulancia, el cuerpo inconsciente de Kevin sobre la camilla, los movimientos agitados del director y la inexpresiva voz de los oficiales que se presentaron por orden de profesores.

La opresión de un encargo incumplido le pesa en los hombros y regresa, dándole la espalda a la salida al seguir sus mismos pasos de regreso. Con los minutos corriendo sin consideración, Edd se adentra a cada aula, colocando linealmente una planilla sobre el escritorio y abandonado en silencio, con el aliento de poder visitar a Kevin en el hospital al terminar. La curiosidad termina por vencerlo, y aunque se reprocha de ello, escruta con dudas una de las hoja, la última a entregar. Las palabras redactan con formalidad en un limitado párrafo de tres renglones las razones de aquella transferencia y bajo las letras directas se traza una cuadricula de doble entrada. Es un listado, un nombre por renglón que es acompañado por un considerable espacio para observaciones y quejas desde el punto de vista de los profesores. Son alumnos a punto de reprobar alguna de las materias.

Y, definitivamente, Kevin esta fichado; con la compañía de quince personas más. Se siente decepcionado. Sitúa la planilla sobre el último escritorio y marcha fuera del aula; la inquietud comienza a hormiguear sobre su piel, hasta que repara en su actitud. Su partida es apresurada, cada paso le sigue al anterior con mayor fluidez, tan diligente que la corteza uniforme del embaldosado ya no se percibe bajo los zapatos; el recorrido por los pasillos jamás le pareció tan agobiante. Una sensación de ansiedad convierte su trote en carrera y recobra el control hasta ver la anchurosa puerta dispuesta ante sus ojos. No tenía que ser así. La decepción, la inquietud, la ansiedad. No deberían estar ahí. No por Kevin.

Las manos despiadadas de emociones reservadas oprimen su pecho. No puede respirar y se precipita agotado hacia la salida. El dolor palpitante en su mejilla es insoportable. Con un último tropiezo las puertas le permiten la salida, el baño dorado y cálido de los rayos del sol aminora aquello. Tanto el martirio físico, como el mental. Es demasiado por un día, demasiado para Edd. Aspira el frescor del aire, de pronto se siente liberado. Los latidos del corazón aun azotan sus oídos pero se obliga a calmarse, respira con profundidad, anhelando que lo recuerdos vuelen lejos de él. Se estabiliza, su atisbo celeste vaga por el aparcamiento. Media docena de autos instalados, dos uniformados por completo imperturbables y la longeva silueta del director ensombrecida por la angustia.

Suspira. Comienza a recorrer el aparcamiento, inseguro al considerar el silencio como aliado. La culpa acaricia su espalda con helados dedos al diferir la mirada autoritaria de los policías; traga en seco, sintiendo su saliva como una lluvia de tornillo en el interior de su garganta. Jamás fue entrevistado, no le exigieron explicaciones y mucho menos lo acusaron de culpable. Sin embargo, y por alguna razón, no lo considera lo más correcto. Una palmada en su hombro parece ser la despedida, Edd se tensa al escuchar la voz gruesa de un oficial que ataca su conciencia con un semblante afligido. Edd se siente culpable.

-Hijo, queremos ayudar, si sabes algo, por favor comunícate con nosotros – Con un asentimiento robótico y una sonrisa torcida, Edd responde a la súplica oculta tras un falso manto de propuesta obligatoria. El hombre mayor se siente satisfecho con la muda respuesta y aparta su diestra, liberando el endeble hombro donde comienza a extenderse un incómodo cosquilleo. Es el remordimiento que absorbe su mente y no lo abandona aun después de alejarse diez metros de los uniformados; la carga continua sin aligerarse, pero también necesita de la opinión de Kevin, saber si es seguro contar con apoyo a afrontarlo por su propia cuenta.

-¡Ayuda! ¡Alguien! ¡Por favor!- el grito horrorizado rasga el viento pacifico, hasta el oído de Edd. Es suplicante, al borde del llanto y brota desde Peach Creeck. Eddward se apresura a regresar pero el arrepentimiento le golpea al ver como uno de los oficiales se apresura a una May aterrorizada y desaliñada. Su cuerpo esbelto da varios tropezones a mitad de su carrera, se sostiene del oficial y señala el jardín trasero de la institución gritando con frenesí -¡Alguien intentó atacarme! ¡Cubrió mi boca, pero le mordí y cuando comencé a gritar, escapó! – El oficial le indica a su compañero que lo siga. May los acompaña, insegura, y los tres desaparecen tras la imponente edificación.

-¡Doble D! – Los bazos fornidos de Ed lo apretujan en un abrazo que parece liberar angustia. Su repentina aparición esfuman los pensamientos de la mente de Edd, ahora se siente un poco mejor.-¡Estas bien! Eddy y yo creímos que dos alienígenas policías venían a extirparte el cerebro – Eddward, por un momento, no percibe el andén bajo su pies. La cabeza de Ed se estruja brutal sobre su hombro antes de soltarlo con una carcajada aliviada. Edd suspira al ver sus ropajes arrugados pero sonríe, compartiendo la alegría. Eddy se muestra ingenuo ante las palabras de Ed.

-Habla por ti, grandote. No soy tan idiota como para trágame tal tontería – Su ceño fruncido logra sacarle un risita a Edd. Eddy vislumbra las sirenas encendidas, se siente desconcertado - ¿Qué ha ocurrido, cabeza de calcetín? No nos acompañaste a casa, y no apareciste después. Ed dijo que tal vez estabas en la biblioteca de la escuela y regresamos, creimos que… bueno, que… algo malo… veraz… - Ed da unas palmadas jocosas a su espalda, y Eddward no deja de lado su boba sonrisa enternecida. Los pómulos de Eddy se colorean de bochorno - ¡No se rían!... esto no es lo mío - Con fingida molestia, da la vuelta, decidido a regresar; su baja estatura aun es relevante. Ed y Eddward se envían miradas traviesas antes de seguirle el paso.

-Gracias por preocuparse por mí- agradece Edd,dándole poco valor a sus palabras, Eddy solo emite un sonido con indiferencia, alzando los hombros y sin detener su caminar. Ed da otra palmada a Eddy, gruñe.

-Cállense, tontos y apresúrense. Hoy transmitirán un maratón de películas de terror que no pienso perderme – Edd se detiene en seco, alertando a su amigo que no tardan en igualarlo, interrumpiendo el camino para contemplarlo.

-Mis disculpas, pero… no poder acompañarlos esta tarde… tengo tareas que hacer y… - Eddy bufa, escondiendo sus manos tras los bolsillos de los pantalones. Suponiendo las razones de aquellas palabras, sin embargo, no había razón que atravesara su cerebro para que Edd se negara a acompañarlos.

-¿Qué tareas, Doble D? ¿Tiene algo que ver con lo que ocurrió hoy en la escuela? - Las palabras se resbalaron con amargura hasta el pecho de Edd, crispándolo. – Suéltalo, cabeza de calcetín, ¿estoy en lo correcto? Somos tus amigos, puedes contar con nosotros – Edd se encorva, desistiendo ante las últimas palabras. Si, son sus amigos.

-Iré… iré a visitar a Kevin… en el hospital – La calle silenciosa solo expone el arrepentimiento de Eddy por hacer aquella pregunta. De verdad que lo hacía.


Un lienzo negro se pinta sobre su conciencia. Las tinieblas lo absorben con una escabrosa pesadez, consumiendo su sentir; no puede moverse. Escucha una cadena de percusiones, acompasadas; unos tambores. Es un latido; el de su corazón. Se siente perdido, atrapado por el negro mar de sus sentimientos confinados al olvido. La impotencia, la confianza, el miedo, la vergüenza, la amabilidad, el cariño. La indiferencia es su única arma contra el mundo, un mundo que ya no se siente capaz de mantener en sus manos. Las contradicciones se mezclan. La fuerza y la debilidad juegan con su mente por más de una causa.

Esos ojos celestes. Los detesta.

Aquella inteligencia. La aborrece.

Su fragilidad. La maldice.

Su amabilidad. La desprecia.

Sus tiernos gestos. Los denigra.

Su sonrisa. Lo que más odia.

Por qué lo vuelve débil, pero al mismo tiempo, le da poder. Su debilidad, lo único capaz de controlarlo, también se ha convertido en su única fuente de vigor que lo mantiene en pie. Y eso es peligroso. Ya nada está en su control, se está hundiendo, poco a poco, en aquel abismo. Un abismo tan hermoso como destructivo; y lo peor, es que está descendiendo solo, abandonado. Quiere sostenerse de aquel cuerpo delicado antes de caer por el borde, abrazarlo con pasión, pero teme quebrarlo. Por ello, está decidido a colocarse una máscara. Ignorarlo a él como aquel abismo, pasar de largo y olvidar que alguna vez estuvo tan cerca de su perdición bendita.


-¡Edd! – un mareo le revuelve los recuerdos. Encerrados, la voz endemoniada, el cuerpo de Edd temblando entre sus brazos, su propio corazón desbocado, oscuridad. La habitación de hospital es pequeña, y blanca en exageración, sus ojos se encandilan ante tanta luminosidad y parpadea continuamente para acostumbrarse. Otro mareo le hace recordar que de Eddward no sabe nada más. -¡Demonios! ¿En que lo he metido? – Sus dedos se pierden entre el cabello rojizo y tira de el con decepción. ¿Por qué justo ahora tenía que preocuparse por Doble D?


De verdad, perdón si por alguna u otra razón no llegan a entender la idea que trato dar, pero no es problema suyo, es mas bien mío que no me doy a entender como debe de ser, utilizo, algunas veces, mas palabras de la necesarias y hago que, de una u otra forma, acaben confundidos, si esto sigue asi, organizare la historia por puntos de vista, pero es necesario que me lo den a conocer.

Gracias por su comentario, *que fueron en realidad bastantes* lo adoro con cada cachito de mi corazón, perdón por no darle el espacio a cada personita, pero justo ahora debería estar haciendo el proyecto final de historia *soy bien malota* y con catorce años de edad, obviamente tengo prioridades, no? *tengo que confesar que mas pena me da no publicar que no hacer el proyecto de historia*, cualquier duda, díganmela y hare un recopilación de lo que a ocurrido en el fic en el siguiente cap ¿Oki?

Matta-ne :D