Disclaimer: Hideaki Sorachi le pertenece a Gintama... al revés, Gintama le pertenece a Hideaki Sorachi.

Extensión: 7655 palabras.

Notas: De verdad, ni yo sé qué es esto, digamos que el ocio hace mucho y que esto es ocio a morir. Es como desperdicio mi tiempo libre.

BL por todos lados; muchas, muchas insinuaciones BL, junto a miles de conceptos propios del yaoi que no quise traducir porque no es lo mismo decir uke que pasivo.

El camino que menciona Zura en una parte es una referencia al Wakashudo, o sea, "una tradición japonesa de homosexualidad estructurada por la edad, prevalente en la sociedad samurái"

Advertencias: Que me burlo como idiota del yaoi y las fujoshis, pese a que si pienso bien en ello yo no actué diferente en su momento a como lo hace Kyuubei aquí; en fin, dicen que es sano reirse de uno mismo (?).

Resumiendo lo hago sin ánimos de ofender, lo digo por la posibilidad de que alguien pueda hallarlo ofensivo. En cualquier caso acepto flames porque nunca he recibido uno y me siento discriminada(?) por los flammers. ¿Qué putas estoy hablando? Ni yo lo sé.

Editado 12/04/2019.

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La curiosidad no mató al gato, lo hizo fujoshi.


Si pudiera culpar a alguien, Kyuubei afirmaría que la culpa era de Minamito y Kitaooji, claro que sopesando las circunstancias en realidad no podía culpar a nadie. Después de todo, ellos no tenían la culpa de que ella hubiera entrado sin golpear, al fin y al cabo habían avisado que estarían ocupados (cuando entró Kyuubei fue consciente de en qué), y de la puerta tener pestillo seguro le habrían puesto pestillo. Pero como la puerta no tenía pestillo y la hereda del clan Yagyuu no tenía problemas en entrar sin tocar pese a la hora y que ambos dijeron que estarían ocupados, aún si habían dado a entender que estarían ocupados en cuartos diferentes, y más importante, en camas diferentes, la situación había decantado en eso.

Todo mundo era consciente de que la joven tenía un tema sin resolver con el órgano sexual masculino, que más bien eran deseos de tener uno entre sus piernas, no exactamente de la forma que la mayoría interpretaría esa oración. Pero de que tenía una fijación con esa parte de la anatomía humana era un hecho, fijación que Kyuubei nunca había analizado demasiado, más que nada debido a que no tendía a responder a estimulos externos (tendía, tiempo pasado), hasta que encontró a esos dos en pleno acto sexual. Como... casi cualquier persona, la verdad, miles de veces se preguntó qué le veían los hombres al yuri; ahora que lo experimentaba en sentido opuesto creía entender la razón, porque por más que se azotara la cabeza contra la pared la imagen no desaparecía de su mente. Había algo en esa imagen, la idea de dos hombres manteniendo relaciones, que le daba cierto morbo. Pero eran como las una de la madrugada y honestamente ella prefería dormir antes que psicoanalizarse a sí misma, así que no pensó más en ello. Al menos hasta que el problema fue eso: un problema.

Pasados un par de días fue a la casa de Tae-chan como ya acostumbraba hacer, visitarla al menos una vez por semana se había vuelto rutina. A veces, convenientemente cuando algo interesante o remarcable sucedía, se topada no solo con Otae sino también con Shinpachi y el resto de la Yorozuya, en algunas ocasiones incluso con el resto de enfermos que llamaba amigos. Así sucedió ese día, en que como siempre todos se juntaron por extrañas, o en realidad no tan extrañas, Shinpachi y Otae eran hermanos después de todo, y convenientes para esta historia casualidades del destino. Fue entonces que el problema se hizo evidente como tal.

—¿Ocurre algo Shin-chan? –preguntó Otae mientras tendía el plato hacía su hermano—, no has comido nada.

Shinpachi contempló el plato con expresión de condenado a muerte, como si en lugar de haber recibido una invitación a comer le estuviesen ordenando tragar veneno.

—Todo está bien, hermana, solo... no tengo mucha hambre, la verdad.

—¡¿Pero qué dices Shinpachi?! —Gintoki se inclinó sobre el chico, pasando un brazo por sobre los hombros ajenos—. Cuando veníamos de camino recuerdo que te sonaba la tripa.

Shinpachi miró a Gintoki con fastidio.

—Cállate Gin-san.

—Yo también lo recuerdo, las tripas te sonaba más que las de un enfermo con diarrea, aru —comentó Kagura al tiempo que masticaba sukonbu, con la calma que solo alguien que habla de diarrea mientras come puede tener.

La mirada irritada de Shinpachi ahora se posó en ella; pero él no pensaba caer solo, por supuesto que no, si él caía ellos también.

—Pero pensando en ello tú también tenías hambre Gin-san, si mi memoria no me falla.

—Te falla la memoria Patsuan —contraatacó Gintoki mientras se sacaba un moco—, yo no tengo hambre, lo que tengo es ganas de comer dulces.

—Un día de estos te dará diabetes y morirás una horrible muerte —comentó Otae dejando finalmente el plato sobre la mesa y volteando hacia Kyuubei—. ¿Tú necesitas algo Kyuu-chan?

Kyuubei sonrió, le era involuntario cada vez que Otae le hablaba o siquiera le miraba.

—No debes preocuparte por mí Tae-chan, estoy perfectamente.

Pese a que Otae le regresó la sonrisa había un grado de decepción en sus facciones.

—Si nadie quiere comer, ¿qué se supone haré con la comida? —inquirió al grupo, aparentemente acomplejada.

Shinpachi y Kagura desviaron la mirada, como si la pregunta no hubiese sido dirigida a ellos. Gintoki no se tomó tantas molestias.

—A eso no se le puede llamar comida —respondió mientras se recostaba despreocupadamente en el suelo—, pero si tanto deseas envenenar a alguien puedes dársela a tu acosador, de seguro no le importa morir así.

Otae tampoco se tomó muchas molestias en ocultar su ira, alzando incluso un puño para acompañar su expresión furibunda.

—Si se tratase de asesinar a alguien bien podrías ser tú con tu acosadora, ¿no te parece?

—Si voy a morir envenenado prefiero que sea con algo dulce —contestó Gintoki, todavía desparramado despreocupadamente sobre el tatami—. Pero a la loca del nato puedes matarla si quieres.

—¡Gin-san!

—Incluso con la comida de la jefa volvería de todas formas del infierno, aru.

—Por favor no digan esas cosas. —Shinpachi suspiró—. No está bien hablar así de las personas. Gin-san, le estás dando un ejemplo horrible a Kagura-chan.

—Venga Shinpachi —dijo Sakata Gintoki mientras con su mano gesticulaba algo como un "no molestes tanto". Fue entonces, en ese preciso momento, cuando Kyuubei tuvo una revelación—, yo solo quiero que obtengamos un tiempo en paz, sin la loca del nato molestándonos. —Fue como si los cielos la hubieran iluminado y la respuesta al gran enigma que le atormentaba hubiera llegado a su mente, tal como nunca sucede cuando das un examen; fue la iluminación divina... Aunque en tal caso el dios que la regía tendría que ser un pervertido, ¿cuál era su signo, ya que estaba en eso? ¿Por qué justo ahora no lo recordaba? ¿Y para qué pensaba en eso? Ni al caso venía, lo importante era lo que acaba de suceder, tal revelación que aparentemente solo ella había tenido, porque los demás seguían hablando como si nada relevante hubiese sucedido, ajenos a su tumulto mental.

—Pero todavía quedaría el gorila, aru —dijo Kagura.

—¿Y a mí qué? —Gintoki la miró—. Eso es problema de ella. —Apuntó a Otae, quién tomó su dedo y lo dobló.

—Apuntar a las personas es de mala educación. —dijo Otae, sonriendo frente al grito de agonía de quien se hacía llamar samurai—. Salgamos a pasear Kyuu-chan, es imposible tener un almuerzo decente con estas personas.

En otras circunstancias tal panorama habría inmediatamente atraído la atención de Kyuubei, pero en aquellos momentos su mente se hallaba opacada por la avalancha de imágenes que plagaban su mente desde el comentario de Gintoki.

—Es imposible tener un almuerzo decente contigo como cocinera —dijo Gintoki mientras regresaba su dedo a su posición original.

Obtuvo una mirada asesina a cambio, pero Tae Shimura no lo asesinó, pese a que todo parecía indicar aquello como la sucesión lógica de eventos. Kyuubei entendió por qué cuando notó las miradas de todos clavadas en ella.

—¿Pasa algo Kyu-chan? ¿Tienes fiebre? —preguntó Otae, preocupada ante el fuerte sonrojo que, sin saberlo Kyuubei, ahora poblaba sus mejillas.

—No, nada —respondió con algo de nerviosismo.

¿Era la única que se había dado cuenta? Quizás no había ocurrido como ella creía y nada más había sido más que un juego de su mente. Sí, eso debía ser, la imagen que había visto con anterioridad aún la tenía trastocada y ahora la implicaba en cada cosa que ocurría a su alrededor, nada más. Aún estaba algo trastornada, pero ya pasaría.

—Pareces un tomate Kyuu-chan —comentó Otae, alejándola de su embrollo mental.

—¿Es así? —Su mirada se dirigió al piso, aún algo abochornada por razones que nadie entendía.

—¿Segura?

—Sí Tae-chan, no debes preocuparte.

—¡Exactamente! —gritó alguien, al instante siguiente la puerta de uno de los armarios se abrió y por ella asomó Kondo—, ¡Otae-san no debe preocuparse, yo solucionaré cualquier problema! ¡Sea una enfermedad o la prohibición de los pechos de talla inferior a A! —Al instante siguiente de decir eso dos palillos se introdujeron en su nariz.

—El problema no es preocuparme, el problema es que tú eres el problema. —Otae sonrió antes de mandarlo a volar con todas sus fuerzas, destrozando la puerta que daba al jardín y dejando parte de la habitación al descubierto del frío invernal.

—Sonó como una canción —comentó Gintoki, al instante siguiente a eso se estremeció por una brisa helada—. Cierra la puerta Shinpachi, hace frío.

—¡Ya no hay puerta! —gritó Shinpachi al instante siguiente a lo dicho por Gintoki.

—Es culpa del gorila —dijo Otae al instante siguiente a lo dicho por Shinpachi, que fue dicho el instante siguiente a lo dicho por Gintoki.

—Esto... es en parte tu culpa, hermana —dijo Shinpachi al instante siguiente a lo dicho por Otae, que habló al instante siguiente a lo dicho por Shinpachi, que fue dicho el instante siguiente a lo dicho por Gintoki.

—Iré a buscarla —dijo Kagura al instante siguiente a lo dicho por Shinpachi, dicho al instante siguiente a lo dicho por Otae, que habló al instante siguiente a lo dicho por Shinpachi, que fue dicho el instante siguiente a lo dicho por Gintoki; y al instante siguiente Kagura se levantaba para ir por la puerta.

—Me está aburriendo esto de los instantes —dijo Shinpachi al instante siguiente a...

—¡Otae-san! —El grito de Kondo interrumpió la estupidez de los instantes y de paso llamó la atención del grupo—. ¡Yo vuelvo a colocar la puerta si lo deseas Otae-san!

—Bien, hazlo rápido que la casa se está enfriando.

Shinpachi suspiró.

—Hermana, te estás aprovechando, al fin y al cabo es en parte...

—¡Kondo-san! —gritó Hijikata atravesando el jardín. Llegó prontamente a donde estaban, o más específicamente donde estaba su superior, sin darle a nadie demasiado tiempo para reaccionar antes de hablar nuevamente—. Tienes idea –dijo–, de cuánto tiempo llevó buscándote, Kondo-san.

Volviendo al asunto principal de este fic, el instante siguiente a eso Kyuubei estrelló su rostro contra la mesa, porque no podía ser la única que hubiera oído el tono meloso acompañado por el fondo rosa, ¿o sí?

Todos le miraron, porque eso de andar golpeándose de la nada contra una mesa no resulta muy natural... o normal.

—¿Kyuu-chan? —le llamó Otae tras un momento—, ¿en verdad estás bien?

—Sí. —Alzó el rostro, algo mareada por el golpe y la pérdida de sangre—. Creo haber tenido un especie de visión, pero no es nada, ya se fue y no creo que vuelva, al menos espero que no vuelva, si vuelve no sabré qué hacer y mi vida perderá sentido; pero fuera de eso estoy bien.

Todos le miraron nuevamente, al menos hasta que la voz de otra persona que convenientemente también se había dirigido al dojo captó la atención del grupo.

—¿Qué haces Hijikata-san? —Okita se reunió con ellos, contemplando a Hijikata con cierta malicia entre toda su indiferencia—. ¿Por qué estás parado como estúpido? ¿Se te congeló el poco cerebro que tienes?

—¡Cállate! —exclamó Hijikata—. Me distraje por un momento, es todo.

—¿Haciendo algo tan simple? Eres una deshonra, Hijikata-san.

—Serás...

Ese tipo de cosas amerita un castigo —dijo Okita—, como el sepu...

Otro golpe, más fuerte que el anterior, sobresaltó a todos y les hizo voltear, contemplando a Kyuubei prácticamente derramar sus sesos sobre la mesa que por poco y lograba romper.

—¿Kyuu-chan? —inquirió Otae, ya no tan preocupada como alarmada.

¡¿Y es qué nadie más había escuchado esas palabras de la forma en que ella lo había hecho?! ¡Aquello había sonado raro! Más aún con el tono sádico y algo insinuante, ¡parecía una escena sacada de una yaoi cualquiera y no de un shonen como ese! No podía ser que de nuevo fuesen ideas suyas, ¿cierto? Una vez era aceptable, pero esa ya iba siendo la tercera, ¿por qué razón sería ella la única oyendo una insinuación sexual en lugar de las típicas interacciones de personajes a las que todos estaban acostumbrados? No tenía sentido.

—¿De verdad estás bien Kyuu-chan? Pareces un poco... alterada.

—Sí —respondió, tratando de sobrellevar el mareo y darle a Tae-chan una sonrisa tranquilizante—, solo quería... matar un mosquito.

—¿Con la cabeza? —Gintoki enarcó una ceja, y es que nunca había oído que alguien matara un mosquito con la cabeza, parecía contraproducente.

—Así es más efectivo.

De qué forma aquello podía ser más efectivo a la hora de matar un mosquito era algo que preferían no indagar.

—De cualquier forma —dijo Hijikata luego de una pausa un tanto incómoda—, debemos irnos Kondo-san.

—¡Espera Toshi, primero debo arreglar la puerta de Otae-san!

—Ciertamente, su jefe primero debe arreglar la puerta que él mismo destrozó.

—Eso mismo —apoyó Gintoki—, ¿no ven que hace frío?

—¡Tú cállate, idiota de la permanente! —gritó Hijikata, cansado de todo eso. Si no era Sougo arruinando su día siempre era aquel imbécil y su banda de imbéciles.

—¿A quién llamas idiota de la permanente obseso de la mayo? —reclamó Gintoki—. Como si alguien fuese a callarse solo porque un tarado como tú lo dice.

En dicho caso tendré que ir y cerrarte la boca, ¿no te parece? —dijo Hijikata con... ¿tono juguetón? Al menos Kyuubei estaba segura de haberlo oído así.

Me gustaría verte intentándolo.

¿Por qué Gintoki parecía seguirle el juego?

Creéme, no es intentar lo que haré.

¿Eso era una incinuación?

Estoy esperando, mayo-adicto.

¿Y por qué eso había sonado tan provocativo?

No necesitas ser tan impaciente.

La conversación estaba sonado extraña, tanto que Kyuubei ni siquiera era capaz de prestarle atención al hecho de que Hijikata se veía listo para desenfundar su espada o que los demás, indiferentes al intercambio con la única excepción de Shinpachi, siempre el mediador, se veían más interesados en contemplar como Kondo repara la dichosa puerta de la discordia; bueno, Otae lo hacía, Kagura y Sougo se hallaban distraidos en su propia disputa personal. Nada de eso importaba, porque Kyuubei solo podía pensar en como lascivo había sonado aquello en su mente.

Como diga, vice-comandante demoníaco.

Ok, ya no aguantaba más.

—Vas a...

—¡Cállense! —gritó Kyuubei, golpeando su cabeza repetidamente contra la mesa, deseosa de detener tales pensamientos antes de que se pusieran peor, si es que aquello era posible.

—¿Kyuu-chan? ¿Qué te sucede? —inquirió Otae—. Llevas un buen rato actuando extraño.

Esa era una muy buena pregunta, ¡¿qué le sucedía?! ¡Por qué toda la maldita conversación la había escuchado en tonos sugestivos! Junto a una vocesita en algún lugar de su mente que prácticamente le gritaba situaciones sexuales de ambos, ¡y no la culpaba! ¡Toda la conversación había sido rara! Demasiado ambigua, demasiadas posibilidades pululando en su cabeza a causa de ella.

Dejó de golpear la mesa, alarmando a todo el grupo puesto que no quitaban la atención de ella y su extraño comportamiento, esperando algún tipo de explicación para tan inusual actuar; y eso era lo que Kyuubei acababa de comprender. Finalmente entendía a qué se debían todas esas imágenes subidas de tono que poblaban su mente cada vez que dos hombres decían algo que podía interpretarse en más de un sentido, o por qué en tales momentos ella les imaginaba mirándose unos a otros con ojos de enamorados sobre un fondo rosa,incluso entendía qué remarcaba la cursiva en el texto, ¡remarcaba las oraciones a las que ella les daba una connotación yaoi! Sí, finalmente Kyuubei lo había entendido, ahora sabía por qué pensaba todas esas cosas: la imagen de la noche anterior la había convertido en una fujoshi.

Se levantó de golpe y se dirigió hacia el jardín, pasando a un lado de Kondo y sus pobres intentos de acomodar la puerta, gracias a lo cual no tuvo que verse interrumpida por acciones como abrir la puerta en su camino hacia un futuro donde sus problemas tuviesen solución.

—¿Kyuu-chan, a dónde vas?

—Perdona Tae-chan, necesito hacer algo.

Necesitaba una cura o nunca más podría oír a dos hombres hablar sin tener pensamientos yaoi, y no podía pedírselo a nadie en ese cuarto, la gran mayoría eran hombres y las únicas dos mujeres presentes no eran una opción; de hecho no podía pedírselo a nadie que conociera, no había forma en que pudiera admitir algo así en persona. Por tanto recurrió al lugar que reunía todas las respuestas a los grandes enigmas del mundo: internet.

Se sentó con calma en un café lo más alejado posible de Kabuki al día siguiente, una vez logró olvidar gran parte de las imágenes que su mente había formado el día anterior, y tras asegurarse cual paranoica de que no había nadie conocido cerca recurrió al maravilloso anonimato del internet.

Pensó primero un buen apodo a través del cual fuera irreconocible, ante el posible caso de que le contestara vía red alguien de su lista de amigos. Lo pensó mucho antes de llegar a la conclusión de que hacerse pasar por alguien más era lo mejor, sería una mentira más fácil de mantener:

"El enamorado de Tae-chan".

Perfecto, con eso cualquiera pensaría que se trataba de Kondo-san. Ahora bien, debía escribir su pregunta... claro, su pregunta... Y ahí quedó, ¡¿exactamente que debía poner?! Quizás lo mejor era empezar explicando la situación. Algo como: "Hace poco descubrí a dos"... ¿Dos qué? Qué debería poner si se suponía que debía sonar como Kondo; bueno, él era el comandante del Shinsengumi, subordinados debería estar bien. "Hace poco descubrí a dos de mis subordinados teniendo sexo, pero ambos eran hombres" y dejó de escribir, porque su mente fujoshi empezó a funcionar y se dio cuenta de que si lo ponía así sonaba como que los implicados eran Okita y Hijikata. Se golpeó contra el escritorio una vez para alejar esa imagen de su mente y luego continuó: "pero ambos eran hombres por lo que esa imagen acabó por volverme fujoshi"... Espera, se supone que se hacía pasar por Kondo y si lo ponía así sonaba como una mujer; "por lo que esa imagen acabó por volverme fundashi." Perfecto. Continuó y releyó el texto al acabar, solo para estar segura: "Hace poco descubrí a dos de mis subordinados teniendo sexo, pero ambos eran hombres por lo que esa imagen acabó por volverme fundashi. Ahora no consigo oír una conversación entre mis amigos de forma normal por culpa de los miles de pensamientos que inundan mi cabeza, ¿qué debería hacer?" Quedaba bien, se entendía la idea. Oprimió enviar y esperó una respuesta.

El enamorado de Tae-chan escribió: Hace poco descubrí a dos de mis subordinados teniendo sexo, pero ambos eran hombres por lo que esa imagen acabó por volverme fundashi. Ahora no consigo oír una conversación entre mis amigos de forma normal por culpa de los miles de pensamientos que inundan mi cabeza, ¿qué debería hacer?

No pasó mucho tiempo antes que alguien contestara su mensaje.

La mamá de Kabuki escribió:¡Una vez me sucedió eso! Acepté a dos chicos nuevos y se desaparecieron de la nada, no pude evitar pensar que habían ido a hacer eso, pero al final resulté estar equivocado.

¡Y eso a ella qué le importaba! Ah, alguien más acababa de comentar.

El sol de Yoshiwara escribió: A mí me pasa con frecuencia, muchas veces veo hombres venir aquí que estoy segura solo buscan aparentar.

¡Eso tampoco le servía!

La mamá de Kabuki escribió: Debo admitir que me decepcioné un poco cuando vi que me había equivocado en mis conclusiones, Zurako y Paako realmente hacían una linda pareja.

El sol de Yoshiwara escribió: Que nombres tan inusuales.

La mamá de Kabuki escribió: Son sus apodos, no recuerdo bien sus nombres, pero uno de ellos es un samurai idiota de permanente natural.

El sol de Yoshiwara escribió: ¿Sakata Gintoki?

La mamá de Kabuki escribió: ¿Lo conoces?

Esperen, ¿qué? ¿En qué minuto habían pasado a hablar de Gintoki? ¿Por qué estaban pasando totalmente de su pregunta inicial?

El sol de Yoshiwara escribió: Sí, se pasa bastante por Yoshiwara, aunque nunca para pedir compañía, supongo que ya entiendo porqué.

La mamá de Kabuki escribió: Entonces no estaba tan equivocado después de todo, supongo que eso explica por qué pasaba tanto tiempo junto a su compañero y por qué se pasa tan seguido por aquí pidiendo empleo. Creí que solo era un muerto de hambre.

El sol de Yoshiwara escribió: Así que Gintoki es de esos, que mal por Tsukuyo, estoy segura que sentía algo por él.

¡¿Qué?! Qué demonios acababa de leer, entonces Gintoki sí era... ¡Nada de eso la estaba ayudando! ¡Estaban pasando por alto su pregunta y, lo que es peor, solo estaban empeorando su situación!

El enamorado de Tae-chan escribió: ¿De qué se supone están hablando?

¿No había sonado muy agresiva, verdad?

La mamá de Kabuki escribió: De Paako y Zurako, que por lo visto son pareja.

¡A eso no había venido su pregunta! ¡¿Y quién mierda era Zurako?! ¿Con quién se supone salía Gintoki? Un momento, ese apodo le sonaba de algo; Zurako... Zurako... Zu-ra-ko... Zu-ra... Zura... ¿Donde había escuchado eso?

Se golpeó contra el escritorio nuevamente en cuanto lo recordó, eso no podía estarle pasando.

El enamorado de Tae-chan escribió: ¡¿Katsura Kotaro?!

El sol de Yoshiwara escribió: ¿Quién?

La mamá de Kabuki escribió: Zurako, su otro nombre es Katsura, gracias por recordármelo. ¿Tú también los conoces?

Eso no podía estarle pasando, tenía que ser algún tipo de broma de mal gusto.

El sol de Yoshiwara escribió: Entiendo, él es con quien Gintoki está saliendo, ¿no?

La mamá de Kabuki escribió: Sí, ambos trabajaron para mí y se desaparecían a cada rato juntos, ya entiendo por qué.

El sol de Yoshiwara escribió: Vaya, no sabía que Gintoki fuera ese tipo de persona, teniendo relaciones en medio del trabajo.

La mamá de Kabuki escribió: Pensando en ello, debería cobrarles eso, yo no permito ese tipo de conductas.

El sol de Yoshiwara escribió: Deberías. Quiero mucho a Gintoki, pero esas conductas son inapropiadas.

La mamá de Kabuki escribió: Hablare con él. No, mejor con ambos, esas cosas se ven con la pareja. También debería felicitarlo.

El sol de Yoshiwara escribió: Tienes toda la razón, en ambas cosas. La próxima vez que Gintoki se pase por aquí también lo felicitaré, debió decirme que tenía pareja, hubiera dejado de ofrecerle pasarse una noche aquí en Yoshiwara. Aunque lo hacía más que nada por Tsukuyo, realmente no sé cómo le diré sobre esto.

La mamá de Kabuki escribió: Me siento mal por ella, pero Paako y Zurako realmente se ven bien juntos.

El sol de Yoshiwara escribió: También debería pedirle a Gintoki que me presente a su novio, quiero conocerlo.

La mamá de Kabuki escribió: Tienes razón, que descortesía de su parte no avisarnos, un novio no es cualquier cosa.

Llegado a ese punto, Kyuubei optó por apagar el ordenador y salir del lugar, una vez fuera se golpeó tan fuerte como pudo contra un poste. ¡Eso no había servido de nada! ¡Solo lo había empeorado! ¡Ahora, sumado a todo lo demás, no podía dejar de pensar en Gintoki y Katsura en una relación! ¿Por qué le pasaba eso a ella?... ¿Y si en verdad eran pareja y los dos con los que habló no estaban sacando conclusiones apresuradas?... ¡Debía dejar de pensar en eso! Eso no era posible, más valía que no lo fuera o la imagen mental que tenía en esos momentos la acompañaría hasta el día de su muerte.

Bien, toda esa estupidez de internet no había funcionado, pese a sus reservas lo mejor probablemente sería pedirle ayuda a un conocido. Mañana le pediría ayuda a Otae, hoy ya había tenido suficiente de todo ese asunto, además de esa forma tendría tiempo para pensar en cómo plantear la situación, dado que no podía simplemente llegar y decir "soy fujoshi", aquello sería raro e incómodo, sin contar que moriría de vergüenza al tener que decirle algo así a Otae. Mejor darse un tiempo para calmar su mente y sus ánimos, y meditar un mejor plan de acción, esto requería medidas más premeditadas.

Dicho y hecho al día siguiente se apareció en casa de los Shimura, si bien todavía no del todo segura sobre cómo iniciar la conversación sí con la convicción de enfrentar finalmente el problema de frente.

—¿Quieres algo con el té Kyuu-chan? —inquirió Otae, pareciendo más tranquila que la última vez que se vieron. Quizás, debido al exterior sereno de Kyuubei creía que cualquier asunto que la hubiese llevado ayer a actuar como una lunática estaba solucionado. Oh, si solo supiera.

—No es necesario Tae-chan. —Kyuubei suspiró, buscando las fuerzas para poder tocar el tema sin acabar cometiendo sepukku—. Tae-chan, ¿puedo preguntarte algo?

—Claro que sí Kyuu-chan, ¿de qué se trata?

—Pues, si tú conocieras a dos hombres... No, eso no. —Pensó en otra forma de decirlo—. Si dos conocidos tuyos fueran... ya sabes...

—¿Qué cosa?

—Ga-gays... y tú un día los descubrieras... en eso. —Tragó saliva—... Ya sabes.

—Teniendo sexo. —Kyuubei se sonrojó un poco ante la tranquilidad con la que Otae dijo eso.

—Sí, eso mismo —musitó—, teniendo sexo. —Oh, maldita mente fujoshi, ¿por qué no podía detenerse por cinco minutos? Solo eso pedía.

—Bien. ¿Qué pasa con eso?

—¿Cómo?

—No veo a dónde quieres llegar Kyuu-chan.

—Bueno... —Tosió, nerviosa—. Digamos que dos conocidos tuyos son gays, ¿qué harías?

—¿Qué haría?

—Sí, ¿qué pensarías de eso?

Probablemente no lo que ella estaba pensando, pero ese era en parte el punto de estar teniendo esa conversación. Otae frunció el ceño, probablemente meditando las razones de tal pregunta más que su hipotética respuesta. De golpe sonrió, no con su sonrisa dulce sino con la peligrosa, aquella que Kyuubei nunca había visto dirigida a su persona.

—Ya veo a dónde quieres llegar Kyuu-chan.

—¿Sí? —Tomó té, tratando de disimular sus nervios ante la posibilidad de haber sido descubierta. Fue una mala idea.

—Yo siempre supe que Shin-chan era raro, pero no me esperaba esto. —Otae se levantó de la mesa, decidida—. ¡Y no pienso perdonar a ese imbécil de Gintoki! ¡Shin-chan es apenas un niño como para que hagan esas cosas!

Kyuubei escupió todo el té que tenía en la boca.

—¡Qué!

—Gracias por tratar de decírmelo con toda la delicadeza posible Kyuu-chan —le dijo Otae, que aparentemente había entendido todo mal, muy pero que muy mal—, pero esto es algo que debo arreglar yo con Gintoki; como la hermana mayor de Shin-chan, no puedo quedarme de brazos cruzados cuando ese samurai de cuarta se aprovecha así de él. —Y dicho esto se levantó, de seguro para cometer un homicidio antes que tener cualquier tipo de conversación con Gintoki.

A Kyuubei le tomó unos momentos salir del estado mental en que la imagen de Gintoki y Shinpachi haciendo eso la había dejado, maldita fuera su mente fujoshi, antes de finalmente reaccionar y levantarse tras Otae.

—Espera Tae-chan.

¡Eso no era el punto al que quería llegar! ¡¿Por qué todo el mundo tenía que sacar conclusiones tan apresuradas?!

—No digas nada Kyuu-chan, tú no tienes nada que ver en esto —la cortó Otae—, no es tu problema. —No, es que sí lo era—. Voy a la Yorozuya, no es necesario que me acompañes. —¡Debía acompañarla! No, más bien debía arreglar ese malentendido.

—¡Espera Tae-chan! —exclamó, siguiendo a Otae a través del dojo rumbo a la calle. Para su mala fortuna, Otae genuinamente no parecía tener intenciones de escucharla—. ¡No es lo que crees!

Era inútil, incluso una vez pudo alcanzar a Otae era como hablar con una pared, sus palabras llegaban a oídos sordos, cada vez que intentaba explicar la situación era cortada con un "no digas más, tú no tienes que ver en esto"; ¡pero es que sí lo tenía, demonios!

Kagura les abrió la puerta una vez estuvieron en la Yorozuya.

—Jefa, ¿qué haces aquí? —inquirió.

—Vengo a hablar con el idiota de la permanente.

—¿Con Gin-chan?

—¿A qué otro idiota con permanente natural conocemos?

—¡Gin-chan! —gritó Kagura mientras se hacía a un lado para dejarlas pasar—, ¡te buscan!

Ambas entraron al recibidor, Kyuubei haciendo un último intento de evitar el desastre con un "Tae-chan, por favor, no es lo que crees" que fue interrumpido por Gintoki, quien abrió la puerta que daba a la sala y les encaró en ese preciso momento, cortando sus palabras.

—¿Quién es ahora? Uno no puede disfrutar un día tranqui... —Un puño se estrelló contra su nariz—... lo.

—Gin-san, creo que tenemos que hablar —dijo Otae mientras retiraba su puño, con una espeluznante sonrisa en el rostro—, sobre Shin-chan.

Gintoki la miró, limpió la sangre de su nariz, dio media vuelta, volvió por donde vino y cerró nuevamente la puerta. Otae la botó de una patada.

—¡Shinpachi! —exclamó Gintoki—. ¡Controla a la gorila!

—Por favor no hables así de mi hermana —pidió Shinpachi, suspirando con cansancio—. ¿Qué sucede ahora?

—¡Shin-chan! —Otae se acercó a él y lo tomó de un brazo—. ¡Ahora mismo vuelves al dojo! ¡No puedo permitir que permanezcas un segundo más en este lugar!

Shinpachi la miró confundido, contrarrestando bastante con la indiferencia de Kagura y la leve molestia de Gintoki, que se hallaba más interesado en su sangrante nariz que en cualquier otra cosa. Kyuubei, por su parte, optó por simplemente cubrirse la cara con las manos y así no presenciar lo que claramente para esas alturas ya era inevitable.

—¿A qué viene eso hermana?

—No puedo permitir que te entregues a alguien como él —explicó Otae y señaló a Gintoki, quien solo enarcó una ceja.

—¿De qué demonios está hablando esta loca?

—¡De las cosas que tú y Shin-chan hacen!

Aparte de Kyuubei, nadie entendió absolutamente nada de esa frase.

—No entiendo de qué hablas hermana —dijo Shinpachi.

Elizabeth levantó un cartel que decía "Habla de una relación carnal entre ambos", demostrando que de hecho no fue Kyuubei la única en entender la situación, y dejando a todo mundo en un incómodo silen... Un momento, ¿Elizabeth?

—Gintoki, me habías dicho que no tenías interés en ese camino.

—¡No lo tengo! —exclamó Gintoki, saliendo de su estupor—. ¡No saques conclusiones apresuradas Zura!

—No es Zura, es Katsura —replicó el nombrado—; y si no tienes interés en ese camino entonces porque...

—¡Yo no he hecho nada! ¡Shinpachi, tú hermana se ha vuelto loca, totalmente loca!

Shinpachi, que se hallaba un tanto impactado como para contestar, no dijo nada; ni evitó que Otae le arrastrase hasta la puerta.

—Cuando decidí venir a tu casa no me esperaba esto Gintoki.

—¡Cállate de una vez Zura! ¡No es lo que piensas!

—¿De qué hablan? —inquirió Kagura, entrando en la conversación.

—¡De nada! ¡Tú no escuches!

La conversación podría haber continuado así por un tiempo indefinido, por ello fue que Kyuubei optó por interrumpirla y, de paso, interrumpir a Otae que seguía intentando sacar a su todavía estupefacto hermano del edificio. Aunque siendo sinceros interrumpir la conversación no era uno de los pensamientos presentes en la mente de Kyuubei al momento de estrellar su rostro contra el muro, pero igual contaba porque eso fue lo que logró.

—¿Kyuu-chan? —le llamó Otae, olvidándose un momento tanto de Shinpachi como Gintoki.

Lamentablemente Kyuubei estaba demasiado ocupada reventándose el cráneo como para responder. ¿Por qué, de todas las personas que podían estar en la Yorozuya ese día, tenía que estar él? Más aún habiendo pasado tan solo un día de su nefasta experiencia en internet. El mundo la odiaba, solo podía llegar a esa conclusión.

—¿Qué te sucede Kyuu-chan?

¡¿Qué le sucedía?! ¡Sucedía que el mundo la odiaba! ¡Ahora a toda la maldita situación con Shinpachi debía agregarle toda la maldita conversación de ayer sobre Katsura! Gintoki no tendría suerte con las mujeres pero parecía tenerla con los hombres.

—¿Qué le sucede a Kyuubei-dono?

—Se volvió loca —respondió Gintoki—, igual que la gorila.

—¿A quién crees que llamas gorila?

Por unos momentos cualquier hubiera creído que Otae recordaría su sed asesina contra Gintoki y ese sería el fin del samurai de cabello plateado, pero justo entonces Kyuubei dejó de salpicar la pared y volteó hacia ellos.

—Tae-chan.

Otae le miró con algo de sorpresa.

—¿Si Kyuu-chan?

Kyuubei inspiró hondo y se armó de valor, dado que hallaba una solución o cometía senpukku, enfrentó a Otae con la frente en alto, ignorando la sangre que corría por su cabeza.

—Debo confesarte algo.

Todos le miraron, todos, como si se hubiera dirigido al grupo entero y no a una sola persona; lo dejó pasar, ya no había marcha atrás.

—Lo que te dije de vuelta en el dojo, lo que te hizo venir hasta aquí —habló, sintiendo un peso dejar sus hombros al finalmente poder decirlo—, no era sobre Shinpachi-kun o Gintoki.

Otae parpadeó, confundida.

—Qué, pero entonces...

—Espera, espera —le cortó Gintoki, alzando una mano—, ¿entonces la loca que partió toda esta tontería de la relación carnal fuiste tú?

—¡Po-por supuesto que no! —exclamó Kyuubei, enrojeciendo—. ¡Tal nunca fue mi intención! Sencillamente me expresé mal y por ello tanto ustedes como Tae-chan se vieron envueltos en este malentendido, lo lamento mucho —se inclinó tras decir lo último, expresando su sincero arrepentimiento.

—No digas eso Kyuu-chan. —Otae se acercó a ella y le tomó por los hombros, forzándola a alzar el rostro—; yo fui quien malentendió tus palabras, yo soy quien te debe una disculpa.

—¿Qué pasa con la disculpa a mi persona? —se metió Gintoki—. Has difamado mi nombre.

—Tu nombre no puede difamarse, Gin-chan, tu reputación ya es lo peor que podría llegar a ser, aru.

—Lo importante es —dijo Shinpachi una vez hubo recuperado el habla—, que el malentendido se arregló, lo demás ya no importa.

Otae le sonrió, sus mejillas un tanto enrojecidas.

—Lamento los problemas que te di, Shin-chan, pero tienes razón, ya nada de eso importa.

Shinpachi le regresó la sonrisa, se veían tan felices que Kyuubei no sentía tener el corazón para interrumpir la escena; incluso Gintoki y Kagura habían olvidado su pequeña riña para mirarlos con mal disimulado afecto, Elizabeth les daba lo que Kyuubei supondría era silenciosa aprovación, Katsura contemplaba a Gintoki todavía con un deje de sospecha...

—Zura, voy a matarte.

Pensándolo mejor, mejor interrumpía y al demonio todo, eso tenía que acabar.

—Tae-chan —llamó, volviendo por alguna razón a captar la atención del grupo, de pronto todos parecían llamarse "Tae-chan"—, dicho eso, todavía hay algo que debo confesarte.

Hubo un silencio, las miradas puestas en ella. Hubiera preferido confesarse meramente frente a Otae pero ya qué, de perdidos al río.

—Lo que quería decirte en el dojo, la razón de mi extraño comportamiento...

—¿Qué? —la apremió Otae—, ¿qué es Kyuu-chan?

Kyuubei, pese a toda su convicción, dudó.

—No puede ser algo tan terrible, ¿o sí? —cuestionó Shinpachi.

—No puede ser peor que lo que entendió la gorila, al menos.

—Quizás es diarrea, aru.

—Lo dudo mucho, líder, algo como una simple diarrea no destruiría la convicción de un formidable guerrero de esa forma —comentó Katsura.

Elizabeth levantó un cartel: "Quizás le gustan esas cosas."

Kyuubei tosió, reuniendo las fuerzas que necesitaba para hablar y, más importante, las palabras para expresar tan vergonzoso problema.

—¡Ya suéltalo de una vez! —exclamó Gintoki.

Kyuubei inhaló hondo, exhaló con fuerzas y se decidió.

—Mi... —tartamudeó un segundo antes de seguir—, Minamito y Kitaooji son pareja y hacen... esas cosas.

Con excepción de Shinpachi, nadie pareció entenderle.

—¿De quiénes hablas? —preguntó Otae.

—Más importante, ¿por qué debería importarnos? —dijo Gintoki.

—Quizás se van a casar y nos está invitando a la boda, aru.

Elizabeth levantó un cartel: "Quizás por culpa de esa imagen ahora es fujoshi."

—No digas tonterías, Elizabeth, no hay forma de que sea eso —rió Katsura.

Kyuubei tosió, algo incómoda, antes de continuar.

—Ustedes los conocen, se enfrentaron a ellos. —La gran mayoría intercambió miradas, confundidos—. De acuerdo, Katsura-san no, pero el resto de ustedes debería conocerlos.

Más miradas confundidas, Shinpachi decidió intervenir.

—Gin-san, Kagura-chan, son las personas que enfrentamos cuando fuimos a buscar a mi hermana al clan Yagyuu.

—Yo pensé que se llamaba Tofu o algo así, aru —le respondió Kagura.

—¡No es él de quien estoy hablando Kagura-chan! ¡Y su nombre es Toujou!

—Es el único que recuerdo.

—¡¿Por qué te acuerdas solo de él?! —exclamó Shinpachi—. ¡Ni siquiera es con quien te enfrentaste!

—No recuerdo a nadie de esa saga —confesó Kagura—, solo a él y Kyuu-chan.

—Probablemente porque los vemos a menudo —comentó Gintoki.

—¡Entonces no recuerda nada!

—Recuerdo la boda de los gorilas, aru.

—¡Eso es lo más irrelevante de todo!

—Creo que debes tranquilizarte, Shin-chan —dijo Otae, queriendo calmar los ánimos—. Por qué no mejor simplemente les explicas a todos quiénes son ellos.

—Hermana, ¿tú tampoco los recuerdas?

—Yo no me enfrenté a nadie.

—Es verdad. –Shinpachi suspiró, ser el tsukkomi era difícil—. Minamito era el de cabello rojo y Kitaooji el de los lentes.

Silencio.

—No me suenan, aru —dijo Kagura.

—¡Esto es inútil! —Shinpachi volteó hacia Gintoki—. Gin-san, por favor dime que tú recuerdas algo.

—Lo único que recuerdo de esa saga... —Pausa—, es que no había papel en los baños.

—¡Tú recuerdas algo aún más irrelevante!

Kyuubei decidió interrumpir la conversación, si es que podía llamarsele así.

—Da igual, eso no es lo importante, y de todas formas Katsura-san y Tae-chan seguirían sin saber quiénes son.

—Yo sí sé quiénes son –dijo Katsura.

Todos, con excepción de Elizabeth, lo miraron sorprendidos.

—¿Por qué tú sí lo sabes? —cuestionó Gintoki—. Ni siquiera estuviste en esa saga.

—¿No es obvio Gintoki? El clan Yagyuu le sirve al shogunato; como líder Jouishishi es mi deber saber todo cuanto pueda sobre las fuerzas que dispone el shogun.

Dado que Katsura no le importaba a nadie, con excepción de Elizabeth, todos decidieron tajar tal comentario de irrelevante y volver al tema importante, que era lo que sea que Kyuubei estuviera tratando de decir.

—En fin, no importa quiénes son. El punto es que son pareja y yo... —Tosió una vez más, algo incómoda—, los encontré hace unos días, como dije, en una situación... pues...

—Revolcándose.

—¡Gin-san!

—¿Qué? —Gintoki miró a Shinpachi, aparentemente sin ver problema en su comentario—. Es obvio que los encontró en eso.

—¿En qué? —Quiso saber Kagura.

—De eso hablo Gin-san —reclamó Shinpachi, señalando a Kagura—, Kagura-chan aún es una niña, no puedes simplemente hacer esos comentarios frente a ella.

—Solo tú te puedes crees que alguien como ella tiene cualquier cosa similar a inocencia —respondió Gintoki, pero ante la mirada que obtuvo de Shinpachi optó por no decir nada más.

—¿En qué los encontró Gin-san? —Silencio. Kagura volteó hacia Katsura—. ¿En qué los encontró Zura?

—No es Zura, es Katsura; y los encontró fornicando.

—¡Katsura-san! —exclamó Shinpachi.

—¿Forni-qué?

Elizabeth levantó un cartel: "En el mete-saca."

—¡Elizabeth-san!

—¿Mete-saca qué?

—¡Ya basta! —gritó Shinpachi—. ¡¿Qué ideas le están dando a Kagura-chan?!

—Shin-chan tiene razón, no saben nada de delicadeza.

Otae se acercó a Kagura y se sentó, indicándole a la chica que hiciera lo mismo. Kagura obedeció, sentándose a su lado.

—¿Tú me lo dirás jefa?

Silencio.

—Sí.

—¡Hermana!

—¿Qué? —reclamó Otae—. Kagura-chan ya está en edad de saberlo.

—¿Con qué derecho entonces nos reclamas?

—Porque es una niña Gin-san —respondió Otae, dirigiéndole una mirada venenosa al samurai—, hay que decírselo con palabras cursis y tontas como "haciendo el amor" y esas burradas.

—Sigo sin entenderlo, aru.

—¡Los encontré cogiendo! —exclamó Kyuubei, cansada que a cada minuto se fueran por las ramas y no la dejaran terminar.

—¡Ya dejen de decir esas cosas! —rogó Shinpachi.

—¿Por qué? —cuestionó Kagura—. ¿Y por qué usan palabras tan raras?

Elizabeth levantó un cartel: "Los encontró teniendo sexo."

—Ah, entiendo. Pudieron solo decir eso, aru.

Kyuubei tosió, volviendo a captar la atención del grupo.

—Bueno sí, el punto es que los encontré teniendo sexo.

—Bien, ¿y eso qué? —reclamó Gintoki—. ¿Por qué debería importarnos las relaciones personales de tus subordinados?

—A eso iba —respondió Kyuubei—, a causa de ello tengo un problema.

—¿Te interesó el sexo gay y ahora quieres un pene? —cuestionó Gintoki.

—Gin-chan, Kyuu-chan siempre quiso un pene, aru.

—Ustedes dos, por favor no digan esas cosas —pidió Shinpachi, al borde de un colapso.

Kyuubei tosió una vez más, pero no dijo nada. Con todo lo que había pasado, una parte de ella todavía no estaba lista para revelar la verdad.

—Yo aún no entiendo a qué viene todo esto Kyuubei-dono —dijo Katsura.

—Yo tampoco Kyuu-chan —le secundó Otae.

Kyuubei tosió por quién sabe qué vez, al ritmo que iba acabaría con la garganta destrozada.

—Ya dije —musitó—, tengo un problema por eso.

—Eso lo entendimos Kyuu-chan, pero no has dicho cuál es el problema.

Era el momento propicio, pero no se animaba a decirlo. Por suerte Elizabeth se le acercó y le tendió un cartel, luego salió del cuarto y se marchó como si nada; Kyuubei miró lo que decía primero antes de alzarlo, resignada.

"Por culpa de esa imagen ahora soy fujoshi".

Se formó un silencio, sin que nadie supiera qué decir. Katsura fue el primero en hablar.

—¿Y cuál es el problema Kyuubei-dono?

—La pregunta aquí es. —Gintoki se recostó en el suelo antes de continuar—: ¿por qué debería importarnos?

—Es un problema serio. —Kyuubei bajó el cartel, ignorando deliberadamente la última pregunta—, ya no puedo oír una conversación sin pensar cosas raras.

—¿Por eso golpeabas tanto tu cabeza? —inquirió Shinpachi.

—Así es, trataba de alejar esas imágenes y mantenerme en mi centro; por eso me resulta un problema serio, con tales pensamientos en mi cabeza no logro concentrarme en nada.

—Yo no entiendo —dijo Kagura—, ¿qué es fujoshi?

—Así se les dice a las chicas a las que les gusta ver a dos hombres teniendo sexo, Kagura-chan —le explicó amablemente Otae.

—Por favor no le digas esas cosas a Kagura-chan hermana.

—¿Y yo puedo ser fujoshi? —inquirió Kagura, ignorando a Shinpachi.

Otae le puso una mano en el hombro, sonriendo solemnemente, cual maestra.

—Todas tenemos una en nuestro interior Kagura-chan.

—¡De qué demonios hablas! —gritó Shinpachi.

—Ya veo, entonces seré fujoshi, aru.

—¡No decidas eso nada más!

—Esperen un momento. —Gintoki frunció el ceño y se sentó de golpe, como si acabase de comprender algo muy importante—, si te golpeabas la cabeza cada vez que pensabas algo gay y siempre te golpeabas la cabeza con nosotros presente... —Kyuubei temió que finalmente hubiera comprendido que había imaginado escenas yaoi con ellos como protagonistas y se lo reprochase, pero no, casi—, ¿me pensaste como uke o como seme?

—¡Eso qué importa! —le gritó Shinpachi, golpeándolo de paso porque su paciencia ya estaba en juego.

—Claro que importa —se defendió Gintoki, acariciando su mejilla—, mi honor está en juego.

—No, eso no tiene nada que ver con honor.

—Mi honor como seme está en juego.

—¡¿Qué se supone significa eso?! ¡¿Desde cuándo tienes honor de seme?!

Gintoki puso una mano en su hombro, sonriendo solemnemente, cual maestro.

—Todos tenemos un poco en nuestro interior.

—¡Ya basta con esa mierda del interior!

Kyuubei tosió, no muy segura de cómo actuar o qué decir al no estar obteniendo las reacciones esperadas, pero todos siguieron ignorándola.

—Es obvio que te pensó como uke Gintoki —se metió Katsura—, de dónde sacaste que podías ser seme.

—¡Cállate Zura! ¡Tú eres más uke que yo!

—No es Zura, es Katsura; y eso es ridículo.

—No, es muy simple. —Gintoki lo apuntó—: tú pareces una chica, no yo, además llevas el cabello largo, es obvio que eres un uke.

Kyuubei quiso golpearse la cabeza ante esas palabras. Lo hizo.

—No es uke, es Katsura, y eso es aún más ridículo que la idea de ti siendo seme.

—No, la idea de ti siendo seme es aún más ridícula.

—¿Por qué no lo deciden con un piedra, papel y tijeras? —propusó Kagura.

Ambos la miraron, luego volvieron a mirarse.

—Piedra, papel y...

—¡En verdad van a decidir esa estupidez de forma tan estúpida! —gritó Shinpachi.

—¡... tijeras!

—Si lo dices así Shin-chan suena como que tiene un grado de sentido —razonó Otae—, siempre es mejor decidir estupideces con otra estupidez.

Shinpachi le hubiera contestado de no ser interrumpido por el grito de Gintoki.

—¡Sí, gané! —celebró Gintoki en tanto Katsura maldecía su suerte, derrotado—. ¡La suerte está de mi lado! ¡Tu culo es mío Zura! —Kyuubei dejó de golpearse para pasar a desangrarse por la nariz; Gintoki le dirigió una mirada de repulsión—. No quiero ni saber qué tipo de perversiones pensaste solo por esa frase.

—¡Cualquiera piensa algo raro con lo que acabas de decir! —reclamó Shinpachi—. ¡¿Tú te escuchaste?!

—¿De qué hablas Patsuan?

—Yo no le vi lo raro —comentó Kagura.

—¡Muy bien Kagura-chan! —la felicitó Otae—, vas por buen camino para convertirte en una fujoshi.

—¿De verdad? —preguntó la chica emocionada.

—¡¿Por qué emocionada?! ¡Nada de esto tiene sentido!

—Bien, Kyuu-chan, Kagura-chan, vamos a internet.

Kyuubei se alzó con dificultad a causa de la poca sangre que le quedaba en el cuerpo, y miró a Otae con confusión.

—¿Para qué Tae-chan?

—Para ver yaoi hard, por supuesto —respondió Otae.

—¡¿A qué demonios viene eso hermana?!

—Es obvio Shin-chan, si Kyuu-chan ve mucho yaoi hard eventualmente se hará inmune y su problema estará solucionado.

Kyuubei se levantó tan rápido como pudo.

—No lo había pensado de esa forma Tae-chan, eres brillante.

—¿Y por qué llevas a Kagura-chan?

—Bueno, lo de ella será el efecto contrario, logrará volverse fujoshi —razonó Otae—. Si eso es todo Shin-chan, nosotras nos vamos.

Salió del lugar con ambas chicas siguiéndola, cada cual más convencida de la inconmensurable sabiduría de la mayor de los Shimura. Shinpachi no tardó en seguirlas, dispuesto a proteger la joven mente de Kagura de tal destino.

Gintoki les contempló marchar sin demasiado interés, vagamente agradecido por un momento de paz; con él solo quedaba Katsura, quien continuaba lamentando su desafortunada derrota. Gintoki le miró, considerando el asunto un momento antes de hablar.

—Oye Zura.

—¿Qué quieres Gintoki? ¿Planeas restregar en mi cara tu victoria?

—Más o menos. —Katsura alzó la cabeza para mirarlo—. Yo tengo muy mala suerte.

—¿Y eso qué?

—No me gustaría desperdiciar mi momento de buena fortuna.

Silencio. Se observaron fijamente durante largos momentos hasta que Katsura finalmente habló.

—Pero mañana jugamos de nuevo.

—Como quieras.


De verdad, no me pregunten qué es esto.

Nos leemos. Bye bye.