Capítulo beteado por Flor Carrizo

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Todos los personajes reconocibles y escenarios son propiedad de sus respectivos autores, en este caso Stephenie Meyer. Los personajes originales y la historia son propiedad del autor. El autor no está asociado con el dueño, creador o productor de la saga. No se busca violar los derechos de autor o copyright.

La historia se me ocurrió después de ver el video de YouTubeFirst Kiss de Tatia Pllieva

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Capítulo 6: Ley de Murphy

Esmeralda Platt POV

Locación: IESTO (Instituto de Estudios Superiores Tecnológicos de Occidente)

Estudio de Grabación.

El estruendo de mi teléfono me hace parar de un brinco, mi visión ajustándose a mis alrededores y recordando que ha sido otra noche que he dormido en la oficina. Mi espalda protesta por el movimiento, tengo que considerar cambiar el sofá por algo más ergonómico si pienso continuar con este ritmo.

Busco entre los cojines el teléfono, finalmente localizándolo cerca del respaldo.

—¿Bueno? —Mi voz sale ronca, junto con un bostezo.

¡Buenos días, alegría! —Escucho la voz de Carmen, mi compañera de apartamento, del otro lado de la línea.

—Hola, Carmen —respondo un poco malhumorada, mientras reviso la hora que marca mi reloj, siete de la mañana, ¡demonios! ¿Ahora qué?

Esta es la llamada de despertador que solicitó el día de ayer —continúa con su tono alegre imitando a una recepcionista de hotel.

¿Llamada despertador? ¿Por qué haría yo eso?

—Márcame en cinco minutos —indico mientras me recuesto nuevamente en el sillón con la esperanza de conciliar… bueno… unos cuantos minutos más de sueño.

Fuiste muy específica ayer, dijiste que por ningún motivo te dejara hacer eso. Así que vamos, nena, párate que hoy es un nuevo día y hay que vivirlo con alegría. —Ella se ríe al escucharme gruñir del otro lado.

—Me niego —respondo acurrucándome en el sillón, mientras cierro mis ojos.

Al que madruga Dios lo ayuda —continúa ignorando mis protestas— y hoy es el gran día de la filmación.

Esa sencilla frase es lo que logra despabilar la flojera y retomar la poca fuerza de voluntad que por el momento tengo para dar inicio a este día.

—¡Demonios! —le contesto mientras me incorporo, sentándome en el sillón, sin atreverme a ver mi reflejo en el espejo que está colgado en el muro frente al mueble, seguramente mi cabello está hecho un desastre, al igual que el maquillaje.

Muevo mi cabeza de un lado a otro, escuchando los crujidos de los huesos acomodándose.

Odio que hagas eso… —Al parecer el sonido fue más fuerte de lo que creí—. Deberías venir a verme para que te ajuste —dice mi amiga, estudiante para quiropráctico.

—No es nada de qué preocuparse, simplemente dormí un poco chueca en el sillón. —Me pongo de pie y busco mis zapatos que están en la parte de abajo del mueble—. Ya se pasará en cuanto regrese a dormir en mi cama.

El problema es que tienes semanas diciendo eso, Esme, y basándome en la experiencia, tu nuevo proyecto te va absorber al menos otras tantas más.

Ella me conoce demasiado bien, así que perdería mi tiempo tratando convencerla de lo contrario.

Camino a mi escritorio y saco de entre los cajones mi "bolsa de emergencia", que contiene lo indispensable para sobrevivir en mi oficina y aparentar que me veo y huelo como un humano debe.

—Mejor ahora que más adelante, prefiero estar cerca cuando el frijolito decida convertirse en una sandía —respondo mientras saco de una gaveta una toalla, alistándome para ir a la regadera que tiene el único camerino del edificio.

Su risa se torna nerviosa y por un momento la línea está en silencio.

Tienes razón —dice un poco desanimada.

La historia de Carmen no es muy diferente de varias que he escuchado. Ella siempre ha sido muy estudiosa y reservada, en los cuatro años que hemos vivido juntas la vi salir muy pocas veces con chicos; ella tenía muy claro lo que quería de la vida y, por ende, sus objetivos y metas las tenía muy claras. Pero un hombre misterioso —y lo llamo así porque jamás en mi vida supe de él hasta después de la prueba de embarazo— fue el encargado de desviarla del plan que tenía ideado.

Jamás supe nada del individuo, pero conozco a detalle todo sobre el rechazo, los muros de nuestros cuartos son delgados y su desesperación era muy grande; la llamó desde una mentirosa a una zorra. Después de varias semanas de que el susodicho desapareció y de ver como mi estimada amiga estaba cayendo en una terrible depresión decidí tomar cartas en el asunto e intervenir.

Dejé que desahogara su dolor, después de todo acababa de ser rechazada por alguien que ella estimaba. Luego le comenté que contaba con mi ayuda y apoyo para lo que fuera, así que de ahí comenzamos a analizar sus opciones, a Dios gracias el aborto jamás lo fue, estaba decidida a dar a luz al bebé y de no darlo en adopción. Por el momento nuestros planes futuros son inciertos, pero sabemos que tiene que terminar la carrera y yo la tesis antes de que él bebé llegue, así que ambas estamos partiéndonos el lomo, yo trabajando horas extras y haciendo todo lo posible para que tenga el título en tres meses y ella saturando su horario con clases adicionales y terminar lo antes posible su carrera.

—¿Y como se ha portado mi futura sobrina el día de hoy? —pregunto tratando de animarla; será un bebé inesperado pero si algo ha logrado ese frijolito es alegrarnos y empujarnos hasta el límite.

Todavía no sabemos qué va ser —responde su voz alegre—, faltan unas cuantas semanas para que podamos saber.

—El calendario chino dice que lo va a ser, la prueba del anillo lo confirma y mi psíquica lo respalda —explico recordando la plática que tuve con Alice en su cuarto y ella, en su afán de hacerme reír, sacó su famosa bola ocho para ver el futuro.

Mi amiga se ríe, en especial cuando escucha la parte de psíquica.

Y cuando lanzo la moneda dice que es niño, así que hasta que me confirme el médico seguirá siendo un frijolito, ¿te parece? —pregunta aún tratando de convencerme.

—Está bien —desisto, pero sin un gramo de convicción, sé que va a ser niña.

Bueno, misión cumplida, ya estás despierta y platicadora, más vale que me vaya porque necesitas arreglarte. ¿Quieres que te lleve un cambio de ropa al rato? ¿Asumo que el pantalón de mezclilla azul oscuro y la camisa roja de la buena suerte? —cuestiona conociendo de antemano la respuesta.

—Obvio —respondo mientras llego al camerino y me alisto para iniciar mi día.

Decidí que la filmación se llevaría en un estudio de grabación de música, para eliminar ruidos innecesarios y dar un poco más de privacidad a la pareja. Los únicos que van a estar en la cabina van a ser ellos dos, cada uno entrando por una puerta distinta para asegurar que la primera vez que se vean sea en ese momento y que todo sea grabado. Las cámaras y micrófonos están colocadas estratégicamente para tomar varios ángulos, escondidas de su vista para disminuir la intimidación que estas puedan causar.

Marcus y yo vamos a estar del lado de los controles monitoreando y verificando la grabación. Ellos no van a poder observarnos, ya que pusimos un cristal en la cabina donde ellos ven un espejo, pero nosotros sí podemos verlos.

Todo quedó preparado desde el día anterior, después de terminar mi labor de esclava de Riley, lo cual significa trabajar hasta tarde, pero al menos puedo decir con orgullo que estamos preparados.

Entro a la cabina ya peinada, maquillada y lista para hacer una segunda verificación. Marcus está ahí esperándome con un café en mano, su vista fija en la computadora haciendo un último análisis.

—Buenos días, Marcus —lo saludo mientras me siento en la silla de al lado y veo su monitor.

—Esme —responde sin separar su mirada de su trabajo.

Frente a mí está la lista de las parejas y a su lado una serie de números que es el resultado de quién sabe cuántos algoritmos que creó Marcus definiendo la compatibilidad que existe entre ellos. Según lo acordado, la mitad muestra un grado alto y el otro bajo.

1. Edward – Rosalie

2. Emmett – Alice

3. Michael – Renesmee

4. Riley – Alec

5. Tanya – Irina

6. Garrett – Isabella

7. Seth – Jessica

8. Ben – Lauren

9. Laurent – Angela

10. James – Victoria

La reviso, identifico a cada una de las mujeres y, obviamente, a Riley, de los hombres recuerdo algunos de las grabaciones que estudié para dar mi opinión. Para mi gran disgusto está Jessica, pero tuve que dar mi brazo a torcer para que el doctor Cullen aceptara a Renesmee, la cual está acomodada con un chico cuya compatibilidad es del 90%, la más alta de toda la lista. Suspiro aliviada al ver el número.

—¿Todo listo? —pregunto más a mí misma que a Marcus.

—Claro, todo está preparado, nada puede salir mal. —En cuanto escucho las palabras salir de su boca la piel se me pone de gallina, es como si acabara de ponerle una maldición a este día.

Suena mi teléfono y contesto al ver que es el puesto de vigilancia.

Esmeralda, tienes a unas personas que preguntan por ti.

—Bill, no sé si te comentaron, estoy esperando a unas personas y…

Sí, me informó el jefe Charlie, pero estas no están en la lista, dicen que son unos arquitectos que vienen a medir tu oficina.

Se me había olvidado por completo, maldito Riley. Suficiente tengo con todos los preparativos como para hacer esto, pero más vale que los deje pasar, no vaya a rajarse en el último momento y decida no participar en el proyecto, necesito la versatilidad y su ayuda, nada puede salir mal.

—Cierto, por favor déjalos pasar, Bill, y agrega a Carmen, mi amiga, por favor.

Esmeralda, conoces las reglas, tienes que venir a dejar la lista…

—Bill, por favor, cualquier cambio te prometo que voy y te aviso personalmente, ¿sí?

Un día de estos me vas a meter en aprietos con el jefe Charlie —dice de malagana, tendré que traerle el día de mañana un muffin para estar en buenos términos con él nuevamente.

—Muchas gracias, Bill, eres un ángel. —Cuelgo el teléfono y anoto en la agenda la nota del muffin.

—¿Qué sucede? —pregunta Marcus sin alejar su mirada del monitor.

—Tu hermano requirió un favor adicional a cambio de su cooperación en el proyecto —respondo molesta. Lo escucho reírse entre dientes, debe saber a lo que me refiero, después de todo él ha convivido con la diva de su hermano.

Recibo al profesor Eleazar y a Jasper, los saludo y los llevo a mi oficina. Afortunadamente no tengo mucho desorden allí.

—No sé qué necesiten —digo mientras acomodo los cojines del sillón, aún tienen la forma de mi cabeza de la noche anterior.

—¿No hay problema si movemos algunos muebles? —pregunta Eleazar, mientras comienza a sacar un IPad de su maletín y cinta métrica.

—¿Perdón? —Me toma por sorpresa la pregunta.

—Cualquier cosa que movamos la vamos a regresar a su lugar original —aclara Jasper, al ver mi reacción.

—¡Ah! Claro, no hay problema —respondo aliviada, lo último que quiero es regresar de la grabación y encontrar un desorden—. Por cierto… —miro a Jasper—. Felicidades, me enteré que estás entre los finalistas.

—No me lo recuerdes —contesta un tanto molesto. Al parecer no encuentra agradable la felicitación, lo cual es una reacción rara, considerando que es un concurso.

—Nuestro chico Jasper es un genio que no sabe reconocer su talento —agrega su profesor completamente emocionado, parece que él es el finalista. Su alumno, en cambio, no parece estar de acuerdo.

Esmeralda, no tienes tiempo de jugar a ser psicóloga, dice mi conciencia.

—Bueno, ustedes disculparán, como les mencioné en el camino, tengo las grabaciones para mi tesis y no puedo posponerlas. Cualquier duda, pregunta, me pueden encontrar en el estudio número dos, que se encuentra al fondo de este pasillo. —Indico con mi dedo la dirección a la que me refiero mientras me acerco a la puerta para darme a la fuga y corroborar con las recepcionistas que ya están llegando los participantes.

—No debería haber ningún problema —dice el profesor—, terminaremos rápido.

—Perfecto. —Las palabras que necesito en este momento.

Me escapo de mi oficina para dirigirme a la primera recepción, los chicos. Decidí que para poder capturar la esencia del proyecto del doctor, un momento clave es cuando se ven por primera vez en el estudio de grabación, así que los chicos están siendo recibidos por la entrada de servicio mientras que las chicas por la recepción principal.

Por la ventanilla de la puerta de servicio veo que ya hay varios chicos sentados, esperando. Salgo y voy directo con Irina, la recepcionista del doctor que me está ayudando con esta tarea, para confirmar qué chicos ya están y si ya está su pareja asignada para poder iniciar las grabaciones. Tomo nota, para mi gran desilusión aún faltan unos cuantos.

Me retiro y voy al otro lado del pasillo para confirmar cuáles de las chicas ya llegaron. Realizo la misma inspección por la venta de la puerta y, para mi gran alivio, casi todas están aquí.

Excelente.

Envío un texto a Marcus para ponernos de acuerdo de qué pareja será la afortunada número uno y para que me ayude a dirigir al chico mientras yo llevo a la chica.

Abro la puerta y siento la emoción del proyecto correr por mis venas. Salgo para explicarles cómo va a llevarse a cabo la dinámica.

—Chicas, muchísimas gracias por su ayuda —comienzo cuando veo que tengo la atención de todas—, el proceso es sencillo, iniciaremos con…

—¿Dónde están los chicos? —interrumpe Jessica mi discurso.

No puedo evitar sentirme molesta, respiro y pongo una falsa sonrisa en mis labios.

—Jessica… —comienzo pausadamente— ellos se encuentran en la segunda recepción que pusimos al final de este pasillo, ya que creemos que es mejor…

La dichosa chiquilla no espera a que termine mi explicación, en un santiamén se pone de pie y se escapa por la puerta por la que entre.

¿Es una broma?, pienso

Me quedo congelada por un momento, sin creer lo que mis ojos están viendo; pero al ver que no regresa mis alarmas internas comienzan a sonar. ¿Qué no me escuchó en la entrevista en qué consistía el proyecto? ¿Cree que esto es una tienda de autoservicio? Pero tengo que reconocer que mi error fue haber explicado en dónde está la mercancía tan deseada.

—¡Mierda, mierda, mierda! —exclamo bajo el aliento, mientras salgo de la recepción y la sigo por el pasillo tratando de alcanzarla.

Lo sabía, lo sabía, ¡pero no!, el doctor necio quería que ella quedara y tuve que dar el brazo a torcer con la condición de que aceptara a Renesmee.

—¡Esmeralda! ¡Espera! —Veo a Marcus dando la vuelta al pasillo, tratando de alcanzarme, pero no me detengo, Jessica ya me tiene ventaja.

—¡Ahorita, Marcus! —digo finalmente alcanzando la puerta y abriéndola.

¡Maldición! Ya llegó a la segunda recepción.

—¡Hola, chicos!, ¿cuál de ustedes afortunados tendrá el placer de besarme? —Escucho a Jessica coquetear con el grupo de chicos que está congregado.

Cierro los ojos, tratando de controlar el coraje que estoy sintiendo. En la mañana todo iba perfecto, Marcus ya tenía la lista hecha, las parejas acomodadas. Todas las cosas estaban alineadas, como una línea de dominó, perfecta para que toda la secuencia cayera a tiempo y ritmo en cuanto se empujara la primera pieza. Siento como la segunda pieza del juego acaba de ser removida, evitando que la secuencia continúe cayendo.

—Jessica —digo entre dientes, tratando de controlarme—, como te había explicado…

—Esmeralda, te luciste con este casting —exclama de forma aguda—, una selección fenomenal. Bueno, excepto ese chico, porque bueno… ewww.

Ella señala a Seth, un chico algo introvertido, joven, pero para nada feo y para colmo de males el que estaba seleccionado para besarla.

—Jessica, tú no escoges… —interrumpo molesta al ver como su comentario no sólo atrae la atención de los demás sobre Seth, sino también porque su comentario es despectivo e hiriente.

Seth se pone de pie y, sin una palabra, toma su mochila y se retira.

No, no, no…

—Seth, por favor —suplico tratando de detener al chico, sin lograr mucho.

Al ver que no se detiene, decido quedarme. Suficiente daño ya hizo, la tercera pieza de la línea de domino.

—¿Jessica? ¿Qué haces aquí? —interrumpe uno de los chicos, levantándose. Su cabello es castaño y tiene ojos azules, lo recuerdo del vídeo que envió el doctor, chico popular, extrovertido. Me quedo callada sin saber exactamente qué esperar.

—¿Michael? —Su rostro se torna rojo, muy parecido al de su cabello—. Pensé que estabas fuera.

—Yo te recuerdo… —Se para un chico alto, uno que también fue seleccionado—. O, bueno, recuerdo cómo besabas en aquella fiesta hace un par de meses.

—Oh, sí, Gamett, ¿correcto? —responde nerviosamente.

—Garrett —corrige el segundo.

Contengo la risa, la cabeza de Jessica se mueve de un chico al otro, observándolos. Un silencio incómodo cae entre todos los presentes a la espera de qué va a suceder.

—No es justo, Esmeralda, si Jessica puede escoger, exijo el mismo derecho. —Una voz femenina proveniente de la puerta es la que pone fin al cantar de los grillos.

Me giro para encontrar a mi espalda no a una, sino a dos participantes más: Victoria y Lauren. La sangre se me va a los pies.

—Yo pensé que esto era un experimento serio… —Se levanta uno de los participantes de piel morena—. Pero al parecer lograron congregar a las zorras de la universidad.

—Tienes razón, Laurent… —Se para otro de los participantes que tiene una barba cerrada—. Yo digo que nos vayamos.

—Mi novia no es una zorra —exclama Michael, poniéndose de pie, acercándose al chico de barba cerrada.

—¿Novia? —contesta Jessica—. Según recuerdo cortamos hace un mes.

—¿Quién dijo que me refería a ti? —responde el rubio.

La pelirroja da un grito indignado al ver a Victoria, otra pelirroja, acercarse a Michael y entrelazar su brazo con el de él.

No sé qué demonios está sucediendo, pero el script parece sacado de una novela barata. Y, para colmo, ¿qué demonios hacen Michael y Victoria aquí si son novios?

—James, no vale la pena —le habla su amigo moreno y, al igual que Seth, se retiran de la recepción.

—Tienes que tomar las riendas del asunto —susurra Marcus bajo el aliento.

Demonios, tiene razón. Esto va a darle en la torre a toda mi planeación.

—Muy bien… —Miro a Jessica, Lauren, Michael, Laurent y Victoria—. Si ninguno de ustedes está dispuesto a seguir las reglas que fueron establecidas originalmente, como no estar en ninguna relación o de besar a la persona que le fue asignado, no me queda más remedio que pedirles que se retiren.

—Pero, Esmeralda, no es necesario ponerte en ese plan —exclama Jessica nerviosa acercándose a mí—. ¿Recuerdas los premios que vamos a recibir tú y yo?

—¿Premios? ¿Sólo a ella y a ti? ¿Por qué al resto no nos van a dar? —exclama otro de los chicos y lo veo tentado a levantarse.

Tengo que sacarla de aquí lo antes posible, antes de que pierda más participantes.

—Jessica, dudo con todo mi corazón que los premios MTV o el Oscar estén interesados en un proyecto de tesis —me aseguro de poner en evidencia a lo que se refiere con premios para apaciguar a los demás—, y, aunque así fuera, estoy en todo mi derecho de pedir que te retires, tu participación no ha beneficiado al proyecto, sino todo lo contrario.

Sin más señalo la puerta y no me voy hasta asegurarme de que los involucrados desaparecen del set.

Volteo y veo al resto del grupo, asombrándome de ver cómo la estupidez de la chica acaba de deshacer el trabajo que el doctor Cullen y yo hemos hecho en los últimos meses.

Inhalo y exhalo.

No voy a dejar que una chiquilla malcriada lo arruine.

—Muchas gracias a los que se quedaron. —Sonrío falsamente a los chicos—. En unos momentos comenzaremos a llamar a los candidatos.

Sin esperar una respuesta salgo al pasillo. Saco mi teléfono de la bolsa del pantalón y reviso la lista de Marcus, analizando los candidatos que quedan, mientras me dirijo a toda velocidad hacia la recepción para confirmar que no sufra más bajas.

1. Edward – Rosalie

2. Emmett – Alice

3. Michael – Renesmee

4. Riley – Alec

5. Tanya – Irina

6. Garrett – Isabella

7. Seth – Jessica

8. Ben – Lauren

9. Laurent – Angela

10. James – Victoria

—¡Esmeralda! —grita Marcus corriendo para alcanzarme—, no podemos continuar.

—Claro que vamos a continuar —respondo con determinación, feliz de ver que al menos el resto de las chicas están aún sentadas y, para mi gran emoción, por la puerta principal viene llegando mi futura candidata… Carmen y, frente a ella, mi segunda víctima: la recepcionista, Kate.

Voy a deber un sinfín de favores.

—Kate, ¿puedes venir un momento por favor? —digo a la chica de recepción, atrayendo la atención del grupo y con una pequeña señal le indico a Carmen que entre también.

En cuanto se cierra la puerta comienzo mi plan de convencimiento.

—¿Kate? ¿Tienes novio, galán o amigo con derechos? —Mi pregunta tan directa la toma por sorpresa.

—N-No —duda con su respuesta.

—Tengo un favor que pedirte. —Su ceja se levanta junto con sus sospechas—. Tuvimos un pequeño inconveniente con unas cuantas chicas y quería pedirte si me puedes ayudar.

Kate está al tanto del proyecto así que no necesito explicar más. Mi súplica es respondida con su sacudida de cabeza.

—Esmeralda, lo siento, pero… —comienza a decir, pero no llega muy lejos.

—¿A cambio del próximo viernes medio día libre? —Mi oferta la calla, ya puedo sentir la victoria en mis manos.

—¿Dos viernes libres todo el día? —hace su contraoferta. Para mí esto no es una opción favorable, esto significa que tengo que hacer su trabajo, pero en estos momentos estoy desesperada. Repetir el experimento representaría más tiempo que eso.

—Oferta aceptada si accedes a conseguir algunos panecillos y cafés para ambas recepciones —digo, pensando que en estos momentos no me puedo dar el lujo de perder a más candidatos así que más vale tenerlos contentos—, y los gastos los cargarías al proyecto.

Su mirada es poco amigable, pero asiente renuentemente con la cabeza y se retira. En cuanto desaparece del otro lado de la puerta, continúo con mi siguiente víctima.

—Carmen, querida… —Mi tono meloso y demasiado amigable pone en alerta a mi amiga.

—¿Supongo que necesitas el mismo favor de mi parte? —Mi amiga me conoce demasiado bien. Su mano se va a su vientre, que aún no es prominente pero ya se comienza a definir un pequeño bulto bajo su blusa.

—Por favor… —Junto mis manos en señal de súplica—. Una última locura antes de que nazca la nena.

Rueda sus ojos, pero al parecer ya la tengo a bordo de mi locura.

—Sólo asegúrate de que no tenga ninguna enfermedad —advierte mi amiga—, lo último que quiero es afectar al bebé o enfermarme de una pulmonía y sólo poder tomar paracetamol.

—Gracias, gracias, gracias, Carmen; te vas a ir derechito al cielo. —La abrazo mostrando mi agradecimiento.

Me entrega la blusa que ya había olvidado por completo.

—Y para mí va a ser una malteada de fresa y una rebanada de pastel triple chocolate —dice mientras se retira.

—Asegúrate de decirle a Kate —le pido tentando mi suerte, posiblemente me cueste otro viernes de trabajo su pedido, pero lo vale.

Mi amiga se retira a la recepción. En cuanto se cierra la puerta soy abordada por Marcus.

—Esmeralda, esto es una locura, no puedes estar reclutando al primer hijo de vecina que se te cruce, es de vital importancia que conozcamos su perfil. ¿Qué va a pasar con las entrevistas de inicio? ¿Con la mezcla de características?

—Las tendremos que hacer después —contesto emocionada mientras me dirijo a mi oficina en donde tengo mi directorio telefónico, pensando en posibles candidatos que pueda contactar de último momento para el estudio.

—¿Después? ¿Y cómo propones que hagamos las parejas si no conocemos del todo sus perfiles? —Me sigue aún tratando de disuadirme de la grabación.

—Tendremos que usar nuestra creatividad e imaginación —respondo, parándome en seco cuando entro a mí oficina y noto que hay una discusión llevándose a cabo. Por un momento había olvidado por completo a Eleazar y a Jasper. Ahora está acompañándolos Riley.

—¿Estás seguro de que mediste esto? —reta Riley a Eleazar, el segundo no recibe de buena gana el comentario.

—Obviamente, en esta parte del plano está marcado la medición, al menos que estés ciego. —Señala su IPad, expandiendo la imagen para dejarle claro que no existe error y Riley se acerca, acomodándose los lentes que tiene sobre su cabeza.

Jasper, al vernos, decide dar un paso para atrás acercándose a nosotros y dejar a los dos profesores continuar con su competencia de egos. En sus labios noto una sonrisa demostrando lo entretenido que está. Los profesores inmersos en su discusión no notan nuestra presencia.

—Riley, no es mi primer proyecto, todo está debidamente medido; además no quisimos quitar estos muebles para no molestar a la señorita Esmeralda —explica Eleazar.

—A Esmeralda no le importa —responde Riley, asumiendo mi respuesta sin mi consentimiento—. De hecho, no creo lo que dices hasta que lo vea puesto y todo debidamente presupuestado.

—Lo siento, ese no fue el trato —exclama indignado el profesor mientras toma sus cosas y comienza a colocarlas en su portafolio—, no tengo el presupuesto ni tiempo para hacer esto.

—Yo pongo los fondos —reta el hermano de Marcus—, pero tú pon a alguien que verifique la obra.

—Tengo clases que dar —contesta furioso el profesor.

—Entonces deja a Jazz, supongo que puedes hablar con la facultad, puede terminar el resto de sus materias aquí en la universidad —propone Riley.

Miro a Jasper y su sonrisa desaparece por completo.

—Mi alumno y yo tenemos un trato, además no voy a permitir que robes el talento de mi universidad.

—No seas desconfiado, no estoy intentando hacer eso. Este proyecto tiene futuro, si lo que dicen es cierto, esto es una mina de oro y estoy dispuesto a invertir para hacerlo realidad. Nadie hace esta oferta, Eleazar, y tú lo sabes.

Al parecer el argumento de Riley tiene cierta validez, dejando callado a su oponente.

—Entonces tú negócialo con Jasper. Él y yo ya tenemos un trato respecto a sus asignaturas —dice dándose por vencido.

La atención se va directo al chico, que no parece estar muy contento con el rumbo que tomó la conversación. Su mirada pasa de un profesor a otro.

—¿Exactamente qué tendría que hacer? —finalmente pregunta.

—Lo que un arquitecto hace, por supuesto… Hacer los planos, comprar el material, dirigir a los constructores, verificar la obra… —responde el hermano de Marcus como si fuera la cosa más sencilla del mundo.

El chico se queda callado analizando unos minutos la respuesta.

—¿Y dónde viviría? —pregunta Jasper, considerando seriamente la oferta.

—Puedes vivir conmigo —contesta Riley.

Es obvio que esa propuesta no es la esperada por Jasper.

—O conmigo —intercedo por él. Claramente existe una atracción del profesor por el chico, pero sus sentimientos no son correspondidos.

Mi respuesta sorprende a ambos profesores, posiblemente porque entre sus discusiones jamás se dieron cuenta de que estábamos ahí o por mi inesperada oferta.

—¿En dónde se quedaría? —pregunta Riley, obviamente prefiriendo ser él la primera opción.

—Mi compañera y yo tenemos un cuarto adicional en el apartamento —miento, únicamente hay dos recámaras, pero sé que en el cuarto de Carmen hay un sillón mucho más cómodo que el de mi oficina en donde podría dormir, mientras Jazz toma el mío.

—Trato hecho —interrumpe Riley, prefiriendo tener al chico cerca a que desaparezca para siempre de su vida.

—Pero mi oferta tiene un precio —agrego aprovechando la oportunidad que se me acaba de ocurrir y que tengo para negociar—, pagar un tercio de la renta y su participación en mi proyecto.

—Aceptamos —dicen al unísono los dos profesores.

—Esperen un momento todos… —interrumpo—. Agradezco su confianza en mí, pero creo que el que tiene que aceptar es Jasper.

Los ignoro y dirijo mi mirada al chico. Existe una gran duda en él, es claro que en su mente hay una discusión interna y que la presión de los arquitectos no está ayudando a que tome una decisión. Lo tomo del brazo y lo saco de la oficina, cerrando la puerta a mi espalda dejando a los hermanos y a Eleazar dentro.

—Mira, no tienes que aceptar nada que no quieras. No te sientas presionado por ellos, podrá ser una oportunidad que vale oro y podrán bajarte el cielo, la luna y las estrellas, pero si no es algo que tú deseas, todo lo demás no importa, la respuesta correcta siempre será la que dicta tu yo interno —digo sin conocer los pormenores de su situación.

Mi respuesta parece ayudar, la tensión en su rostro disminuye.

—¿En qué consiste tu proyecto? —pregunta, tomándome por sorpresa por el cambio de tema, robándome una risa en el proceso.

—Es algo sencillo, en realidad sólo tomará unos cuantos minutos —respondo—, se llama…

—Es proyecto bésame, ¿correcto? —cuestiona con una risa.

—Sí… ya sé, suena algo loco, pero un psicólogo quiere estudiar la reacción de besar a un desconocido por primera vez, mientras tanto yo me encargo de filmar las reacciones —contesto dejándome llevar por la pasión de la visión que tengo del proyecto—. Pero mi plan no es sólo filmar esas reacciones, desde mi punto de vista, detrás de cada persona hay toda una serie de características o historias que nos han formado y llevado al punto de aceptar a realizar esta locura y, después, no sé… ver si de alguna forma cambia algo en ellos. En realidad es una tontería y posiblemente no logre mucho, pero aunque tan sólo logre capturar unas migajas de lo que nos hace únicos... —Me detengo dándome cuenta de que estoy comenzando a divagar—. Perdón, ya te estoy mareando con mis detalles y en realidad no tengo mucho tiempo. —Miro mi reloj asombrándome de que ya es hora de iniciar—. Tuve unos imprevistos de último momento y tengo que conseguir cinco candidatos más.

—Envidio la pasión que tienes por tu trabajo —dice Jasper riéndose.

—Todos tenemos una pasión, Jasper. —Río nerviosamente.

—Mi pasión no es la arquitectura, Esmeralda —confiesa el chico, sorprendiéndome nuevamente—, es la música, pero temo desilusionar a muchas personas con mis gustos.

Me quedo pensativa. El chico tiene una enorme creatividad en la carrera que está estudiando, fue obvio en el concurso, bastaba comparar su trabajo con el de los demás. Él apenas a unos cuantos semestres de su carrera robo la atención de los jueces contra proyectos de chicos que están a punto de terminar la carrera. Si pusiera su mente, creatividad y dedicación en algo que le apasiona, ¿qué sería capaz de lograr?

—Si la música es tu pasión, te puedo recomendar unas clases de música que ofrecen en la universidad. El director de carrera es mi amigo, podrías entrar como oyente, aunque sea estas pocas semanas que quedan —propongo sin importarme más si piensa ayudarle a Riley o no. El chico necesita apoyo.

Su rostro se ilumina, parece que le estoy regalando el Santo Grial, por todos los cielos.

—Acepto, Esmeralda, me quedo a verificar la construcción de tu oficina y a ayudarte con tu proyecto —responde muy efusivamente.

—Excelente… —Mi estrés disminuye, pero al ver la hora en el reloj del pasillo regresa de golpe y multiplicado—. En cuanto terminen de medir la oficina, me pueden llamar a mi celular, Riley lo tiene para afinar los detalles de tu hospedaje y del proyecto. Y disculpa, pero me tengo que retirar a conseguir otros cuatro candidatos.

—¿Querrás decir tres candidatos? —corrige Jasper, frenándome por completo—. Cuenta al profesor Eleazar entre ellos.

—¿Estás seguro? ¿No se meterá en problemas con su esposa o novia? —pregunto. El profesor no tiene mala pinta, pero su edad es un poco más madura que los candidatos actuales.

—Es divorciado y, por lo que sé, no tiene a nadie especial que lo espere en casa —responde riéndose—. Yo me encargo de que acepte. —Él se da la media vuelta y entra a la oficina.

No tengo tiempo para confirmar la respuesta, francamente no quiero regresar a la oficina para evitar intervenir con las técnicas de persuasión de Jasper con su profesor. En su lugar, tomo mi celular de la bolsa del pantalón y comienzo a buscar entre mis contactos mi próxima víctima, mientras camino hacia la sala de grabación para analizar la lista y realizar las nuevas parejas. Marcus me va a linchar cuando vea que mi sofisticado método de hacer parejas consiste en una simple moneda y dejarlo a la suerte, mandando a un demonio todos sus complicados algoritmos.

—Wow, cuidado, Esme. —Una mano me detiene de chocar contra el muro.

Mi mirada se separa del celular para encontrar que la mano está acompañada de unos bíceps muy bien desarrollados. Sigo la mirada para encontrar a Jacob sonriente.

A este chico lo conocí cuando tomó la clase de introducción a la cinematografía hace un par de años, cuando yo estaba trabajando de asistente para el profesor. Tenía un gran ingenio y le gustaba cuestionar al maestro de forma continua, molestándolo, pero haciendo reír al resto con sus bromas y ayudaba que las chicas de la clase lo encontraban muy atractivo; él podría haber dicho una tontería y aun así su club de fans se hubiera reído.

—¡Jake! —exclamo emocionada al volverlo a ver, después de esa clase, dejo de asistir, según tengo entendido hubo algunos problemas con su beca y tuvo que salir de la universidad—. ¿Qué te trae por estos rumbos?

En ese momento noto su uniforme y un carrito con una cafetera y lo que parecen pastelillos, al parecer está trabajando para la compañía de panecillos y café.

—Estoy entregando una orden que pidieron. —Saca su block de notas—. Hice mi primera entrega a ¿Irina?, y estoy por entregar una a la recepción principal, pero me perdí entre los pasillos —dice con una sonrisa genuina.

Kate es muy eficiente si el pedido ya llegó.

—Correcto —respondo mientras reviso su carrito, notando el pastel triple chocolate de Carmen—, no estás muy lejos, la recepción está al final del pasillo. —Él gira el carrito hacia la dirección correcta.

—Gusto en verte, Esme —dice el chico—, espero verte pronto.

—Igualmente, Jake —me despido.

Estoy por dar la media vuelta, pero me detengo.

—Jake, ¿tienes que regresar de inmediato a tu trabajo? —pregunto tratando de no emocionarme ante mi idea.

—No, según me dijeron tengo que dar soporte aquí toda la mañana —responde.

Nota mental a mí misma, definir un presupuesto a Kate para la próxima. Pero eso ya no importa.

—Tengo una propuesta para ti, mi estimado… —Con una sonrisa malvada me acerco a presentar mi propuesta.

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To: Carlisle Cullen

From: Marcus V.

Cc: Esmeralda Platt

Subject: Proyecto Bésame.

Doctor Cullen:

Incurrimos en unos cuantos problemas al inicio de la grabación, algunos candidatos renunciaron de último momento, la buena noticia es que ya contamos con la mayoría de los reemplazos pero falta uno. Esmeralda me pidió de favor preguntarle si podemos considerar tener sólo nueve parejas en lugar de diez. De no ser eso posible, queríamos saber si usted sería tan amable de conseguir a un último candidato varón.

Agradecemos de antemano su respuesta.

Saludos

Marcus.

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To: Marcus V.

From: Carlisle Cullen

Re: Subject: Proyecto Bésame.

Marcus:

Para fines de tener una muestra significativa son necesarias diez parejas. Yo me encargo de representar al último candidato. Favor de confirmar la hora de la cita.

Saludos

Carlisle.