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Subió el cierre de su pantalón y contempló largamente la ventana. El panorama del parque central le traía nostalgia aunque no quisiera admitirlo. Giró sobre su eje, tomando la chamarra de la cama. Tamao aún dormía y no quería molestarla cuando él no podía conciliar más el sueño.

Cerró la puerta tras de sí y comenzó a caminar. El aire fresco pegó en su rostro, tranquilizando un poco el mal sueño que tenía ocasionalmente. No era su culpa, pero seguía atormentándolo en sueños mientras ella seguía con su vida, olvidándose por completo de él.

Consideraba injusto el panorama, incluso detestaba los recuerdos que aún venían a su mente. Continuó su recorrido mientras varios corredores trotaban por el sendero y el puente que él estaba por cruzar. Se recargó en la madera, perdiéndose en toda la naturaleza tal y como hacía su hermano. Su tonto y traicionero hermano.

Suspiró con pesadez y cerró sus ojos contrariado por sus sentimientos.

—Prometí quererte para siempre...y era cierto, no había dudas en mi mente–pronunció apenas en un murmullo—Pero tenías que joderla, Anna.

O quizá era el destino que le tenía un plan muy diferente. Pero él no deseaba algo diferente. No era lo que tenía en mente, pese a la terquedad de su abuela de quererle confrontar con su padre continuamente. No necesitaba probarle a nadie que era mejor, el tiempo le daría la razón. ¿Pero a ella? ¿Acaso su abuela había subsanado el vacío de Anna? ¿Acaso sus padres se habían parado a ver su dolor? Para todos había sido más sencillo volcarse en el tema del bastardo.

Y no se justificaba, no era ningún débil, pero... ¿qué hacía cada vez que deseaba olvidarla?, más la recordaba. Cómo diablos se la arrancaba de raíz. Ni la distancia, ni el tiempo, ni su desprecio eran suficientes. El odio tampoco mermaba la herida, al contrario, sólo le hacía resurgir pensamientos más que ridículos. Negó varias veces su cabeza, tratando de ahuyentar la imagen de aquella propuesta.

—No sé qué tienes tú—aseguró tomando su mano para deslizar un anillo en su dedo— Pero lo que tengo contigo, no lo tengo con nadie más.

—Hao...

—Cásate conmigo, Anna—reafirmó sin dudarlo—Prometo quererte para siempre.

Mordió sus labios y acarició su mejilla con melancolía.

— Tu abuela piensa que yo puedo perjudicar tu futuro y sinceramente, no quiero ser un estorbo en tu carrera.

—¿Y?—cuestionó desafiante— Todos se pueden ir al diablo, no me importa. No me importa nadie, sólo tú y que me digas que sí ya mismo.

—¿Tan seguro estás de quererte casar conmigo?

—Anna, no le doy un anillo a cualquiera. Ni siquiera me paro en una joyería para regalarle algo a mi madre, no compraría un estúpido diamante si no estuviera tan seguro de mis sentimientos por ti. Quiero que seas mi esposa. No quiero estar sin ti.

Apretó su puño y sacó de la chamarra el anillo. La joya que le había devuelto antes de marcharse de Japón. Sin súplicas, ni lágrimas, sólo una severa mirada de honda tristeza.

—Perdón.

Golpeó con frustración la madera, reiteradas veces mientras tomaba su rostro con cansancio y un inexplicable torbellino de emociones al recordar su voz.

—Perdón... Perdón, y yo qué hago con tu puto perdón—dijo arrojando de una vez por todas la argolla al lago—¡Qué!

Respiraba agitado, tratando de serenarse, pero su pecho se inflamaba con velocidad. No lloraría, ya lo había hecho años atrás, mas no podía con aquellos sentimientos tan contradictorios, con ese dolor que se presentaba de súbito. Odiaba verla en sueños, detestaba recordar su voz cada vez que hacía el amor con otra mujer.

—¿De verdad vas a tirar todos estos años a la basura? No puedo creer que seas tan insensible, si tú la amas—dijo incrédulo Lyserg al verlo marcharse del país—Hao.

—Ella no tiene porqué saberlo.

—¿Qué? ¿Qué la quieres? ¿Qué la extrañas? ¿Eso es lo que no tiene que saber?

—Prefiero que piense que me da igual, que ya la superé, que no me importa. No le peemitiré ver nada más que odio.

—No seas tonto, aún puedes...

—Lárgate, Lyserg—dijo molesto—Tú no entiendes, ni entenderás todo lo que Anna era para mí.

Bajó la mirada y sonrió con tristeza.

—Ni siquiera ella lo entendió—pronunció mucho más tranquilo—Ella era todo para mí.

Pero él necesitaba una respuesta, no podía seguir con el trato a distancia, en especial porque había repetido varias tomas al verlas él mismo. No podía darse el lujo de desperdiciar más tiempo. El clima en China sería ideal para grabar en un mes y él tenía que acompañarlo en el viaje, además Anna les facilitaría el asunto porque no viajarían juntos.

—Tu ayudante es bueno, pero te necesito aquí. Pediste de condición a Anna, ayúdame y sé un verdadero profesional. Necesito a mi director de fotografía al full, no medio tiempo, ni a distancia, te quiero aquí, Yoh. Cumplí tus peticiones. Anna es protagonista, pese a que tenía actrices de muy buena reputación disputándose el papel. ¿Qué más quieres? Necesito terminar el rodaje después del viaje a China, no puedo postergarlo y tú tienes que dirigir las escenas candentes.

Se movió incómodo por la habitación del hotel y tomó su cuello con cansancio. Sabía sus obligaciones respecto al contrato, es sólo que esperaba derrocarla en el último citatorio, pero Manta no hacía fácil su rendición.

—Lo sé. Pero Horo, no puedo. Tengo una orden de restricción y hasta que no consiga derrocar la petición de Anna, no puedo hacer nada. No puedo acercarme a ella ni al niño.

—¡Es que la acusación es ridícula, tú no la violaste!

—Lo sé, pero... Está muy enojada desde que todo sucedió—respondió molesto— Y no tengo idea de qué le dijo mi papá para enfurecerla más, pero desde entonces ha estado actuando contra mí sin compasión.

— Y Manta que se deje de ridiculeces, tú no forzarías ni la puerta, cómo estás tan seguro que ha sido Mikihisa, yo más bien creo que el maldito que la puso en tu contra fue Hao.

—No, él ni siquiera tenía el valor de hablarle. Hao la sacó totalmente de su vida… y a mí también.

Mordió sus labios, conteniendo la poca información que tenía al respecto, no quería que cometiera un acto de locura en un momento en que lo necesitaba centrado en el proyecto.

—Hao no dudaría en ponerla en tu contra Yoh.

Se sentó con pesadez en la cama.

—Pues quien haya sido, si ella tuviera un poco de cordura no actuaría de esa forma tan irracional. Este tema cada vez me parece más ridículo. No sólo me quitó a mi hijo, me arrebató a mi mejor amigo—dijo aturdido, cerrando un puño con fuerza—Te juro que no puedo odiarla, pero hay veces que quiero quitárselo y que me odie con motivos reales.

—Pero…

—Pero la amo—soltó cansado—Ya no quiero pelear más. Es agotador ¡Y no tiene sentido!

—Entonces… ¿qué pasó con todo el plan que teníamos de juntarla con Ren? —cuestionó confundido—¿Seguimos igual? Yo no veo el caso de seguir dándole alas a los dos si sabemos bien en qué va a terminar todo.

—Pero necesito mostrarle al juez que ella no es la mujer inocente que dice ser.

— No ha cometido ninguna imprudencia—le recordó de inmediato—Ambos son muy discretos.

Ni siquiera quería imaginarlo. Su respiración se agitó al evocar en su mente las últimas publicaciones en donde ella salía de la mano con Tao. No le placía en lo absoluto, pero era un gran azuelo. Usarlo como estrategia de mercadotecnia ocultaba las verdaderas intenciones de esa relación ficticia, aunque los participantes ignoraran la realidad.

—Insiste con Ren…—añadió sombrío—A él le gusta en serio, puedo verlo. Quizá…

—¿Estás seguro? No creo que Anna te perdone después de esto, en especial... si se enamora de Ren. ¿De verdad te arriesgarás a perderla?

¿Tenía opciones? Dudaba mucho que en su mente hubiese alguna otra solución más que contraatacarla del mismo modo. Estaba cansado de esa guerra absurda y esperaba que ella declinara, pero parecía dispuesta a seguir hasta las últimas consecuencias.

—Ojalá pudiera regresar el tiempo, cambiaría muchas cosas, hablaría de mis sentimientos—dijo con melancolía—Ahora no puedo, quizá fue un error y debería arrepentirme, pero ver a Hana hace que todo valga la pena, incluso el odio de Anna.

No podía creer que pudiese dormir pasadas las dos de la tarde. Consideraba que su condición no era la más óptima, pero incluso para Hana era una exageración cansarse tanto por salir a caminar temprano a la playa. Siguió leyendo unos papeles hasta que la voz de Tamegoro llamó su atención. En sus manos llevaba un gran y hermoso arreglo floral. No necesitó ser genio para saber el origen del detalle.

—Con el regaló también le llegó este sobre blanco—añadió entregándole la correspondencia—El encargado dijo que era prioridad que lo recibiera de primera mano.

—Bien, gracias—dijo con sobriedad al abrirlo.

Esperaba todo menos ver dos boletos para ir al cine. Tomó el teléfono y envió una breve misiva: "No pretendes que te tome la palabra. Es mi día libre y no trabajo ni hago espectáculos de pareja hoy". Pulsó la tecla y dejó de lado el sobre cuando recibió la respuesta a su mensaje. Fue extraño recibir una contestación inmediata, sin embargo se amparaba bastante bien en sus palabras.

—"La única negativa que quiero escuchar es la de un niño de dos años celoso de que pronto dormiré con su madre en una misma cama".

Ni en sueños lo consentiría su hijo. Mucho menos que Ren cumpliera sus amenazas y formara parte de sus vidas de manera auténtica.

"Sigue soñando Tao. Entre mi hijo y un hombre que me odia, tengo suficientes problemas como para ocuparme de tus necesidades personales".

Envió el texto y esperó su respuesta. Transcurrió cerca de diez minutos cuando obtuvo su ansiada réplica.

"Voy a redefinir la palabra sexo en tu vida y haré que el significado valga la pena de mencionar. Olvídate del padre de tu hijo, olvídate de tu ex esposo. Olvídate de rechazarme tantas veces y daté la oportunidad de ser una simple mujer de nuevo".

—Cómo si fuera tan fácil.

—Pues tú tampoco lo haces fácil—escuchó su voz detrás suyo.

Giró su rostro y se sorprendió de verlo parado en el gran jardín de su casa.

—No es de tu incumbencia si lo hago o no fácil.

—Te diviertes conmigo, te agrada mi compañía. Estos días han estado bastante bien.

Sin un Asakura rondándola, por supuesto que todo marchaba bien, su humor era más que perfecto.

—Como una distracción, Ren. Pero no te quiero de planta en mi casa.

Sonrió con arrogancia y se sentó a su lado.

—Desde mi punto de vista, sí quieres. Tienes una grandiosa oportunidad de rehacer tu vida, no veo porqué motivo te tengas que aferrar a ser una madre devota cuando tú y yo sabemos que no lo eres—mencionó con dureza, mirándola de costado—Yo te gusto.

Suspiró y cerró la carpeta de documentos referentes a la demanda.

—Como me gustan tantos hombres al mismo tiempo. No hay nada de extraordinario en el asunto.

—Bien, por el motivo que sea pero te gusto.

—¿Quiere algo de tomar, joven Ren? —cuestionó Tamegoro, dejando un vaso de limonada en la mesa.

—Un vaso de leche muy frío.

Sonrió por la petición.

—Por supuesto. Pronto estará la comida, espero que nos acompañe a comer.

—Si la anfitriona no tiene problema...

—Si no te molesta convivir con mi hijo...

—Inclúyeme en la mesa, Tamegoro—refirió Ren.

—Por supuesto, joven.

Negó reiteradas veces su cabeza. Por mucho que se esforzara en rechazarlo estaba ahí y no comprendía el interés desmedido. Tampoco el hecho de que él quisiera ver a Hana de forma continua. Casi una semana sin Hao era una gloria, en especial por el espacio de descanso en que se había transformado la casa. Lyserg salía continuamente y Luchist rara vez coincidía con ellos. Aun así, sentía que tal vez no estaba haciendo lo correcto al aceptar sus continuas visitas.

—¿Estás pensando en él?

—Eso es algo que a ti no te incumbe—dijo fulminándolo con la mirada.

—Me incumbe cuando mi novia está pensando en qué dirían ciertas personas de ella, cuando lo que hacen otros es mucho más impropio y escandaloso—dijo enfatizando sus palabras—No tienen ningún derecho de gobernar en tu vida. Ni siquiera Hao debería aterrarte.

—No sé de qué diablos hablas. Ni soy tu novia, ni me afecta lo que piensen otros, en especial Hao

—Te conozco y sé de qué forma me quieres alejar—dijo molesto, acercándose a ella—Pero usar a Hana no me alejará de ti. Entiende de una buena vez.

—Tú entiende de una buena vez. Te he dicho que no estoy lista—apremió cerrando sus ojos—No puedo tener ninguna relación ni contigo, ni con otra persona. No mientras viva aquí con Hao en el mismo techo.

—Por Yoh.

—No quiero perder a Hana.

—No lo vas a perder, deja de tener miedo. Por más papeles que interpongas, algún día tendrás que enfrentarlo. Ni todo el odio que tienes bastará para alejar a una persona que en verdad te quiere— pronunció agitado— ¿O acaso la razón por la que no me aceptas es porque aún lo sigues amando?

El brillo en su mirada denotaba enojo y demandaba una respuesta inmediata, aun cuando fuera una rotunda decepción.

—Anna.

—Yo nunca estuve enamorada de Yoh.

Cerró su puño y cimbró la mesa con un golpe.

—Con un demonio, ni siquiera estoy hablando de Yoh, estoy hablando de Hao. ¿Tú aún amas a ese idiota?

Calló, observándolo detenidamente.

—¿Cambiaría en algo mi respuesta? ¿No acaso... Estabas dispuesto a luchar por mí hasta las últimas consecuencias? —cuestionó con dureza.

—Sí—admitió tranquilo.

—¿Entonces?

—Es la última vez que te lo digo, así que escúchalo con atención: yo te gusto. He roto tu soledad, te he recogido precisamente en el momento que más vulnerable te sientes y además, he despertado de nuevo esas sensaciones en ti. Pero te niegas a aceptarlo. Y yo quiero y necesito más de ti. Quiero que te enamores de mí. Totalmente.

—Demandas demasiado.

—Sólo quiero ser normalidad en tu vida—mencionó serio—Quiero hacer planes contigo. Compartir algo contigo.

Bajó la mirada, todo sonaba tan bien. Incluso, tenía razón en algunos aspectos, peculiarmente cuando no le era indiferente.

—Hana no te aceptará—le advirtió tranquila—Además…

—Deja las excusas, Anna—dijo acercando su rostro al suyo—Aún ni siquiera te propongo matrimonio, sólo te digo mis intenciones. Tómalo con más calma. Un paso a la vez.

—Como si sirviera de algo tomarlo con más calma.

–Momentáneamente me basta con que me aceptes tú primero.

–Está bien, paso a p—pronunció tocando su rostro—Bien, sí eres apuesto, no lo niego.

—¿Entonces? —preguntó apartando un mechón rubio de su cabello—¿Quieres salir conmigo?

—Pues…

—¡Mamá! —escuchó el portentoso grito de hijo y cómo jalaba su blusa sin ningún recato—Ño, mamá. No.

Giró su rostro y encontró al pequeño dormilón a un costado de su silla, que parecía insultar a Ren con palabras apenas entendibles para él.

—Lo siento. Despertó repentinamente quería ver a… ese hombre. No sabía que estaba ocupada—se excusó Saty al soltar la mano del niño—¿Lo llevo adentro?

—No, está bien, déjamelo. Necesito que hagas una llamada a Manta, quiero los papeles de compra venta de mi último departamento. Los datos y el celular están en el bolso—dijo acariciando el cabello del rubio del pequeño—Ya extrañaba no verlo tan enojado.

—No despertó de muy buen humor.

—Qué raro—ironizó sin poderlo evitar.

Bien, para un niño de tan sólo dos años no podía esperar nada más. Tampoco es que realmente deseara que fuera diferente. Amaba ese carácter intempestivo y la forma en que desafiaba todo. Se alejó de Ren y sentó al niño en sus piernas. El gesto reprobatorio estaba ahí y con Hao ausente, se la pasaba de malhumor preguntando cada cinco minutos por su ficticio padre.

—Len.

—Hana—pronunció con simpleza—Me alegra ver que mi futuro hijo sea tan sobreprotector.

Shiu, Len. Shiu.

—Yo diría demasiado celoso—aludió Anna besando su frente.

—No puedo culparlo, tú eres demasiado bonita como para no ser celoso—mencionó besando su mejilla, haciéndola sonrojar en el proceso cuando tomó su mentón—¿Me dejarás besarte en la película?

Hana replicaba en sus brazos, pero qué podía hacer cuando él tenía razón. No estaba acostumbrado a verlo con otro hombre y para su desgracia, tendría que hacerlo. Aun cuando Ren había visitado la casa en ausencia de Hao, el niño no conseguía verlo de forma amigable.

—Ya lo veremos después, Ren—dijo con una pequeña sonrisa.

—Después te llevaré a cenar, Anna—contestó a su oído—Quiero que conozcas a mi hermana.

Recorrió su mirada observando el cúmulo de fotografías del investigador privado. Había dado con algunas imágenes algo subidas de tono en la playa entre Hao y Anna. Parecía extraño, más aun cuando ella se notaba algo contrariada por el contacto. No obstante, sonrió. Era propicio y el abogado lo tomaría en parte, aun cuando la paternidad del niño había sido atribuida al mayor de sus hijos.

—¿Sigues con Hana? —preguntó Keiko—Es muy hermoso.

—Y pronto lo tendremos.

—¿Pero cómo puedes estar tan seguro? —mencionó dejando las fotografías en la mesa—Amidamaru dijo que el juez aplazó la siguiente sesión y que Anna había pagado el análisis de sangre para hacerlo coincidir de nuevo.

Sonrió y dejó de lado la revista.

—Es de hecho… más simple de lo que parece—dijo sereno—He conseguido mover algunas piezas.

—Aún así, Yoh se negará a dejarnos la custodia.

—Despreocúpate, yo creo que él no querrá nada que le recuerde a esa mujer.

—Mi padre ha comenzado a perder interés, también el padre de Anna.

—Tranquila, todo a su tiempo.

Por última vez, estaba cansado de escuchar quejas insignificantes. El vestuario era ínfimo, no necesitaba tanto material en látex, consideraba inauditas las peticiones del maquillista para el montaje de escena. Incluso a la distancia, Lyserg llamaba cada cinco minutos para pedirle autorización o dirigir una escena simple y plana.

—Es viernes, Diethel, espero que sea bueno.

—Presupuesto—dijo el inglés al ver sus claras intenciones de cortar la llamada—Oh sí, pero antes, tienes un asunto pendiente. Por favor no me cuelgues.

Se paró y pudo apreciar a detalle. La biblioteca personal de su abuelo, el anciano no tenía la menor idea si Anna conservaría al menos la mitad de todos sus atlas, pero por fortuna no había sido despiadada vendiendo todos los artilugios familiares. Sonrió y Tamao entró al despacho para llevarle un café.

—¿Hablas con Lyserg? —cuestionó con curiosidad.

—Sí, pero me dejó colgado un momento.

Sintió el peso en sus piernas. Ella tenía la libertad de hacerlo siempre que le venía en gana. Por lo menos agradecía que su compañía hubiera subsanado de algún modo su vacío emocional, pero no era suficiente. Lastimosamente, no era suficiente. Apretó un puño y maldijo en tono bajo a su sensual dolor de cabeza. No sabía qué tan atrasados estaban con el filme, pero no le importaba, necesitaba recuperar fuerza, volver a ser el mismo. Necesitaba su dureza, su temple frío para volver a enfrentarla y entonces… la haría sufrir tanto como él había padecido en los últimos años.

—¡Bien! ¡Qué bueno que esperaste! ¡Tamao! Wow, no esperaba verte ahí.

Sonrió con dulzura.

—Hola Lyserg, quería saludarte. Le he dicho a Hao que te mande saludos de mi parte y que me disculpe contigo, debes estar como loco con las grabaciones. Pero creo que no te ha dado mis mensajes.

—Sí, no te preocupes. Yo… te lo he quitado varios meses—dijo nervioso, pero Hao parecía abstraído en su mundo—Eh…

—Qué bueno que seas tan eficiente, en el futuro si ganan un premio, yo abogaré porque tú has trabajado la mayor parte.

—No me quites el mérito, Tamao—alcanzó a pronunciar el Asakura.

—No, por supuesto que no—giró para besarlo ante la vergüenza notable del inglés.

Hao no esperaba el contacto, mucho menos escuchar a otra persona en la vídeo llamada.

—¿Papá?

Pese a su intento por mantenerlo fuera de foco, Hana se removía incómodo en sus brazos, en especial al escuchar su voz. Podía reconocerlo, él estaba hablando con su papá. Alzó su rostro y alcanzó a ver su cara y la de otra mujer juntas. El hecho en sí lo conmocionó al verlo a través de la pantalla, pero había sido triste verlo en la misma situación que su mamá sostenía con Len.

—Papá... —dijo colocando un puchero en su rostro.

Tan pronto hubo cerciorado que no era una equivocación, bajó la mirada y luchó contra las manos del inglés que aún lo sostenían, hasta que comenzó a llorar.

—Ya Hana, tranquilo. Tranquilo —trató de calmarlo Diethel.

—Papá—pronunció reiteradas veces, mientras veía con un gran estremecimiento cómo el niño lloraba con cargadas emociones.

Lyserg cortó la llamada y él estaba incrédulo, sin saber qué decir, ni qué argumentar frente a la mirada de Tamao.

—Hao, ¿es el hijo de Anna? ¿Por qué te dice Papá?

Suspiró, ttratando de establecer un enlace de nuevo.

—Hao.

—Me está confundiendo con Yoh, Tamao—dijo con seriedad, tomando su teléfono—¿Te molesta si me dejas solo? Necesito saber cómo está mi sobrino.

—¿Tu sobrino o tu hijo? —cuestionó desconfiada.

—¡Cómo si fuera posible! —dijo molesto—¿Acaso te olvidas de un magnífico detalle de cuando estuve casado con Anna?

—Oh, cierto, la vasectomía—dijo apenada.

—Sí, y si no quieres que te mande al diablo déjame solo—le advirtió tajante.

—Pero… yo también quiero hablar con él.

—Es mi asunto y mi hijo, así que déjame resolverlo a mi modo—respondió sin lugar a quejas—Hana no es el tipo de niño que le gusta compartir, ¿entiendes? No vas a ser de su agrado de inmediato.

Asintió y salió del despacho. No quería hablarle de aquel modo, pero no estaba de humor para nadie más. Odiaba la sensación en su pecho de impotencia de no poderlo calmar él mismo. Lo sabía, era una estupidez, pero aquel bastardo le movía ciertas inclinaciones afectivas.

—Pásamelo—le dijo a Diethel por teléfono—Me importa un bledo si Saty está con él, siéntalo enfrente de la tableta. Cómo que no es necesario. Te estoy diciendo que es necesario. No quiero que sienta que no lo quiero.

Colgó la llamada. Se sentó en la silla de nuevo y esperó cerca de diez minutos cuando la conexión volvió. Deslizó el botón y pudo ver su cara, su pecho subiendo paulatinamente rápido.

—Hola bastardo—dijo tomándose la cara.

—Papá…—mencionó tocando la pantalla.

Demonios, si el mocoso no fuera tan encantador, sería más fácil de sabotear en su contra.

—Lo siento, lo que viste no era exactamente….—se sintió algo ridículo al explicarle a un bebé su situación sentimental—Era un beso de una amiga. Así como cuando le das besos a mamá, ¿comprendes?

—¿Mamá, así.? —preguntó confundido—Papá no a mamá.

—Si supieras…—dijo sonriendo con ironía—Papá sí a mamá.

—¿Hana? —preguntó juntando sus manos para aplaudir un poco—¿Así?

Sonrió y suavizó su mirada, no pudo evitarlo, mucho menos cuando él le devolvió el gesto lleno de ilusión y ternura.

—Bueno… si estuviera ahí, también te daría un beso. Te cargaría y te acostaría en tu cama para que pudieses dormir.

—Dormir. Papá dormir Hana.

—Sí, papá dormir Hana—dijo tocando la pantalla también—Buenas noches, Hana.

—Te quelo—añadió el niño, mandando un beso torpe.

Bajó la mirada, fue inevitable no recordar a su hermano en esa circunstancial charla. Y por un breve momento, se sintió más que vulnerable.

—Yo también te quiero, bastardo—pronunció seguro—Ahora, ve a la cama.

Volvió a tocar su rostro, mientras Lyserg retiraba al niño y lo entregaba a Saty de nuevo. Al menos su llanto había cesado y estaba de lo más tranquilo en brazos de la mujer. No obstante, él no lucía tan indiferente. Ocupó el lugar de Hana y contempló su semblante vulnerable.

—Qué carajos tienen esos dos—dijo sin creerlo.

—¿Yoh y Hana? O…. ¿Anna y Hana? —se atrevió a preguntar—Es casi innegable que Anna aún te despierta ese lado amable en ti.

—Jamás.

Suspiró cansado de verlo negar lo obvio.

—Dices que la odias, pero te derrites ante su viva imagen—describió conmovido—El niño que negaste desde el principio y que incluso le pediste que abortara, que diera en adopción, que regalara.

—Ya, cállate—dijo fastidiado.

—Hablo en serio y lo digo realmente preocupado por ti. No puedes seguir viviendo en el pasado—agregó decidido—Anna no es aquella mujer de la que te enamoraste, ha cambiado y también lo has hecho tú. Y ella ha superado el pasado, mientras tú…

—Mientes.

—No, no miento. Tan es así que ha empezado una nueva relación.

—¿A qué te refieres con una nueva relación? —preguntó molesto—¿Quién?

—Ren Tao.

Sonrió. No podría avergonzarlo más o añadiría un tono rojo más a la paleta de colores, pero disfrutaba hacerlo. No sólo se habían quedado sin mesa, Jun Tao tampoco había llegado por perder el tiempo con su pareja haciendo cosas bastante conocidas por los dos. Después, su billetera. Había olvidado la cartera en su casa. Maldad atribuida a su hijo, no iba a negarlo.

—En serio, te pagaré todo—repitió apenado.

—No necesitas hacerlo—excusó tranquila—Un descuido lo comete cualquiera.

—Sí, pero esto nunca me había pasado—dijo abriendo la puerta de su departamento—Jamás, menos cuando es nuestra primera salida oficial.

—Define oficial.

—Oficial, que ya eres mi novia—aseguró dejando la pizza en la mesa de la sala—Al menos no tengo un gran desorden, siéntate, traeré un poco de leche.

Pequeña extravagancia. No imaginaba beber leche con una pizza, ni en sueños. Sin embargo, recorrió el librero con su mirada y observó más de una fotografía familiar, aunque las más predominantes eran aquellas en donde figuraba su hermana. Sonrojado, apenado, había muchas imágenes en donde se sentía cohibido por el contacto tan afectuoso.

—Veo que encontraste algo entretenido—dijo colocando dos vasos grandes en la mesa.

—Sólo tienes una hermana.

—Así es—mencionó acercándose a ella—Nos llevamos tres años.

—Es bonita—admitió al ver más fotografías.

—Igual que tú—aseguró besando su hombro y metiendo en su bolsillo un billete—Gracias por la ayuda.

—De nada—mencionó con mayor suavidad, mientras se dejaba envolver por sus brazos—Hacía mucho…

Calló al decir en voz alta sus pensamientos.

—¿Qué?

—Nada—negó al instante—Ridiculeces.

—Dime—insistió depositando un beso en su cuello—Quiero escucharte.

—Hacía mucho que un hombre no me hacía sentir tranquila—pronunció con remembranza.

Sonrió. Era un gran paso cuando se negaba determinantemente a sentir algo por él. Pronto sintió la confianza que depositaba en él al relajarse como tanto pregonaba.

—Hace mucho no tenía novia—dijo nostálgico—Quizá haya olvidado algunos detalles.

—No se nota—se sinceró para verlo de frente y abrazarlo—Quizá sólo por un detalle.

—Hablas del sexo.

—Después de todo, es un buen pretexto para venir a tu departamento—admitió mirándolo con fijeza en los ojos—Una salida divertida, un poco susceptible, me compartes tu intimidad y tenemos un poco de acción.

—Aún si pasáramos la noche juntos, te seguiría buscando—susurró cerca de su oído.

—No te creo—dijo rozando sus labios.

—Pruébame.

Continuará…


N/A: ¡Un capítulo más! Muchas gracias queridos lectores por sus visitas, sus comentarios, toda crítica es bien recibida y me siento complacida de poder avanzar un poco con la historia. Viene y comienza las partes buenas, de a poco Yoh y Anna iran detallando qué sucedió y todo el misterio respecto de lo que sucedió aquella noche. Respecto a los sentimientos, muchos son bastante claros. Hana para mí se sigue llevando el capítulo.

En verdad, agradezco su apoyo y bueno, espero no tardar en el siguiente, que viene una parte interesante entre Ren y Anna.

¡Nos vemos!